Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)
El Harén de la Tía Tsunade
.
Capítulo Siete
—¡Santa putísima mierda! —Dijo Ino mientras
entraban en uno de los baños—. Hasta tienes una de esas cosas que te lanza un
chorro de agua cuando has terminado. ¿Cómo se llaman esos?
—No estoy segura —admitió Sakura.
—Preguntémosle a tu mayordomo. —Ino presionó el botón
del intercomunicador—. ¿Gai?
Gai se asomó inmediatamente por la puerta
abierta. Ino lo había mandado llamar hacía menos de un minuto para preguntarle
si la televisión de pantalla gigante tenía o no recepción por satélite (sí
tenía), por lo que no había tenido tiempo de irse muy lejos.
—¿Señora?
—¿Cómo se llama esto? —preguntó Ino, señalando la
cosa que lanzaba chorritos de agua.
—Es un bidet, señora.
—Un bidet. ¿No es genial? Gracias, Gai.
Gai saludó con la cabeza y se marchó.
—Creo que estás empezando a cabrear a mi
mayordomo —dijo Sakura.
—Lo siento, pero ¡este lugar es sensacional!
¿Dónde está el harén?
Había sido así en cada habitación. Ino
reaccionaba diciendo “¡Santa putísima mierda!”, luego llamaba a Gai para
hacerle una pregunta, luego exigía saber dónde estaba el harén y luego
expresaba su indignación porque Sakura no se hubiera aprovechado de ninguno de
los hombres la noche pasada.
—Ya llegaremos —prometió Sakura.
—No puedo creer que no aprovecharas la
oportunidad para echar un polvo —dijo Ino—. Toda esta riqueza ha arruinado tu
libido.
—Claro que no.
— Entonces, tu cerebro.
—No. Ino, hablamos de ocho hombres que han
aceptado vivir en la mansión de mi tía nada más que como meros esclavos
sexuales. ¡Es repugnante!
—Te haré una pregunta. Si tu bidet se rompe y
necesitas contratar un fontanero ¿no querrías a alguien que no hiciera otra
cosa que trabajar como fontanero? No buscarías a alguien que fuera maestro de
preescolar y sólo reparara bidets a medio tiempo para cubrir los gastos ¿no es
cierto? Así que, si lo que necesitas es sexo ¿no querrías a alguien que se
dedicara nada más que a follar para ganarse la vida?
—Eso es un gigoló.
—Sí, pero por ahora, llamémosles esclavos
sexuales profesionales. ¿Cuándo podré ver el
harén?
—Francamente no me parece que seas lo
suficientemente madura como para ser capaz de manejarlo.
—Ah, no puedes ser tan bruja —dijo Ino, dándole
una palmada en el brazo.
—Vas a hacerme pasar vergüenza.
—Entonces preséntame y vete. Cada tanto pásanos
algo de comida deslizándola por debajo de la puerta. —Ino sonreía de oreja a
oreja—. Sólo te estoy tomando el pelo. Llévame a hacer un rápido recorrido por
el harén y luego regresaremos a ver cuántos canales se reciben aquí. Quizás
deberíamos llamar a Gai y preguntarle.
—No llames a Gai. Te llevaré al harén.
Ino se quedó con la boca abierta casi hasta el
escote cuando entraron al harén. Todos los tíos estaban en la estancia
principal, sin camisa y posando. Shikamaru estaba haciendo sus flexiones. Sasuke
se encontraba de pie justo al lado de la puerta, y al parecer se había pasado
aceite por el pecho.
—¡Sakura, bienvenida otra vez! —dijo—. Veo que
has traído una encantadora invitada. —Extendió su mano hacia Ino—. Soy Sasuke.
¿Y tú eres…?
Ino contemplaba la habitación con expresión
atónita.
—¿Ah...?
—Quiere saber cómo te llamas —dijo Sakura.
—Ah. Díselo.
—Sasuke, ella es Ino. Ino, Sasuke.
—Es un placer conocerte —dijo Sasuke,
estrechándole la mano.
—Claro —dijo Ino.
Sasuke las condujo por la habitación y presentó a
Ino a todos los hombres. Para cuando iban por el séptimo tío, se había
recuperado lo suficiente de la impresión como para decir su nombre de manera
semi-coherente.
—Bueno, señoras, vayan a ponerse los trajes de
baño —les instó Sasuke—. El tobogán de agua está abierto al público.
Sakura guió a Ino hasta el sauna, dejando que la
puerta se cerrara detrás de ellas.
—¿No te follaste a ninguno de ellos?
—preguntó Ino.
—No.
—Sakura, estos hombres son… ¡son modelos de
portada de novelas románticas! Dijiste que pasaron un examen de aptitud,
cumplen requisitos de longitud mínima, tienes la certeza de que están libres de
enfermedades, y obedecen cada una de tus órdenes ¿y tú ni siquiera has
besado a uno de ellos?
