sábado, 4 de enero de 2014

EL HARÉN DE LA TÍA TSUNADE cap 2


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)


El Harén de la Tía Tsunade
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Capítulo Dos

El sábado, tres días después, Sakura se relajaba en el asiento de primera clase de un vuelo de Wyoming a Florida. Nunca en su vida había volado en primera clase, pero el abogado le había explicado que en las condiciones del testamento de su tía se incluía un pasaje en primera clase para que Sakura asistiera al funeral, lo cual sonaba exactamente como algo que haría tía Tsunade. El acolchado del asiento era más confortable, tenía más espacio para mover las piernas y no estaba aplastada entre dos caballeros corpulentos con problemas de flatulencia… ¡Ah sí, ésta era la manera de volar!

Lástima que no fuera por una circunstancia más feliz.

Siempre había amado a tía Tsunade, o la Asombrosa Tía Tsunade, como le gustaba que la llamaran. Tía Tsunade siempre contaba las mejores anécdotas, compraba los mejores regalos de Navidad y de cumpleaños, y la llevaba de paseo a parques de atracciones y conciertos de rock cuando venía de visita. Los padres de Sakura habían muerto hacía cinco años, uno tres semanas después del otro, y tía Tsunade había sido quien le había dado la fuerza necesaria para superar aquel terrible momento.

¿Cómo podía haber fallecido alguien con tanto entusiasmo por la vida? Sólo tenía cuarenta y seis años.

Al menos había sido rápido. Un paro cardiaco. Ni siquiera sintió ningún dolor, le había dicho el abogado.

Sakura se secó una lágrima de los ojos mientras recordaba a aquella mujer bonita y vivaz, que era la persona más dulce y amable que hubiera conocido nunca, una que entendía la importancia de un amplio espacio para las piernas y de la ausencia de flatulencia.

 

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 No podría ni siquiera comenzar a contar la cantidad de gente que asistió al funeral. La única pariente viva de tía Tsunade, aparte de Sakura, era su hija Anko, quien no había heredado nada de la calidez o del sentido de la aventura de su madre. Pero la tía Tsunade tenía más amigos cercanos que la mayoría de la gente tenía conocidos y en esa soleada mañana estaban todos sentados en el parque.

Un hombre alto que usaba una camisa de vestir de un vivo color verde subió al estrado y se aclaró la garganta.

—El año pasado, mi querida cliente Tsunade Mitarashi me dijo que no tenía intenciones de morirse hasta lograr la marca mundial como la zorra cascarrabias más vieja sobre la faz de la tierra.

Algunas personas se rieron, pero la voz del hombre se quebró cuando continuó hablando.

—Lamentablemente, no llegó a realizar su propósito. Y aunque la perdimos demasiado pronto, vivió una vida plena, una vida feliz y estoy seguro de que querría que celebráramos la vida que vivió, antes que lamentarnos por su fallecimiento. Aunque no tenía planes de dejar este mundo en un futuro cercano, también era una convencida partidaria de estar preparada para cualquier eventualidad, y me dejó esta declaración para ser leída en su funeral.

Comenzó a leer de una hoja de papel:

—“Borrar esas expresiones melancólicas de vuestras caras o regresaré para atormentar a cada uno de vosotros. Sabéis perfectamente bien que no voy a tolerar a una panda de llorones haciendo pucheros en mi funeral. Eso va por ti, Shizune”.

Una mujer que sollozaba en la primera fila forzó una sonrisa a través de las lágrimas.

—“Dado que estoy pagando por esta juerga, espero que todos vosotros la disfrutéis. Y que el discurso no se haga eterno, a nadie le gusta aguantar ese condenado asunto hasta el final. Os amo muchísimo a todos y os veré al otro lado”.

El hombre hizo un gesto y la banda comenzó a tocar “Don't Worry, Be Happy”.



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Sakura se hallaba sentada frente al escritorio del abogado. Anko estaba sentada a su lado, con el delineador de ojos corrido. Había sido la única persona en el funeral vestida de negro.

