jueves, 2 de enero de 2014

LA CAMA EQUIVOCADA cap 8


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.

 LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Ocho

Sakura se despertó hecha un ocho y con Sasuke debajo de ella en el sofá, todavía ataviado con el esmoquin.

Se quedó mirándolo. Era como un delicioso bizcocho que no se podía comer, que se miraba, pero no se tocaba. Se moría por tenerlo de nuevo. ¿A quién quería engañar con eso de ser amigos?

–Sasuke...

Sasuke abrió los ojos y Sakura aprovechó para apretarse contra su erección.

–No lo has conseguido –bromeó.

Sasuke negó con la cabeza.

–¿Te tengo que recordar lo que pasó anoche antes de que te quedaras dormida? Me pediste que te besara donde quisiera y yo me comporté como un caballero.

–¿Por eso me metiste la mano en las braguitas?

–Bueno, teniendo en cuenta que lo que te hubiera gustado habría que te lo hiciera con la boca...

Sakura sintió que se excitaba de pies a cabeza. Definitivamente, lo de ser amigos había que olvidarlo.

–Será mejor que nos pongamos en marcha –anunció Sasuke cambiando de postura de manera que el contacto entre ellos ya no era tan íntimo.

Sakura se apartó también al darse cuenta de que Sasuke no quería nada con ella. Estaba manteniendo las distancias, tal y como ella le había pedido.

`·.¸¸.·´´¯`··._.·

Fueron en el coche de Sasuke al aeropuerto. No había tanta niebla como el día anterior, pero llovía y el cielo estaba gris. Sakura suspiró.
–No será para tanto –comentó Sasuke agarrando el volante con fuerza.
–No, claro que no –contestó Sakura–. La semana que viene estaré fuera cuatro días, de viaje.
–Yo estaré en Taupo para el fin de semana –apuntó Sasuke.
–Muy bien, la distancia se hará cargo del deseo –comentó Sakura intentando ocultar el dolor que le producía separarse de él–. No hace falta que me acompañes. Déjame en la puerta y ya está.
–Está bien –contestó Sasuke parando el coche–. Estamos en contacto.
Sakura se preguntó si sería cierto. Ahora que tenía la información que necesitaba para hacer su trabajo, no había necesidad de que Sasuke se pusiera en contacto con ella directamente. Podría negociar con Ino y no estar si Sakura tenía que volver por allí. Qué tonta había sido. Tendría que haberse pasado el fin de semana entero acostándose con él porque estaba segura de que, en cuanto pusiera un pie fuera del coche, no lo volvería a ver.
–Quiero ser tu amigo –le aseguró Sasuke como si le estuviera leyendo el pensamiento, acercándose y apartándole un mechón de pelo de la cara–. La verdad es que me gustas. Me lo he pasado muy bien.
–Yo, también.
Se bajó del coche y se alejó sin mirar atrás. Una vez a solas en la terminal, el teléfono móvil le anunció que había recibido un mensaje.
¡Era de Sasuke!
¿Sería pasarme de la raya, ahora que somos amigos, decirte que ya te echo de menos? No puedo dejar de pensar en ti.
Sakura sonrió y contestó.
Claro que me lo puedes decir. Los amigos se echan de menos.
Sasuke continuó:
Sí, pero no sabes lo que estoy pensando en hacer contigo. Me gustaría pasarme de la raya.
Sakura sonrió encantada.
Voy a apagar el móvil. Vamos a despegar.
Consiguió no volverlo a encender al aterrizar, aguantó hasta estar en casa, en pijama y viendo una película. Entonces estuvieron una hora hablando por teléfono.

