Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Diez
A
Sasuke le dolía mucho la cabeza. En realidad, le dolía todo el cuerpo. Estaba
solo, exactamente como siempre había creído que quería estar. Cuánto se había
equivocado.
Seguro
que podía llamar a alguien. Tenía un montón de nombres en su agenda, nombres de
supuestos amigos, pero, ¿qué harían? Irían y se sentarían a su lado y hablarían
del tiempo o de política o de deportes... ninguno de ellos lo conocía de verdad
y él tampoco los conocía a ellos. Siempre había mantenido la distancia y se
daba cuenta ahora de lo solo que estaba en realidad.
Se
daba cuenta porque había una persona que había sabido hacer que aquella
distancia desapareciera, una persona a la que se moría por ver, a la que quería
a su lado, aquella persona con la que llevaba tres días intentando ponerse en
contacto.
Sakura
no contestaba a las llamadas. La había llamado cincuenta veces y siempre le
saltaba el contestador automático. Incluso había llamado desde una línea fija
para que no reconociera su número, pero tampoco había contestado.
Sasuke
comprendió que, aunque el accidente no hubiera tenido lugar, habría mandado el
mensaje de texto y el resultado habría sido el mismo. Una vida solitaria en la
que Sakura no habría contestado a sus llamadas.
Se
encontraba en el hospital, con varias costillas rotas, por lo que no podía huir
a Australia.
Sakura
se había comprado un teléfono nuevo y estaba decidiendo qué tono de llamada le
gustaba más cuando el aparato sonó de repente. No identificó el número, pero
contestó de todas maneras.
–¿Sí?
–¿Vas
a seguir castigándome mucho más tiempo?
Sakura
dio un respingo.
–He
estado muy ocupada –contestó.
–¿Por
qué me tratas así si soy tu amigo? ¿Por qué no has contestado a mis llamadas?
–Porque
he perdido mi teléfono –mintió Sakura. En realidad, lo había tirado al puerto
en un arranque de rabia.
Aquello
la llevó a preguntarse cómo habría conseguido Sasuke su nuevo número.
–¿No
me vas a gritar ni nada? ¿No estás enfadada conmigo?
–No,
Sasuke, no estoy enfadada –le aseguró sentándose en el suelo porque las piernas
no la sostenían–. Estoy bien.
–¿De
verdad?
–De
verdad –contestó orgullosa–. No pasa nada, no me voy a morir por qué no
vinieras. La verdad es que me lo pasé muy bien. Fue una fiesta maravillosa.
–Sí,
he visto las fotos en vuestra página de Facebook.
–Ya...
Silencio.
–Sasuke,
¿te acuerdas de nuestro pacto de ser solo amigos? –le preguntó Sakura.
–Sí,
¿qué pasa?
–Bueno,
a mí no me está funcionando –confesó Sakura.
–¿Y
eso?
Sakura
cerró los ojos y decidió que lo mejor era ser completamente sincera.
–La
verdad es que me impide conocer a otros hombres –declaró.
–¿Quieres
conocer a otro hombre?
–Sí,
creo que sería lo mejor para mí –contestó apretando los puños y sintiendo
náuseas.
Definitivamente,
era lo mejor. Estaba claro que Sasuke solo la quería para la cama. Tenía que
pensar en sí misma y en lo que era mejor para ella.
–¿Ni
siquiera me lo vas a decir en persona?
–No,
te lo estoy diciendo por teléfono. Y tienes suerte de que no te lo haya dicho
por escrito en un mensaje de texto porque he estado a punto de hacerlo –declaró
Sakura.
–¿Es
porque no fui a la entrega?
–Vaya,
qué sagaz –le espetó Sakura.
–Sakura...
–No
hace falta que me des explicaciones ni que me pongas excusas. Lo entiendo
perfectamente. No te importo.
–Mira,
la amistad no es una cosa unilateral –le espetó Sasuke también enfadado–. No
has sido la mejor amiga del mundo conmigo, ¿sabes?
–No
creo que nunca fuéramos amigos de verdad, Sasuke. La verdad es que no creo en
la amistad entre hombres y mujeres, así que creo que lo mejor es que la muestra
se termine hoy mismo, ¿de acuerdo? –le soltó cortando la llamada, furiosa.
En
aquel momento, alguien llamó a la puerta con fuerza. Sakura bajó las escaleras
a toda velocidad.
