Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Ocho
Sakura
se despertó hecha un ocho y con Sasuke debajo de ella en el sofá, todavía
ataviado con el esmoquin.
Se
quedó mirándolo. Era como un delicioso bizcocho que no se podía comer, que se
miraba, pero no se tocaba. Se moría por tenerlo de nuevo. ¿A quién quería
engañar con eso de ser amigos?
–Sasuke...
Sasuke
abrió los ojos y Sakura aprovechó para apretarse contra su erección.
–No
lo has conseguido –bromeó.
Sasuke
negó con la cabeza.
–¿Te
tengo que recordar lo que pasó anoche antes de que te quedaras dormida? Me
pediste que te besara donde quisiera y yo me comporté como un caballero.
–¿Por
eso me metiste la mano en las braguitas?
Sakura
sintió que se excitaba de pies a cabeza. Definitivamente, lo de ser amigos
había que olvidarlo.
–Será
mejor que nos pongamos en marcha –anunció Sasuke cambiando de postura de manera
que el contacto entre ellos ya no era tan íntimo.
Sakura
se apartó también al darse cuenta de que Sasuke no quería nada con ella. Estaba
manteniendo las distancias, tal y como ella le había pedido.
Fueron
en el coche de Sasuke al aeropuerto. No había tanta niebla como el día
anterior, pero llovía y el cielo estaba gris. Sakura suspiró.
–No
será para tanto –comentó Sasuke agarrando el volante con fuerza.
–No,
claro que no –contestó Sakura–. La semana que viene estaré fuera cuatro días,
de viaje.
–Yo
estaré en Taupo para el fin de semana –apuntó Sasuke.
–Muy
bien, la distancia se hará cargo del deseo –comentó Sakura intentando ocultar
el dolor que le producía separarse de él–. No hace falta que me acompañes.
Déjame en la puerta y ya está.
–Está
bien –contestó Sasuke parando el coche–. Estamos en contacto.
Sakura
se preguntó si sería cierto. Ahora que tenía la información que necesitaba para
hacer su trabajo, no había necesidad de que Sasuke se pusiera en contacto con
ella directamente. Podría negociar con Ino y no estar si Sakura tenía que
volver por allí. Qué tonta había sido. Tendría que haberse pasado el fin de
semana entero acostándose con él porque estaba segura de que, en cuanto pusiera
un pie fuera del coche, no lo volvería a ver.
–Quiero
ser tu amigo –le aseguró Sasuke como si le estuviera leyendo el pensamiento,
acercándose y apartándole un mechón de pelo de la cara–. La verdad es que me
gustas. Me lo he pasado muy bien.
–Yo,
también.
Se
bajó del coche y se alejó sin mirar atrás. Una vez a solas en la terminal, el
teléfono móvil le anunció que había recibido un mensaje.
¡Era
de Sasuke!
¿Sería pasarme de la raya, ahora que somos amigos, decirte que ya te
echo de menos? No puedo dejar de pensar en ti.
Sakura
sonrió y contestó.
Claro que me lo puedes decir. Los amigos se echan de menos.
Sasuke
continuó:
Sí, pero no sabes lo que estoy pensando en hacer contigo. Me gustaría
pasarme de la raya.
Sakura
sonrió encantada.
Voy a apagar el móvil. Vamos a despegar.
Consiguió
no volverlo a encender al aterrizar, aguantó hasta estar en casa, en pijama y
viendo una película. Entonces estuvieron una hora hablando por teléfono.
Una
semana y media después, Sasuke se tumbó en la cama y acarició el nombre de Sakura
en su teléfono móvil. La había llamado casi todas las noches. No lo había hecho
adrede, le salía de manera natural.
–Voy
a estar en Wellington el lunes. ¿Comemos juntos? –le propuso en cuanto Sakura
descolgó el teléfono.
–Vaya,
no voy a poder, lo siento. No estaré aquí –contestó Sakura.
Sasuke
dio un respingo.
–¿Adónde
te vas? –quiso saber.
–Tengo
dos salidas seguidas.