`·.¸¸.·´´¯`··._.·

Una semana y media después, Sasuke se tumbó en la cama y acarició el nombre de Sakura en su teléfono móvil. La había llamado casi todas las noches. No lo había hecho adrede, le salía de manera natural.
–Voy a estar en Wellington el lunes. ¿Comemos juntos? –le propuso en cuanto Sakura descolgó el teléfono.
–Vaya, no voy a poder, lo siento. No estaré aquí –contestó Sakura.
Sasuke dio un respingo.
–¿Adónde te vas? –quiso saber.
–Tengo dos salidas seguidas.
–Maldita sea, Sakura –se enfadó Sasuke apartando las sábanas y poniéndose en pie–. ¿Por qué? Vas a terminar agotada.
–No pasa nada, tranquilo. No es para tanto. Te llamaré.
Sí, pero no era suficiente. No podía dejar de pensar en ella. Necesitaba contarle lo que había hecho durante el día porque sabía que ella lo escuchaba con verdadera atención, necesitaba que Sakura le contara cómo le había ido en el trabajo y con sus amigas, le gustaba que le diera ideas sobre los proyectos que tenía entre manos. Jamás le había contado a nadie nada de su trabajo ni había pedido consejo a la hora de tomar decisiones, pero con Sakura lo estaba haciendo y le gustaba.
–¿Qué tal la última adquisición? –le preguntó Sakura.
–Muy bien –contestó Sasuke sinceramente–. No tiene nada que ver con ninguna de las otras, es única y fantástica. Estoy seguro de que te encantará.
Sakura se quedó en silencio.
–Seguro que le gusta a todo el mundo. Tienes un don especial a la hora de elegir la ubicación de tus hoteles.
Sasuke quería que le gustara a todo el mundo, por supuesto, pero sobre todo a ella. Quería que Sakura viajara hasta allí con él, quería estar con ella.
–¿Y tú qué tal? ¿No estarás trabajando demasiado?
–Estoy trabajando mucho, pero me viene bien estar ocupada. Además, no quiero rechazar nada de lo que me ofrezca Ino – contestó Sakura.
–No dejes que se aproveche de ti, no dejes que nadie se aproveche de ti, solo yo –se despidió Sasuke en tono informal.
Sakura se rio.

`·.¸¸.·´´¯`··._.·

Ocho días después, Sakura estaba durmiendo cuando la despertó el teléfono.
–¿Te pasa algo? Son las tres de la madrugada –se sobresaltó al ver que era Sasuke.
–Estaba pensando en ti.
–¿Estás borracho?
–No, es que no podía dormir...
–¿Y no se te ocurre nada mejor que llamarme a estas horas? Tómate una taza de leche caliente –le propuso Sakura.
–Aquí hace mucho calor para eso.
–Pues pon el aire acondicionado.
–Hace mucho ruido –contestó Sasuke–. ¿Has practicado alguna vez sexo telefónico?
¡Sakura terminó de despertarse!
–¿Seguro que no has bebido?
