jueves, 2 de enero de 2014

LA CAMA EQUIVOCADA cap 6



Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.


 LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Seis

–Se supone que estamos en verano –comentó Sakura mirando por la ventana, desde la que se veía todo el paisaje cubierto por la bruma.

Sus planes no iban a poder ser. No iban a poder salir a ver las localizaciones en las que se habían rodado las películas y ella necesitaba a salir de la casa cuanto antes. De lo contrario, le iba a saltar a Sasuke al cuello. Y aquello no parecía tan prudente.

–No es para tanto.

Se giró y lo encontró en vaqueros y más atractivo que nunca.

–Ven a comer algo –le indicó él–. Si no te importa mojarte un poco, podemos salir a dar un paseo a caballo –comentó mientras Sakura se servía cereales en un cuenco.

¿Pero no se daba cuenta de que ya estaba completamente mojada?

–No pienso montar contigo –le aseguró mirándolo. Pese al enorme deseo que aquello producía en sus pensamientos.

–Si no quieres ir a caballo, podemos ir en quad –propuso Sasuke–. Está demasiado lejos como para ir andando –le explicó–. Además, supongo que a tus turistas les encantarán las excursiones en quad.

Ir en quad quería decir que tendría que sentarse detrás de él y agarrarse a su cintura. Era evidente que Sasuke estaba decidido a echar por tierra sus barreras.

–Bien, pero quiero uno para mí sola –decretó masticando los cereales.

–Muy bien –contestó Sasuke como si le diera igual–. Mientras tú terminas de desayunar, yo voy a preparar los quads.

