Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;) o no le gusten estas cosas.
El Harén de la Tía Tsunade
.
Capítulo Ocho
—Creo que voy a aprobar esa idea —dijo Ino.
—¿Cómo van siquiera a caber ocho tíos a tu
alrededor? —preguntó Sakura.
—De hecho —dijo Shino—, funciona bastante
bien. Si ella se acuesta con los brazos y piernas extendidas, podemos ubicarnos
uno junto a cada pierna, uno en cada pie, uno más para cada brazo y dos junto
al torso. Inclusive queda sitio junto a su cabeza, en caso de que alguien de
otra parte suya quisiera moverse.
—Ah. Perdón.
—La organización espacial se me da bien.
—Entonces ¿cuál sería el mejor sitio para un
masaje? —Preguntó Ino—.
Este suelo de baldosas se ve un tanto incómodo.
—Por aquí —dijo Shino, señalando con un
solemne ademán una gran puerta al otro extremo de la habitación.
Ino volvió la vista hacia Sakura.
—¿Vienes?
—Yo no…
—Sí, sí vienes.
—Sí voy.
—Genial.
Ino se dirigió hacia la puerta, y todos los
hombres la siguieron, a excepción de Sasuke. Sakura se quedó allí sentada,
observando siete culos perfectos en movimiento. Siempre había sido una
ferviente partidaria de los traseros masculinos bien puestos, y esta era una
imagen que nunca olvidaría.
—Tu amiga parece estar pasándoselo bien
—comentó Sasuke.
—No puedo creerlo. Se ha convertido en La
Zorra Maravilla.
—Eh, sólo se está divirtiendo. ¿No te atrae
la idea de ocho chicos dándote un masaje?
—No.
—Tu respuesta sería algo más creíble si no
estuvieras aún con la mirada fija en sus traseros.
Sakura apartó la vista de los traseros,
maldiciendo mentalmente su distracción.
—¿Debo suponer que todos habéis asistido a
cursos de masajes?
—Un curso de doce horas.
Este lugar es genial, pensó Sakura, pero
entonces se corrigió con rapidez. Quiero decir, repugnante. No es genial, sino
repugnante.
—¡Santa putísima mierda! —exclamó
Sakura cuando entró con Sasuke en la habitación.
Tenía el tamaño de un campo de ráquetbol, y
el piso estaba completamente almohadillado por un colchón cubierto con sábanas
de seda. Varias almohadas se alineaban en las paredes.
Sin embargo, aquello no había sido lo que
provocara la exclamación de “santa putísima mierda”.
En cambio, Sakura había reaccionado ante la estantería llena de botellas de
aceites de masaje y lociones corporales, quizás doscientas de ellas.
—No sé, ¿qué te parece mejor? —preguntó Ino,
examinando la selección de lociones corporales—. ¿Menta? Tal vez sea un poco
fuerte, pero quiero algo con un toque de menta.
Sakura desenroscó la tapa de una botella
verde e inhaló profundamente.
—Ah, pero huele el de lilas.
Ino lo olió.
—Huele bien. Oh,
no, aquí vamos otra vez: esencia de tarta de manzana horneada.
—¿Para que te la froten ocho tíos?
—Quizás no. Quizás
algo más terrenal. ¿Tal vez el de brisa oceánica?—Ino tomó la botella, quitó la
tapa y la olió—. ¿Qué opinas? —preguntó, tendiéndosela a Sakura.
Sakura la olió.
—Muy agradable.
—Muy bien, decisión tomada —dijo Ino,
volviendo a poner la tapa y lanzándole la botella de brisa oceánica a Kiba.
Sakura aún seguía sin creerse que estaba en
una habitación con todos aquellos hombres desnudos. No parecían sentir ni pizca
de timidez al andar por allí de esa manera. Aunque intentaba evitar mirar sus
penes, o al menos, intentaba evitar mirarlos fijamente con la mandíbula
desencajada por el asombro, simplemente, le resultaba imposible.
—¿Estás segura de que no quieres
compartirlos? —Preguntó Ino—.
¿Cuatro para cada una?
—Estoy segura.
—No quiero que luego digas que soy una perra
glotona.
—No lo haré.