—Lamento mucho decepcionarte.
—Esto está definitivamente mal. Esto es como
tener una caja de chocolates Godiva y arrojarla a la basura. ¿Qué clase de
persona tiene una caja de chocolates Godiva y la tira a la basura? ¡Chocolates
Godiva! ¡No puedes hacerles eso a unos Chocolates Godiva!
—Ponte el traje de baño y cállate.
Las mujeres se apresuraron a cambiarse de ropa. Sakura
ya había visto a su amiga desnuda, pero aún sentía ese deje de celos al ver el
esbelto cuerpo de Ino y sus senos pequeños pero firmes. Entonces dejó escapar
un resoplido de risa.
—¿Qué? —preguntó Ino.
—Por favor, dime que no te has depilado
especialmente para visitar el harén.
Ino bajó la mirada a su sexo completamente
depilado.
—No parece ser algo que yo haría. —Se puso la
parte de abajo del bikini. De un vivo color fucsia y bastante revelador.
—Jesús. ¿Por qué no te pones una tanga, ya que
estás en ello?
—Hey, tú tienes las tetas, y yo el culo — Ino se
puso la parte de arriba del bikini fucsia, mientras Sakura se metía dentro de
su aburrido traje de baño azul—. Así que ¿de veras sólo se pasan todo el día
allí sentados, posando?
—Desde luego.
—Este lugar es jodidamente increíble.
Salieron del sauna, e inmediatamente se hizo
evidente que el traje de baño de Ino captaba la atención de los hombres.
—Así que ¿cómo funciona esto? —preguntó Ino.
—¿Cómo funciona qué?
—Esto. El harén. ¿Pego un grito para llamarles la
atención o algo así?
—¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?
—Nada malo, te lo prometo. —Ino dejó escapar un
fuerte silbido—. Atención, caballeros —llamó en voz alta—. Por favor reúnanse
delante del sauna. Sin titubeos, los ocho hombres se dirigieron hacia la sauna,
enfrentándose a las mujeres en una línea perfecta.
—No puedo creer que eso funcionara —dijo Ino.
Sakura deseó desesperadamente tener algo en las
manos con lo que pudiera juguetear nerviosamente.
—Así que ¿es cierto que obedecéis todas las
órdenes de mi amiga? —preguntó Ino.
Los hombres asintieron.
—¿Puedo actuar como tu representante?
—¡Ino...!
—Ay, no seas tan mojigata. Esta será
probablemente mi única oportunidad en la vida de tener ocho sementales
musculosos espectaculares bajo mis órdenes, y quiero aprovechar para
disfrutarlo. ¡Venga, por una vez, pasémoslo bien!
—¿Sabes qué? Vale. A decir verdad, creo que me
gustaría ver esto. —Se volvió para dirigirse a los hombres—. ¿Alguien tiene
algún problema con que Ino esté a cargo?
—¡No, demonios! —dijo Shikamaru.
—Muy bien, entonces, ella es vuestra ama y señora
oficial, o como sea que queráis llamarla. —Sakura dio un paso atrás, lista para
disfrutar ese momento especial en el que Ino se daría cuenta de que había
abarcado más de lo que podía manejar.
Sin embargo, ese momento especial se hizo
esperar. Ino contempló detenidamente a los hombres y se relamió los labios.
—Vaya, vaya, vaya —dijo, caminando a lo largo de
la línea como si lo hubiera hecho un millón de veces antes—. Todos vosotros,
sin duda alguna, os veis como hombres fuertes y saludables. ¿Qué os parecería
tensar un poco esos músculos para mí?
Obviamente, ésta era una orden que los hombres
adoraban llevar a cabo. Todos flexionaron sus músculos con entusiasmo, y Shikamaru
realizó también una más que impresionante sentadilla. Sasuke flexionó sus
propios bíceps y le guiñó un ojo a Sakura.
Se veían divinamente bien.
Ino caminó de vuelta frente a la línea de
hombres, dedicándose a observar a cada uno durante un momento.
—Muy, muy bien —dijo—. Descansad.
Los hombres se relajaron. Casi todos ellos
sonreían amplia y descaradamente. Se lo estaban pasando demasiado bien.
Ino se dirigió hacia Shikamaru y le dio un
golpecito en el pecho.
—Así que ¿de veras tienes que hacer cualquier
cosa que ordene?
—Para eso estoy aquí.
—Entonces, mueve el culo y ponte a hacer más de
esas lagartijas.
Shikamaru se tiró al suelo y comenzó a hacer unas
vigorosas flexiones de brazos. Ino contó veinte de ellas y luego le ordenó que
volviera a ponerse de pie. Shikamaru así lo hizo, sin haber derramado siquiera
una gota de sudor.
