sábado, 4 de enero de 2014

EL HARÉN DE LA TÍA TSUNADE cap 5


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)


El Harén de la Tía Tsunade
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Capítulo Cinco


Cuando Sakura entró en la gran estancia, los hombres estaban haciendo las mismas cosas que antes. El tipo tatuado, Shikamaru, seguía haciendo flexiones.
—¡Ey, gracias por el aplazamiento! —dijo Sasuke, saludándola desde la piscina.
—¿Esto es todo lo que hacéis? —preguntó Sakura.
Sasuke salió de la piscina, tirando del cordón de sus short de baño para ajustarlos, y se acercó a ella.
—¿Qué más querríamos hacer?

—No lo sé, pero debe haber algo más.
—Qué va. Nadar, relajarme... eso es todo lo que necesito en la vida.
Un par de los chicos cerca de la piscina sofocaron la risa.
—¿Qué tiene de gracioso? —preguntó Sakura.
—Vale, vale, ésta es la cuestión —dijo Sasuke. Señaló hacia el techo—. ¿Ves aquellas luces rojas?
Sakura alzó la vista hacia ellas.
—Sí.
—Esas luces destellan y suena un timbre cuando ingresas al pasillo exterior. Es la señal de alerta para tomar nuestras posiciones. De modo que cuando entras, ya no estamos en nuestras habitaciones durmiendo o jugando videojuegos o lo que sea.
Sakura sonrió.
—Así que ¿él no está siempre haciendo flexiones?
—Qué va. Aun así, Shikamaru puede hacer más flexiones que ninguno de nosotros. Tu tía hacía de jurado cuando competíamos. Los premios eran sensacionales.
—Entonces, ¿qué hacéis durante todo el día? —preguntó Sakura.
Sasuke se encogió de hombros.
—Mirar televisión, leer, jugar en Internet. Cosas así.
—No suena muy satisfactorio.
—Bueno, también... —su voz se fue apagando.
—También, ¿qué?
—Nada. Veo que te trajiste bañador.
Sakura alzó su bañador azul de una pieza, uno para nada revelador.
—Sí.
—Te puedes cambiar en el sauna, si quieres. Te prometo que nadie va a mirar.
Sakura se dio cuenta de que todos los hombres la estaban mirando.
—Sííí, claro.
—No, te lo prometo.
—Probablemente fue un error regresar aquí. En realidad no me gusta ser el centro de atención.
—Oh, bueno, eso está bien, no tienes por qué serlo. Ey, chicos, volved a lo que estabais haciendo —gritó.
Shikamaru dejó de hacer flexiones y se puso de pie mientras que un par de los otros hombres regresaban a sus habitaciones.
—Entonces, ¿qué, tú eres el líder? —preguntó Sakura.
Sasuke negó con la cabeza.
—Qué va, sólo el que tiene la boca más grande —dijo con una sonrisa. Era una sonrisa muy atractiva, acompañada de los hoyuelos más adorables que Sakura hubiera visto alguna vez. Si no fuera porque era un fenómeno que se empleaba en un harén, probablemente sería un amor a primera vista.
—Por aquí. Haremos que Kiba te prepare una bebida —dijo Sasuke, llevándola hacia la barra—. Algo sin alcohol, si lo prefieres.
Kiba se levantó de su hamaca, reuniéndose con ellos en el bar.
—¿Qué puedo ponerte de beber? —preguntó con su acento de Boston.
—Un margarita con hielo picado —dijo Sakura.
—¿Sal en el borde?
—Sí, por favor.
—Ya te la sirvo.
—Tomaré una cerveza —dijo Sasuke.
—Ya sabes dónde está la nevera.
—Ves, definitivamente, no soy el líder —dijo Sasuke a Sakura, mientras se dirigía detrás de la barra—. Pero soy un buen guía turístico.
Kiba terminó de mezclar su bebida y se la entregó con un guiño. Sasuke abrió su cerveza y bebió un trago mientras caminaban hacia el sauna.
—Sencillamente no puedo creer que hagáis esto —dijo Sakura—. Quiero decir, este lugar es muy agradable y todo eso, pero ¿por qué lo harías?
—Una mujer rica y sumamente atractiva estaba dispuesta a pagarme muy bien por vivir en este paraíso, y por prestarle favores que estaría felizmente dispuesto a brindarle gratis. No fue una elección difícil.
