sábado, 11 de enero de 2014

EL AMOR SOBREPASA LAS INTENCIONES DE CUPIDO cap 7


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jennifer Shirk la cual lleva por nombre "A Little Bit Cupid". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.


El amor sobrepasa las intenciones de Cupido
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Capítulo Siete






La simple tarea de ordenar pizza y ensalada le dio a Sasuke la tan necesitada distancia de sus hormonas, las cuales tenían un tremendo alboroto sobre su decisión de pensar en Sakura como nada más que una amiga. No podía creer que accedió a ayudarla a ganarse la atención de Naruto. Por lo general no era tan bobo, pero en el momento en que ella le puso esos llorosos ojos verdes, él estaba condenado.

El amigo de Sakura, sí, claro. Quería ser unas cuantas cosas de Sakura, pero amigo no estaba en la cima de la lista.


Sasuke empujó la cesta de pan de ajo hacia Sakura, pero ella no se percató. Estaba demasiado ocupada mirando el salón como si esperara a alguien.

Su vista finalmente viajó de regresó y se asentó en la de él. Sonrió tímidamente y la luz de las velas parpadeó cálidamente sobre su rostro. Dios, si él pensaba que era bonita antes, ahora estaba completamente deslumbrante. A pesar de su aparente interés en Naruto y su voto de amistad, Sasuke tenía una idea loca de alcanzar las ondas rosas de su cabello, recorrerlo con sus dedos y acercarla hacia él.

Diablos. Era peor que un bobo. Aparentemente, era fundador y alcalde en funciones de Bobolandia.

—Así que ¿por qué Naruto? —preguntó finalmente después de que la camarera trajera la pizza—. ¿Qué tiene de especial?

Una pequeña risa se escapó de los labios femeninos mientras ponía la servilleta en su regazo. —Son amigos, deberías saberlo.

—Ah, pero también vivo con él. Pd: es un vago.

—¿Qué?

Sonrió. —Solo bromeaba,

—Oh. —Ella emitió una risita ahogada, haciendo un gesto teatral de secarse el sudor de la frente—. Bueno, hubo algo en Naruto que noté cuando nos conocimos. Sabía que era “Él” en el momento en que lo vi.

—¿Quieres decir amor a primera vista?

—¡No! Nada como eso. —Alejó el comentario con varios movimientos de su muñeca, entonces alcanzó el vino—. El amor a primera vista no existe.

Él estaba a punto de dar una mordida a la pizza, pero en su lugar arrugó el ceño con el inflexible comentario. Nada podía haberlo sorprendido más. Asumió que la mayoría de las mujeres creían en el amor a primera vista. Con el modo en que ella se había obsesionado con Naruto, imaginaba que tenía que ser una creyente de esas cosas también.

—¿Cómo estás tan segura de que él amor a primera vista no existe? —le preguntó.

Ella se encogió de hombros. —Choji me lo dijo.

—¿Choji?

Sus ojos se abrieron como platos y se congeló. —Uh, quiero decir… —Tomó un gran sorbo de vino y tragó—. Lo leí en una revista japonesa, llamada Choji’s —Dejó escapar—. Era un artículo bastante convincente. Deberías leerla algunas veces, está llena de artículos informativos bien escritos, tanto para hombres como para mujeres y con traducción inglesa de manera on-line.

Sus labios se contrajeron. —Intentaré recordarlo.

—De todos modos, cuando Naruto trajo a sus sobrinos para unas fotografías, me convertí en una bola de nervios a su alrededor. No sé si te dijo sobre el incidente del café.

—Pudo haberlo mencionado después de marcharte esta mañana.

Ella se estremeció un poco. —Oh. Bueno, ves lo que digo. Era como una adolescente otra vez, apenas podía concentrarme en hacer las fotos.

—Hoy parecías hacerlo todo bien a su alrededor.

—Estuve bien, ¿cierto? Hmmm… tal vez porque estabas en la habitación, no tenía oportunidad de ponerme nerviosa.

Sasuke podía haber estado de acuerdo con eso si ella no luciera tan nerviosa ahora. Estaba torciendo una hebra de su cabello otra vez. Quería señalárselo y echar a perder su razonamiento de por qué Naruto era tan perfecto para ella, pero había prometido ser un amigo, y los amigos se escuchan. Escuchaban, aun cuando la lógica de un amigo era completamente ridícula y el otro amigo tenía que morderse la lengua para evitar responderle.

Sí, eso era lo que hacían los amigos.

Amigos que no querían tirar de los otros amigos hacia sus brazos y sacarles el aliento a besos.

Se aclaró la garganta. —Ciertamente, pareces una experta.

Ella resopló. —Ya quisiera. Desafortunadamente, una serie de malas relaciones y un compromiso roto dicen otra cosa. Casi me di por vencida hasta que conocí a Naruto. Supongo que soy una firme creyente en el amor.

—¿Cómo puedes creer en el amor? Deberías estar harta, renunciando al amor y componiendo canciones de rupturas amorosas a lo Alanis Morissette.