Sakura se encontró preguntándose cómo sería estar
debajo de él mientras hacía esas flexiones.
Ino se acercó al siguiente hombre, el rubio.
—¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Naruto.
—Naruto ¿tienes algún talento especial como ése?
—Sí, señora. Muchos.
—¿Por ejemplo?
—Soy muy hábil con mi lengua.
Varios de los hombres se rieron por lo bajo.
—No os he dado permiso para reír —dijo Ino, que
obviamente se lo estaba pasando en grande con su rol de dominatrix—. Reíros
otra vez y Sakura os azotará el trasero. ¿Está claro?
—Yo no tengo nada que ver —dijo Sakura—. Soy una
observadora pasiva. Estoy fuera de esto.
—Muy bien, entonces haré que os azotéis el
trasero unos a otros y estoy segura de que nadie quiere eso, excepto yo.
—Sí señora —dijo Naruto.
Ino se paseaba de un extremo al otro de la fila.
—Sencillamente no sé qué hacer con todos
vosotros. Lo confieso, es todo un dilema. Ocho bombones que están como un tren,
bajo mis órdenes. Tantas posibilidades. ¿Qué diablos puedo hacer?
—Señora, solicito permiso para hablar, señora
—dijo Lee, irguiéndose en posición de firme.
—Adelante.
—Señora, nos gustaría bailar para usted, señora.
—Esa parece ser una buena idea —dijo Ino. Echó un
vistazo hacia Sakura—. ¿Qué te parece?
—Deja de recurrir a mí para que te dé el visto
bueno.
Ino volvió su atención a Lee.
—Sí, esa es una excelente idea.
—Señora, gracias, señora.
—Tome asiento, por favor, mi señora —dijo Gaara,
tomando la mano de Ino y besándosela—. Volvemos enseguida.
Los hombres se apresuraron a salir metiéndose en
una de las habitaciones. Sakura tomó dos tumbonas y las arrastró hacia donde
estaba Ino.
—Parece que te lo estás pasando de lo lindo.
—Oh, vamos, esto es condenadamente divertido y lo
sabes —dijo Ino, sentándose—. Si ellos lo están disfrutando y yo lo estoy
disfrutando ¿dónde está el problema?
—Es sólo que… no lo sé…
—Si hubiéramos cogido unos extraños de la calle,
les hubiéramos ceñido al cuello unos collares de perro y forzado a bailar a
punta de pistola, entonces sí tendríamos un serio dilema moral. ¡Pero esos tíos
se han presentado para esto! Han pasado por una rigurosa investigación de
antecedentes y se han sometido a un
proceso de capacitación. Han estado de brazos cruzados durante un mes… ¡dejemos
que los pobres desgraciados bailen para nosotras!
—¿Y luego qué?
—Luego me llevaré a dos o tres a la cama conmigo.
Pero después de que bailen.
Se apagaron las luces.
Ino y Sakura se quedaron sentadas en una completa
oscuridad durante unos segundos.
De repente, el lugar se iluminó como una
discoteca. Luces multicolores se movían haciendo círculos en el suelo y la
música comenzó a retumbar, con un fuerte y pesado ritmo tecno.
Los hombres emergieron del cuarto en fila, todos
vestían chaquetas de cuero negro y llevaban látigos de montar. Se dirigieron a
un punto varios pasos por delante de Sakura e Ino; entonces, simultáneamente,
comenzaron a bailar con unos pasos sincronizados realmente impresionantes.
Todos al unísono golpearon las fustas contra las
palmas de las manos y al compás de la música.
—¡Venga! —gritó Ino. Lanzó un fuete silbido—.
¡Menéalo!
Los hombres lo menearon. Luego se quitaron las
chaquetas de cuero, las hicieron girar sobre sus cabezas y las lanzaron al otro
lado de la habitación.
Golpearon otra vez los látigos contra las palmas
de las manos, esta vez también meneando las caderas de manera más que
provocativa.
Sakura se echo a reír mientras aplaudía
apreciativamente.
—¡Venga! —repitió Ino—. ¡Ya sabéis lo que le
gusta a mami!
Los hombres sostuvieron los látigos sobre la
cabeza y los alzaron como si estuvieran levantando pesas siguiendo el ritmo de
la música. El meneo de caderas se transformó en empujes de cadera.
Luego restallaron los látigos contra el suelo.
Esto continuó durante otros tres minutos hasta
que terminó la canción y se apagaron las luces.
Sakura e Ino aplaudieron como locas.
Pocos segundos después, volvieron a encenderse
las luces normales. Debían estar conectadas a algún tipo de temporizador. Todos
los hombres permanecían en varias poses flexionando los músculos.
—¡Quiero vivir aquí! —gritó Ino.
Después de un momento, los hombres relajaron sus
poses y regresaron a la fila. Ino volvió a ponerse de pie.