–Contesta –la urgió Sasuke en tono seductor.
–No, creo que me entraría la risa –admitió Sakura.
–¿Y qué te parece si lo hiciéramos por Skype? Así, también podríamos vernos. Como te gustan tanto las películas...
Desde luego, sabía cómo excitarla, pero no podía ser...
–Se supone que somos amigos, ¿no? –le recordó–. Y los amigos no practican sexo, ¿no?
–Ah, vaya, se me había olvidado.
–Ya veo.
–Prometo seguir intentándolo.
–Sí, vas a tener que seguir intentándolo... sé que esto es duro... que te lo estoy poniendo duro...
–No te puedes ni imaginar cuánto...
–Sasuke –suspiró Sakura, que lo deseaba tanto como él a ella por mucho tiempo que hubiera pasado.
–¿Qué pasaría si volviera a meter la pata?
–No sé, supongo que se me ocurriría alguna manera de castigarte –contestó Sakura.
Se estaba excitando con la conversación.
–¿Cómo me castigarías? –quiso saber Sasuke.
–Tal vez, obligándote a salir de la habitación –aventuró Sakura siguiendo con las palabras con doble sentido.
–¿Me obligarías a salir? ¿Y si no quisiera?
–¿Preferirías quedarte dentro? –le preguntó Sakura apretando los muslos.
–Sí, preferiría quedarme dentro –contestó Sasuke–. Lo que quiero es estar dentro de ti y moverme con fuerza... –añadió ya sin rodeos– mientras te hago una cosa que te gusta mucho...
Sakura se mordió el labio inferior. La curiosidad podía más que la prudencia.
–¿Qué me harías?
–Me encantaría penetrarte una y otra vez mientras te masturbo.
Sakura ahogó una exclamación.
–Te gusta, ¿verdad? Sí, claro que te gusta. Es lo que más te gusta. Te corres en cuanto te toco.
Sakura no podía negarlo.
–¿Te gustaría que te estuviera tocando ahora?
Sakura cerró los ojos.
–Sé cómo te pones... –continuó Sasuke–. Seguro que te estás tocando. ¿Tienes la mano entre las piernas como si fuera la mía?
Sakura agarró el teléfono con fuerza. Con una mano porque la otra estaba, efectivamente, donde Sasuke decía.
–Sé lo que estás haciendo –insistió él.
–¿Ah, sí? –jadeó Sakura.
–Estás pensando en mí, te estás excitando imaginando que soy yo el que te está tocando, te estás tocando como querrías que yo te tocara, no puedes evitarlo.
–¿Y tú qué estás haciendo? –le preguntó Sakura.
–Escucharte e imaginarte –contestó Sasuke–. También me gustaría que te sentaras encima de mí y me cabalgaras porque lo haces muy bien...
Sakura se estremeció. Estaba muy cerca del orgasmo. ¿Cómo era posible que estuvieran practicando sexo telefónico?
–Sasuke, te tengo que dejar –suspiró.
–Sueña conmigo –se despidió Sasuke.
Llevaba semanas haciéndolo.

