Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jennifer Shirk la cual lleva por nombre "A Little Bit Cupid". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
El amor sobrepasa las intenciones de Cupido
.
Capítulo Siete
La simple tarea de ordenar
pizza y ensalada le dio a Sasuke la tan necesitada distancia de sus hormonas,
las cuales tenían un tremendo alboroto sobre su decisión de pensar en Sakura
como nada más que una amiga. No podía creer que accedió a ayudarla a ganarse la
atención de Naruto. Por lo general no era tan bobo, pero en el momento en que
ella le puso esos llorosos ojos verdes, él estaba condenado.
El amigo de Sakura, sí,
claro. Quería ser unas cuantas cosas de Sakura, pero amigo no estaba en la cima
de la lista.
Sasuke empujó la cesta de
pan de ajo hacia Sakura, pero ella no se percató. Estaba demasiado ocupada
mirando el salón como si esperara a alguien.
Su vista finalmente viajó de
regresó y se asentó en la de él. Sonrió tímidamente y la luz de las velas
parpadeó cálidamente sobre su rostro. Dios, si él pensaba que era bonita antes,
ahora estaba completamente deslumbrante. A pesar de su aparente interés en Naruto
y su voto de amistad, Sasuke tenía una idea loca de alcanzar las ondas rosas de
su cabello, recorrerlo con sus dedos y acercarla hacia él.
Diablos. Era peor que un
bobo. Aparentemente, era fundador y alcalde en funciones de Bobolandia.
—Así que ¿por qué Naruto?
—preguntó finalmente después de que la camarera trajera la pizza—. ¿Qué tiene
de especial?
Una pequeña risa se escapó
de los labios femeninos mientras ponía la servilleta en su regazo. —Son amigos,
deberías saberlo.
—Ah, pero también vivo con
él. Pd: es un vago.
—¿Qué?
Sonrió. —Solo bromeaba,
—Oh. —Ella emitió una risita
ahogada, haciendo un gesto teatral de secarse el sudor de la frente—. Bueno,
hubo algo en Naruto que noté cuando nos conocimos. Sabía que era “Él” en el
momento en que lo vi.
—¿Quieres decir amor a
primera vista?
—¡No! Nada como eso. —Alejó
el comentario con varios movimientos de su muñeca, entonces alcanzó el vino—.
El amor a primera vista no existe.
Él estaba a punto de dar una
mordida a la pizza, pero en su lugar arrugó el ceño con el inflexible
comentario. Nada podía haberlo sorprendido más. Asumió que la mayoría de las
mujeres creían en el amor a primera vista. Con el modo en que ella se había
obsesionado con Naruto, imaginaba que tenía que ser una creyente de esas cosas
también.
—¿Cómo estás tan segura de
que él amor a primera vista no existe? —le preguntó.
Ella se encogió de hombros.
—Choji me lo dijo.
—¿Choji?
Sus ojos se abrieron como
platos y se congeló. —Uh, quiero decir… —Tomó un gran sorbo de vino y tragó—.
Lo leí en una revista japonesa, llamada Choji’s —Dejó escapar—. Era un artículo
bastante convincente. Deberías leerla algunas veces, está llena de artículos
informativos bien escritos, tanto para hombres como para mujeres y con
traducción inglesa de manera on-line.
Sus labios se contrajeron.
—Intentaré recordarlo.
—De todos modos, cuando Naruto
trajo a sus sobrinos para unas fotografías, me convertí en una bola de nervios
a su alrededor. No sé si te dijo sobre el incidente del café.
—Pudo haberlo mencionado
después de marcharte esta mañana.
Ella se estremeció un poco.
—Oh. Bueno, ves lo que digo. Era como una adolescente otra vez, apenas podía
concentrarme en hacer las fotos.
—Hoy parecías hacerlo todo
bien a su alrededor.
—Estuve bien, ¿cierto? Hmmm…
tal vez porque estabas en la habitación, no tenía oportunidad de ponerme
nerviosa.