Anko se parecía a su difunta madre en muchos aspectos. Pero carecía del cabello rubio de tía Tsunade y no tenía la misma chispa. Incluso de pequeña, Anko sólo había sido feliz cuando Sakura estaba triste. Al parecer, se parecía a su padre, si bien Sakura nunca lo había conocido y tía Tsunade raras veces hablaba de él.

Itachi Uchiha, vistiendo aún su camisa verde brillante, estrechó las manos de cada una.

—Estoy seguro de que saben que ustedes dos son las únicas familiares con vida de Tsunade Mitarashi y, excluyendo varias donaciones sustanciales a diversas entidades benéficas, son las únicas beneficiarias en su testamento.

—¿Cuán sustanciales? —preguntó Anko.

—Exactamente diez millones de dólares en total.

Sakura se quedó con la boca abierta. Sabía que tía Tsunade poseía montones de dinero. La mujer tenía una visión escalofriante para las inversiones y ya en un principio había comprado acciones de un par de compañías a las que les había ido extremadamente bien, pero ¿diez millones de dólares? ¡Dios Bendito!

Anko hizo una mueca de dolor, como si la hubieran golpeado.

—¿Donó tanto dinero?

—Sí.

—Vaya... joder, espero que sepan valorarlo.

—Estoy seguro de que lo harán. Señora Mitarashi, le ha dejado, descontando impuestos, la suma de exactamente un millón de dólares.

Anko resopló.

Es bueno saber que para ella esas obras de beneficencia eran diez veces más importantes que su propia hija.

Sakura quería golpearla en la cabeza y gritarle: ¡De qué demonios te estás quejando! ¡Eres una jodida millonaria! Pero se imaginó que eso sería inapropiado.

—Señora Haruno, le ha dejado, descontando impuestos, la suma de exactamente cien mil dólares.

A Sakura se le aflojaron las piernas. Podría tomarse unas vacaciones de verdad. Podría mudarse a un apartamento adecuadamente insonorizado.

—Además, mi cliente le ha dejado a usted su casa y todas sus posesiones materiales, y ha establecido un fondo de inversiones que cubrirá todos los gastos relacionados con el mantenimiento de esta propiedad.

¿Qué? —Demandó Anko—. ¿Ella se queda con la casa? ¡La casa vale más de lo que me toca a mí!

—Tiene toda la razón —dijo el señor Uchiha, asintiendo con la cabeza—. Es una lástima.

—Y una mierda. Yo soy su hija.

—Los términos del testamento son muy claros.

—¿Ah sí? Bueno, esto no se queda así. Voy a contratar a un abogado.

—Esa es una buena idea —dijo el señor Uchiha—. Con el millón de dólares que ha recibido debería ser capaz de contratar un excelente abogado.

Anko se puso de pie y salió de la oficina hecha una furia.

El señor Uchiha le sonrió a Sakura.

—Su tía estaba en lo correcto, tenía una sobrina que es una mujer encantadora.

Sakura sintió que se sonrojaba.

—Gracias. Quiero decir, sé que sólo lo dice por decirlo, pero gracias.

—¿Alguna vez ha tenido la oportunidad de visitar la casa de su tía?

Sakura negó con la cabeza.

—Me enteré de que se había mudado a un nuevo lugar hace más o menos un año, pero nunca llegué a conocerlo. Siempre que nos encontrábamos, ella acudía a verme. Le gustaba viajar.

—Sí, le gustaba —dijo el señor Uchiha—. Era mi cliente preferida… una de mis mejores amigas. Realmente voy a extrañarla.

Se quedó contemplando su escritorio durante un largo momento, pero luego se enjugó los ojos y sonrió.

—Obviamente, hay que realizar una tremenda cantidad de tedioso papeleo legal, y de hecho, durante varios días hábiles, no le será posible tomar posesión de la casa.

—Oh, está bien —dijo Sakura—. De hecho, mi vuelo de regreso a Wyoming sale en más o menos tres horas, así que de todos modos no puedo quedarme.