`·.¸¸.·´´¯`··._.·

Hacía más de tres semanas que no la había visto y creía tenerlo todo bajo control, pero se había equivocado.
–Hola –la saludó al llegar junto a la mesa.
Habían quedado para comer, pero aquello era una locura. Tenía el pulso disparado. Sakura le sonrió de manera encantadora. Sasuke no se sentó sino que le tendió la mano, invitándola a ponerse en pie.
–Tengo una sorpresa para ti.
–¿De qué se trata? –quiso saber Sakura desplegando cierta prudencia.
–Te quedaste sin ver una parte muy importante de la finca.
–¿La finca? –se sorprendió Sakura mientras Sasuke la sacaba de la cafetería y la metía en su coche descapotable–. No vamos a ir a la finca.
–El avión despega en media hora, así que tenemos el tiempo justo.
–Sasuke, habíamos quedado solo para comer. No puedo dejar el trabajo...
–Ya he hablado con Ino y está todo solucionado. Va a hacer ella la visita de esta tarde.
–¿Cómo?
–Llevas demasiados días seguidos trabajando. Necesitas descansar.
Sakura se quedó mirándolo anonadada.
Había menos de una hora de vuelo entre Wellington y Queenstown y Sasuke se la pasó mandando mensajes desde el teléfono móvil, así que Sakura se dedicó a leerse de cabo a rabo una revista. Al aterrizar, no había ningún coche esperándolos, cambiaron el avión por un helicóptero.
–Sasuke, no me he traído ropa de sobra –le advirtió.
Él la miró con picardía.
–Bonita, no la vas a necesitar.
¿Qué estaba ocurriendo? No había duda de las intenciones de Sasuke. ¿A dónde demonios la estaba llevando? Lo peor era que a Sakura tampoco le importaba demasiado, pues estaba demasiado excitada por volver a estar con él y darse cuenta de que la atracción que Sasuke sentía por ella seguía siendo igual de fuerte.
Sasuke se puso a los mandos del aparato y lo hizo elevarse. Siguió el río hasta la finca y, una vez allí, la llevó hasta un lago escondido, un lago que parecía de leyenda. Hizo descender el helicóptero cerca y la invitó a seguirlo.
–Vamos.
Sakura comprendió que Sasuke había estado allí muchas veces y no era para menos, pues el lugar era increíble. Se trataba de un entorno mágico, parecía sacado de una película, pero era real.
–Qué bonito –comentó Sakura.
–El agua está helada, así que no te vayas a meter, que no quiero tener que tirarme a por ti.
Sakura se rio. Lo cierto era que le hubiera encantado meterse en aquella agua helada para ver si, así, el calor que sentía por todo el cuerpo se calmaba.
–No hemos hablado de aquello –comentó Sasuke tirando una piedra al agua.
–¿De qué?
–De la llamada telefónica.
Sakura se sonrojó.
–Sabes perfectamente que quieres volver a acostarte conmigo – anunció Sasuke tomándola del mentón y obligándola a mirarlo–. Así que tienes que elegir entre pasar aquí la noche o volver a la finca en helicóptero. Te advierto que en la cabaña solo hay una cama y no es muy grande.
Sakura sintió que la cabeza le daba vueltas, así que elevó la mirada al cielo.
–Creo que va a haber tormenta, así que será más seguro quedarnos aquí.
–Nada de tormentas, Sakura, nada de excusas. Quiero sinceridad – le advirtió Sasuke acercándose–. ¿Quieres pasar otra noche conmigo o no?
Sakura sintió que era presa de la más grande excitación.
–¿Qué tipo de pregunta es esa?
–Contesta.
Sakura lo miró fijamente.
–Está bien, vamos a la cabaña.
–¿Estás segura?
–Sí –contestó Sakura, que sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
Estaba harta de luchar contra sus propias necesidades. Sasuke sacó lo que necesitaban del helicóptero y volvió a su lado mirándola a los ojos, sintiendo que el corazón le latía aceleradamente.
–Prométeme que solo será esta noche y ya está. Nada más. Cuando volvamos al mundo civilizado, volveremos a ser quienes somos, volveremos a ser solo amigos. Es la única condición que te pongo para que la fantasía se pueda hacer realidad.
–¿Por qué te empeñas en querer controlarlo todo?
–Yo no me empeño en...
