Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Tres
CAPÍTULO 2 < -- . -- > CAPÍTULO 4
–Sakura, ¿dónde has estado? –le preguntó Gaara
consultando el reloj cuando Sakura bajó por fin al comedor para desayunar una
hora después.
La chica con la que lo había visto antes no estaba.
En realidad, no había nadie más en el comedor. Sakura echó los hombros hacia
atrás, dispuesta a no arrepentirse en absoluto de lo que había sucedido aquella
noche. El guapísimo y desnudo compañero que había encontrado por confusión la
había puesto de buen ánimo con su natural sentido del humor y, además, Gaara
también le había encontrado sustituta.
–Llevo esperándote un buen rato –le comentó su
compañero de trabajo con el tono de voz suave y agradable que solía emplear con
ella.
–No sabía que tuviéramos tanta prisa por irnos –le
contestó Sakura.
–No nos vamos –contestó Gaara–. Está aquí.
–¿Quién?
–El propietario. Ha venido de repente.
–¿El francés?
¿El hijo del loco? Sabiendo que el tal loco no
había visto terminado el castillo, Sakura supuso que su hijo andaría por los
cuarenta y tantos o cincuenta.
–Tenemos que conseguir convencerlo de que este es
el lugar que necesitamos –asintió Gaara con vehemencia.
Sakura no quería quedarse en aquel lugar más de lo
estrictamente necesario porque no quería encontrarse con cierto huésped y, además,
sabía que no solía haber problemas para que los propietarios de las
localizaciones les permitieran filmar en ellas, pues a todos les solía
encantar.
–¿Se te ha ocurrido algo? ¿Tienes algún plan? –le
preguntó a Gaara.
–Sí, se me había ocurrido que podrías coquetear con
él.
–¿Cómo? –le preguntó Sakura, segura de que había
oído mal.
–Ya sabes, lo encandilas un poco, lo suficiente
como para tenerlo comiendo de la palma de la mano –insistió Gaara.
Sakura se dio cuenta de que estaba descubriendo
cómo era en realidad su compañero de trabajo y, ahora que la fachada agradable había
desaparecido, estaba viendo a Gaara tal y como era en realidad, un hombre que
encandilaba a los demás para conseguir lo que quería.
Aquello la hizo preguntarse qué habría querido de
ella, con la que había flirteado sin parar, a la que había lanzado cumplidos y miradas...
Definitivamente, no había sido sexo.
–Aunque trabajemos para la industria
cinematográfica, te aseguro que, en esta ocasión y dependiendo de mí, no va a
haber escena de cama.
Sasuke estaba tumbado en la cama, recuperándose de
la actividad nocturna. La ventana estaba abierta y le llegaba desde el jardín
una conversación muy interesante.
–Es francés, ¿no? A los franceses les encantan las
mujeres elegantes. No creo que le gusten las chicas en vaqueros.
–Para que lo sepas, los vaqueros se crearon en
Francia –le contestó Sakura en tono muy serio al canalla de Gaara.
Sakura. Le encantaba su nombre.
–¿No tienes algo un poco más sensual? ¿Una falda o
algo así?
–No creo que eso nos sirviera de nada.
Probablemente, esté casado.
Sasuke estuvo a punto de reírse a carcajadas.
–¿No podrías hacer un esfuerzo? Tenemos entre manos
un contrato muy importante, ya lo sabes.
–No me pienso prostituir para conseguir un
contrato, Gaara. Yo no soy así.
–Ya sabes que en este trabajo todo depende de la
imagen. Quise que vinieras conmigo porque estabas hasta arriba de trabajo administrativo,
pero, cuando llega el momento, tienes que poner toda la carne en el asador.
Tienes que sacar tu instinto básico y hacer lo que sea necesario para
impresionarlo.
Sasuke no se podía creer que Sakura se hubiera
querido acostar con aquel imbécil.
–Tú haz lo que quieras y flirtea con quien quieras
para conseguir lo que busques, pero a mí no me digas lo que tengo que hacer –le
espetó Sakura.
¿Quería instinto básico? Pues ahí lo tenía.
–¿No quieres ganar? –le preguntó el muy bobo.
–A ese precio, no –contestó Sakura.
Sasuke sabía que Sakura no era una mujer sin
escrúpulos ni descarada. Frunció el ceño al detectar dolor en su voz y aquello
le hizo preguntarse si realmente le gustaría el tonto de Gaara.
–Cruza los dedos para que sea homosexual, Gaara.
Así, podrás llevarte tú todos los méritos.
Sasuke se levantó de la cama y se dirigió al baño.
Se moría de ganas por bajar, pero, cuando lo hizo, encontró a Sakura sola. La
única señal de la molesta compañía que había tenido era que estaba sonrojada. Y
se sonrojó todavía más cuando lo vio aparecer.