—Muy bien. Tú te lo pierdes. Dejaré
a Sasuke fuera, pero siéntete libre de reclamar tu mitad de los sementales
cuando quieras.
Ino se dirigió al centro de la habitación.
—Estoy lista —anunció, mientras se colocaba
boca abajo en el colchón—.
Todo el mundo excepto Sasuke ¡hora de ganarse el sustento!
Kiba, Shikamaru, Naruto, Shino, Gaara, Neji
y Lee ocuparon con rapidez su sitio alrededor de Ino, mientras Sakura se
sentaba en el colchón, reclinándose contra la pared recubierta de almohadas. Sasuke
presionó un botón junto a la puerta, lo que hizo sonar una suave música New Age
de fondo, y luego, encaminándose hacia ella, se sentó a su lado, sonriente.
Kiba quitó la tapa de la botella de loción,
vertió un chorrito en la palma de su mano, y tendió la botella a Shikamaru.
Luego, Kiba se frotó las manos y comenzó a deslizar lentamente los dedos por la
parte posterior del cuello de Ino. Ella gimió de placer en el momento en que le
tocó la piel.
Los hombres continuaron pasándose la loción,
poniéndose manos a la obra sin demora. Sakura no podía verlo todo desde su
posición, y también se encontraba comprensiblemente distraída por los siete
traseros expuestos, pero estaba claro que aquellos hombres sabían exactamente
lo que hacían. El entrenamiento formal que recibieron no había sido en vano.
Sus manos se movían por todo el cuerpo de Ino,
lenta pero firmemente, masajeando con los dedos. Ino gemía como si estuviera…
bueno, como si estuviera recibiendo un masaje de un grupo de profesionales
altamente cualificados. Lee deslizaba ambas manos arriba y abajo por su pierna,
moviéndose con precisión militar, mientras Neji hacía lo mismo con su otra
pierna.
—Esto se siente taaaan bien —anunció Ino, alargando cada palabra mientras hablaba.
El aroma a brisa marina llenó la habitación.
Los hombres no sólo eran habilidosos por
separado, sino que trabajaban extremadamente bien en equipo. Lee y Neji
observaban cada uno el movimiento del otro, dándole a las piernas de Ino un
tratamiento igual, y aunque no era fácil ver lo que hacían Shikamaru y Naruto,
parecían estar realizando un excelente trabajo en equipo en los brazos de Ino.
Sakura se preguntó cómo se sentiría. ¿Sería
raro? ¿Le produciría una sobrecarga sensorial? ¿Sería un éxtasis supremo?
Se quedó observándolos durante varios
minutos. Ninguno de ellos tenía prisa.
Neji y Lee flexionaron las piernas de Ino
por la rodilla, y manteniéndolas en el aire, comenzaron a masajearle las
pantorrillas.
Dios, tenían unas deliciosas nalgas.
—¿Cuántos candidatos se presentaron para
este trabajo? —le susurró Sakura a Sasuke.
—No estoy seguro.
—¿Cientos, tal vez?
Sasuke se encogió de hombros.
—Quizás.
Cientos de traseros bonitos. Esos eran un
montón de traseros bonitos para que los viera una mujer.
Los hombres continuaron masajeando a Ino, y
ella continuó gimiendo de placer.
—¿Cómo te enteraste de este trabajo?
—preguntó Sakura—. ¿Estaba en los anuncios clasificados o algo así?
—Un cazatalentos me encontró en una
cafetería.
—¿Tía Tsunade tenía un cazatalentos?
—Sí. Como en el béisbol.
Sakura no podía imaginarse por qué se
molestaba siquiera en sorprenderse. Volvió su atención a los traseros.
Sasuke le puso la mano en el hombro. Ella no
la apartó.
Neji y Lee se pusieron más loción en las
manos y comenzaron a masajearle los pies a Ino.
Sasuke deslizó suavemente los dedos por el
brazo de Sakura. Ella no supo si era el magnetismo que existía entre ellos o el
simple hecho de que se sentía salvajemente excitada al observar lo que le
estaba pasando a su mejor amiga, pero aquel suave roce hizo que el cuerpo se le
encendiera de placer. Se le curvaron los dedos de los pies.
—Apóyate contra mí —dijo Sasuke—. Al menos
déjame que te libere de un poco de esa tensión.