—Qué pena. No obstante, estaría encantado si me permitiera llevarla al aeropuerto; si está interesada, podemos pasar frente a su nueva casa.

 

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 —¡No puede ser! —dijo Sakura, clavando una mirada atónita en la inmensa mansión blanca—. No puede ser ésta.

—Realmente lo es. Y eso sólo es la cochera… espere a ver la casa propiamente dicha.

Sakura lanzó una carcajada.

—Esto es increíble.

—Sí, así es —dijo el señor Uchiha. Luego frunció el ceño—. Te das cuenta de que sólo estaba bromeando, ¿no es así? Eso no es la cochera. Es la casa propiamente dicha.

—Ya me parecía.

—Bien.

El lugar era absolutamente increíble. Era más grande que el Wal-Mart que había cerca de su casa. Tenía una fuente enorme en el jardín delantero, e incluso algunos arbustos podados con formas de animales, incluyendo un oso, un elefante y un flamenco. Sakura sencillamente no podía creer que tía Tsunade había vivido en un lugar tan bonito… y que lo había heredado ella.

Increíble. Completamente increíble.

 

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 Sakura había hecho muchas cosas difíciles en su vida, pero el presentar en el trabajo su nota de preaviso de renuncia con dos semanas de anticipación no fue una de ellas. No obstante, tras recibir su renuncia por escrito, Orochimaru procedió a vomitar en la papelera y Sakura accedió a quedarse una semana más.

Sabía que tarde o temprano tendría que vender la mansión de tía Tsunade. Probablemente sería más bien pronto. Pero la idea de vivir en ese lugar, aunque sólo fuera durante un breve período, era demasiado excitante como para dejarla pasar. Viviría como una reina durante un tiempo, y luego regresaría a la realidad.

—¿Qué realidad? —preguntó Ino mientras ayudaba a Sakura a meter en cajas toda la basura que había ido acumulando—. Aquí no existe ninguna realidad. ¡Eres rica! Deja de actuar como si la próxima semana fueras a estar trabajando de camarera.

—No estoy actuando de ese modo —insistió Sakura—. Sucede sencillamente que no quiero dejarme llevar por el entusiasmo, eso es todo.

—Sakura, te marchas de aquí para ir a vivir a una mansión. Tu mansión. Tu mansión, con todos los gastos pagados. Las cosas ya están en movimiento, sólo necesitas relajarte y disfrutarlo.

—Tengo la intención de hacerlo.

—Muy bien. Ah, y por favor, recuérdame como la amiga que estuvo siempre a tu lado y no como la amiga que te arregló citas con todos esos perdedores.

—No te preocupes. Tan pronto como esté instalada, te enviaré un billete de avión.

—No puedo esperar. Me alegro tanto por ti. ¡Vamos a pasarlo estupendamente bien!

 

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Un mes después del funeral de tía Tsunade, Sakura estaba de pie frente a las puertas dobles de la mansión.

Era suya. Toda suya. Increíble.

Hizo sonar el timbre. Un momento después se abrió una de las puertas dejando ver a un caballero mayor, alto y delgado, vestido con un traje negro.

—Ah, señora Haruno. Bienvenida a su nueva casa. ¿Desea pasar?

Sakura simplemente se quedó allí parada, contemplando impresionada el inmenso vestíbulo. Suelos de mármol, una escalera de caracol, jarrones, estatuas sin brazos que parecían muy caras… era demasiado como para asimilarlo todo de una vez.

—¿Señora?

—¿Eh?

—Pase, por favor.

—Ah. Vale. —Sacudió la cabeza de un lado al otro para despejarla—. Lo siento, es que me encuentro un poco abrumada. No tenía idea de que este lugar sería… de tan considerables proporciones.

—Eso es perfectamente comprensible, señora.

Se limpió los zapatos en el felpudo y entró. Con elegancia, el hombre cerró la puerta detrás de ella.

