jueves, 2 de enero de 2014

LA CAMA EQUIVOCADA cap 3



Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.

 LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Tres


–Sakura, ¿dónde has estado? –le preguntó Gaara consultando el reloj cuando Sakura bajó por fin al comedor para desayunar una hora después.

La chica con la que lo había visto antes no estaba. En realidad, no había nadie más en el comedor. Sakura echó los hombros hacia atrás, dispuesta a no arrepentirse en absoluto de lo que había sucedido aquella noche. El guapísimo y desnudo compañero que había encontrado por confusión la había puesto de buen ánimo con su natural sentido del humor y, además, Gaara también le había encontrado sustituta.

–Llevo esperándote un buen rato –le comentó su compañero de trabajo con el tono de voz suave y agradable que solía emplear con ella.

–No sabía que tuviéramos tanta prisa por irnos –le contestó Sakura.

–No nos vamos –contestó Gaara–. Está aquí.

–¿Quién?

–El propietario. Ha venido de repente.

–¿El francés?

¿El hijo del loco? Sabiendo que el tal loco no había visto terminado el castillo, Sakura supuso que su hijo andaría por los cuarenta y tantos o cincuenta.
–Tenemos que conseguir convencerlo de que este es el lugar que necesitamos –asintió Gaara con vehemencia.
Sakura no quería quedarse en aquel lugar más de lo estrictamente necesario porque no quería encontrarse con cierto huésped y, además, sabía que no solía haber problemas para que los propietarios de las localizaciones les permitieran filmar en ellas, pues a todos les solía encantar.
–¿Se te ha ocurrido algo? ¿Tienes algún plan? –le preguntó a Gaara.
–Sí, se me había ocurrido que podrías coquetear con él.
–¿Cómo? –le preguntó Sakura, segura de que había oído mal.
–Ya sabes, lo encandilas un poco, lo suficiente como para tenerlo comiendo de la palma de la mano –insistió Gaara.
Sakura se dio cuenta de que estaba descubriendo cómo era en realidad su compañero de trabajo y, ahora que la fachada agradable había desaparecido, estaba viendo a Gaara tal y como era en realidad, un hombre que encandilaba a los demás para conseguir lo que quería.
Aquello la hizo preguntarse qué habría querido de ella, con la que había flirteado sin parar, a la que había lanzado cumplidos y miradas... Definitivamente, no había sido sexo.
–Aunque trabajemos para la industria cinematográfica, te aseguro que, en esta ocasión y dependiendo de mí, no va a haber escena de cama.