–¿Qué
haces aquí?. Pregunto sosteniendo la respiración.
–Es
mucho mejor hablar cara a cara –contestó Sasuke.
–¿Por
qué demonios no viniste? –quiso saber Sakura.
–Tuve
un accidente de coche.
Sakura
sintió que el aire no le llegaba a los pulmones.
–No
me lo creo.
–Sí,
de camino al aeropuerto.
–¿Y
por qué no me llamaste? –siguió gritando Sakura porque estaba asustada.
–Lo
intente al día siguiente, cuando recuperé la consciencia, pero me saltaba todo
el rato tu contestador.
Sakura
se sintió fatal. Sasuke había pasado por aquello solo y seguro que se había
sentido abandonado de nuevo. Sakura sintió que se le rompía el corazón.
Sasuke
había decidido de camino hacia allá que iba a hacer todo lo que estuviera en su
mano para recuperar a aquella mujer, lo que fuera necesario.
–Se
supone que los amigos están para cuidar el uno del otro –le espetó–. ¿Por qué
no me llamaste tú para ver qué me había pasado?
–Te
mandé un mensaje de texto –se defendió Sakura.
–Un
mensaje de texto –repitió Sasuke en tono dolido–. Y nada más. No me llamaste ni
esa noche ni al día siguiente. Menos mal que éramos amigos –le recriminó.
–¿Me
estás diciendo que es culpa mía?
Sí,
efectivamente, todo era culpa de Sakura.
–No
te importo lo suficiente como para que te preguntaras dónde estaba y en qué
estado.
Sakura
palideció.
–Nunca
se me pasó por la cabeza que te pudiera haber ocurrido algo.
–Claro
que no. Era más fácil dar por hecho que te iba a fallar – contestó Sasuke–. Y
así fue. Eso fue exactamente lo que iba a hacer.
Dicho
eso, vio que Sakura lo miraba horrorizada.
–Antes
de tener el accidente, había decidido no venir –le explicó decidiendo ser
sincero.
–¿Qué
quiere decir eso? –le preguntó Sakura distanciándose de él y apoyándose en la
pared.
–Había
tomado la decisión de poner fin a nuestra amistad. Te estaba mandando un
mensaje de texto para decirte que no iba a venir cuando ocurrió el accidente.
Sakura
se quedó mirándolo fijamente y Sasuke sintió el dolor que le estaba causando
como si fuera el suyo propio porque su corazón le pertenecía.
–¿Por
qué me estás contando todo esto? –quiso saber Sakura.
–Porque
quiero ser sincero contigo, quiero que las cosas queden claras. No quiero ser
tu amigo, Sakura.
Sakura
sentía que su corazón se destrozaba, pese a saber que nada funcionaria desde un
principio, esto dolía y mucho.
–Lo que quiero es ser tu pareja – declaró–. No
puedo dejar de pensar en ti.
–A
lo mejor lo consigues si lo intentas un poco más –contestó Sakura muy enfadada.
–Sakura,
no puedo vivir sin ti –murmuró Sasuke.
–Querrás
decir que no puedes vivir sin acostarte conmigo.
–No,
no es eso –le aseguró Sasuke–. Llevo semanas sin acostarme contigo –añadió
sintiendo que la costilla le molestaba al elevar la voz–. Al principio, el sexo
era muy importante, pero luego te descubrí a ti como persona.
Sakura
no pensaba creérselo.
–Solo
me llamabas porque era un desafío para ti y, en cuanto me conseguiste en la
cabaña de la montaña, dejé de interesarte.
–Eso
no es cierto.
–¿Qué
es lo que quieres de mí?
–Sakura
–dijo Sasuke apoyándose en la puerta a causa del dolor en el pecho–. No puedo
dormir, apenas como, no me puedo concentrar en nada, ni siquiera en el trabajo,
no quiero seguir obsesionado. He intentado sobreponerme, pero no puedo seguir
luchando. Lo único que quiero es estar contigo, pero nunca he sabido estar con
nadie y no quiero hacerte sufrir porque tú no te lo mereces, tú te mereces
mucho más de lo que yo puedo darte.
Sakura
se quedó mirándolo fijamente, sorprendida.
–¿Por
qué crees que merezco mucho más de lo que tú puedes darme?