—Pero, ¿no es degradante?
—En realidad, es divertido. Era divertido —corrigió él—. Todos nos sentimos bastante devastados por lo que pasó.
—¿Por qué seguís aquí?
—Obviamente, pensamos que nos quedábamos sin empleo —dijo Sasuke, tomando otro trago— pero Tsunade siempre bromeaba diciendo que nos iba a entregar como regalo de Navidad para ti cuando ya no pudiéramos con ella. Ya que nuestro empleo estaba cubierto por el fondo fiduciario que ella había establecido, y tú heredabas la casa y todo lo que contiene, el mayordomo sugirió que nos quedáramos, para ver si querías que continuáramos prestando nuestros servicios.
—¿El señor Uchiha, el abogado, sabía de esto? —No podía imaginarse qué Itachi hubiera dejado de mencionar tal cosa.
—Qué va, no que yo sepa. Es algo complicado como funciona todo y nunca me lo han explicado completamente, pero “legalmente”, en realidad no vivimos aquí, y en realidad no proporcionamos este servicio.
—Vale. No estás casado, ¿verdad?
—No. Ninguno de nosotros lo está. Tampoco tenemos hijos. Eso es parte de los requisitos del trabajo.
—Y exactamente ¿cuáles son los requisitos para trabajar en el harén de mi tía?
Sasuke sonrió con timidez.
—Bueno, obviamente le gustaban los hombres de cabello oscuro, veinte años menores que ella, que se mantienen en buena forma.
Fantástica forma, pensó Sakura, aunque no dijo nada.
—Sin barba. Y tuvimos que pasar una inspección de nuestro equipo.
—¿Qué clase de inspección? —preguntó Sakura, incapaz de reprimir su curiosidad.
—La primera fue visual. Ya sabes, para asegurarse de que satisfacíamos ciertos parámetros.
—¿Quieres decir de longitud?
—No solamente de longitud, aunque la mínima era de dieciocho centímetros… a excepción de Shino, que pudo eludir el requisito en virtud de su diámetro. Es condenadamente impresionante. Pero también tuvimos que cumplir ciertas pautas estéticas; nada de curvaturas raras ni cosas similares.
—¿Cuál fue la segunda?
—Habilidad.
—No quiero ni saber cómo evaluaron eso —dijo Sakura, poniendo los ojos en blanco.
—Entonces no te lo diré.
—Está bien, sí quiero saber.
—En realidad, no, a juzgar por tu reacción anterior, creo que realmente no quieres saberlo —dijo Sasuke.
—Dímelo
—Básicamente, nosotros simplemente demostrábamos nuestras habilidades.
—Quieres decir que, básicamente, tuvisteis relaciones sexuales con mi tía.
—Sí. Estaba intentando ser más discreto.
—Así que... ¿Ella se acostó con todos los que… se postularon?
—No, no, ese fue el último paso. Sólo aquellos de nosotros que llegamos a la fase final tuvimos que hacerlo. Antes de eso estaba la verificación de antecedentes, el perfil psicológico, el acuerdo de confidencialidad, los análisis para detectar ETS y entrevista tras entrevista tras entrevista.
—Suena riguroso.
—Ah, y las audiciones de baile.
—Ya veo.
—Y las pruebas de vestuario para los diferentes temas.
—¿Temas?
—Renacentista, bondage y dominación, vaqueros, vikingos…
—¿Nada de payasos? —preguntó Sakura.
—No. Los payasos en el bondage son prácticamente como un baldazo de agua fría.
—Vale, entonces, una vez que pasáis las pruebas y os contratan, ¿simplemente os dejáis encerrar aquí?
Sasuke sonrió burlonamente.
—No hasta ese extremo. Es más como estar de guardia. Todos vivimos aquí, pero no teníamos que permanecer en la casa cuando Tsunade no estaba. Aunque, para ser completamente sincero, este lugar es tan genial que la mayoría del tiempo no teníamos ninguna razón para irnos. ¿Alguna vez has estado en una de esas vacaciones de relax que sólo esperas que duren para siempre? Esto es así.
—Las vacaciones tienen que terminarse alguna vez.