`·.¸¸.·´´¯`··._.·


Sasuke estaba tumbado en la cama, recuperándose de la actividad nocturna. La ventana estaba abierta y le llegaba desde el jardín una conversación muy interesante.
–Es francés, ¿no? A los franceses les encantan las mujeres elegantes. No creo que le gusten las chicas en vaqueros.
–Para que lo sepas, los vaqueros se crearon en Francia –le contestó Sakura en tono muy serio al canalla de Gaara.
Sakura. Le encantaba su nombre.
–¿No tienes algo un poco más sensual? ¿Una falda o algo así?
–No creo que eso nos sirviera de nada. Probablemente, esté casado.
Sasuke estuvo a punto de reírse a carcajadas.
–¿No podrías hacer un esfuerzo? Tenemos entre manos un contrato muy importante, ya lo sabes.
–No me pienso prostituir para conseguir un contrato, Gaara. Yo no soy así.
–Ya sabes que en este trabajo todo depende de la imagen. Quise que vinieras conmigo porque estabas hasta arriba de trabajo administrativo, pero, cuando llega el momento, tienes que poner toda la carne en el asador. Tienes que sacar tu instinto básico y hacer lo que sea necesario para impresionarlo.
Sasuke no se podía creer que Sakura se hubiera querido acostar con aquel imbécil.
–Tú haz lo que quieras y flirtea con quien quieras para conseguir lo que busques, pero a mí no me digas lo que tengo que hacer –le espetó Sakura.
¿Quería instinto básico? Pues ahí lo tenía.
–¿No quieres ganar? –le preguntó el muy bobo.
–A ese precio, no –contestó Sakura.
Sasuke sabía que Sakura no era una mujer sin escrúpulos ni descarada. Frunció el ceño al detectar dolor en su voz y aquello le hizo preguntarse si realmente le gustaría el tonto de Gaara.
–Cruza los dedos para que sea homosexual, Gaara. Así, podrás llevarte tú todos los méritos.
Sasuke se levantó de la cama y se dirigió al baño. Se moría de ganas por bajar, pero, cuando lo hizo, encontró a Sakura sola. La única señal de la molesta compañía que había tenido era que estaba sonrojada. Y se sonrojó todavía más cuando lo vio aparecer.
–Buenos días –la saludó Sasuke por segunda vez aquel día.
–Oh –dijo ella sorprendida–. Hola.
–No me has comentado qué planes tenías para esta mañana –   comentó Sasuke acercándose a la mesa en la que le habían servido el desayuno–. Estamos en un lugar muy bonito... ¿tienes pensado salir a dar una vuelta o algo?
Sakura negó con la cabeza y desvió la mirada.
–He venido a trabajar.
–Pero me has dicho que no te gusta tu trabajo. Se supone que aquí venimos a relajarnos. ¿Has probado el spa?
Sakura se volvió a sonrojar.
–No, no tengo tiempo de ir al spa. Tengo mucho trabajo. De hecho, me tengo que poner a trabajar inmediatamente...
–A lo mejor te vendría bien desayunar antes; debes de estar necesitada después de lo de anoche.
Dicho aquello, se sentó frente a ella. A pesar de la cara de pocos amigos de Sakura, Sasuke no estaba dispuesto a irse, tomó un cruasán y le dio un mordisco.
–Creo que solo voy a tomar un café –comentó Sakura.
Sasuke se apresuró a servírselo.
–Gracias –murmuró Sakura.
Sasuke la miró con deseo. No le gustaba que se mostrara reservada, la prefería atrevida y bromista. Era consciente de que había una bomba de relojería bajo aquella fachada.
–¡Sasuke Uchiha! –gritó un hombre saliendo del edificio con una gran sonrisa–. Me alegro mucho de verlo.
Sasuke sabía diferenciar perfectamente la voz de una persona servil que lo quería adular de la que realmente se alegraba de verlo. A aquel había sido fácil pillarlo. Miró a Sakura y se giró hacia Gaara.
–Lo siento, pero no sé quién es usted –le contestó con frialdad, sin molestarse en ponerse en pie, mirándolo desde la mesa.
Pero Gaara había hecho sus deberes.
–Soy Gaara, de la empresa SunaSpace. Hemos venido porque nos interesa su maravillosa propiedad. Sería perfecta para...
–Me gustaría terminar de desayunar –lo interrumpió Sasuke–. Podemos hablar más tarde.
–Oh –se disculpó Gaara apesadumbrado–, por supuesto.
–Puede esperarme en las cuadras, nos vemos allí dentro de un rato –lo despidió Sasuke.
Ahora que ya se había quitado a aquel horror de encima, Sasuke miró a su compañera de mesa y volvió a sentir una punzada en el pecho. Para disimular la incomodidad que aquello le causaba, siguió bromeando.
–Bueno, ¿qué vas a hacer ahora para impresionarme?
Sakura se había quedado petrificada al darse cuenta de que el hombre con el que se había acostado era el mismo al que Gaara  quería que impresionara. ¿Y Sasuke había escuchado aquella conversación?
–Mira, no sabía quién eras y... –le aseguró.
La carcajada de Sasuke la interrumpió.
–Lo sé, bonita. Llegué ayer muy tarde y nadie sabía que estaba aquí, así que tengo muy claro que no estabas intentando convencerme para que os cediera la propiedad para vuestra película.
Sakura no se podía creer que fuera propietario de aquel château.
–Se supone que eres francés.
–Soy medio francés, pero he vivido en Nueva Zelanda desde los seis años.
–No tienes suficiente edad para ser el dueño de este lugar – comentó Sakura, porque Sasuke parecía no haber cumplido todavía los treinta.
–Mi padre era muy mayor cuando yo nací.
–Me dijiste que estabas aquí hospedado.
–No, eso lo diste tú por hecho. Yo intenté explicarte quién era, pero tú estabas tan ocupada pidiendo perdón que no me escuchaste.
–Ya no voy a volver a pedirte perdón –contestó Sakura en tono desafiante–. Me lo tendrías que haber dicho. Tendrías que haber evitado que hiciera el ridículo de aquella manera.
Sasuke se puso en pie y se acercó a ella.
–No has hecho el ridículo en absoluto.
Sakura se puso en pie con las mandíbulas apretadas.
–Adiós, señor Uchiha –se despidió.
–No lo dirás en serio –se horrorizó Sasuke bajando la voz.
–Claro que sí –declaró Sakura con firmeza–. Sabes perfectamente que es mejor que no sigamos hablando. Con quien tienes que hablar es con...
–Gaara.
–Exacto.
–Pero yo no quiero hablar con Gaara. Quiero hablar contigo.
Sakura sintió un tremendo calor por todo el cuerpo.