Cuando Sasuke se giró para irse, Sakura no pudo evitar fijarse en su trasero, en lo bien que le quedaban los vaqueros y en la elegancia con la que andaba. Una vez a solas, volvió a concentrarse en los cereales diciéndose que, si no iba a poder saciar cierto apetito interno, por lo menos, saciaría el otro. A ver si, así, le dejaban de temblar las piernas.
Sin embargo, veinte minutos después, sentada en una potente máquina, le vibraban más que nunca. Si seguía así, no iba a poder volverse a poner en pie. Aquello era de locos. Era imposible que se estuviera excitando con una máquina. No, claro que no. Ya estaba excitada antes de subirse a ella.
–¿Adónde vamos? –le preguntó a Sasuke.
Condujeron durante casi una hora y media, parando en algunos lugares que Sasuke le explicó que se habían utilizado en el rodaje. Luego, pararon los quads y apagaron los motores. Sakura pudo disfrutar del precioso paisaje, lo que hizo que se olvidara de que había dormido mal pensando en Sasuke y comenzara a sentirse muy bien.
–Podemos seguir un poco más hacia el valle –sugirió Sasuke, emocionado.
–¿No te preocupa que aumente la lluvia?
–No. Estoy bien, ¿y tú?
–Yo, también –contestó Sakura, que se moría de ganas por seguir viendo aquellos paisajes tan impresionantes.
Con él.
Aunque llevaba los vaqueros llenos de barro y la lluvia le había mojado hasta la camiseta, le daba igual. Siguió a Sasuke por el sendero y bajaron hacia el río. Un rato después, la lluvia comenzó a caer con más fuerza. Las máquinas levantaban tanto barro que Sakura apenas veía por dónde iba. En un momento dado, vio que el quad derrapaba delante de ella y quedaba a dos ruedas, lo que la hizo gritar asustada.
Pero Sasuke saltó con maestría y aterrizó en el suelo sobre las plantas de los pies.
–Hola, hombre de barro –bromeó ella ocultando el alivio que le producía que no se hubiera hecho nada.
Menos mal que iban a poca velocidad. Sasuke se rio, se quitó el casco y supervisó los daños.
–Voy a necesitar una grúa para sacarlo de aquí.
Sakura no quería fijarse en el pelo revuelto de Sasuke, y tampoco querían imaginarse cómo tendría ella el pelo al haberse quitado también el casco, pero lo que no quería pensar bajo ningún concepto era en que estaban a varios kilómetros de la casa y que iban a tener que volver los dos en su quad.
–Lo has hecho adrede, ¿verdad? –lo acusó enfadada.
–Es cierto que puedo hacer muchas cosas increíbles, pero todavía no sé cómo controlar el tiempo –contestó Sasuke riéndose–. Además, para que lo sepas, la lluvia me molesta más que a ti.
–¿Por qué? –le preguntó Sakura en tono incrédulo.
–Porque tenía planes para hoy.
–Infames, supongo... –comentó sentada en el quad y con las manos en las caderas.
–Por supuesto –admitió Sasuke–. Menos mal que yo siempre tengo un plan B.
Sakura supuso que los planes de Sasuke incluían seducirla y conseguir acostarse con ella. Lo sabía porque no lo había ocultado en ningún momento, siempre había sido sincero. Pero Sakura no estaba dispuesta a ceder.
–No pienses que te voy a ceder mi quad –le advirtió con firmeza–. No te pienso dejar conducir. Eres demasiado temerario.
Sasuke se acercó y colocó las manos en el manillar de la máquina de Sakura.
–¿Quieres que vuelva andando?
–No, voy a conducir yo.
–Te gusta controlar la situación, ¿eh? –murmuró Sasuke.
Sakura se dio cuenta de que había cometido un grave error. Sasuke se sentó detrás de ella. Lo sentía demasiado cerca, sentía sus manos en la cintura y se dijo que, si hubiera sido ella la que se hubiera montado detrás, la situación habría resultado menos íntima.
–No hace falta que te agarres a mí con tanta fuerza porque no voy a ir deprisa –le dijo.
Sasuke se rio y a Sakura le entraron ganas de echarse hacia atrás para absorber la vibración de su pecho, pero encendió el motor y aceleró con determinación.
–Vaya, veo que sabes perfectamente lo que haces –comentó Sasuke cuando hubo salido de la parte más difícil del río a toda velocidad–. Podrías ir a uno de esos programas de la televisión de supervivencia en la naturaleza.
–No te pases, no hago rápel con hilo dental ni esas cosas que hacen en esos programas –bromeó Sakura–. Conozco perfectamente mis limitaciones. Sé hasta dónde puedo llegar.