–Buenos días –la saludó Sasuke por segunda vez
aquel día.
–Oh –dijo ella sorprendida–. Hola.
–No me has comentado qué planes tenías para esta
mañana – comentó Sasuke acercándose a
la mesa en la que le habían servido el desayuno–. Estamos en un lugar muy
bonito... ¿tienes pensado salir a dar una vuelta o algo?
Sakura negó con la cabeza y desvió la mirada.
–He venido a trabajar.
–Pero me has dicho que no te gusta tu trabajo. Se
supone que aquí venimos a relajarnos. ¿Has probado el spa?
Sakura se volvió a sonrojar.
–No, no tengo tiempo de ir al spa. Tengo mucho trabajo.
De hecho, me tengo que poner a trabajar inmediatamente...
–A lo mejor te vendría bien desayunar antes; debes
de estar necesitada después de lo de anoche.
Dicho aquello, se sentó frente a ella. A pesar de
la cara de pocos amigos de Sakura, Sasuke no estaba dispuesto a irse, tomó un
cruasán y le dio un mordisco.
–Creo que solo voy a tomar un café –comentó Sakura.
Sasuke se apresuró a servírselo.
–Gracias –murmuró Sakura.
Sasuke la miró con deseo. No le gustaba que se
mostrara reservada, la prefería atrevida y bromista. Era consciente de que
había una bomba de relojería bajo aquella fachada.
–¡Sasuke Uchiha! –gritó un hombre saliendo del
edificio con una gran sonrisa–. Me alegro mucho de verlo.
Sasuke sabía diferenciar perfectamente la voz de
una persona servil que lo quería adular de la que realmente se alegraba de
verlo. A aquel había sido fácil pillarlo. Miró a Sakura y se giró hacia Gaara.
–Lo siento, pero no sé quién es usted –le contestó
con frialdad, sin molestarse en ponerse en pie, mirándolo desde la mesa.
Pero Gaara había hecho sus deberes.
–Soy Gaara, de la empresa SunaSpace. Hemos
venido porque nos interesa su maravillosa propiedad. Sería perfecta para...
–Me gustaría terminar de desayunar –lo interrumpió Sasuke–.
Podemos hablar más tarde.
–Oh –se disculpó Gaara apesadumbrado–, por
supuesto.
–Puede esperarme en las cuadras, nos vemos allí
dentro de un rato –lo despidió Sasuke.
Ahora que ya se había quitado a aquel horror de
encima, Sasuke miró a su compañera de mesa y volvió a sentir una punzada en el pecho.
Para disimular la incomodidad que aquello le causaba, siguió bromeando.
–Bueno, ¿qué vas a hacer ahora para impresionarme?
Sakura se había quedado petrificada al darse cuenta
de que el hombre con el que se había acostado era el mismo al que Gaara quería que impresionara. ¿Y Sasuke había
escuchado aquella conversación?
–Mira, no sabía quién eras y... –le aseguró.
La carcajada de Sasuke la interrumpió.
–Lo sé, bonita. Llegué ayer muy tarde y nadie sabía
que estaba aquí, así que tengo muy claro que no estabas intentando convencerme para
que os cediera la propiedad para vuestra película.
Sakura no se podía creer que fuera propietario de
aquel château.
–Se supone que eres francés.
–Soy medio francés, pero he vivido en Nueva Zelanda
desde los seis años.
–No tienes suficiente edad para ser el dueño de
este lugar – comentó Sakura, porque Sasuke parecía no haber cumplido todavía
los treinta.
–Mi padre era muy mayor cuando yo nací.
–Me dijiste que estabas aquí hospedado.
–No, eso lo diste tú por hecho. Yo intenté
explicarte quién era, pero tú estabas tan ocupada pidiendo perdón que no me
escuchaste.
–Ya no voy a volver a pedirte perdón –contestó Sakura
en tono desafiante–. Me lo tendrías que haber dicho. Tendrías que haber evitado
que hiciera el ridículo de aquella manera.
Sasuke se puso en pie y se acercó a ella.
–No has hecho el ridículo en absoluto.
Sakura se puso en pie con las mandíbulas apretadas.
–Adiós, señor Uchiha –se despidió.
–No lo dirás en serio –se horrorizó Sasuke bajando
la voz.
–Claro que sí –declaró Sakura con firmeza–. Sabes
perfectamente que es mejor que no sigamos hablando. Con quien tienes que hablar
es con...
–Gaara.
–Exacto.
–Pero yo no quiero hablar con Gaara. Quiero hablar
contigo.
Sakura sintió un tremendo calor por todo el cuerpo.
–Eso no puede ser –le dijo–. No sería profesional
por mi parte. Prefiero que mi compañero se haga cargo de las negociaciones.
–¿Qué negociaciones?