–Eso no puede ser –le dijo–. No sería profesional por mi parte. Prefiero que mi compañero se haga cargo de las negociaciones.
–¿Qué negociaciones?
–No me irás a decir que, porque te digo que yo no quiero entrar en ellas, no vas a negociar con nosotros –se indignó Sakura–. ¿Me estás chantajeando?
Sasuke dudó.
–Estoy abierto a la negociación, pero preferiría que fuera contigo.
–Pero, si yo no estoy disponible, ¿seguirías dispuesto a negociar con nosotros?
Sasuke sonrió.
–Soy un hombre de negocios, no un idiota. Soy perfectamente consciente de los beneficios que me puede dar que mi propiedad salga en una película y estoy dispuesto a prestarla, pero no para cualquier película, por supuesto.
Sakura lo miró fijamente.
–Me lo he pasado muy bien contigo en la cama pero no soy tan tonto como para dejar que eso interfiera en mis decisiones profesionales –le aclaró Sasuke tranquila pero firmemente–. Exactamente igual que tú no eres tan estúpida como para pensar que el hecho de haberte acostado conmigo podría servirte para hacerme cambiar de parecer, ¿verdad?
–Verdad –contestó Sakura–, pero el hecho es que no nos conocemos muy bien.
–Y, si por ti fuera, preferirías que eso siguiera así, que no nos sigamos conociendo.
–Yo creo que es lo mejor, ¿no estás de acuerdo?
–En absoluto –contestó Sasuke–, pero, a diferencia de tu compañero, soy lo suficientemente caballero como para respetar los deseos de los demás. No suelo ir por ahí forzando a la gente.
¿Habría oído la conversación completa que había mantenido con Gaara?
–Soy perfectamente capaz de mantener mi vida profesional y mi vida personal separadas –le explicó–. No hay problema.
Sakura se dijo que no habría problema para él. Para ella sí, porque no era capaz de mantener su vida profesional y su vida personal separadas.
–La verdad es que estoy en medio de un proyecto nuevo para adquirir otras dos propiedades y convertirlas en hoteles con encanto, así que una inyección de dinero y de publicidad me viene muy bien. Por eso, estoy más abierto ahora las negociaciones para que aquí se rueden películas que hace un par de meses.
–Pues te insisto en que vas a tener que hablar con Gaara porque yo ya no trabajo para la empresa de localizaciones.
Sasuke se quedó mirándola atónito.
–¿Te han echado?
Sakura vio que se había enfurecido y eso la hizo comprender que no había escuchado la conversación completa.
–Gaara no tiene autoridad para despedirme. Me he ido yo –le explicó elevando el mentón.
–¿Por qué? –quiso saber Sasuke cada vez más enfadado–. ¿Has dejado tu trabajo por un malentendido sin importancia?
No había sido un malentendido sin importancia. Era que, por fin, Sakura había visto la luz. La habían contratado en aquella empresa para que se encargara de las labores administrativas, del papeleo, y para que fuera de aquí para allá cuando hiciera falta. Aquello era demasiado.
–¿Y qué vas a hacer?
–No soy tan estúpida como para dejar un trabajo sin tener otro – le aclaró Sakura–. Lo tengo todo controlado. Empiezo la semana que viene.
–¿En qué?
A Sakura no le apetecía entrar en detalles. No era porque le diera vergüenza sino porque creía que sería mejor mantener las distancias.
–Mismo sector, diferente empresa.
–¿Te han dado el papel protagonista en alguna película? –sonrió Sasuke de repente.
–No, nunca he querido ser actriz –contestó Sakura intentando sonreír también.
–Pues, por tu belleza, podrías serlo.
Sakura negó vehementemente con la cabeza.
–Por favor, no flirtees conmigo de nuevo.
–Me resulta imposible no hacerlo –murmuró Sasuke–. Venga, cuéntamelo.
–Bueno, llevaban algún tiempo queriendo que me fuera con ellos –le explicó sinceramente.
Había escrito un mensaje de texto a Ino y su amiga no había tardado más que un minuto en confirmarle que seguían interesados en ella y que empezaba el lunes. El hecho era que Sakura estaba cansada de intentar agradar a todo el mundo y de no progresar.
–No creas que mi decisión ha tenido algo que ver contigo – comentó al ver que Sasuke la miraba preocupado.
–¿No es así?
–Llevo meses pensando en cambiar de trabajo.
–Espero que no haya sido por Gaara tampoco. Créeme si te digo que no merece la pena perder un trabajo por una relación personal.
–¿Lo dices por experiencia propia? –le preguntó Sakura contenta de centrarse en él un rato.
–Probablemente –contestó Sasuke encogiéndose de hombros–. No permitas que nadie se meta por medio y te impida conseguir lo que tú quieres.
–Muy bien –se rio Sakura–. Lo cierto es que me siento liberada.
Le apetecía volver a pasárselo bien trabajando, tener contacto con los aficionados, que era lo que más le gustaba y lo que su amiga le estaba ofreciendo. Se habían conocido un día en la localización. Ino se dedicaba a llevar a aficionados a los sets de rodaje y sabía que Sakura era una loca del cine.
–Liberada, ¿eh? ¿Muy liberada?
–No me refiero a ese tipo de liberación –contestó Sakura entendiendo el doble sentido.
–Ahora ya no tenemos conflictos de intereses.
–No he dejado el trabajo por eso.
–Pero te habrás dado cuenta de que no nos hemos besado en ningún momento.
–Hemos hecho mucho más que besarnos.
–Pero no nos hemos besado en la boca –insistió Sasuke–. Llevo todo este rato recordando vívidamente lo que hicimos anoche y no nos besamos.
–No vamos a repetir.
–No me digas que te da miedo.
–No pienso dejar que me convenzas.
–¿Y si lo hiciéramos de vez en cuando? –insistió Sasuke.
Sakura se rio. Era evidente que Sasuke Uchiha estaba acostumbrado a salirse con la suya. Aunque a ella también le apetecía lo que le estaba ofreciendo, sabía que, si lo besaba, querría más.
–No –contestó.
–Solo un beso. Es algo muy sencillo.
–Que se puede complicar fácilmente –insistió Sakura sin poder apartar, sin embargo, los ojos de los labios de Sasuke.
–Bueno, si eso es lo que quieres... –dijo él encogiéndose de hombros y mirándola a los ojos.
–Muchas gracias –se despidió Sakura girándose y yéndose.