–¿Ah, sí? ¿Y hasta dónde quieres llegar?
Sakura ignoró la doble intención de la pregunta y contestó sinceramente.
–Todavía me dan miedo las alturas.
–¿Todavía?
–Se me revuelve el estómago, pero la mayoría de las veces lo puedo controlar –le contó–. A mi padre le encantaba escalar en alta montaña. Aquí, se encontraría en su elemento.
–¿Y tú sueles escalar con él?
–Cuando era más joven, sí –contestó Sakura brevemente–. Si quería pasar tiempo con él, tenía que hacerlo porque él estaba todo el día escalando.
–¿Y tú querías pasar tiempo con él?
–Claro que sí.
Era su padre y Sakura se había pasado toda la vida buscando su atención y su aprobación hasta que había crecido lo suficiente como para aceptar que eso nunca se iba a producir.
–Aunque la verdad es que nunca llegué a comprender su necesidad por conquistar la naturaleza. O sea apreciar su belleza, respetar a los animales, disfrutar, pero, ¿por qué esa necesidad de domarla? ¿Dónde está la gracia en arriesgar la vida? ¿El ser humano contra la naturaleza? Siempre ganará la naturaleza.
–¿Y dónde vive tu padre? –quiso saber Sasuke.
–No muy lejos de aquí. Tiene una tienda de artículos de montaña y de esquí.
–Vaya. ¿Te quieres pasar a verlo mientras estás aquí?
–No.
–¿Y tu madre? ¿A ella también le gustan los deportes al aire libre?
–No, ella es todo lo contrario. Ella es la reina de las urbanitas y vive en Sídney.
–¿Están divorciados?
–Sí, se divorciaron hace casi veinte años.
–Y siendo tan diferentes, ¿cómo es que llegaron a casarse?
–Tuvieron una aventura y mi madre se quedó embarazada, así que intentaron que funcionara, pero fue imposible. Habría sido mejor para todos que hubieran decidido poner fin a su relación mucho antes.
–Pero te querían –comentó Sasuke como si eso lo solucionara todo.
A veces, Sakura pensaba que habría sido mejor que la hubieran dado en adopción a una pareja que realmente hubiera querido tener hijos. Sus padres habían sido demasiado egoístas. Ninguno de los dos había querido sacrificar lo que era importante para ellos y Sakura había tenido que encajar como había podido en sus vidas. Jamás se había sentido realmente deseada y nunca había tenido la convicción de hacerlos felices.
Cuánto le hubiera gustado ser el centro de sus vidas, no haber tenido que hacerse hueco como una contorsionista para encajar en sus existencias.
–Decidieron tener la custodia compartida, pero solo porque ninguno de ellos quería quedarse conmigo.
–¿Qué quieres decir con que ninguno de ellos quería quedarse contigo? –le preguntó Sasuke agarrándose con un poco más de fuerza a su cintura e inclinándose adelante.
–Exactamente eso –contestó Sakura dudando si seguir hablando de aquel tema–. Ya sabes, una semana con mi madre y otra semana con mi padre –le explicó–. A todo el mundo le parece genial porque puedes hacer lo que te dé la gana ya que en casa de tu madre hay unas normas y en casa de tu padre hay otras. Se supone que haces lo que quieres porque siempre puedes decir que el otro te deja hacerlo, pero para mí fue espantoso. A mí me habrían ido bien unas cuantas normas... por lo menos, con eso me habrían demostrado que les importaba.
Sí, si hubieran discutido un poco de su bienestar, las cosas habrían sido más normales. Los había oído discutir muchas veces cuando uno de los dos pretendía saltarse la semana que le tocaba estar con ella y se había convencido de que para sus padres era una molestia. Por eso, se había acostumbrado a hacer lo que ellos querían y no lo que ella quería. Por eso, cedía, era buena e intentaba agradar, lo que resultaba extenuante. Al final, se quedaba en su habitación viendo películas. Sola.
–¿Eres hija única?
–Sí –contestó Sakura–. Es una suerte teniendo en cuenta qué tipo de padres tengo, pero la verdad es que me habría venido bien tener compañía.
–¿Y tú sueñas con tener una familia tipo Con ocho basta?
Sakura se rio.
–Eso son fantasías...
–Desde luego –convino Sasuke.
–¿Cómo lo sabes? Tú también eres hijo único.
–Sí, pero tenía muchos amigos que tenían familias numerosas y no te creas que les encantaba –le contó Sasuke–. ¿Quieres tener hijos? –le preguntó a pesar de que sabía que no debía hacerlo.
–No lo sé. Probablemente, no.
–¿De verdad? –se extrañó Sasuke.