–No me irás a decir que, porque te digo que yo no
quiero entrar en ellas, no vas a negociar con nosotros –se indignó Sakura–. ¿Me
estás chantajeando?
Sasuke dudó.
–Estoy abierto a la negociación, pero preferiría
que fuera contigo.
–Pero, si yo no estoy disponible, ¿seguirías
dispuesto a negociar con nosotros?
Sasuke sonrió.
–Soy un hombre de negocios, no un idiota. Soy
perfectamente consciente de los beneficios que me puede dar que mi propiedad salga
en una película y estoy dispuesto a prestarla, pero no para cualquier película,
por supuesto.
Sakura lo miró fijamente.
–Me lo he pasado muy bien contigo en la cama pero
no soy tan tonto como para dejar que eso interfiera en mis decisiones profesionales
–le aclaró Sasuke tranquila pero firmemente–. Exactamente igual que tú no eres
tan estúpida como para pensar que el hecho de haberte acostado conmigo podría
servirte para hacerme cambiar de parecer, ¿verdad?
–Verdad –contestó Sakura–, pero el hecho es que no
nos conocemos muy bien.
–Y, si por ti fuera, preferirías que eso siguiera
así, que no nos sigamos conociendo.
–Yo creo que es lo mejor, ¿no estás de acuerdo?
–En absoluto –contestó Sasuke–, pero, a diferencia
de tu compañero, soy lo suficientemente caballero como para respetar los deseos
de los demás. No suelo ir por ahí forzando a la gente.
¿Habría oído la conversación completa que había
mantenido con Gaara?
–Soy perfectamente capaz de mantener mi vida
profesional y mi vida personal separadas –le explicó–. No hay problema.
Sakura se dijo que no habría problema para él. Para
ella sí, porque no era capaz de mantener su vida profesional y su vida personal
separadas.
–La verdad es que estoy en medio de un proyecto
nuevo para adquirir otras dos propiedades y convertirlas en hoteles con
encanto, así que una inyección de dinero y de publicidad me viene muy bien. Por
eso, estoy más abierto ahora las negociaciones para que aquí se rueden
películas que hace un par de meses.
–Pues te insisto en que vas a tener que hablar con Gaara
porque yo ya no trabajo para la empresa de localizaciones.
Sasuke se quedó mirándola atónito.
–¿Te han echado?
Sakura vio que se había enfurecido y eso la hizo
comprender que no había escuchado la conversación completa.
–Gaara no tiene autoridad para despedirme. Me he
ido yo –le explicó elevando el mentón.
–¿Por qué? –quiso saber Sasuke cada vez más
enfadado–. ¿Has dejado tu trabajo por un malentendido sin importancia?
No había sido un malentendido sin importancia. Era
que, por fin, Sakura había visto la luz. La habían contratado en aquella
empresa para que se encargara de las labores administrativas, del papeleo, y
para que fuera de aquí para allá cuando hiciera falta. Aquello era demasiado.
–¿Y qué vas a hacer?
–No soy tan estúpida como para dejar un trabajo sin
tener otro – le aclaró Sakura–. Lo tengo todo controlado. Empiezo la semana que
viene.
–¿En qué?
A Sakura no le apetecía entrar en detalles. No era
porque le diera vergüenza sino porque creía que sería mejor mantener las
distancias.
–Mismo sector, diferente empresa.
–¿Te han dado el papel protagonista en alguna
película? –sonrió Sasuke de repente.
–No, nunca he querido ser actriz –contestó Sakura
intentando sonreír también.
–Pues, por tu belleza, podrías serlo.
Sakura negó vehementemente con la cabeza.
–Por favor, no flirtees conmigo de nuevo.
–Me resulta imposible no hacerlo –murmuró Sasuke–.
Venga, cuéntamelo.
–Bueno, llevaban algún tiempo queriendo que me
fuera con ellos –le explicó sinceramente.
Había escrito un mensaje de texto a Ino y su amiga
no había tardado más que un minuto en confirmarle que seguían interesados en ella
y que empezaba el lunes. El hecho era que Sakura estaba cansada de intentar
agradar a todo el mundo y de no progresar.
–No creas que mi decisión ha tenido algo que ver
contigo – comentó al ver que Sasuke la miraba preocupado.
–¿No es así?
–Llevo meses pensando en cambiar de trabajo.
–Espero que no haya sido por Gaara tampoco. Créeme
si te digo que no merece la pena perder un trabajo por una relación personal.
–¿Lo dices por experiencia propia? –le preguntó Sakura
contenta de centrarse en él un rato.
–Probablemente –contestó Sasuke encogiéndose de
hombros–. No permitas que nadie se meta por medio y te impida conseguir lo que tú
quieres.
–Muy bien –se rio Sakura–. Lo cierto es que me
siento liberada.