–Maldita
sea, Sakura –se enfadó Sasuke apartando las sábanas y poniéndose en pie–. ¿Por
qué? Vas a terminar agotada.
–No
pasa nada, tranquilo. No es para tanto. Te llamaré.
Sí,
pero no era suficiente. No podía dejar de pensar en ella. Necesitaba contarle
lo que había hecho durante el día porque sabía que ella lo escuchaba con
verdadera atención, necesitaba que Sakura le contara cómo le había ido en el
trabajo y con sus amigas, le gustaba que le diera ideas sobre los proyectos que
tenía entre manos. Jamás le había contado a nadie nada de su trabajo ni había
pedido consejo a la hora de tomar decisiones, pero con Sakura lo estaba
haciendo y le gustaba.
–¿Qué
tal la última adquisición? –le preguntó Sakura.
–Muy
bien –contestó Sasuke sinceramente–. No tiene nada que ver con ninguna de las
otras, es única y fantástica. Estoy seguro de que te encantará.
Sakura
se quedó en silencio.
–Seguro
que le gusta a todo el mundo. Tienes un don especial a la hora de elegir la
ubicación de tus hoteles.
Sasuke
quería que le gustara a todo el mundo, por supuesto, pero sobre todo a ella.
Quería que Sakura viajara hasta allí con él, quería estar con ella.
–¿Y
tú qué tal? ¿No estarás trabajando demasiado?
–Estoy
trabajando mucho, pero me viene bien estar ocupada. Además, no quiero rechazar
nada de lo que me ofrezca Ino – contestó Sakura.
–No
dejes que se aproveche de ti, no dejes que nadie se aproveche de ti, solo yo
–se despidió Sasuke en tono informal.
Sakura
se rio.
Ocho
días después, Sakura estaba durmiendo cuando la despertó el teléfono.
–¿Te
pasa algo? Son las tres de la madrugada –se sobresaltó al ver que era Sasuke.
–Estaba
pensando en ti.
–¿Estás
borracho?
–No,
es que no podía dormir...
–¿Y
no se te ocurre nada mejor que llamarme a estas horas? Tómate una taza de leche
caliente –le propuso Sakura.
–Aquí
hace mucho calor para eso.
–Pues
pon el aire acondicionado.
–Hace
mucho ruido –contestó Sasuke–. ¿Has practicado alguna vez sexo telefónico?
¡Sakura
terminó de despertarse!
–¿Seguro
que no has bebido?
–Contesta
–la urgió Sasuke en tono seductor.
–No,
creo que me entraría la risa –admitió Sakura.
–¿Y
qué te parece si lo hiciéramos por Skype? Así, también podríamos vernos. Como
te gustan tanto las películas...
Desde
luego, sabía cómo excitarla, pero no podía ser...
–Se
supone que somos amigos, ¿no? –le recordó–. Y los amigos no practican sexo,
¿no?
–Ah,
vaya, se me había olvidado.
–Ya
veo.
–Prometo
seguir intentándolo.
–Sí,
vas a tener que seguir intentándolo... sé que esto es duro... que te lo estoy
poniendo duro...
–No
te puedes ni imaginar cuánto...
–Sasuke
–suspiró Sakura, que lo deseaba tanto como él a ella por mucho tiempo que
hubiera pasado.
–¿Qué
pasaría si volviera a meter la pata?
–No
sé, supongo que se me ocurriría alguna manera de castigarte –contestó Sakura.
Se
estaba excitando con la conversación.
–¿Cómo
me castigarías? –quiso saber Sasuke.
–Tal
vez, obligándote a salir de la habitación –aventuró Sakura siguiendo con las
palabras con doble sentido.
–¿Me
obligarías a salir? ¿Y si no quisiera?
–¿Preferirías
quedarte dentro? –le preguntó Sakura apretando los muslos.
–Sí,
preferiría quedarme dentro –contestó Sasuke–. Lo que quiero es estar dentro de
ti y moverme con fuerza... –añadió ya sin rodeos– mientras te hago una cosa que
te gusta mucho...