–Bueno, a lo mejor si conozco al hombre adecuado... –admitió–. Pero realmente tiene que ser el hombre adecuado. Necesito que quiera estar conmigo y que quiera tener hijos. No es agradable saber que no has sido un hijo deseado. Quiero que, si tengo hijos, mis hijos tengan a sus dos padres cerca, puedan contar con su apoyo y con su amor y sepan que están a su lado para lo que haga falta.
Sasuke lo entendió perfectamente. Sakura quería que sus hijos tuvieran los padres que ella no había tenido. Aquello hizo que sintiera pena por ella, pero también admiración por su valor. Era evidente que Sakura tenía claro lo que quería y que no estaba dispuesta a hacerlo de otra manera. Era evidente que no iba a querer nada serio con un tipo como él porque él nunca podría estar ahí para lo que fuera necesario.
–Me da la sensación de que tú no eres de los que quieren tener hijos –comentó Sakura en tono divertido.
–Me gustan los niños, pero no creo que pudieran encajar en mi vida. No puedo garantizar estar ahí para ellos porque quiero hacer ciertas cosas y no me parece justo tener una familia cuando no les puedes dar todo lo que necesitan –contestó Sasuke sinceramente.
No quería quedarse sin hacer ciertas cosas por las responsabilidades que hubiera adquirido de cara a su familia. No tenía capacidad ni ganas de cumplir con las demandas de una relación larga y duradera. Lo había intentado unos años atrás con Kari y le había salido fatal. Su padre, por ejemplo, lo había hecho bien en la relación, pero le había ido fatal en los negocios. Era imposible compaginar las dos cosas.
–Ahora mismo, estoy completamente volcado en mi trabajo, pero tampoco me gustaría casarme y tener hijos tan mayor como mi padre. Le agradezco en el alma el haberme tenido, pero ojalá lo hubiera hecho antes.
–¿Tu madre era más joven?
–Unos treinta años –contestó Sasuke–. Todo el mundo creía que mi padre era mi abuelo –recordó intentando no darle importancia–. Pero a ellos les daba igual, estaban completamente enamorados, paseaban por la calle agarrados de la mano como adolescentes.
–Había oído que su matrimonio no había sido nada feliz – contestó Sakura parando el quad.
–Qué va –se rio Sasuke–. La gente no podía entender la diferencia de edad entre ellos, pero su matrimonio fue muy feliz.
–¿Y a ti te molestaba que hablaran de tus padres?
–Ya te puedes imaginar que en un sitio tan pequeño, los rumores eran insistentes.
–¿Qué hay de malo en que dos personas se hagan felices mutuamente? ¿Por qué no puede la gente alegrarse por ellos? ¿Acaso no queremos todos encontrar un gran amor así?
Sasuke sonrió ante su ingenuidad. Aquella mujer había visto demasiadas películas con final feliz.
–La gente puede resultar muy desagradable cuando no comprende algo. Estaban realmente enamorados. Muy, pero que muy enamorados. A veces, resultaban incluso empalagosos –le narró recordando cómo, en algunas ocasiones, se había sentido excluido.
Aunque siempre había sido consciente de haber sido el fruto de su amor, a veces se había sentido apartado. Jamás se lo había dicho. Aprendió a manejar a los otros chicos cuando hacían comentarios desagradables. No le había quedado más remedio. Un niño bajito de seis años que hablaba inglés con acento extranjero y cuyo padre ya estaba jubilado mientras que la madre era más guapa y joven que la de los demás. No le había quedado más remedio y lo había hecho estupendamente.
–Veían el mundo el uno a través de los ojos del otro –recordó con una mezcla de felicidad y de frustración porque sus padres no habían podido llegar a más debido a la adoración mutua que se tenían.
–¿Y tu madre se ha vuelto a casar? –preguntó Sakura.
–No. A mí me encantaría que lo hiciera –confesó Sasuke por primera vez en su vida–, pero ella insiste en que jamás conocerá a nadie como mi padre. Yo creo que le da miedo volver a sufrir una pérdida tan grande. Cuando mi padre murió, no fue capaz de seguir viviendo en Nueva Zelanda, donde tan feliz había sido con él.
–¿Y tú? Tú eras muy pequeño, ¿no?
Sasuke se rio para apartar la compasión de Sakura. Siempre se reía cuando alguien tocaba un tema demasiado delicado para él.
–Yo me quedé aquí porque quería terminar lo que mi padre había empezado. Lo quiero hacer por él.