Ahogó una risita y sacudió la cabeza. —Debe parecerte raro, pero sé que el amor está ahí fuera porque lo he visto. Lo veo cuando fotografío una boda o aniversario. De hecho, he capturado el amor, la emoción cruda, con mi cámara. Quiero eso para mí. Además, sabes lo que dicen: las imágenes nunca mienten.

Sasuke frunció el ceño. —No, nunca mienten, pero pueden ser retocadas.

—¿Ahora quién es el que suena hastiado?

—No hastiado. Realista, y pienso que necesitas un poco más de convencimiento de por qué crees que puedes tener eso con Naruto. ¿Qué tienen en común?

Las cejas de Sakura se unieron como si intentara decodificar algún mensaje escondido en su pregunta. —Um… ¿a ambos nos gustan los niños?

—¿Era eso una pregunta o una afirmación?

Ella se mordió el labio. —¿Afirmación?

Él rió y alcanzó su cerveza. —Quédate con la fotografía, serías una pésima abogada.

—Bueno, pues tendrás que confiar en mí entonces. De hecho sé que Naruto y yo estamos destinados a estar juntos. —Tomó la corteza, pero en lugar de comerla, comenzó a partirla en pequeños pedacitos en su plato —. ¿Qué hay de ti? —preguntó después de unos segundos—. ¿Alguna vez has estado enamorado?

Había anticipado esa pregunta. Y no, nunca había estado enamorado. Nunca le había importado antes, pero por alguna extraña razón, cuando la miraba a los ojos, la respuesta tenía que ser sacada a la fuerza de su lengua. —No.

Ella alzó las cejas. —Yo tamp… Espera ¿en serio? ¿Nunca?

—Sí, puedo decir honestamente que nunca me he enamorado. Pero bueno, tampoco he estado buscándolo.

Hasta… ahora tal vez.

No, eso no podía ser. Él no buscaba amor, solamente compañía. Nada podía ser más ridículo.

—¿No lo has buscado? ¿Pero por qué no?

—Mi trabajo me mantiene ocupado.

—¿Tu trabajo? ¿En el Marlstone?

Asintió ligeramente.

Ella entrecerró los ojos. —¿Qué haces allí exactamente? Debe ser bastante importante para mantenerte… enfocado.

—Podrías decir eso. No trabajo ahí simplemente. El Marlstone es el legado de mi familia. Los últimos años he estado poco a poco haciéndome cargo de él, así como también de la cadena que tenemos por toda Norteamérica.

Sasuke esperó por la usual reacción. El instantáneo destello en los ojos, el renovado interés en él, el aspecto que las mujeres adoptaban cuando se daban cuenta de que estaban en presencia de un hombre soltero sentado sobre una herencia multimillonaria —la misma razón por la que rara vez tenía una relación.

En su lugar, los ojos de Sakura se suavizaron y se llenaron de simpatía. —Eso suena solitario —dijo—. Seguramente podrías haber hecho tiempo para conocer a alguien especial.

Él se encogió de hombros. —Mi trabajo ha sido más importante.

La expresión de ella era quieta y aumentaba en seriedad. —¿Qué? ¿El trabajo más importante que el amor? No puedes creer eso. Sin amor ¿qué somos realmente? ¿De veras quieres ir por la vida como un autómata, sin importarte si hay alguien en casa que espera saber cómo te fue el día? Es increíble… no, asombroso, pensar que en algún sitio ahí fuera, hay una persona que te amará sin importarle lo que hagas, cómo luzcas, o hasta lo que digas. El amor es todo lo bueno y amable en esta tierra. —Hizo una pausa mientras recuperaba el aliento—. Nada podría ser más importante que encontrar eso, y cuando finalmente lo encuentras, Sasuke, apuesto a que desearás haberlo tenido antes.

Sasuke parpadeó. Sus palabras y la pasión detrás de ellas lo hicieron sentir humilde. No lo había esperado. Tampoco había esperado el sentimiento de añoranza que lo sobrevino, aunque no debería estar sorprendido. No realmente. Había existido un sentimiento sin nombre cociéndose a fuego lento en su interior desde que había conocido a Sakura, y ahora era como si hubiera salido a la superficie finalmente y comenzara a tomar vida.

Nunca había estado interesado en el amor porque el amor parecía no estar interesado en él. Incluso sus padres estaban más interesados en el negocio hotelero que en su relación, y así con el paso de los años, el amor se había convertido en sinónimo de trabajo. Pero la imagen del amor que Sakura le había pintado le hizo sentir que se había perdido de algo. Podía ver por qué ella estaba tan desesperada en no solo encontrar el amor, sino en aferrarse a él con todo lo que tenía.

Sasuke siempre se enorgulleció de ser un hombre exitoso y autosuficiente, nunca queriendo nada. No podía imaginar lo que sería ser amado por una mujer como Sakura, tan feroz e incondicionalmente, pero en ese momento quería averiguarlo —desesperadamente. Finalmente quería amor.

Quería el amor de Sakura.

Ese descubrimiento le hizo contener su aliento.

—Lo siento —dijo ella, sus mejillas tomando un encantador tono rosa—. No quise divagar tanto sobre el amor. Supongo que todo debe parecerte un poco tonto.