Sasuke asintió con la cabeza.
—Sí, pero me gusta prolongarlas el mayor tiempo posible.
—Entonces, ¿qué haces para divertirte cuando no estás haciendo cosas del harén? ¿Tienes novia?
—Qué va. No se nos permite tener nada de sexo fuera y punto. Nos examinan todos los meses, y no es que nadie se arriesgaría a perder este trabajo de ese modo, sobre todo considerando que tu tía satisfacía más que... —dejó de hablar, comprendiendo con claridad que no debería terminar esa frase en particular.
—Gracias por no completar la frase —dijo Sakura.
—No hay de qué. De todos modos, obviamente no has venido aquí para oírme hablar toda la noche de trabajo, trabajo y más trabajo. Ve a cambiarte de ropa y ponte el bañador.
Sakura asintió con la cabeza y luego caminó tímidamente hacia el sauna. Se maravilló de cuánto esfuerzo requería el sencillo hecho de mover las piernas como es debido cuando sabía que había gente mirándola. Primero el pie izquierdo, luego el derecho,  de nuevo el pie izquierdo y luego otra vez el derecho...
Abrió la puerta del sauna, entró y la dejo volver a cerrarse a sus espaldas. Hacía calor en el interior, como correspondía a lo que se esperaba de un sauna. Se sentó en uno de los bancos de madera y se quitó los zapatos.
Sin lugar a dudas, aquí había espacio suficiente para ocho hombres, además de tía Tsunade.
¡Puaj, qué asco!
Se quitó la camiseta y la dejó a su lado sobre el banco, sintiéndose un poco incómoda por estar sólo en sujetador, a pesar de que estaba sola. No tendrían una mirilla, ¿verdad? No, por supuesto que no. No había necesidad de una mirilla cuando ya estaban obteniendo más de lo que podían manejar.
Una vez más, ¡puaj, qué asco!
Aunque reaccionar con asco era también un poco injusto. Después de todo, tía Tsunade era una mujer atractiva. Si nos imagináramos a una modelo de Playboy y al stripper más sexy de los Chippendale, juntos en una noche de pasión, probablemente  a sus sobrinas les resultaría algo asqueroso.
Sin embargo ocho tíos... Eso ya se iba de las manos.
Sakura se puso de pie y bajó sus pantalones vaqueros más allá de las rodillas. Volvió a sentarse en el banco, se los quitó por completo, y los dobló cuidadosamente  dejándolos al lado de su camisa.
Era agradable estar aquí dentro, sólo en sujetador y bragas. No había estado en un sauna hacía años, no desde que rompió su propósito de Año Nuevo de visitar el gimnasio una vez por semana (inmediatamente antes de su primera visita).
Cerró los ojos y se recostó. Tal vez sólo se sentaría aquí y descansaría por un momento. Se tomaría unos minutos para relajarse y luego saldría a divertirse. A divertirse normalmente, deslizándose en el agua, nada sexual.
Maldición, eran una monada.
Tal vez Shikamaru, con sus tatuajes, le daba un poco de miedo, pero aparte de eso...
No, no iba a empezar a babear por unos descerebrados trozos de carne. Necesitaba un hombre al que pudiera respetar. Alguien afable e inteligente. Alguien cuyo trabajo no fuera ser juguete sexual en un harén.
Mínimo: dieciocho centímetros.
No tenía importancia. Tampoco iba a empezar a babear por unos trozos de carne descerebrados con grandes pollas.
Necesitaba personalidad.
Necesitaba integridad.
Necesitaba dejar de pensar en pollas grandes.
Lo que realmente necesitaba era ponerse el bañador y largarse de este sauna. Ya habrían comenzado a preguntarse qué pasaba con ella.
Se quitó el sujetador y lo dejó a un lado. El calor se sentía absolutamente maravilloso sobre sus pechos desnudos y sus pezones despertaron inmediatamente. Sakura pasó los dedos sobre ellos antes incluso de darse cuenta de lo que estaba haciendo.