–Porque
nunca he sido capaz de darle nada bueno a nadie. La verdad es que no me gusta
nada sentirme tan descontrolado como me siento ahora –confesó yendo hacia el
sofá–. Mis padres no pudieron realizarse como personas porque su relación los
limitó a los dos. Sé que fueron felices, pero me parece frustrante. Nos vinimos
a vivir aquí cuando yo tenía seis años, yo tenía acento francés y un padre muy viejo
al que adoraba y al que se le ocurrió comprar una propiedad en ruinas y decidir
que lo iba a convertir en un château –recordó Sasuke intentando reírse–.
Lo planeó todo, muy bonito, pero hasta ahí llegó, no pudo hacer nada más.
–Pero
tú lo hiciste por él –recapacitó Sakura–. ¿Crees que el amor que sentía por tu
madre lo limitó y no le dejó cumplir con sus deseos?
–No
solo a él, a los dos. Nadie puede tenerlo todo y, si quieres hacer algo, es
mejor ser libre para hacerlo.
–Bueno,
a lo mejor ninguno de los dos quería realmente hacer nada. A lo mejor, tu padre
estaba encantado de ser el marido de tu madre y tu padre. A lo mejor, prefería
pasar tiempo contigo soñando con su château que robártelo construyéndolo
de verdad. Seguro que estaría muy orgulloso de ti por todo lo que has alcanzado
profesionalmente, pero no sé si estaría tan contento de ver lo solo que te has
quedado.
Sasuke
permaneció en silencio.
–Mi
ex me solía echar en cara que estaba todo el día trabajando –comentó de
repente–. Tuve que elegir entre ella y un proyecto y elegí el trabajo. No
quiero hacerte daño y no quiero perderte, pero no sé cómo hacerlo.
–Yo
no soy tu ex. Yo quiero apoyarte, no limitarte –le aseguró Sakura–. Y quiero
que tú me apoyes a mí. ¿Por qué no vamos a poder conseguir cada uno nuestros
sueños estando juntos?
–Sakura,
eres la primera mujer que me importa más que el trabajo, eres la única mujer
que quiero a mi lado y voy a seguir insistiendo mientras sea necesario.
A
Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas.
–Sakura,
lo eres todo para mí –insistió Sasuke poniéndose delante de ella–. Te quiero
tal y como eres, no hace falta que seas de otra manera, eres perfecta para mí
–añadió acercándose un poco más–. Te necesito en mi vida, lo he comprendido
ahora que he intentado vivir sin ti.
–¿Estás
insistiendo? –sonrió Sakura mientras gruesas lágrimas le resbalaban por las
mejillas.
–Estoy
siendo sincero. No quería hacerte daño y te lo he hecho y no te puedes ni
imaginar cuánto lo siento, pero lo cierto era que yo tampoco quería sufrir y me
pareció que lo mejor para los dos era huir, pero me equivoqué –concluyó tomando
aire–. Lo cierto es que soy exactamente igual que mis padres, amo tan
profundamente como ellos y te amo a ti. No puedo soportar estar separado de ti,
quiero estar contigo todo el rato, no quiero huir, no quiero irme, no quiero separarme
de ti –confesó negando con la cabeza–. No puedo dejar de pensar en ti, te echo
de menos como un loco, tanto que me duele.
Sakura
lo comprendía perfectamente porque a ella le pasaba lo mismo.
–Nunca
he sentido por nadie lo que siento por ti. He intentado sobreponerme a ello,
controlarlo, pero no he podido. Quiero estar contigo –insistió Sasuke tomándola
de las manos–. No quiero separarme de ti, quiero permanecer a tu lado –añadió
mirándola intensamente a los ojos–. Eres lo más importante que hay en mi vida.
Sakura
asintió y tragó saliva.
–Eso
es lo más bonito que nadie me ha dicho nunca –confesó con un nudo en la
garganta.
–Por
favor, déjame que te ame –le pidió–. Estoy dispuesto a hacer lo que haga falta.
–Lo
único que tienes que hacer es amarme –contestó Sakura–. No quiero que dejes nada
por mí, nada que sea importante para ti. Los australianos, por ejemplo.
–Ya
encontrarán a otro. Mi objetivo no es dominar el mercado global, me conformo
con el nacional.
–¿De
verdad?
–Tengo
muchas cosas que hacer por aquí... profesional y personalmente, contigo.
Sakura
sonrió.
–Yo,
también. Por ejemplo, ser la mejor guía del país.