Sakura
se mordió el labio inferior. La curiosidad podía más que la prudencia.
–¿Qué
me harías?
–Me
encantaría penetrarte una y otra vez mientras te masturbo.
Sakura
ahogó una exclamación.
–Te
gusta, ¿verdad? Sí, claro que te gusta. Es lo que más te gusta. Te corres en
cuanto te toco.
Sakura
no podía negarlo.
–¿Te
gustaría que te estuviera tocando ahora?
Sakura
cerró los ojos.
–Sé
cómo te pones... –continuó Sasuke–. Seguro que te estás tocando. ¿Tienes la
mano entre las piernas como si fuera la mía?
Sakura
agarró el teléfono con fuerza. Con una mano porque la otra estaba,
efectivamente, donde Sasuke decía.
–Sé
lo que estás haciendo –insistió él.
–¿Ah,
sí? –jadeó Sakura.
–Estás
pensando en mí, te estás excitando imaginando que soy yo el que te está
tocando, te estás tocando como querrías que yo te tocara, no puedes evitarlo.
–¿Y
tú qué estás haciendo? –le preguntó Sakura.
–Escucharte
e imaginarte –contestó Sasuke–. También me gustaría que te sentaras encima de
mí y me cabalgaras porque lo haces muy bien...
Sakura
se estremeció. Estaba muy cerca del orgasmo. ¿Cómo era posible que estuvieran
practicando sexo telefónico?
–Sasuke,
te tengo que dejar –suspiró.
–Sueña
conmigo –se despidió Sasuke.
Llevaba
semanas haciéndolo.
Hacía
más de tres semanas que no la había visto y creía tenerlo todo bajo control,
pero se había equivocado.
–Hola
–la saludó al llegar junto a la mesa.
Habían
quedado para comer, pero aquello era una locura. Tenía el pulso disparado. Sakura
le sonrió de manera encantadora. Sasuke no se sentó sino que le tendió la mano,
invitándola a ponerse en pie.
–Tengo
una sorpresa para ti.
–¿De
qué se trata? –quiso saber Sakura desplegando cierta prudencia.
–Te
quedaste sin ver una parte muy importante de la finca.
–¿La
finca? –se sorprendió Sakura mientras Sasuke la sacaba de la cafetería y la
metía en su coche descapotable–. No vamos a ir a la finca.
–El
avión despega en media hora, así que tenemos el tiempo justo.
–Sasuke,
habíamos quedado solo para comer. No puedo dejar el trabajo...
–Ya
he hablado con Ino y está todo solucionado. Va a hacer ella la visita de esta
tarde.
–¿Cómo?
–Llevas
demasiados días seguidos trabajando. Necesitas descansar.
Sakura
se quedó mirándolo anonadada.
Había
menos de una hora de vuelo entre Wellington y Queenstown y Sasuke se la pasó
mandando mensajes desde el teléfono móvil, así que Sakura se dedicó a leerse de
cabo a rabo una revista. Al aterrizar, no había ningún coche esperándolos,
cambiaron el avión por un helicóptero.
–Sasuke,
no me he traído ropa de sobra –le advirtió.
Él
la miró con picardía.
–Bonita,
no la vas a necesitar.
¿Qué
estaba ocurriendo? No había duda de las intenciones de Sasuke. ¿A dónde
demonios la estaba llevando? Lo peor era que a Sakura tampoco le importaba
demasiado, pues estaba demasiado excitada por volver a estar con él y darse
cuenta de que la atracción que Sasuke sentía por ella seguía siendo igual de
fuerte.
Sasuke
se puso a los mandos del aparato y lo hizo elevarse. Siguió el río hasta la
finca y, una vez allí, la llevó hasta un lago escondido, un lago que parecía de
leyenda. Hizo descender el helicóptero cerca y la invitó a seguirlo.
–Vamos.
Sakura
comprendió que Sasuke había estado allí muchas veces y no era para menos, pues
el lugar era increíble. Se trataba de un entorno mágico, parecía sacado de una
película, pero era real.