—No estoy tensa.
—Siempre estás tensa. Venga, un masaje en
los hombros no va a matarte. Hasta usaré loción. Elige una, cualquiera.
—La lasaña casera de mi madre, recién sacada
del horno.
Sasuke la miró inseguro de si estaba
bromeando o no.
—¿Qué tal pepino y melón?
—Pepino y melón está bien.
Sasuke se levantó y fue hacia la estantería de las lociones. Lee y Neji aún
seguían masajeando los pies de Ino, recordándole a Sakura que nadie le había
dado un masaje en los pies desde hacía… ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres
años? Y había sido un tío con una verruga en el pulgar.
Lee se había girado un poco hacia el
costado, y Sakura pudo verle la polla. Se preguntó cómo se sentirían sus labios
alrededor de ella.
Si la sintiera calentándose en su boca.
Endureciéndose contra su lengua.
Y si al mismo tiempo, lo rodeara con los
brazos para apretarle con fuerza esas nalgas de acero con las manos.
Le lanzó un vistazo a Sasuke, quién recorría
la selección de lociones y aparentemente tenía dificultades para encontrar lo
que buscaba.
—Oh, Dios, Sakura —dijo Ino—.
No tienes ni idea de lo que te estás perdiendo.
Sakura no contestó.
Sasuke continuaba buscando entre las
lociones, con creciente frustración.
Ino gimió cuando tres de los hombres
enfocaron su atención en su espalda.
Y de repente, Sakura decidió que su
comportamiento era en realidad, total y completamente estúpido.
Tenía ocho hombres dispuestos a hacer su
voluntad. Aunque era verdad que les pagaban como esclavos sexuales, eso no
significaba que aquello tuviera que convertirse en una orgía total. ¿De verdad
se levantaría por la mañana odiándose a sí misma si dejaba que la mitad de
ellos le dieran un masaje?
La pregunta más importante era: ¿se
levantaría por la mañana deseando darse de patadas si no aprovechaba la ventaja de aquella situación?
—Quiero mi mitad —dijo, soltándolo antes de
tomar siquiera la decisión consciente de hablar.
Los hombres la miraron.
Sasuke dejó caer la botella de loción que
por fin había localizado.
A Sakura la ardían las mejillas. Su reacción
inmediata fue desear retirar lo dicho, pero se obligó a mantenerse firme.
—Quiero mi mitad —repitió, deseando
desesperadamente dejar de sonrojarse.
—Entonces, tendrás tu mitad —dijo Sasuke,
recogiendo la botella de loción—. ¿A quién quieres?
¿A
quién quería? De seguro, a Sasuke. Quizás
a Kiba el barman y a Lee, el militar. ¿Quién más? ¿El tatuado Shikamaru? ¿El
despreocupado Naruto? ¿Neji el ojos perla? ¿El descaradamente
romántico Gaara?
—Sasuke, Kiba, Lee y... eh, Shino.
Shino. El chico al que se le daba la
organización espacial.
Y también el chico con la polla más gruesa.
Sakura intentó convencerse de que lo había
elegido por sus habilidades para la organización espacial.
Ino rodó hasta ponerse de espaldas. Tenía
los pezones visiblemente erectos bajo el bikini, y Sakura no podía decir que
los culpase.
Sakura se acostó boca abajo mientras Sasuke,
Kiba, Lee y Shino se reunían a su alrededor.
Cerró los ojos.
Oyó el sonido de la loción al ser vertida en
manos de Sasuke, y cómo las frotaba entre sí. Y luego sintió sus manos sobre
los hombros.
Era absoluta y completamente maravilloso.
Pudo sentir inmediatamente cómo se disipaba
su ansiedad, abandonando su cuerpo. Aunque no era normalmente una persona
expresiva, Sakura no pudo evitar soltar un gemido.
Sintió otro par de manos en su brazo
derecho, y luego otro más en el izquierdo. Seguidas de un par más en la parte
baja de la espalda, tocándole a través de la tela del bañador de una pieza.
Sakura no podía creerse que se hubiese
resistido a algo tan relajante como aquello. Sonrió y se permitió perderse en
la pura sensación y en el aroma de pepino y melón, un vegetal y una fruta que
en teoría no deberían combinarse juntas como fragancia, pero que se fusionaban
de maravilla.