Sasuke podía haber estado de
acuerdo con eso si ella no luciera tan nerviosa ahora. Estaba torciendo una
hebra de su cabello otra vez. Quería señalárselo y echar a perder su
razonamiento de por qué Naruto era tan perfecto para ella, pero había prometido
ser un amigo, y los amigos se escuchan. Escuchaban, aun cuando la lógica de un
amigo era completamente ridícula y el otro amigo tenía que morderse la lengua
para evitar responderle.
Sí, eso era lo que hacían
los amigos.
Amigos que no querían tirar
de los otros amigos hacia sus brazos y sacarles el aliento a besos.
Se aclaró la garganta.
—Ciertamente, pareces una experta.
Ella resopló. —Ya quisiera.
Desafortunadamente, una serie de malas relaciones y un compromiso roto dicen
otra cosa. Casi me di por vencida hasta que conocí a Naruto. Supongo que soy
una firme creyente en el amor.
—¿Cómo puedes creer en el
amor? Deberías estar harta, renunciando al amor y componiendo canciones de
rupturas amorosas a lo Alanis Morissette.
Ahogó una risita y sacudió
la cabeza. —Debe parecerte raro, pero sé que el amor está ahí fuera porque lo
he visto. Lo veo cuando fotografío una boda o aniversario. De hecho, he
capturado el amor, la emoción cruda, con mi cámara. Quiero eso para mí. Además,
sabes lo que dicen: las imágenes nunca mienten.
Sasuke frunció el ceño. —No,
nunca mienten, pero pueden ser retocadas.
—¿Ahora quién es el que
suena hastiado?
—No hastiado. Realista, y
pienso que necesitas un poco más de convencimiento de por qué crees que puedes
tener eso con Naruto. ¿Qué tienen en común?
Las cejas de Sakura se
unieron como si intentara decodificar algún mensaje escondido en su pregunta.
—Um… ¿a ambos nos gustan los niños?
—¿Era eso una pregunta o una
afirmación?
Ella se mordió el labio.
—¿Afirmación?
Él rió y alcanzó su cerveza.
—Quédate con la fotografía, serías una pésima abogada.
—Bueno, pues tendrás que
confiar en mí entonces. De hecho sé que Naruto y yo estamos destinados a estar
juntos. —Tomó la corteza, pero en lugar de comerla, comenzó a partirla en
pequeños pedacitos en su plato —. ¿Qué hay de ti? —preguntó después de unos
segundos—. ¿Alguna vez has estado enamorado?
Había anticipado esa
pregunta. Y no, nunca había estado enamorado. Nunca le había importado antes,
pero por alguna extraña razón, cuando la miraba a los ojos, la respuesta tenía
que ser sacada a la fuerza de su lengua. —No.
Ella alzó las cejas. —Yo
tamp… Espera ¿en serio? ¿Nunca?
—Sí, puedo decir
honestamente que nunca me he enamorado. Pero bueno, tampoco he estado
buscándolo.
Hasta… ahora tal vez.
No, eso no podía ser. Él no
buscaba amor, solamente compañía. Nada podía ser más ridículo.
—¿No lo has buscado? ¿Pero
por qué no?
—Mi trabajo me mantiene
ocupado.
—¿Tu trabajo? ¿En el
Marlstone?
Asintió ligeramente.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Qué haces allí exactamente? Debe ser bastante importante para mantenerte…
enfocado.
—Podrías decir eso. No
trabajo ahí simplemente. El Marlstone es el legado de mi familia. Los últimos
años he estado poco a poco haciéndome cargo de él, así como también de la
cadena que tenemos por toda Norteamérica.
Sasuke esperó por la usual
reacción. El instantáneo destello en los ojos, el renovado interés en él, el
aspecto que las mujeres adoptaban cuando se daban cuenta de que estaban en
presencia de un hombre soltero sentado sobre una herencia multimillonaria —la
misma razón por la que rara vez tenía una relación.
