Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)
El Harén de la Tía Tsunade
.
Capítulo Uno
—¡Oh, Dios, sí! ¡No pares! ¡No pares! ¡Más fuerte! ¡Más fuerte!
Sakura Haruno realmente desearía ser la que hacía esta petición en vez de
estar tendida sola en la cama, escuchándola a través de la delgada pared del
apartamento. Aquí estaba, a medio camino de su vigésimo tercer mes consecutivo
sin sexo, forzada a escuchar mientras sus vecinos se ponían a ello casi todas
las noches, en un frenesí de pasión ninfomaníaco. Aunque al menos esta noche la
mujer no gritaba las puntuaciones al estilo de las olimpiadas por cada
embestida pélvica.
Trató de ignorarlos y concentrarse en el video-juego portátil que estaba
jugando, La Gran Aventura del Mono Milton. Había juntado
doscientas ochenta y siete bananas, su récord de todos los tiempos y si
encontraba trece más pasaría al nivel seis. Éste era el momento cumbre de su
día, lo que era aún más patético ya que había llegado tan lejos usando una guía
de pistas bajada de Internet.
—Oooooooh ¡fóllame, semental! ¡Clávame esa polla! ¡Clávame esa polla!
Dio un profundo suspiro. La vida era tan cruel. ¿Por qué la señora de al
lado, que robaba cada mañana el periódico de Sakura, merecía que la follaran
hasta destrozar la cama, mientras que lo más cerca que Sakura había estado de
tener sexo el último año había sido cuando alcanzó a echarle un breve vistazo a
la raja del culo del técnico de la televisión por cable?
Era tan injusto.
No era como si no fuera atractiva o una arpía, u oliera mal. Cuando era
pequeña odiaba su pelo rosado rizado y su tez tan blanca, pero hacía mucho que
había superado esa fase y ahora, a la edad de treinta años, sólo odiaba el modo
en que podía quemarse solo mirando una fotografía de un paisaje soleado.
Seguro que había engordado un kilito o dos desde su descubrimiento infantil de
que el chocolate sabía realmente delicioso, pero los llevaba bien. Y tenía las
tetas grandes. Así que, ¿por qué no tenía una cita?
Eso aparte de su insoportable timidez y de que raramente salía del
apartamento excepto para ir a trabajar. Como que era difícil conseguir algo de
sexo sin salir a conocer al tipo de caballero que gentilmente lo tendría con
ella.
Maniobró con éxito al Mono Milton pasando a un cocotero mutante para
conseguir otra banana. ¡Sí! ¡Era la Reina de las Bananas! ¡Salve, Sakura!
¡Todos de rodillas ante su majestad!
—Ooooh…oooooh Dios…oooohhhh…
Una voz diferente, que venía de un lugar distinto. Ahora los vecinos del otro
lado del apartamento estaban teniendo sexo. Eso, sencillamente, era una
crueldad. ¿No tenían algo de compasión? ¿Ningún sentido de la decencia?
—¡Más fuerte! ¡Más fuerte!! ¡Fóllame con ese torpedo!
—Oooohhhhhh…oh Señor, si…oooohhhhh es taaaaann buenoooo…
—¡Fóllame, cariño, fóllame! ¡Métemelo! ¡Hazlo sin piedad!
—Oooohhhhhhhh ssíííííííííí...
—¡Más fuerte! ¡Dame todo lo que tengas!
—Oooooooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhhh…
—¡Muy bien, ahora es el turno de Kabuto!
Milton el Mono cayó dentro del foso de lava.
Sakura apagó el juego, cerró los ojos y lloró su trágica pérdida.
Entró al trabajo exactamente a las 8:30 a.m, como siempre. Otro día en Konoha,
S.A. Creando un montón de hojas de cálculo, haciendo conciliaciones de un
montón de informes financieros, y bebiendo un montón de bebidas con cafeína. El
trabajo en sí no era realmente tan malo; a Sakura le gustaba trabajar con
números y era buena en lo que hacía. Pero recientemente habían contratado a un
nuevo vicepresidente que inició el programa llamado “Nuestros Empleados Son Una
Porquería” (no era su nombre real), que básicamente giraba alrededor del
concepto de que en este lugar se venía a trabajar y a nada más.
Así que todas a excepción de las más inocuas decoraciones habían sido
eliminadas de cada uno de los cubículos; a cada empleado se le permitían dos
fotos familiares, siempre que no excedieran la restricción de tamaño de 5x7. Se
acabaron las celebraciones de cumpleaños y vacaciones y ahora todo el cuarto
piso proyectaba un ambiente estéril y sin vida.
La semana pasada, el nuevo vicepresidente había ordenado al supervisor de Sakura
que escribiera un informe investigando las razones de la baja moral de los
empleados.