–Supongo que a tu madre le dolería mucho separarse de ti.
Aquel comentario le dio de lleno, pero Sasuke consiguió controlarlo.
–Mi madre sabía que yo estaba bien y ocupado –contestó.
Él se había encargado de hacérselo creer así. Siempre se le había dado bien ocultar su dolor. Los años de entrenamiento en el colegio le habían dado eso. No había nadie que cubriera el dolor con una sonrisa mejor que él. Se había sobrepuesto a las situaciones desagradables porque sabía reír y hacer reír a los demás, pero jamás había permitido que los demás se acercaran realmente a él porque sabía lo mucho que se sufría cuando una persona querida se iba.
–Lo habría pasado muy mal si se hubiera quedado –concluyó e hizo un comentario de la montaña que tenían a su derecha.
–Pues no me he traído otros vaqueros –comentó Sakura cuando se bajaron del quad.
Sasuke no pudo contener la risa, Sakura parecía una diosa de barro.
–Te dejo unos, si quieres.
–No creo que me quepan.
–Seguro que sí. Venga, que me estoy muriendo de frío –mintió.
Aquella misma mañana había ordenado que quitaran la lona que cubría la piscina del spa y hacia allí se dirigió.
–Ya te he dicho que no me he traído bañador –le recordó Sakura siguiéndolo y mirando el agua con anhelo.
Era evidente que Sakura tenía una vena sensual y Sasuke estaba más que dispuesto a conseguir que la explotara.
–Te puedo prestar una camiseta –se ofreció.
Sabía que Sakura se iba a tener que quitar los vaqueros, aquella tela azul completamente empapada que le marcaba los glúteos y los muslos. Se moría por deslizar la mano y desabrocharle la bragueta.
Para controlarse, se dirigió al vestuario y salió con una camiseta, que le entregó a Sakura. A continuación, la dejo a solas para que se cambiara. Mientras tanto, él hizo lo mismo junto a la piscina y se obligó a darse una ducha fría para quitarse el barro antes de meterse en el agua caliente.
–No has podido resistirte, ¿eh? –bromeó Sakura cuando salió del vestuario.
Ella también se había duchado y, por eso, la camiseta de Sasuke se le pegaba al cuerpo mojado. Sasuke apretó el botón del hidromasaje para que las burbujas salieran con más fuerza y ocultaran el efecto que verla así tenía en él.
–¿Resistirme a qué? –preguntó vagamente, sin poder apartar sus pensamientos del sexo.
Le habría encantado poder dejar de pensar en ella o, por lo menos, haber sido capaz de pensar en otra mujer porque nunca se había sentido tan obsesionado con nadie. Seguramente, había sido porque aquella mujer lo había despertado en mitad de la noche cabalgándolo.
Pura fantasía hecha realidad.
Por supuesto, no podía dejar de pensar en ello. Por supuesto, tenía que conseguir acostarse con ella de nuevo... aunque solo fuera durante el fin de semana. Por supuesto, no estaba resultando tan fácil como había planeado.
–A buscar el placer –contestó Sakura negando con la cabeza y estremeciéndose mientras se metía lentamente en el agua.
–Trabajo mucho, así que también tengo derecho a disfrutar de mi tiempo libre –contestó Sasuke mirándola de reojo–. Relajarse, celebrar y disfrutar de los placeres de la vida no tiene nada de malo. Deberíamos hacerlo más a menudo, de hecho.
–Si te crees que voy a acceder a acostarme contigo porque te pongas a cantar las bondades del hedonismo, estás muy equivocado – le espetó Sakura.
–Sabes que tengo razón. Tú misma lo dijiste –le recordó–. Dijiste que había sido el mejor encuentro sexual de tu vida –añadió recordando aquella noche.
¿Cómo no recordarla cuando su protagonista se estaba metiendo en una bañera de agua caliente con él y se le estaba mojando la camiseta?
–La verdad es que no es de buen gusto comparar –comentó Sakura sentándose frente a él, pero sin atreverse a mirar su torso desnudo.
Seguro que para él no había sido el mejor encuentro sexual de su vida.
–No me estoy comparando con nadie –se rio Sasuke–. Solo te estoy recordando que la noche que pasaste conmigo fue la mejor de tu vida en cuanto al sexo. No entiendo por qué no quieres repetir.
–Porque no fue real –contestó Sakura.
–¿Cómo que no fue real? –se indignó Sasuke.
En un abrir y cerrar de ojos, el ambiente relajado y divertido se evaporó. Sakura sintió que las burbujas de la bañera las provocaba la temperatura de su cuerpo.