En su lugar, los ojos de Sakura
se suavizaron y se llenaron de simpatía. —Eso suena solitario —dijo—.
Seguramente podrías haber hecho tiempo para conocer a alguien especial.
Él se encogió de hombros.
—Mi trabajo ha sido más importante.
La expresión de ella era
quieta y aumentaba en seriedad. —¿Qué? ¿El trabajo más importante que el amor?
No puedes creer eso. Sin amor ¿qué somos realmente? ¿De veras quieres ir por la
vida como un autómata, sin importarte si hay alguien en casa que espera saber
cómo te fue el día? Es increíble… no, asombroso, pensar que en algún sitio ahí
fuera, hay una persona que te amará sin importarle lo que hagas, cómo luzcas, o
hasta lo que digas. El amor es todo lo bueno y amable en esta tierra. —Hizo una
pausa mientras recuperaba el aliento—. Nada podría ser más importante que
encontrar eso, y cuando finalmente lo encuentras, Sasuke, apuesto a que
desearás haberlo tenido antes.
Sasuke parpadeó. Sus
palabras y la pasión detrás de ellas lo hicieron sentir humilde. No lo había
esperado. Tampoco había esperado el sentimiento de añoranza que lo sobrevino,
aunque no debería estar sorprendido. No realmente. Había existido un
sentimiento sin nombre cociéndose a fuego lento en su interior desde que había
conocido a Sakura, y ahora era como si hubiera salido a la superficie
finalmente y comenzara a tomar vida.
Nunca había estado
interesado en el amor porque el amor parecía no estar interesado en él. Incluso
sus padres estaban más interesados en el negocio hotelero que en su relación, y
así con el paso de los años, el amor se había convertido en sinónimo de
trabajo. Pero la imagen del amor que Sakura le había pintado le hizo sentir que
se había perdido de algo. Podía ver por qué ella estaba tan desesperada en no
solo encontrar el amor, sino en aferrarse a él con todo lo que tenía.
Sasuke siempre se
enorgulleció de ser un hombre exitoso y autosuficiente, nunca queriendo nada.
No podía imaginar lo que sería ser amado por una mujer como Sakura, tan feroz e
incondicionalmente, pero en ese momento quería averiguarlo —desesperadamente.
Finalmente quería amor.
Quería el amor de Sakura.
Ese descubrimiento le hizo
contener su aliento.
—Lo siento —dijo ella, sus
mejillas tomando un encantador tono rosa—. No quise divagar tanto sobre el
amor. Supongo que todo debe parecerte un poco tonto.
Sasuke tuvo que aclararse la
garganta antes de poder hablar. —No, de hecho no. Para nada. —No ahora de todos
modos—. Nadie lo había puesto ante mí del modo en que tú lo hiciste. El amor es
importante. Supongo que yo era una de esas personas que nunca hizo tiempo para
él, eso es todo.
—Y yo era una de esas
personas que hizo mucho tiempo pero nunca acertó.
—Supongo que ambos
necesitamos un poco de ayuda en ese departamento ¿eh?
Ella sonrió. —Oh… un poquito
de Cupido. Pero ya que él no está cerca —Levantó la mirada, dándole una mirada
letal al techo—, tal vez tú puedas darme algunos indicadores de cómo puedo
hacer que Naruto me note. Necesito verlo antes del Día de San Valentín.
—¿Realmente es tan
importante para ti?
—Lo es. Más que nunca.
Él miró su adorable rostro,
un suave dolor creciendo en su pecho. Era un tonto por dejar que lo
influenciara. Tal vez era el Espíritu de San Valentín o solo el deseo genuino
de verla feliz, pero pondría a un lado sus propios sentimientos y haría que
ella y Naruto estuvieran juntos. Así lo quisiera su corazón.
—El hospital tendrá una
recaudación de fondos en mi hotel por San Valentín con el tema “Corazón Sano”
—le dijo—. Podría conseguirte una invitación. Hasta un asiento en la mesa de Naruto.