Sakura se sentó ante su escritorio y encendió su ordenador. Era la primera
en llegar, lo que era extraño. Había otros doce empleados en su departamento, y
normalmente era la última en aparecer. Tal vez hubieran programado alguna
reunión o algo así y nadie se lo había dicho.
Revisó su correo electrónico y sus mensajes. Nada interesante.
Alrededor de las nueve, comenzó a preocuparse. No había pasado por alto el
horario de verano, no era fiesta, el sistema funcionaba correctamente y en las
otras secciones no parecían estar echando en falta a nadie, así que... ¿Qué
estaba pasando?
¿Habría muerto alguien?
Pasó rápidamente las tarjetas del fichero rotatorio y buscó el número del
móvil de Temari, la mujer de mediana edad y cabello rubio, propensa a reírse
tontamente, que se sentaba justo al lado suyo. Temari contestó al tercer ring.
—¿Hola?
—¿Temari? Habla Sakura.
—¡Hola Sakura! ¿Cómo va todo?
—Bien, pero soy la única en la oficina. ¿Dónde estás?
—De camino a desayunar en el Golden Grotto. Probablemente todos los demás
ya están allí, pero voy un poco retrasada.
Sakura frunció el ceño.
—¿Pasé por alto algún correo electrónico o algo así?
—No. ¿No te has enterado? Salió nuestro número.
—¿Qué?
—De los números de la lotería. Ya sabes, los billetes de lotería que cada
semana todos contribuíamos para comprar, excepto tú ¡Ganamos! ¡Sesenta y cinco
millones divididos en doce partes!
Sakura contempló fijamente la pared de su cubículo sin fotos durante un
largo momento.
—¿Qué?
—¡Todos renunciamos! ¿Sabes de esa gente que gana la lotería y vuelve
directamente a trabajar? ¡Decidimos por unanimidad que son unos imbéciles! Lo
siento, debo irme, estoy entrando al estacionamiento ahora mismo. Dile hola a Orochimaru
de mi parte.
Temari colgó. Sakura continuó mirando fijamente la pared del cubículo por
un rato extremadamente largo. Parpadeaba ocasionalmente para interrumpir la
monotonía.
Sesenta y cinco millones. No era tanto, repartido en doce partes. Ni
siquiera llegaba a cinco millones y medio cada uno. Y los impuestos se
llevarían la mitad de eso. Sin mencionar el dólar por semana que les había
costado la posibilidad de ganar en primer lugar. No estaban realmente en una
situación mucho mejor que la suya. Después de todo, ella aún tenía empleo.
Orochimaru, el supervisor, entró
caminando al departamento unos minutos después; parecía físicamente enfermo.
—Ah, Sakura, creo que tendré que pedirte que trabajes unas cuantas horas
extras esta semana —le dijo.
—Vaya rollo —dijo Ino, mordiendo por la mitad un gusanito de gominola ácida
de color verde y amarillo.
—Sí —estuvo de acuerdo Sakura.
—Lo digo en serio. Qué putada. —Chupó la otra mitad del gusanito dentro de
la boca.
—¿Sabes qué? El propósito de pedirte que vinieras a visitarme era que me
ayudaras a sentirme mejor —explicó
Sakura.
—Oh, lo siento frente. —Ino pensó durante un momento—. La incidencia de
suicidios en los ganadores de lotería es quince veces mayor que la del
ciudadano promedio.
—¿De verdad?
—No. Si eres así de rico puedes contratar a alguien para que te maten por
ti. Éste es muy ácido.
—Por favor no escupas el gusanito de gominola en el suelo cerda.
Ino masticó el gusanito de gominola y se lo tragó.
—Vaya. Hoy sí que llueven malas noticias —dijo recostándose contra el sofá.
—¿Por qué? ¿Pasó algo más?
Ino se encogió de hombros.
—Rompí con Sai.
—Oh no, ¿de veras? ¡Pero si estuvisteis catorce meses juntos!
—¿Tanto tiempo? Mierda.
—Y ¿qué pasó?
—Hizo su proposición de matrimonio.
—Hizo su proposición… ¿y rompiste con él?
—Sí.
Sakura la miró con incredulidad.
—¿Por qué?
—Lo hizo todo mal.
—¿Cómo?
—Proponiéndole matrimonio a su jodida masajista en vez de a mí.
—¡No hablas en serio!
Ino asintió con la cabeza.
—Ha estado viendo a otra mujer durante los últimos tres meses. Su nombre es
Mei. Están enamorados. Tiene un culo bien prieto.
—Oh, Ino, lo siento tanto. —Se deslizó sobre el sofá y abrazó a su mejor
amiga—. ¿Hay algo que pueda hacer?
—No. Ya le canté las cuarenta. Le dije que podía casarse con la bonita
masajista de culo prieto, pero que lo nuestro estaba terminado. Eso le
enseñará.
Sakura sonrió con tristeza.