–No podemos darle la espalda a lo que hay entre nosotros. Ser amigos, que es lo que tú has propuesto, no está funcionando.
–Una noche.
–La noche entera –negoció Sasuke–. No solo una vez y nos vamos a dormir. Quiero, literalmente, la noche entera –añadió, temiendo que ni siquiera eso fuera suficiente.
–¿La noche entera? –repitió Sakura mojándose los labios con la lengua.
Dios mío, aquello iba a ser impresionante. Sasuke se acercó y se dio cuenta de que a Sakura se le había acelerado la respiración y estaba temblando. Sí, definitivamente, ella también estaba excitada ante la noche que tenían por delante. Era la única manera que tenían de agotar lo que había entre ellos. Tras una noche de pasión, podrían irse tranquilos.
Sakura se dio cuenta de que estaba a punto de tener un orgasmo y no habían hecho nada, solo hablar de que iban a pasarse la noche practicando sexo.
Sasuke la llevó hasta la cabaña, que resultó ser un lugar pequeño y coqueto.
–¿Vienes aquí a menudo acompañado? –le preguntó Sakura.
–No, te aseguro que no –contestó Sasuke sonriendo–. Voy a encender la chimenea.
Sakura pensó que a ella no le hacía falta más calor, ya tenía suficiente en su interior. Se quitó las botas mientras Sasuke encendía el fuego.
–Esta cabaña la diseñé yo –contestó Sasuke carraspeando–. Y la construí con mis propias manos. Nunca he traído a nadie aquí. Me gusta estar solo, disfrutar de las vistas. Aquí hay paz.
–¿Y mi presencia aquí no rompe esa paz?
–Tú eres parte de la fantasía –sonrió Sasuke–. Ven a ver atardecer –la invitó tendiéndole la mano para subir al segundo piso.
Allí había una cama sencilla, no muy grande, era cierto. A diferencia de la planta baja, que era toda de cristal, allí solo había una ventana. Lo que se veía a través de ella parecía un cuadro.
–Debe de ser increíble estar aquí cuando llueve –comentó Sakura.
–Sí –contestó Sasuke sacando algunas sábanas del armario y comenzando a hacer la cama.
Sakura no sabía si sentirse insultada porque todavía no se hubiera abalanzado sobre ella o halagada de que se estuviera preocupando de su bienestar y su comodidad.
–Ya te dije que no era una cama muy grande –comentó Sasuke.
Sakura se quedó mirándolo mientras hacía la cama. Le sudaban las palmas de las manos.
–¿Te ayudo? –se ofreció cuando ya no pudo más.
La impaciencia la estaba matando.
–Almohadones –pidió Sasuke.
Sakura se giró y vio que en el armario había diez o doce.
–Vaya, te gustan las almohadas, ¿eh? ¿Duermes abrazado a una? –bromeó.
Sasuke sonrió.
–Dentro de un rato, te enseñaré un par de cosas para las que resulta muy útil tener un par de almohadas a mano –le prometió en un tono de voz que no dejaba lugar a dudas–. Pero antes vamos a comer algo.
¿Comer? ¡Debía de estar de broma! ¿Era una manera de torturarla?
–No tengo hambre –declaró Sakura.
Quería acción, quería librarse del deseo que la perseguía desde hacía tanto tiempo, quería quemar el recuerdo de aquella noche, así que comenzó a desabrocharse la blusa. Sasuke se quedó mirándola un momento, pero luego, para alivio de Sakura, se acercó. Sakura sonrió creyendo que iba a unirse a la fiesta, pero Sasuke se limitó a alargar el brazo para agarrar una linterna que había en la mesilla. Sakura se quedó mirándolo estupefacta.
–Por favor, no pares –le pidió él–. La última vez, no pude verte desnuda.
Oh, no, no podía hacerlo.
Sasuke sonrió y, entonces, Sakura vio que estaba sudando y comprendió que estaba tan nervioso y deseoso como ella, lo que le dio valor.
–Solo si tú haces lo mismo –le propuso.
–¿Quieres que me desnude para ti? –le preguntó Sasuke visiblemente excitado.
–Sí –afirmó Sakura con rotundidad mientras dejaba que la blusa cayera al suelo–. No pienso seguir hasta que tú no hayas empezado.
En un abrir y cerrar de ojos, Sasuke se había quitado la camiseta, la había tirado al suelo y se había desabrochado los vaqueros. Menos mal que no se había quitado también los calzoncillos. A Sakura le encantó poder fijarse en cómo le marcaban sus atributos.