Sasuke tuvo que aclararse la garganta antes de poder hablar. —No, de hecho no. Para nada. —No ahora de todos modos—. Nadie lo había puesto ante mí del modo en que tú lo hiciste. El amor es importante. Supongo que yo era una de esas personas que nunca hizo tiempo para él, eso es todo.

—Y yo era una de esas personas que hizo mucho tiempo pero nunca acertó.

—Supongo que ambos necesitamos un poco de ayuda en ese departamento ¿eh?

Ella sonrió. —Oh… un poquito de Cupido. Pero ya que él no está cerca —Levantó la mirada, dándole una mirada letal al techo—, tal vez tú puedas darme algunos indicadores de cómo puedo hacer que Naruto me note. Necesito verlo antes del Día de San Valentín.

—¿Realmente es tan importante para ti?

—Lo es. Más que nunca.

Él miró su adorable rostro, un suave dolor creciendo en su pecho. Era un tonto por dejar que lo influenciara. Tal vez era el Espíritu de San Valentín o solo el deseo genuino de verla feliz, pero pondría a un lado sus propios sentimientos y haría que ella y Naruto estuvieran juntos. Así lo quisiera su corazón.

—El hospital tendrá una recaudación de fondos en mi hotel por San Valentín con el tema “Corazón Sano” —le dijo—. Podría conseguirte una invitación. Hasta un asiento en la mesa de Naruto.

Ella abrió los labios, formando una pequeña, brillante y rosada O. —Guau, ¿realmente harías eso por mí? —Movió su mano y alcanzó la de él.

—Lo haría. Si eso te hace verdaderamente feliz. —Él colocó su mano sobre la de ella y sonrió.

Ella miró hacia sus manos unidas y una arruga comenzó a formarse entre sus ojos. —Um, sí, lo haría. Me haría feliz. No sé cómo agradecerte. —Miró hacia arriba y le regaló una sonrisa. Era deslumbrante. El tipo de sonrisa que reforzaba el hecho de que los sentimientos de él hacia ella eran reales, porque bajaron hasta su pecho y tomaron posesión de su corazón en un estrecho y cerrado puño.

Tal vez sí había algo como el amor a primera vista.

Él suspiró. —Sólo resérvame un baile en la recaudación.

—Creo que puedo arreglármelas. Oye, sabes, eres un tipo bastante bueno.

—Gracias. —Rodó los ojos—. Ese es todo un cumplido.

Ella rió. —Lo siento. No quise decirlo de ese modo. Solo quise decir que eres…

—¿Ardiente? —terminó esperanzado.

Volvió a reír. —Iba a decir especial, pero sí, eres mono también. Me alegro de habernos hecho amigos.

Especial. Mono. Amigos. Deseó que ella solo le cortara los testículos y que terminara con todo de una vez. Dependiendo del siguiente adjetivo que escogiera para él, o se convertía en un miembro del Club de Hombres Castrados o en un Muppet. No era de extrañar que evitara el amor por tanto tiempo como lo había hecho. Cuando no era correspondido, era realmente una mierda.

—Seh, me alegra que seamos amigos también —murmuró. Miró su reloj—. Deberíamos irnos.

Ella lo miró con ojos decepcionados, como cualquier Quién Cindy Lou, lo cual era irónico considerando que no se sentía muy lejos del estatus de Grinch en el momento.

—¿Irnos? —preguntó—. ¿Tan pronto?

Él tiró un par de billetes de veinte sobre la mesa y se levantó, sin importarle el cambio, solo queriendo alejarse de ella —su esencia, sus ojos, su risa, su sonrisa— para pensar. —Seh, es tarde —dijo—. Mira, no te preocupes por la recaudación de fondos. Me aseguraré de que tengan registrado tu nombre. Tendrás a Naruto para ti toda la noche.

—Pero…

—¿Pero qué, Sakura? —estalló. Frotándose la cara con la mano, suspiró. No quería sonar tan brusco, pero no podía soportar pasar un segundo más escuchándola hablar sobre lo gran amigo que era o lo mucho que le gustaba Naruto.

Si tan solo le diera una señal, un poquito de esperanza, la tomaría en sus brazos ahí mismo y no la dejaría ir. Así que tenía que intentarlo. Tenía que darle una última oportunidad. Era, primero que todo, un hombre de negocios, y en los negocios tienes que estar cien por cien seguro antes de apartarte de cualquier trato.

—¿Pero qué? —repitió—. Esto es lo que quieres ¿cierto? Tú y Naruto juntos y todo eso. Almas gemelas para siempre. —Ella dudó, así que él aprovechó la oportunidad para poner el cabello tras su oreja, memorizando el sedoso sentimiento en la punta de sus dedos—. Si no es lo que quieres, dímelo ahora —murmuró.

Ella abrió la boca. Esos ojos verdes suyos se suavizaron, y por un maravilloso instante, él pensó que le diría que se había equivocado sobre Naruto y sobre sus sentimientos por él; pero parpadeó y pareció salir del trance.

—No, es lo que quiero —le dijo—. Es exactamente lo que quiero.

Eso era todo lo que él necesitaba escuchar. Asintió y se marchó del restaurante.



Continuará...

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