–Claro
que sí –asintió Sasuke–. Podría ir a verte de vez en cuando al trabajo. Incluso
hacer alguna visita contigo y tus grupos – improvisó–. Se me ocurre que podría
aprenderme los diálogos de alguna película y que me dieras un súper premio.
Sakura
se rio.
–No
sé si podría contigo en el autobús.
–Prometo
solemnemente que nunca intentaría meterle mano durante el trabajo, solo por las
noches en el hotel.
–Ya,
lo que pasa es que no sé si yo podría evitar abalanzarme sobre ti –contestó Sakura–.
A lo mejor yo también podría acompañarte en tus viajes.
–Por
supuesto. Aunque no creo que vaya a viajar tanto como hasta ahora. Me quiero
quedar más tiempo aquí, en la ciudad, contigo.
–¿Te
vas a venir a vivir conmigo? –le preguntó Sakura enarcando las cejas.
–Si
me aceptas... –contestó Sasuke.
–¿Crees
que sería suficiente para ti?
¿Y
si se cansaba? ¿Y si se aburría y sentía que ella lo estaba limitando?
–Sakura,
lo que te estoy proponiendo es un compromiso a largo plazo, un compromiso de
por vida. Literalmente. Quiero formar una familia contigo.
–¿Quieres
tener hijos conmigo? –se sorprendió Sakura.
Sasuke
asintió.
–Quiero
ocuparme de ellos, no quiero que tengan que andar inventándose de todo para que
les preste atención, no quiero hacerles eso, quiero que sepan desde el
principio lo importantes que son.
Sakura
lo abrazó. Sasuke había comprendido lo importante que aquello era para ella.
–A
lo mejor basta con decírselo...
–No,
las palabras no son suficientes –declaró Sasuke–. Hay que demostrarlo. Las
palabras no significan nada si no van acompañadas de acciones. Quiero
demostrarles que son importantes y también quiero demostrártelo a ti.
–Ya
lo has hecho.
–No
he hecho más que empezar. Te quiero, Sakura. Déjame que te lo demuestre el
resto de nuestras vidas.
Sakura
había soñado a menudo con un final de Hollywood, pero aquel estaba siendo mucho
mejor. Veía completa sinceridad en los ojos de su amante y sentía una dicha
absoluta en todo su ser. Reía y lloraba a la vez. Cerró los ojos con fuerza y
se abrazó a Sasuke, aferrándose a él.
Sí,
la pasión estaba allí, pero basada en una llama eterna, en un calor seguro que
se llamaba amor. Jamás se había sentido tan valorada, tan querida, tan
especial. Sasuke era su compañero de vida, su igual, e iban a trabajar juntos.
–Te
quiero –declaró.
–Te
deseo –gimió Sasuke tomándola en brazos.
–No
sé si esto es muy buena idea. Estás herido –le recordó Sakura.
–Estoy
bien –protestó Sasuke.
–Eso
no es verdad.
–Por
favor, no me entretengas, que estoy haciendo lo que puedo –bromeó Sasuke.
Sakura
le acarició la mejilla y sonrió obnubilada, permitiendo que la condujera en
brazos a su dormitorio. Una vez allí, intentó ocultar su sorpresa al ver los
moretones que le recorrían el cuerpo.
–No
es para tanto –le aseguro Sasuke.
–Mentiroso
–contestó ella besándolo en las costillas amoratadas.
–Te
quiero.
–Nunca
habíamos practicado sexo de forma tan sencilla.
–Esto
no está siendo sencillo y no estamos practicando sexo – jadeó Sasuke mientras Sakura
lo besaba por todo el cuerpo–. Esto es hacer el amor. Estamos haciendo el amor.
–Claro
que sí –contestó Sasuke mientras la penetraba.
–Y
lo vamos a hacer muy despacio.
–Muy
bien –declaró Sakura.
Sus
miradas se encontraron y ambos sonrieron.
–Soy
el hombre más afortunado del mundo –declaró Sasuke abrazándola con cariño un
rato después.
–Y
yo, la mujer más afortunada del mundo –se rio Sakura.
–Eso
no te lo voy a discutir.
–Ya
lo sé –contestó ella muy feliz.
Continuará...
CAPÍTULO 9 - EPÍLOGO
No se olviden de comentar sus impresiones, ya sea por acá o en FANFICTION, para seguir publicando también otras historias :D un abrazo enorme !
No hay comentarios:
Publicar un comentario