—Su abrigo, señora.

—¿Incluso tengo aquí servicio de guardarropas?

—Sí señora. Como su mayordomo, le brindaré numerosos servicios, incluyendo el de guardar su abrigo.

—Mi mayordomo. ¡Oh, Dios mío! —El señor Uchiha le había hablado de eso, pero todavía no se lo había creído del todo—. Es usted Maito Gai, ¿verdad?

—Eso es correcto, señora.

—¡Y tiene acento británico! ¡Qué estupendamente genial!

—Sí, señora. Durante mis años de formación en Gran Bretaña lo encontré extremadamente conveniente.

Sakura se dio cuenta de que estaba poniéndose en ridículo.

—Lo siento, sucede que me siento un poco aturdida —dijo, dejando que la ayudara a quitarse el abrigo—. Nunca en mi vida soñé que un día tendría un mayordomo.

—Bien, señora, espero estar a la altura de todas sus expectativas y que estime pertinente mantener mis servicios.

—Oh… Estoy segura de que lo haré. Quiero decir, tía Tsunade lo contrató ¿no es cierto?

—Así es. Era una mujer encantadora. Seguramente no tengo que decirle que se la echa mucho de menos.

—No, no tiene que hacerlo. Quiero decir, sí, ella lo es. Era. Se… la echamos de menos. Lo siento, aún me distraen las estatuas.

—¿Le gustaría hacer un recorrido?

—Oh, sí, por favor.

—Por aquí, señora.

Con cada habitación, Sakura se encontraba más y más atónita. El comedor era más amplio que todo su apartamento. La cocina parecía lo suficientemente grande como para servir a un restaurante completo, y tenía su propio chef gourmet. Había una biblioteca, una piscina climatizada, un sauna, una sala de esparcimiento con máquina de pinball, mesa de billar y hockey-mesa, una cancha de tenis, una habitación llena con más o menos cuatro docenas de pufs multicolores, y otras muchas habitaciones, más de las que podría recordar siquiera en una primera visita.

Sólo los baños eran lo suficientemente lujosos y amplios como para constituir un sitio perfectamente apto para disfrutar unas vacaciones durante dos semanas.

—Esto es absolutamente asombroso —dijo Sakura—. ¿Cuánto se tarda en pasar la aspiradora en este lugar?

—Menos tiempo del que podría pensarse —le informó Gai—. Tenemos una aspiradora magnífica.

La guió a través de varias habitaciones más y luego la condujo por un largo corredor que finalizaba en una puerta de madera de caoba. Frente a la puerta, vaciló, obviamente un tanto incómodo.

—¿Hay algún problema? —preguntó Sakura.

—Este lugar que veremos a continuación era la parte favorita de su tía en toda la casa —le dijo.

Sakura asintió.

—Debe ser difícil estar en un lugar que era tan especial para ella.

—Bueno, sí. Pero no exactamente. Verá usted, su tía era una mujer apasionada, con un gran fervor e incomparable entusiasmo por la vida.

—Lo sé.

—Y este entusiasmo se extendía a todas las áreas de su vida, si sabe lo que quiero decir.

—Lo sé —dijo Sakura—. Tenía una gran variedad de intereses.

—Sí. Estaba particularmente interesada en, cómo decirlo… en el placer. Del tipo físico. Extremadamente físico.

Sakura sintió que se ruborizaba.

—¿Se refiere al sexo?

—Sí, al sexo. Me alegra que lo haya dicho, porque eso es exactamente lo que quería decir. Sexo. Le encantaba el sexo.

¿Por qué estaba Gai tan incómodo? Aunque Sakura había pasado con éxito su vida entera hasta este punto sin imaginarse a su tía teniendo relaciones sexuales, tía Tsunade era una mujer atractiva y saludable. Ciertamente no había razón para que se ciñera un cinturón de castidad después de su divorcio.

—Así que, ¿qué hay en ésta habitación? —preguntó ella.

—El harén, señora. 

Continuará... 

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