–Qué
bonito –comentó Sakura.
–El
agua está helada, así que no te vayas a meter, que no quiero tener que tirarme
a por ti.
Sakura
se rio. Lo cierto era que le hubiera encantado meterse en aquella agua helada
para ver si, así, el calor que sentía por todo el cuerpo se calmaba.
–No
hemos hablado de aquello –comentó Sasuke tirando una piedra al agua.
–¿De
qué?
–De
la llamada telefónica.
Sakura
se sonrojó.
–Sabes
perfectamente que quieres volver a acostarte conmigo – anunció Sasuke tomándola
del mentón y obligándola a mirarlo–. Así que tienes que elegir entre pasar aquí
la noche o volver a la finca en helicóptero. Te advierto que en la cabaña solo
hay una cama y no es muy grande.
Sakura
sintió que la cabeza le daba vueltas, así que elevó la mirada al cielo.
–Creo
que va a haber tormenta, así que será más seguro quedarnos aquí.
–Nada
de tormentas, Sakura, nada de excusas. Quiero sinceridad – le advirtió Sasuke
acercándose–. ¿Quieres pasar otra noche conmigo o no?
Sakura
sintió que era presa de la más grande excitación.
–¿Qué
tipo de pregunta es esa?
–Contesta.
Sakura
lo miró fijamente.
–Está
bien, vamos a la cabaña.
–¿Estás
segura?
–Sí
–contestó Sakura, que sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
Estaba
harta de luchar contra sus propias necesidades. Sasuke sacó lo que necesitaban
del helicóptero y volvió a su lado mirándola a los ojos, sintiendo que el
corazón le latía aceleradamente.
–Prométeme
que solo será esta noche y ya está. Nada más. Cuando volvamos al mundo
civilizado, volveremos a ser quienes somos, volveremos a ser solo amigos. Es la
única condición que te pongo para que la fantasía se pueda hacer realidad.
–¿Por
qué te empeñas en querer controlarlo todo?
–Yo
no me empeño en...
–No
podemos darle la espalda a lo que hay entre nosotros. Ser amigos, que es lo que
tú has propuesto, no está funcionando.
–Una
noche.
–La
noche entera –negoció Sasuke–. No solo una vez y nos vamos a dormir. Quiero,
literalmente, la noche entera –añadió, temiendo que ni siquiera eso fuera
suficiente.
–¿La
noche entera? –repitió Sakura mojándose los labios con la lengua.
Dios
mío, aquello iba a ser impresionante. Sasuke se acercó y se dio cuenta de que a
Sakura se le había acelerado la respiración y estaba temblando. Sí,
definitivamente, ella también estaba excitada ante la noche que tenían por
delante. Era la única manera que tenían de agotar lo que había entre ellos.
Tras una noche de pasión, podrían irse tranquilos.
Sakura
se dio cuenta de que estaba a punto de tener un orgasmo y no habían hecho nada,
solo hablar de que iban a pasarse la noche practicando sexo.
Sasuke
la llevó hasta la cabaña, que resultó ser un lugar pequeño y coqueto.
–¿Vienes
aquí a menudo acompañado? –le preguntó Sakura.
–No,
te aseguro que no –contestó Sasuke sonriendo–. Voy a encender la chimenea.
Sakura
pensó que a ella no le hacía falta más calor, ya tenía suficiente en su
interior. Se quitó las botas mientras Sasuke encendía el fuego.
–Esta
cabaña la diseñé yo –contestó Sasuke carraspeando–. Y la construí con mis
propias manos. Nunca he traído a nadie aquí. Me gusta estar solo, disfrutar de
las vistas. Aquí hay paz.
–¿Y
mi presencia aquí no rompe esa paz?
–Tú
eres parte de la fantasía –sonrió Sasuke–. Ven a ver atardecer –la invitó
tendiéndole la mano para subir al segundo piso.
Allí
había una cama sencilla, no muy grande, era cierto. A diferencia de la planta
baja, que era toda de cristal, allí solo había una ventana. Lo que se veía a
través de ella parecía un cuadro.