–No, no fue real –insistió.
Sasuke la miró fijamente.
–Dijiste que fue el mejor encuentro sexual de tu vida –repitió.
–Está bien, eso es cierto, pero, ¿no te parece que eso fue porque todo fue una gran fantasía? ¿Como un sueño? Fue tan bueno que es imposible que fuera real. Yo no te conocía y tú no me conocías a mí –prosiguió–. No podríamos volver a recrear ese escenario.
–¿Lo que me estás diciendo es que crees que, si volviéramos a estar juntos, sería una decepción? –quiso saber Sasuke con incredulidad.
–Evidentemente –murmuró Sakura–. ¿Tú no crees lo mismo?
–No y, además, ¿no sientes curiosidad?
–Yo...
Sí, claro que sentía curiosidad. Muchísima. Pero no se quería arriesgar a perder su trabajo.
–Te gustó el sexo de fantasía –comentó Sasuke.
–Y a ti también –se defendió Sakura.
–Sí, a mí me encantó –admitió Sasuke con una gran sonrisa–. Hay otras muchas cosas que podríamos hacer...
–No me gustan las perversiones.
–Oh, nada de perversiones, bonita. Se me ocurren unas cuantas fantasías de lo más sencillas y efectivas... si te apetece probarlas...
Sakura se mojó los labios con la lengua sin darse cuenta del erotismo que estaba añadiendo a la escena.
–Sakura.
Oh, ayuda. No se podía mover, no podía huir. Esperó a que Sasuke se acercara. Lo tenía tan cerca que tuvo que elevar el mentón para mantener el contacto visual, tan cerca que sentía su respiración. La excitación era tan fuerte que sus propios músculos no le respondían.
–¿Quieres fantasía? –le preguntó Sasuke inclinándose sobre ella.
Sakura no podía ni respirar, solo oía las palabras de Sasuke y el latido amplificado de su corazón. Sentía la piel de todo el cuerpo supersensible. Sentía todas y cada una de sus células supersensibles. Gritaban que lo deseaban, gritaban tanto que acallaban a la voz de la razón e hicieron que Sakura ladeara la cabeza y la acercara a la de Sasuke de manera que sus labios se tocaron.
En aquel mismo instante, se supo perdida, cerró los ojos y se concentró en la sensación de terciopelo de sus besos y en la insistencia de su lengua, que la llevó a abrir la boca para él, a dejarlo entrar porque lo que Sasuke le estaba transmitiendo era exactamente lo que ella sentía: pasión y necesidad.
Con cada beso de Sasuke, la resistencia de Sakura se iba derritiendo. Toda ella se estaba derritiendo, sus músculos, su boca... pero existía un centro tenso, que le indicaba que los besos no iban a ser suficiente, que necesitaba más contacto para derretirse por completo.
Sakura necesitaba sentir piel con piel, torso con pecho, muslos con muslos, los brazos de Sasuke alrededor de su cuerpo, poder aferrarse a él en una intimidad sin fronteras. O, sí, quería eso y lo quería inmediatamente.
Gimió y Sasuke la besó con más fuerza, haciéndola estremecerse. Lo tenía muy cerca, muy cerca... pero no era suficiente todavía... todavía había distancia entre ellos...
–¿Qué te ha parecido esta fantasía? –le preguntó Sasuke apartándose y sentándose de nuevo en su sitio.
Sakura no se lo podía creer, no se podía creer que la hubiera besado así y se hubiera alejado, no se podía creer la intensidad de su expresión y de su acción, aquella intensidad que se había evaporado.
–Desde luego, se te da muy bien provocar –concedió.
–Tú tampoco te quedas corta –contestó Sasuke.
–Yo no te he provocado, has sido tú el que ha venido a mí –le recordó Sakura apartándose el pelo mojado de la cara.
–Porque tú no paras de tentarme –contestó Sasuke encogiéndose de hombros.
–¿Así que la culpa es mía?
–Por supuesto.
Sakura no pudo evitar reírse.
–¿Te parece divertido? –le preguntó Sasuke.
Sakura asintió.
–Eres lo mejor que hay en el mundo para el ego femenino.
–Me alegro de oír esas palabras. Ya sabes que tus deseos son órdenes para mí –contestó Sasuke inclinando la cabeza.
Sakura volvió a asentir. Sasuke había vuelto a ser el hombre encantador y gracioso de antes, un hombre que le encantaba, pero sospechaba que, bajo aquella fachada agradable y siempre de buen humor, se escondía un muro impenetrable que también le fascinaba.
Maldición.
  
Continuará...

CAPÍTULO 5 < -- . -- > CAPÍTULO 7


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