Le apetecía volver a pasárselo bien trabajando,
tener contacto con los aficionados, que era lo que más le gustaba y lo que su amiga
le estaba ofreciendo. Se habían conocido un día en la localización. Ino se
dedicaba a llevar a aficionados a los sets de rodaje y sabía que Sakura era una
loca del cine.
–Liberada, ¿eh? ¿Muy liberada?
–No me refiero a ese tipo de liberación –contestó Sakura
entendiendo el doble sentido.
–Ahora ya no tenemos conflictos de intereses.
–No he dejado el trabajo por eso.
–Pero te habrás dado cuenta de que no nos hemos
besado en ningún momento.
–Hemos hecho mucho más que besarnos.
–Pero no nos hemos besado en la boca –insistió Sasuke–.
Llevo todo este rato recordando vívidamente lo que hicimos anoche y no nos besamos.
–No vamos a repetir.
–No me digas que te da miedo.
–No pienso dejar que me convenzas.
–¿Y si lo hiciéramos de vez en cuando? –insistió Sasuke.
Sakura se rio. Era evidente que Sasuke Uchiha estaba
acostumbrado a salirse con la suya. Aunque a ella también le apetecía lo que le
estaba ofreciendo, sabía que, si lo besaba, querría más.
–No –contestó.
–Solo un beso. Es algo muy sencillo.
–Que se puede complicar fácilmente –insistió Sakura
sin poder apartar, sin embargo, los ojos de los labios de Sasuke.
–Bueno, si eso es lo que quieres... –dijo él
encogiéndose de hombros y mirándola a los ojos.
–Muchas gracias –se despidió Sakura girándose y
yéndose.
De vuelta a su habitación, Sakura tardó menos de
treinta segundos en hacer la maleta. Se rio al recordar todo lo que había
sucedido. Cuando bajó, vio que Sasuke la estaba esperando y que había hecho traer
el coche a la entrada.
–Me aseguraré de que Gaara vuelva casa de alguna
manera – le dijo haciendo una mueca.
–¿No deberías estar hablando con él? –le preguntó Sakura
dejando la maleta en el asiento de atrás.
–Te puedo asegurar que no es mi prioridad en estos
momentos.
–Oh, qué bien se te da esto de flirtear.
–No quiero que te
vayas –contestó Sasuke con una gran sonrisa. Sakura se apoyó en la puerta y lo
miró.
–Ahora mismo, no me arrepiento de nada de lo que ha
pasado entre nosotros. Si me quedo, puede que me arrepienta y no quiero que eso
ocurra.
–¿Y qué me dices de lo que yo quiera?
–Lo siento. Es lo que te puedo decir. Lo único que
puedo hacer es pedirte perdón de nuevo.
Sasuke se acercó.
–No te sientas obligada a pedirme perdón. Jamás.
Sakura no supo qué contestar, así que se metió en
el coche. Sasuke cerró la puerta y se quedó junto al coche. Sakura puso el
motor en marcha y bajó la ventanilla. Sasuke se acercó y se inclinó al
interior.
–No te vas a ir tan fácilmente –murmuró tomándola
del mentón.
Sakura sabía perfectamente lo que iba a hacer, pero
no podía hacer nada para evitarlo porque, si acelerara en aquel momento, se llevaría
su brazo y su cabeza por delante.
El contacto fue decidido, pero no dominante. Sus
labios se encontraron y Sakura se deslizó en aquel beso, se estremeció de pies
a cabeza y sintió un gran calor en el bajo vientre. La lengua de Sasuke había
entrado en su boca y jugaba con insistencia. ¿Cómo era posible que un beso
dijera tanto?
No tenía ni idea de por qué estaba agarrando el
volante con tanta fuerza o por qué estaba apretando el pedal del freno tan insistentemente,
pero sabía que estaba en peligro. Sasuke se apartó. Sakura no podía dejar de
mirarlo a los ojos, fijarse en aquel cuerpo perfecto y en aquella sonrisa
maravillosa.
–Me estaba arrepintiendo de no haberte besado y
ahora, por supuesto, me arrepiento de no haberlo hecho antes –le dijo.
Sakura lo agarró de la muñeca.
–Gracias por ser tan amable conmigo.
–Quiero que sepas una cosa: soy lo suficientemente
hombre como para aceptar un no por respuesta, pero también lucho por lo que quiero
–le advirtió.
–¿Y qué es lo que quieres? –le preguntó Sakura sin
parpadear.
–Te quiero a ti. Otra vez. De cualquier manera. Así
que, si te quieres ir, será mejor que te vayas ahora –concluyó rompiendo la intensidad
del momento con una de sus sonrisas.
Continuará...
No se olviden de comentar sus impresiones, ya sea por acá o en FANFICTION, para seguir publicando también otras historias :D un abrazo enorme !
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