`·.¸¸.·´´¯`··._.·


De vuelta a su habitación, Sakura tardó menos de treinta segundos en hacer la maleta. Se rio al recordar todo lo que había sucedido. Cuando bajó, vio que Sasuke la estaba esperando y que había hecho traer el coche a la entrada.
–Me aseguraré de que Gaara vuelva casa de alguna manera – le dijo haciendo una mueca.
–¿No deberías estar hablando con él? –le preguntó Sakura dejando la maleta en el asiento de atrás.
–Te puedo asegurar que no es mi prioridad en estos momentos.
–Oh, qué bien se te da esto de flirtear.
–No quiero que te vayas –contestó Sasuke con una gran sonrisa. Sakura se apoyó en la puerta y lo miró.
–Ahora mismo, no me arrepiento de nada de lo que ha pasado entre nosotros. Si me quedo, puede que me arrepienta y no quiero que eso ocurra.
–¿Y qué me dices de lo que yo quiera?
–Lo siento. Es lo que te puedo decir. Lo único que puedo hacer es pedirte perdón de nuevo.
Sasuke se acercó.
–No te sientas obligada a pedirme perdón. Jamás.
Sakura no supo qué contestar, así que se metió en el coche. Sasuke cerró la puerta y se quedó junto al coche. Sakura puso el motor en marcha y bajó la ventanilla. Sasuke se acercó y se inclinó al interior.
–No te vas a ir tan fácilmente –murmuró tomándola del mentón.
Sakura sabía perfectamente lo que iba a hacer, pero no podía hacer nada para evitarlo porque, si acelerara en aquel momento, se llevaría su brazo y su cabeza por delante.
El contacto fue decidido, pero no dominante. Sus labios se encontraron y Sakura se deslizó en aquel beso, se estremeció de pies a cabeza y sintió un gran calor en el bajo vientre. La lengua de Sasuke había entrado en su boca y jugaba con insistencia. ¿Cómo era posible que un beso dijera tanto?
No tenía ni idea de por qué estaba agarrando el volante con tanta fuerza o por qué estaba apretando el pedal del freno tan insistentemente, pero sabía que estaba en peligro. Sasuke se apartó. Sakura no podía dejar de mirarlo a los ojos, fijarse en aquel cuerpo perfecto y en aquella sonrisa maravillosa.
–Me estaba arrepintiendo de no haberte besado y ahora, por supuesto, me arrepiento de no haberlo hecho antes –le dijo.
Sakura lo agarró de la muñeca.
–Gracias por ser tan amable conmigo.
–Quiero que sepas una cosa: soy lo suficientemente hombre como para aceptar un no por respuesta, pero también lucho por lo que quiero –le advirtió.
–¿Y qué es lo que quieres? –le preguntó Sakura sin parpadear.
–Te quiero a ti. Otra vez. De cualquier manera. Así que, si te quieres ir, será mejor que te vayas ahora –concluyó rompiendo la intensidad del momento con una de sus sonrisas.
  
Continuará...


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