–Es todo para ti –murmuró Sasuke siguiendo su mirada–. Mira, mira cómo me pones.
Sakura lo estaba viendo claramente y lo quería todo dentro de ella.
–Te toca –la invitó Sasuke.
Sakura se quitó los vaqueros y los calcetines, pero se dejó la ropa interior.
–Encaje –murmuró Sasuke–. ¿Te gusta la caricia de la tela?
–Sí, pero prefiero las tuyas –contestó Sakura acercándose a él.
Pero Sasuke dio un paso atrás.
–No, no –le dijo–. Esta vez no va a ser rápido.
Sakura lo necesitaba ya, necesitaba un orgasmo liberador. Se mojó los labios. Estaba muy excitada y, a juzgar por el tamaño de los calzoncillos de Sasuke, él también. Sakura avanzó hacia la cama y, mientras lo hacía, se quitó el sujetador. Una vez sentada, se liberó de las braguitas y se tumbó completamente desnuda sobre el colchón, retándolo.
Sasuke, que la estaba mirando atentamente, dejó de sonreír. Sakura se alegró, pero se sorprendió al ver que volvía a hacerlo, que volvía a sonreír.
–¿De verdad no has pensado en hacerte actriz, Sakura? –le preguntó tomándola de la mano y tirando de ella para que se sentara.
–¿Cómo?
¿Por qué no se tumbaba encima de ella de una vez?
–Mira –le indicó Sasuke señalando la ventana.
Había anochecido y el cristal, completamente oscurecido, se había convertido en un espejo.
–Nadie nos ve, no hay nadie en varios kilómetros a la redonda – le aseguró Sasuke besándola por todo el rostro menos en la boca–, pero nosotros sí nos vemos, tú puedes verlo todo, puedes mirar –le sugirió poniéndose de espaldas a la ventana y arrodillándose ante ella.
Sakura ahogó una exclamación. Se veía absolutamente todo.
–Pantalla tamaño real –bromeó Sasuke mientras la besaba por el cuello.
–Sasuke... –suspiró Sakura.
–La linterna se va a quedar encendida –le anunció–. Toda la noche. Quiero que esta vez te quede claro que soy yo.
–Lo sé perfectamente –le aseguró Sakura.
–Toda la noche –insistió Sasuke comenzando a besarla por el escote, entre los pechos y por la tripa.
Sakura miraba su reflejo en el cristal y la excitación iba en aumento. Sintió que los huesos se le derretían y que se convertía en una muñeca de trapo con la que Sasuke podía jugar a su antojo.
–Nunca había visto una película así –jadeó.
–Pues ya iba siendo hora –contestó Sasuke acariciándole los pechos.
–Sakura Haruno, la estrella porno.
–Sakura Haruno, la última tentación –contestó Sasuke acariciándole un pezón–. ¿Es la primera vez que ves a un hombre dándole placer a una mujer? –le preguntó elevando la mirada hacia ella.
–Oh, Dios mío...
–Mira lo que te voy a hacer.
–Oh.
Sakura siempre había practicado sexo con la luz apagada y bajo las sábanas, pero la nueva experiencia, sentirse completamente expuesta, le estaba encantando. Aquello de tener a un hombre como Sasuke arrodillado ante ella, haciéndole todo tipo de cosas para hacerla disfrutar era increíble.
Sasuke deambuló con la boca por su tripa mientras le acariciaba las caderas con las manos y sonrió cuando Sakura se estremeció.
–¿Estás entrando en calor? –le preguntó.
–Quiero más –contestó ella.
–Impaciente.
Sakura siguió mirando, mirando y sintiendo. Sasuke estaba completamente entregado, había vuelto a subir a sus pechos y los estaba lamiendo con deleite.
–Sabes que estoy dispuesto a hacerte cualquier cosa que te guste –le recordó.
Sakura no podía más, se llevó las manos a los muslos y presionó para intentar calmar su deseo. Necesitaba sentirlo dentro. Sasuke se quedó mirando sus manos, sus dedos, cómo se movían y colocó las suyas encima. A continuación, le separó las piernas un poco más para poder verlo todo.
Sakura gritó su nombre cuando se inclinó sobre ella y le dio un lengüetazo entre las piernas.
–Vuelve a decirlo –le dijo él.
Sakura repitió su nombre y Sasuke le regaló otro lengüetazo.
–Otra vez –la instó.
Cuando Sakura así lo hizo, introdujo dos dedos en su cuerpo. Sakura volvió a gritar de placer. Sasuke la observaba excitado.