Era tan agradable estar aquí dentro. Tan relajante.
Levantó el culo del asiento y se meneó al quitarse las bragas.
Eso se sentía incluso mejor.
¿Había algo mejor en la vida que sentarse desnuda en un sauna? Bueno, tal vez recostarse en un sauna, pero no podía correr el riesgo de que uno de los hombres la sorprendiera. A pesar de que se suponía que llamarían primero, no era prudente asumir nada sobre esos jóvenes folladores del harén.
Jóvenes folladores del harén, con grandes pollas.
Suficiente con las pollas.
Estaba empezando a sudar, cómodamente allí sentada. Sakura pasó lentamente su dedo índice a través de la zona de fino vello púbico rosa. Estaba húmeda por la transpiración. Sintió un cosquilleo agradable, ligeramente más abajo, mientras deslizaba el dedo hacia...
Se dio cuenta, en un implacable relámpago de autoconciencia, que estaba a punto de darse placer a sí misma en el lugar más inoportuno para masturbarse. Jesús, los ocho chicos estaban allí afuera. ¿Qué le estaba pasando?
La respuesta era obvia: estaba caliente. Ocho tipos musculosos justo afuera, sin enfermedades, bien dotados, hábiles en su arte, listos y dispuestos a cumplir su voluntad... ¡por supuesto que estaba caliente! Era como pasar veintitrés meses esperando desesperadamente por un mordisquito de galleta seca y de pronto se te ofrecía una comida gourmet de ocho platos.
¿En realidad sería tan terrible disfrutar de una noche de pasión con Sasuke?
Evidentemente necesitaba dejar de estar desnuda.
Pero era condenadamente excitante saber que uno de ellos podía entrar en cualquier momento.
No, no, era una idea espeluznante. Se levantó y recogió su bañador.
Quería tener sexo, pero no tan desesperadamente. Los tipos como estos no follaban a mujeres como ella a menos que se les pagara por ello.
¿O sí? Podía ser sexy, ¿no es cierto? Si saliera de allí ahora mismo, caminando  completamente desnuda, seguramente les excitaría, ¿no? Sonrió para sí misma mientras se imaginaba sus reacciones. La parte frontal del bañador de Sasuke expandiéndose mientras miraba boquiabierto su cuerpo desnudo.
—Dios mío —podría decir— eres absolutamente magnífica.
O, mejor aún, podría estar demasiado impresionado para hablar.
Harían el amor en silencio en el banco del sauna.
Sasuke la besaría profundamente mientras la penetraba poco a poco, Sakura lo rodearía estrechamente entre sus piernas y deslizaría las manos sobre su espalda. Sería un amante generoso, brindándole orgasmo tras orgasmo mientras ella gritaba en silencioso éxtasis.
Sakura negó con la cabeza y suspiró. Siendo realista, la situación más probable sería que, cuando ella saliera del sauna, los chicos exclamarían “¡Oink! ¡Oink!” y llenarían el aire con perfectas imitaciones de cerdos resoplando.
De todos modos, había un punto discutible. Si les estaba pagando por ello.
Alguien llamó a la puerta y ella saltó, con un terrible sobresalto.
—¿Está todo bien ahí dentro? —preguntó Sasuke desde fuera.
—Estoy bien. No vayas a entrar. — Frenéticamente, Sakura comenzó a meterse en el bañador.
—No lo haré. Sólo me aseguraba de que estuvieras bien.
—Estoy bien —le aseguró, mientras se daba cuenta de que se estaba poniendo el bañador del revés—. Tuve algunos problemas con mis zapatos, pero estoy bien.
En seguida se propinó una patada mental en el culo. ¿Tuve algunos problemas con mis zapatos? ¿Qué clase de estúpida mentira era esa? ¡Sabría con seguridad que casi, casi, se había masturbado!
—Ah —dijo Sasuke—. Bueno, déjame saber si necesitas algo.
—Lo haré.
Problemas con mis zapatos. Jesucristo.
Se puso el bañador y salió del sauna.


Continuará...

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