—¿Cuántos números como ése tenéis preparados?
—preguntó.
—Dieciocho —dijo Sasuke.
—¿Cuántos de ellos incluyen látigos de montar?
—Doce.
—Vaya, eso fue verdaderamente impresionante. Así
que ¿vosotros realmente tenéis que hacer lo que sea que yo diga, eh?
Los hombres asintieron.
—Y qué pasaría si dijera algo sobre, no sé, que
esos trajes de baño cubren demasiado...
De ningún modo. Sakura no podía creérselo. Ino
sólo estaba bromeando ¿verdad? Realmente no iba a decirles a los hombres que se
desnudaran ¿no?
—Señora, solicito permiso para hablar libremente,
señora —dijo Lee.
—Concedido.
—Señora, sólo quería concordar con usted con
respecto al tema de los trajes de baño, señora.
—Bueno, entonces, Lee, dado que has declarado tu
consentimiento a oído de todos, ¿por qué no eres el primero en rectificar esta
desagradable situación?
—Señora, no será ningún problema, señora.
Lee asió la cinturilla de su traje de baño y tiró
hacia abajo. Agachándose, se lo quitó por completo, dejándolo caer al suelo
frente a sí.
Sakura tomó una honda inspiración. Realmente
nunca había esperado que Ino lo llevara tan lejos. Lee tenía un pene largo y
grueso que era increíble incluso estando relajado. Era enorme. Su sola vista le
produjo a Sakura un escalofrío de pies a cabeza.
Se dio cuenta de que lo estaba mirando fijamente.
Luego se dio cuenta de que Sasuke la estaba observando mirar fijamente a Lee
con una enorme sonrisa en la cara. Inmediatamente se apartó e hizo como si estuviera estudiando la pared.
—Oh —dijo Ino—. Oh, cielos. ¿Puedo tocarlo?
—Señora, sí, señora.
—Estupendo.
Ino deslizó los dedos sobre su polla y a través
del vello púbico pulcramente recortado. Luego dio un paso atrás.
—¿Quién en esta fila no quiere mostrarme
su polla?
Nadie levantó la mano.
—Porque voy a hacer que esto sea de participación
voluntaria. Tengo más que suficiente para mantener los ojos ocupados aquí con Lee,
así que no os sintáis obligados a participar. Quién quiera conservar su traje
de baño en su sitio que dé un paso al frente.
Ninguno dio un paso al frente.
—Bien —dijo Ino, sonando un poquito nerviosa—.
Entonces continuemos a lo largo de la fila.
Sakura miraba, petrificada, mientras Ino ordenaba
a los hombres, de uno en uno, que se quitaran los shorts. Sasuke no había
mentido… todos eran caballeros extremadamente bien dotados, incluso la polla de
Shino era un miembro asombroso aunque fuera la más corta del grupo. Ino se
desplazó lentamente a lo largo de la fila, demorándose con cada hombre,
acariciando personalmente cada pene al ser expuesto.
Aunque Sakura continuaba intentando decirse que
no debería estar mirando esto, que debería regresar a su habitación, era
incapaz de convencerse a sí misma de que quería estar en cualquier otro lugar
excepto aquí.
Finalmente todos los hombres estuvieron desnudos,
a excepción de Sasuke.
Ino echó un vistazo atrás, hacia Sakura.
—Él es tu favorito ¿no es cierto? ¿Te gustaría
ver lo que tiene para ofrecer?
—Te lo he dicho, no voy a involucrarme en esto.
—Apuesto diez contra uno a que estás mojada.
—¡Ino!
Ino se estremeció, obviamente cayendo en la
cuenta de que se había pasado de la raya.
—Lo siento —dijo, pareciendo sincera—. Me dejé
llevar. —Palmeó a Sasuke en el hombro—. Dejaré que permanezcas vestido.
—Como desees.
Sakura se dio cuenta de que se sentía más que un
poco desilusionada, aunque también se sentía aliviada de que Ino no fuera a ser
la primera en acariciar el pene de Sasuke.
No, no, la única. Sakura no iba a tocar la
polla de nadie en esta habitación. Eran pollas muy bonitas, sin duda alguna,
pero no intervendría en su manipulación de ninguna manera.
—Entonces ¿qué deberíamos hacer ahora? —Preguntó Ino—.
Con siete hombres desnudos frente a mí. ¿Qué os parece si vamos a nadar en
cueros?
Kiba levantó la mano.
—Solicito permiso para hablar.
—Concedido.
—El agua está realmente fría y ciertos rumores
con respecto al agua fría son ciertos.
—Oh. Vaya, no nos gustaría que pasara eso. ¿Qué
sugieres en cambio?
—Un masaje.
Continuará...
CAPÍTULO 6 < -- . -- > CAPÍTULO 8
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