Los dedos de Sasuke masajeaban
profundamente, liberando los nudos de tensión que Sakura ni siquiera sabía que
existían.
Unas fuertes manos se deslizaban trabajando
lentamente por sus brazos, dejando a su paso la piel cosquilleante y unos
músculos gloriosamente relajados.
Sasuke se movió desde sus hombros a la parte
posterior del cuello. Sakura pensó que puede que hubiera dicho “Oh, Dios” en
aquel punto, pero no estaba segura.
Sus dedos se movieron en pequeños círculos
sobre la parte superior de la espalda, a cada lado de su columna.
Otros dedos le masajeaban las muñecas y las
palmas de las manos.
De alguna manera, Sasuke encontró el lugar
justo en su nuca y centró en él su atención. Era como si su pulgar fuese una
esponja, absorbiendo el poco estrés y ansiedad que le quedaba en el cuerpo.
Todo aquello se sentía tan increíble, que
era casi posible olvidarse de que tres de los cuatro hombres que la estaban
tocando estaban completamente desnudos.
Casi.
Abrió los ojos brevemente y captó una imagen
fugaz del frente de los pantalones cortos de Sasuke. Presentaban una gran protuberancia.
Tiene una erección, pensó ella. Masajearme
la nuca se la pone dura.
O quizás sólo estaba mirando a Ino.
No, era ella. Sus dedos estaban haciendo un
trabajo demasiado bueno como para que Sasuke estuviese distraído con cualquier
otra cosa.
¿Quizás debería pedirle que se quitase los
pantalones, sólo para estar segura de que todos los hombres recibían un
tratamiento igual…?
Sakura volvió a sonreír y suspiró cuando los
dedos de Sasuke se pusieron a trabajar en la parte posterior de su cabeza.
Rápidamente perdió la noción del tiempo.
Quizás hasta se hubiese quedado dormida en algún momento, pero no podía estar
segura. Ino seguía gimiendo, pero su voz sonaba
lejana, como a kilómetros de allí, a mundos de allí. Las manos de los
hombres vagaban por el cuerpo de Sakura, rompiendo el contacto sólo para volver
a untarse loción. Uno de ellos deslizó sus manos pierna arriba, rozando
ligeramente la parte de inferior de su nalga, y luego volvió a bajar. Sin
siquiera darse cuenta contoneó ligeramente el trasero, animándolo a subir más.
Y él lo hizo, al igual que otro de los
hombres (¿Lee? ¿Shino?). Sus manos se deslizaron sobre el género que cubría su
trasero, masajeando la carne suave. Sakura sintió una repentina calidez, tanto
sobre sus nalgas como en otra parte de las cercanías.
Dios, aquello la estaba poniendo húmeda.
Sus manos continuaron moviéndose. Ella
quería que la exploraran, que se deslizaran bajo el bañador, pero los hombres
estaban siendo indescriptiblemente crueles y se comportaron.
Le masajearon el trasero durante bastante
tiempo, y luego las ocho manos sobre su cuerpo se deslizaron simultáneamente a
su costado y le dieron un suave empujón, como animándola a que se diese la
vuelta.
A Sakura le costó un esfuerzo sobrehumano
conseguir moverse en aquel estado de relajación, pero los hombres la ayudaron.
Abrió los ojos y giró la cabeza.
Ino estaba acostada boca arriba, con los
brazos y piernas extendidos. Gaara y Neji le estaban acariciando las piernas. Shikamaru
y Naruto estaban uno a cada lado, besándole los pechos.
Los pechos desnudos. El bikini de Ino yacía
descartado a su lado.
Y Sakura tuvo que admitir que quitarse el
bikini parecía ser una idea perfectamente buena. Después de todo, su presencia
habría impedido a los hombres besar los pechos desnudos de Ino.
Los observó durante unos minutos mientras
los besos se volvían suaves mordiscos y luego una tierna succión. Era una
escena adorable.
Pero también distraía un poco la atención.
Sakura cerró los ojos y volvió a centrarse
en su propio placer.
Continuará...
CAPÍTULO 7 < -- . -- > CAPÍTULO 9
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