Ella abrió los labios,
formando una pequeña, brillante y rosada O. —Guau, ¿realmente harías eso por
mí? —Movió su mano y alcanzó la de él.
—Lo haría. Si eso te hace
verdaderamente feliz. —Él colocó su mano sobre la de ella y sonrió.
Ella miró hacia sus manos
unidas y una arruga comenzó a formarse entre sus ojos. —Um, sí, lo haría. Me
haría feliz. No sé cómo agradecerte. —Miró hacia arriba y le regaló una
sonrisa. Era deslumbrante. El tipo de sonrisa que reforzaba el hecho de que los
sentimientos de él hacia ella eran reales, porque bajaron hasta su pecho y
tomaron posesión de su corazón en un estrecho y cerrado puño.
Tal vez sí había algo como
el amor a primera vista.
Él suspiró. —Sólo resérvame
un baile en la recaudación.
—Creo que puedo
arreglármelas. Oye, sabes, eres un tipo bastante bueno.
—Gracias. —Rodó los ojos—.
Ese es todo un cumplido.
Ella rió. —Lo siento. No
quise decirlo de ese modo. Solo quise decir que eres…
—¿Ardiente? —terminó
esperanzado.
Volvió a reír. —Iba a decir
especial, pero sí, eres mono también. Me alegro de habernos hecho amigos.
Especial. Mono. Amigos.
Deseó que ella solo le cortara los testículos y que terminara con todo de una
vez. Dependiendo del siguiente adjetivo que escogiera para él, o se convertía
en un miembro del Club de Hombres Castrados o en un Muppet. No era de extrañar
que evitara el amor por tanto tiempo como lo había hecho. Cuando no era
correspondido, era realmente una mierda.
—Seh, me alegra que seamos
amigos también —murmuró. Miró su reloj—. Deberíamos irnos.
Ella lo miró con ojos
decepcionados, como cualquier Quién Cindy
Lou, lo cual era irónico considerando que no se sentía muy lejos del
estatus de Grinch en el momento.
—¿Irnos? —preguntó—. ¿Tan
pronto?
Él tiró un par de billetes
de veinte sobre la mesa y se levantó, sin importarle el cambio, solo queriendo
alejarse de ella —su esencia, sus ojos, su risa, su sonrisa— para pensar. —Seh,
es tarde —dijo—. Mira, no te preocupes por la recaudación de fondos. Me
aseguraré de que tengan registrado tu nombre. Tendrás a Naruto para ti toda la
noche.
—Pero…
—¿Pero qué, Sakura?
—estalló. Frotándose la cara con la mano, suspiró. No quería sonar tan brusco,
pero no podía soportar pasar un segundo más escuchándola hablar sobre lo gran
amigo que era o lo mucho que le gustaba Naruto.
Si tan solo le diera una
señal, un poquito de esperanza, la tomaría en sus brazos ahí mismo y no la
dejaría ir. Así que tenía que intentarlo. Tenía que darle una última
oportunidad. Era, primero que todo, un hombre de negocios, y en los negocios
tienes que estar cien por cien seguro antes de apartarte de cualquier trato.
—¿Pero qué? —repitió—. Esto
es lo que quieres ¿cierto? Tú y Naruto juntos y todo eso. Almas gemelas para
siempre. —Ella dudó, así que él aprovechó la oportunidad para poner el cabello
tras su oreja, memorizando el sedoso sentimiento en la punta de sus dedos—. Si
no es lo que quieres, dímelo ahora —murmuró.
Ella abrió la boca. Esos
ojos verdes suyos se suavizaron, y por un maravilloso instante, él pensó que le
diría que se había equivocado sobre Naruto y sobre sus sentimientos por él;
pero parpadeó y pareció salir del trance.
—No, es lo que quiero —le
dijo—. Es exactamente lo que quiero.
Eso era todo lo que él
necesitaba escuchar. Asintió y se marchó del restaurante.
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