–Grítalo –le pidió apretando los dientes.
–Sasuke –gritó Sakura.
Sasuke se echó hacia delante, hacia ella, y disfrutó de su orgasmo, que llegó mientras Sasuke seguía acariciándola y lamiéndola entre las piernas. Sakura echó la cabeza hacia atrás y lo dejó hacer mientras sentía oleadas y oleadas de sensaciones.
–Te quiero a ti –le rogó cuando su lengua y sus dedos no le parecieron suficiente.
–¿Qué quieres de mí? –le preguntó Sasuke deslizando sus dedos por su centro húmedo.
–Lo sabes perfectamente –contestó Sakura.
–Quiero oírtelo decir.
Sakura se apretó contra su mano.
–Quiero que me penetres tan fuerte que mañana no pueda andar –rugió.
–¿Tan fuerte? –insistió Sasuke.
–Y más –insistió Sakura, que lo quería todo.
Pero Sasuke no se tumbó sobre ella, como esperaba. Se irguió, se quitó los calzoncillos y se puso un preservativo.
–¿Quieres que te ayude? –se ofreció Sakura.
–No, gracias. Si me tocas, me voy –contestó Sasuke.
Luego, se colocó a su espalda para que los dos quedaran reflejados en el cristal y pudieran verlo todo, puso a Sakura a cuatro patas y se colocó entre sus rodillas. Sakura sintió su erección.
–Oh –gimió.
–Mira.
Sakura giró la cabeza y volvió a gemir ante la erótica imagen que le devolvió el cristal. Sus miradas se encontraron en el reflejo. Sasuke la agarró con fuerza de la cintura y la empujó para que elevara un poco las caderas.
Sakura así lo hizo.
–No te pierdas nada –la apuró Sasuke.
Luego, se echó hacia atrás y la colocó sobre él para, a continuación, comenzar a penetrarla. Sakura no podía apartar la mirada del cristal, le estaba encantando sentir que la empalaba y verlo a la vez, ver cómo su cuerpo recibía y se tragaba la erección de Sasuke una y otra vez, una y otra vez.
Sakura gritó de placer cuando Sasuke deslizó una mano desde su cintura y entre sus piernas para masturbarla mientras la penetraba. Volvió a gritar cuando Sasuke le agarró un pecho con la otra mano y comenzó a apretarle el pezón.
Intentó controlarse, pero fue imposible. Sus miradas volvieron a encontrarse. Se habían convertido en dos seres completamente desinhibidos.
–Sakura –le dijo Sasuke dándole la vuelta.
Sakura lo miró mientras se erguía, le separaba las piernas y se tumbaba sobre ella. Lo recibió abriendo bien las piernas y basculando la pelvis hacia delante. Sasuke siguió penetrándola una y otra vez, dándole placer, pero para Sakura nada era suficiente, gritaba de placer, pero seguía queriendo más.
–Eres insaciable –rugió Sasuke.
–Lo quiero todo, absolutamente todo –declaró Sakura sin ningún tipo de vergüenza.
Así que Sasuke echó la cabeza atrás y la penetró con más fuerza que nunca. Aquello no era fantasía, aquello era real, completamente real. Sasuke se había descontrolado, como ella, y le estaba encantando verlo así.
El sudor corría entre sus cuerpos, que se deslizaban uno sobre el otro, generando todavía más calor. La velocidad y la potencia de las embestidas era tremenda y Sakura se dio cuenta de que, aunque no quería que terminara nunca, no iba a aguantar mucho más.
Sasuke juró en voz alta mientras Sakura gritaba a pleno pulmón. Un rato después, lo único que se oía era la respiración entrecortada de Sasuke y los latidos desaforados de su corazón. La estaba aplastando, pero le daba igual.
–¿Puedes respirar? –le preguntó él apartándose.
–Más o menos –contestó Sakura, dándose cuenta de que le dolía la garganta de tanto gritar.
–Espero que no te arrepientas de lo que acabamos de hacer porque ha sido la experiencia más increíble de mi vida –le advirtió Sasuke.
Sakura asintió.
–Ha sido mejor que la primera vez –recapacitó Sasuke negando con la cabeza–. Ahora lo único que quiero es volverlo a hacer. Muchas veces. Muchas veces más –añadió tumbándose de espaldas y mirando al techo–, pero primero tengo que recuperar fuerzas.
–Solo esta noche –le recordó Sakura.
  
Continuará...

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