–Debe
de ser increíble estar aquí cuando llueve –comentó Sakura.
–Sí
–contestó Sasuke sacando algunas sábanas del armario y comenzando a hacer la
cama.
Sakura
no sabía si sentirse insultada porque todavía no se hubiera abalanzado sobre
ella o halagada de que se estuviera preocupando de su bienestar y su comodidad.
–Ya
te dije que no era una cama muy grande –comentó Sasuke.
Sakura
se quedó mirándolo mientras hacía la cama. Le sudaban las palmas de las manos.
–¿Te
ayudo? –se ofreció cuando ya no pudo más.
La
impaciencia la estaba matando.
–Almohadones
–pidió Sasuke.
Sakura
se giró y vio que en el armario había diez o doce.
–Vaya,
te gustan las almohadas, ¿eh? ¿Duermes abrazado a una? –bromeó.
Sasuke
sonrió.
–Dentro
de un rato, te enseñaré un par de cosas para las que resulta muy útil tener un
par de almohadas a mano –le prometió en un tono de voz que no dejaba lugar a
dudas–. Pero antes vamos a comer algo.
¿Comer?
¡Debía de estar de broma! ¿Era una manera de torturarla?
–No
tengo hambre –declaró Sakura.
Quería
acción, quería librarse del deseo que la perseguía desde hacía tanto tiempo,
quería quemar el recuerdo de aquella noche, así que comenzó a desabrocharse la
blusa. Sasuke se quedó mirándola un momento, pero luego, para alivio de Sakura,
se acercó. Sakura sonrió creyendo que iba a unirse a la fiesta, pero Sasuke se
limitó a alargar el brazo para agarrar una linterna que había en la mesilla. Sakura
se quedó mirándolo estupefacta.
–Por
favor, no pares –le pidió él–. La última vez, no pude verte desnuda.
Oh,
no, no podía hacerlo.
Sasuke
sonrió y, entonces, Sakura vio que estaba sudando y comprendió que estaba tan
nervioso y deseoso como ella, lo que le dio valor.
–Solo
si tú haces lo mismo –le propuso.
–¿Quieres
que me desnude para ti? –le preguntó Sasuke visiblemente excitado.
–Sí
–afirmó Sakura con rotundidad mientras dejaba que la blusa cayera al suelo–. No
pienso seguir hasta que tú no hayas empezado.
En
un abrir y cerrar de ojos, Sasuke se había quitado la camiseta, la había tirado
al suelo y se había desabrochado los vaqueros. Menos mal que no se había
quitado también los calzoncillos. A Sakura le encantó poder fijarse en cómo le
marcaban sus atributos.
–Es
todo para ti –murmuró Sasuke siguiendo su mirada–. Mira, mira cómo me pones.
Sakura
lo estaba viendo claramente y lo quería todo dentro de ella.
–Te
toca –la invitó Sasuke.
Sakura
se quitó los vaqueros y los calcetines, pero se dejó la ropa interior.
–Encaje
–murmuró Sasuke–. ¿Te gusta la caricia de la tela?
–Sí,
pero prefiero las tuyas –contestó Sakura acercándose a él.
Pero
Sasuke dio un paso atrás.
–No,
no –le dijo–. Esta vez no va a ser rápido.
Sakura
lo necesitaba ya, necesitaba un orgasmo liberador. Se mojó los labios. Estaba
muy excitada y, a juzgar por el tamaño de los calzoncillos de Sasuke, él
también. Sakura avanzó hacia la cama y, mientras lo hacía, se quitó el
sujetador. Una vez sentada, se liberó de las braguitas y se tumbó completamente
desnuda sobre el colchón, retándolo.
Sasuke,
que la estaba mirando atentamente, dejó de sonreír. Sakura se alegró, pero se
sorprendió al ver que volvía a hacerlo, que volvía a sonreír.
–¿De
verdad no has pensado en hacerte actriz, Sakura? –le preguntó tomándola de la
mano y tirando de ella para que se sentara.
–¿Cómo?
¿Por
qué no se tumbaba encima de ella de una vez?
–Mira
–le indicó Sasuke señalando la ventana.
Había
anochecido y el cristal, completamente oscurecido, se había convertido en un
espejo.
–Nadie
nos ve, no hay nadie en varios kilómetros a la redonda – le aseguró Sasuke
besándola por todo el rostro menos en la boca–, pero nosotros sí nos vemos, tú
puedes verlo todo, puedes mirar –le sugirió poniéndose de espaldas a la ventana
y arrodillándose ante ella.
Sakura
ahogó una exclamación. Se veía absolutamente todo.
–Pantalla
tamaño real –bromeó Sasuke mientras la besaba por el cuello.
–Sasuke...
–suspiró Sakura.
–La
linterna se va a quedar encendida –le anunció–. Toda la noche. Quiero que esta
vez te quede claro que soy yo.
–Lo
sé perfectamente –le aseguró Sakura.
–Toda
la noche –insistió Sasuke comenzando a besarla por el escote, entre los pechos
y por la tripa.
Sakura
miraba su reflejo en el cristal y la excitación iba en aumento. Sintió que los
huesos se le derretían y que se convertía en una muñeca de trapo con la que Sasuke
podía jugar a su antojo.
–Nunca
había visto una película así –jadeó.
–Pues
ya iba siendo hora –contestó Sasuke acariciándole los pechos.
–Sakura
Haruno, la estrella porno.
–Sakura
Haruno, la última tentación –contestó Sasuke acariciándole un pezón–. ¿Es la
primera vez que ves a un hombre dándole placer a una mujer? –le preguntó
elevando la mirada hacia ella.
–Oh,
Dios mío...
–Mira
lo que te voy a hacer.
–Oh.
Sakura
siempre había practicado sexo con la luz apagada y bajo las sábanas, pero la
nueva experiencia, sentirse completamente expuesta, le estaba encantando.
Aquello de tener a un hombre como Sasuke arrodillado ante ella, haciéndole todo
tipo de cosas para hacerla disfrutar era increíble.
Sasuke
deambuló con la boca por su tripa mientras le acariciaba las caderas con las
manos y sonrió cuando Sakura se estremeció.
–¿Estás
entrando en calor? –le preguntó.
–Quiero
más –contestó ella.
–Impaciente.
Sakura
siguió mirando, mirando y sintiendo. Sasuke estaba completamente entregado,
había vuelto a subir a sus pechos y los estaba lamiendo con deleite.
–Sabes
que estoy dispuesto a hacerte cualquier cosa que te guste –le recordó.
Sakura
no podía más, se llevó las manos a los muslos y presionó para intentar calmar
su deseo. Necesitaba sentirlo dentro. Sasuke se quedó mirando sus manos, sus dedos,
cómo se movían y colocó las suyas encima. A continuación, le separó las piernas
un poco más para poder verlo todo.
Sakura
gritó su nombre cuando se inclinó sobre ella y le dio un lengüetazo entre las
piernas.
–Vuelve
a decirlo –le dijo él.
Sakura
repitió su nombre y Sasuke le regaló otro lengüetazo.
–Otra
vez –la instó.
Cuando
Sakura así lo hizo, introdujo dos dedos en su cuerpo. Sakura volvió a gritar de
placer. Sasuke la observaba excitado.
–Grítalo
–le pidió apretando los dientes.
–Sasuke
–gritó Sakura.
Sasuke
se echó hacia delante, hacia ella, y disfrutó de su orgasmo, que llegó mientras
Sasuke seguía acariciándola y lamiéndola entre las piernas. Sakura echó la
cabeza hacia atrás y lo dejó hacer mientras sentía oleadas y oleadas de
sensaciones.
–Te
quiero a ti –le rogó cuando su lengua y sus dedos no le parecieron suficiente.
–¿Qué
quieres de mí? –le preguntó Sasuke deslizando sus dedos por su centro húmedo.
–Lo
sabes perfectamente –contestó Sakura.
–Quiero
oírtelo decir.
Sakura
se apretó contra su mano.
–Quiero
que me penetres tan fuerte que mañana no pueda andar –rugió.
–¿Tan
fuerte? –insistió Sasuke.
–Y
más –insistió Sakura, que lo quería todo.
Pero
Sasuke no se tumbó sobre ella, como esperaba. Se irguió, se quitó los
calzoncillos y se puso un preservativo.
–¿Quieres
que te ayude? –se ofreció Sakura.
–No,
gracias. Si me tocas, me voy –contestó Sasuke.
Luego,
se colocó a su espalda para que los dos quedaran reflejados en el cristal y
pudieran verlo todo, puso a Sakura a cuatro patas y se colocó entre sus
rodillas. Sakura sintió su erección.
–Oh
–gimió.
–Mira.
Sakura
giró la cabeza y volvió a gemir ante la erótica imagen que le devolvió el
cristal. Sus miradas se encontraron en el reflejo. Sasuke la agarró con fuerza
de la cintura y la empujó para que elevara un poco las caderas.
Sakura
así lo hizo.
–No
te pierdas nada –la apuró Sasuke.
Luego,
se echó hacia atrás y la colocó sobre él para, a continuación, comenzar a
penetrarla. Sakura no podía apartar la mirada del cristal, le estaba encantando
sentir que la empalaba y verlo a la vez, ver cómo su cuerpo recibía y se
tragaba la erección de Sasuke una y otra vez, una y otra vez.
Sakura
gritó de placer cuando Sasuke deslizó una mano desde su cintura y entre sus
piernas para masturbarla mientras la penetraba. Volvió a gritar cuando Sasuke
le agarró un pecho con la otra mano y comenzó a apretarle el pezón.
Intentó
controlarse, pero fue imposible. Sus miradas volvieron a encontrarse. Se habían
convertido en dos seres completamente desinhibidos.
–Sakura
–le dijo Sasuke dándole la vuelta.
Sakura
lo miró mientras se erguía, le separaba las piernas y se tumbaba sobre ella. Lo
recibió abriendo bien las piernas y basculando la pelvis hacia delante. Sasuke
siguió penetrándola una y otra vez, dándole placer, pero para Sakura nada era
suficiente, gritaba de placer, pero seguía queriendo más.
–Eres
insaciable –rugió Sasuke.
–Lo
quiero todo, absolutamente todo –declaró Sakura sin ningún tipo de vergüenza.
Así
que Sasuke echó la cabeza atrás y la penetró con más fuerza que nunca. Aquello
no era fantasía, aquello era real, completamente real. Sasuke se había
descontrolado, como ella, y le estaba encantando verlo así.
El
sudor corría entre sus cuerpos, que se deslizaban uno sobre el otro, generando
todavía más calor. La velocidad y la potencia de las embestidas era tremenda y Sakura
se dio cuenta de que, aunque no quería que terminara nunca, no iba a aguantar
mucho más.
Sasuke
juró en voz alta mientras Sakura gritaba a pleno pulmón. Un rato después, lo
único que se oía era la respiración entrecortada de Sasuke y los latidos
desaforados de su corazón. La estaba aplastando, pero le daba igual.
–¿Puedes
respirar? –le preguntó él apartándose.
–Más
o menos –contestó Sakura, dándose cuenta de que le dolía la garganta de tanto
gritar.
–Espero
que no te arrepientas de lo que acabamos de hacer porque ha sido la experiencia
más increíble de mi vida –le advirtió Sasuke.
Sakura
asintió.
–Ha
sido mejor que la primera vez –recapacitó Sasuke negando con la cabeza–. Ahora
lo único que quiero es volverlo a hacer. Muchas veces. Muchas veces más –añadió
tumbándose de espaldas y mirando al techo–, pero primero tengo que recuperar
fuerzas.
–Solo
esta noche –le recordó Sakura.
Continuará...
CAPÍTULO 7 < -- . -- > CAPÍTULO 9
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