—Somos realmente patéticas ¿no es cierto?
—No. No somos patéticas.
Ino se levantó del sofá. Era un año menor que Sakura, pero parecía no tener
más de veintipico, con una figura esbelta, un rostro adorable y un largo
cabello rubio. Habían sido mejores amigas desde la universidad, aunque Sai, que
era guapo pero muy demandante, había absorbido un montón del tiempo de Ino
durante el último año.
—Tal vez éramos patéticas, pero ya no más. Éste es el comienzo de
una nueva era para Ino y Sakura. ¡Vamos a salir al mundo de las citas y a tener
sexo bueno de verdad!
—¿No era bueno con Sai? Pensé que dijiste que era bueno.
—Lo fue hasta hace más o menos, humm... tres meses; perdió el interés.
Pensé que era porque llegaba hecho polvo después de trabajar tarde todo el
tiempo y tenía que ir a todos esos viajes de negocios. Pero eso no viene al
caso. El punto es que necesitamos salir a divertirnos.
—No lo sé —dijo Sakura—. No he tenido sexo en tanto tiempo que creo que soy
virgen otra vez. ¿No duele la primera vez?
—Te lo digo en serio. Echemos unas cuantas canas al aire. Tratemos a los
hombres como trozos de carne. Me gusta la carne ¿a ti no? Hay un montón de
tipos con los que podría arreglarte una cita si me dejaras hacerlo. ¿Qué me
dices?
—Mi ex-novia, la anterior a mi última ex, era toda una guarra —dijo Kankuro—.
Siempre estaba así como quejándose y refunfuñando y esas cosas. Y llevaba el
pelo hecho un asco. Tomaba unas medicinas que le secaban la boca, así que
siempre estaba tomando agua. Debo haber estado realmente borracho cuando dormí
con ella esa primera vez, porque era toda una guarra. Sin embargo tú no pareces
una guarra.
—Eh... gracias —dijo Sakura, mirando incómoda el menú.
—Ah, y mi ex-novia anterior, esa no era una guarra, pero era tan mandona
que ni siquiera podías estar con ella en el mismo cuarto. ¡Ha esto! ¡Haz
aquello! ¡No te pongas eso! ¡No comas lo otro! Al carajo con ella, en serio. En
realidad, ahora que lo pienso, era un poco guarra. Aunque no tanto como
mi ex-ex-novia.
Kakashi gesticuló enojado con su grissini.
—Los republicanos no son el problema. Los demócratas no son el problema.
¿Sabes quiénes representan el problema?
Sakura negó con la cabeza.
—Son los condenados candidatos de la tercera minoría. Quiero decir,
decídete de una maldita vez. ¿Sabes a qué me refiero?
Silencio.
—La sopa está buena —dijo Sakura.
Sasori asintió.
Silencio.
—¿Dónde trabajas? —preguntó Sakura.
—No trabajo.
Silencio.
—Esta sopa está realmente buena —dijo Sakura.
—La mía se está enfriando.
—Ah.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
—Conozco a un tipo que se comería cualquier parte de una vaca. Y quiero decir
cualquier parte. Si es de una vaca, este tipo se lo come. Pero si ve a
la vaca entera, ya sabes, pastando en el campo al aire libre o algo así,
siempre te dice lo feas que son. Es extraño. No a mucha gente le resulta
agradable.
—¿Sabes qué? Te diré algo: mejor queman todos esos libros de Harry Potter,
antes de que nos volvamos una nación de adoradores de Satán.
—No —dijo Sakura.
—Oh, vamos —protestó Ino—. No seas tan chapada a la antigua. Es un buen
tipo.
—Dijiste lo mismo con respecto a uno de cada dos de esos tíos y seguí
saliendo con esos…esos... entes. Ya
no vas a arreglarme más citas. Ese privilegio te ha sido revocado.
—Todavía puedes follártelos.
—No, porque no me acuesto con hombres que no me agradan.
Ino suspiró con tristeza.
—Tampoco yo. Dios, qué caliente estoy. ¿Tus vecinos son siempre tan
escandalosos?
Sonó el teléfono de Sakura. Entró a la cocina y contestó.
—¿Hola?
—¿Podría hablar con Sakura Haruno?
—Con ella habla.
—¿Pronuncié bien el apellido?
—Casi. Es Haruno
en japonés significa "campo de primavera", y el nombre es Sakura significa "flor del
cerezo", una flor que es apreciada en Japón por su belleza y su tiempo de
casi trágicamente corta vida, lo que traduciría algo así como "campo de
primavera de los cerezos en flor". No se preocupe, todo el mundo lo pronuncia mal.
¿Con quién hablo?
—Itachi Uchiha, de Uchiha & Uchiha, abogados. Me temo que tengo malas
noticias para usted.
—¿Por qué? ¿Algo anda mal?
—Su tía Tsunade acaba de fallecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario