Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Cuatro
–¡Y ahora, señores y señoras, el momento que todos
ustedes estaban esperando! –exclamó Sakura con una gran sonrisa, disfrutando enormemente
del momento en el que se echó a un lado para permitir que los aficionados
entraran en la cueva en la que se había rodado la escena final de la película.
El grupo gritó de alegría y entró.
Habían pasado cuatro semanas y media, pero ahora
los días iban pasando más deprisa, claro que sí. Estar muy ocupada en el trabajo
la estaba ayudando. Había empezado haciendo salidas de un día, pero ahora ya
estaba de tres a siete noches fuera de casa. Eso estaba bien porque ser
responsable del bienestar de diez o doce personas las veinticuatro horas del
día significaba que apenas tenía tiempo para regodearse en lo que podría haber
pasado.
–¡Oh, Dios mío, esto es increíble!
–¡Qué genial!
–Por fin, no me puedo creer que esté aquí...
Sakura sonrió mientras tomaba fotografías a los
turistas, que posaban encantados delante de una roca enorme que se había utilizado
en la penúltima escena de la película.
Sí, a ella también le gustaría bailar en la casa de
Sonrisas y lágrimas si alguna vez fuera a Salzburgo y le encantaría ir a
Tifanny’s y desayunar con la nariz pegada al escaparate... así que comprendía perfectamente
a las personas a las que acompañaba y quería que tuvieran la experiencia de sus
vidas, que les mereciera la pena el viaje.
–Muy bien, a ver, un momento... premio para el que
sepa la respuesta a esto –les dijo citando una de las parrafadas menos conocidas.
Un hombre del grupo dio un paso adelante y contestó
acertadamente, recitando el alegato final del protagonista. Sakura continuó con
la escena, pues sentía curiosidad por saber hasta dónde se había aprendido la
película aquel hombre. Tal y como había sospechado, el aficionado se la sabía
entera. Cuando terminaron, el grupo aplaudió con entusiasmo. Sakura se rio,
agarró a su compañero de reparto de la mano y ambos hicieron una reverencia.
Aquel era el mejor trabajo del mundo.
–Muy bien, os dejo un cuarto de hora aquí. Yo me
voy al autobús a buscar el premio de Kiba –les dijo.
Una vez fuera de la cueva, comprobó que la lluvia
había cedido un poco, pero se preparó para correr hacia el autobús.
–¿Y decías que no querías ser actriz? –le dijo
alguien al oído.
Sakura dio un respingo y sintió que el corazón
comenzaba a latirle aceleradamente.
–Sasuke –murmuró girándose–. ¿Qué haces aquí?
–Estaba visitando la cueva. Qué coincidencia, ¿eh?
Aquello no convenció a Sakura.
–Eres increíble –prosiguió él–. Los tienes
completamente entregados. Aunque esté lloviendo, están encantados.
–No soy yo –le aseguró–. Es porque les gusta mucho
la película. Da igual lo que yo haga, a ellos les basta con estar aquí.
–No, de eso nada. Tú eres una parte muy importante
de todo esto. Además, tienes mucha paciencia y nunca te niegas a hacerles fotos.
Eso quería decir que llevaba un buen rato
observándola. Sakura se rio.
–En realidad, estoy un poco harta de tantas fotos,
pero disimulo –admitió–. Además, siempre hay uno o dos clientes difíciles.
–Uno o dos clientes que se quieren acostar contigo.
–Eso no es cierto –contestó Sakura sonrojándose.
–Ese tal Kiba no te quitaba los ojos de encima.
–Estaba haciendo su papel –le explicó Sakura, que
no había permitido que el miembro del grupo terminara la escena de verdad, como
en la película, besándola.
–Te digo yo que le gustas –le advirtió Sasuke.
–Solo estaba siendo amable.
–A mí más bien me parece que está siendo bastante
directo.
–¿Como tú, tal vez? –le espetó Sakura, al ver que
se había acercado peligrosamente.
–Efectivamente. Yo estoy siendo muy directo para
que quede claro que no estás disponible.
Sakura miró atrás. No le hacía ninguna gracia la
posibilidad de que alguien del grupo saliera en aquel momento y la viera así.
–Tampoco estoy disponible para ti –le recordó.
–Eso prefiero olvidarlo.
–Este no es un buen momento –comentó Sakura.
–Es el momento perfecto –insistió Sasuke–. Les
acabas de dar un cuarto de hora. No tienes que volver hasta dentro de quince
minutos – añadió tomándola de la mano y conduciéndola por el aparcamiento hasta
debajo de unos árboles–. Quince minutos...
–Sasuke... –le advirtió Sakura, a pesar de que le
temblaban las piernas.
–¿Sabes lo guapa que estás? –le preguntó Sasuke en
un tono de voz que evidenciaba su deseo de comérsela de pies a cabeza.
Sakura se recordó que estaba en el trabajo y se
dijo que debía parar aquella locura.
–Me parece que vas a tener que ir a que te revisen
la vista.
Sasuke chasqueó la lengua.
–No, de eso nada. Veo muy bien. En realidad, tengo
rayos X en los ojos. Y veo por debajo de la ropa. Ahora mismo, te estoy viendo
las braguitas de encaje –suspiró–. Llevas braguitas de encaje debajo de los
vaqueros.
Sakura no pudo evitar sonreír. Todo aquello era de
lo más excitante.
–¿A que son de encaje? –le murmuró Sasuke al oído
mientras la tomaba en brazos.
–¿Qué haces?
–¿A ti qué te parece? –se rio Sasuke–. Llevo
semanas esperando para poder besarte de nuevo.
Sakura negó con la cabeza intentando no mirarlo a
los ojos. No debía volver a arriesgarse.
–No me puedes besar ahora, me correrías todo el
pintalabios.
Sasuke enarcó una ceja.
–Voy perfectamente maquillada y quiero estar bien
cuando el grupo salga de la cueva –insistió Sakura.
–Estás perfecta, créeme. Y, si no, que se lo
pregunten al tonto ese.
–Él lo que quiere es la camiseta de colección –le
explicó Sakura.
–Y lo que hay dentro, pero no lo va a tener porque
es mío – contestó Sasuke acariciándole las costillas.
Sakura sintió que se derretía y pidió al cielo que
la ayudara, porque se estaba excitando con aquellas palabras de cavernícola.
–Yo no soy el relleno de nada ni te pertenezco –le
advirtió–. Además, estoy trabajando.
Sasuke asintió lentamente y dio un paso atrás,
acariciándole la tripa. Maldición. El cuerpo de Sakura quería más, pero no se
lo podía permitir porque aquel hombre solo le acarrearía problemas.
–Será mejor que vuelva al autobús, pero gracias por
haber venido a verme. Me alegro de verte.
Sasuke sonrió ampliamente, como si su rechazo no le
hubiera importado.
Sasuke se sentía ridículamente satisfecho de sí
mismo por haberla encontrado. Le había llevado menos de cinco minutos hacerlo por
Internet y otros cinco tener listo un plan. La fase uno ya estaba completa. Sí,
ahora que había visto el brillo de sus ojos y el rubor de sus mejillas, sabía
que las fases dos y tres iban a ir como la seda.
No sabía si Gaara la había echado, pero él la había
dejado sola para que se pudiera lamer tranquilamente las heridas y había esperado.
Todo estaba en orden. Por eso, no le importaba
estar apoyado en su coche, mojándose, mientras el autobús salía del
aparcamiento.
A las nueve de la mañana del día siguiente, Sakura
llegó a la oficina más maquillada de lo normal para disimular los efectos de la
noche en vela que había pasado debido a su obsesión por Sasuke.
–¡Cuánto me alegro por ti! –gritó mirando a su
jefa, que estaba encantada.
–¡Yo también me alegro por mí! Y te quiero dar las
gracias.
–Esto no tiene nada que ver conmigo –contestó Sakura
mientras observaba el reportaje a todo color que una afamada revista de viajes le
había dedicado a la empresa.
–Por supuesto que tiene que ver contigo –rió Ino–.
Te mencionan en la mejor guía de viajes del mundo... ¿sabes que el grupo de alemanes del otro día ha creado una página en
Facebook a propósito del maravilloso viaje? Aunque lo que han hecho, básicamente,
es colgar fotografías tuyas por todas partes.
–No me lo puedo creer –contestó Sakura sonrojándose.
–Te viene fenomenal. Es publicidad boca a boca y
gratuita –le comentó su jefa–. Ya sabes que una imagen vale más que mil palabras...
¡y tú sales en todas! He creado un vínculo a nuestra página web, por supuesto.
Y a nuestro Facebook, claro.
–Nooo –contestó Sakura haciendo una mueca.
–Sííííí –le aseguró Ino–. Resultado: tenemos los
dos próximos meses reservados. Llenos. Y eso antes de que publicaran el
artículo – añadió–. Supongo que a muchos de nuestros clientes no les va a hacer
gracia que no seas tú la que los acompañe... –concluyó poniéndose seria.
–¿No voy a hacer yo el trabajo? –se extrañó Sakura.
Había trabajado fines de semana y festivos sin
poner ningún problema. No tenía vida privada ni la quería tener. Solo quería trabajar.
No pensar. No sentir. No Sasuke.
–No, no lo vas a hacer tú porque a ti te voy a
mandar a hacer otra cosa –anunció Ino emocionada.
–¿De qué se trata?
–Te vas a ir en misión de reconocimiento.
–¿Cómo?
–Sabes lo que es Arche, ¿verdad?
Por supuesto que Sakura sabía lo que era Arche,
una película sobre un dúo musical, con dos entregas de momento, rodada en Nueva
Zelanda. Le gustaba tanto que siempre la metía en sus excursiones y no fallaba,
siempre había un loco de Arche en el autobús.
–A lo mejor nos dejan entrar gratis –anunció Ino.
–¿Qué dices? –se sorprendió Sakura, que sabía que
nadie había conseguido entrar en aquel set de rodaje.
La isla en la que se había grabado se había
convertido en un exclusivo lugar de vacaciones para mega multimillonarios y no permitían
el acceso de los locos de las películas como ella.
–Están pensando en permitir que entre una agencia
de viajes y quieren que vaya uno de nuestros representantes.
–¿Y quieres que vaya yo? –gritó Sakura.
Ino asintió con vehemencia.
–Yo quiero que vayas tú y ellos quieren que vayas
tú. Por lo visto, hay un cliente misterioso que te ha recomendado fervorosamente.
Quieren que vayas y les des unas cuantas ideas, saber qué enseñarías si
llevaras a un grupo allí.
–Qué locura –contestó Sakura dejándose caer en una
silla–. Soy la novata. Es mejor que no vaya yo.
–No es ninguna locura. Te sabes las dos partes de
esa película de principio a fin... te sabes todos los diálogos. Te oí recitar
el otro día con un cliente. Sí, es verdad que eres la última que hemos contratado,
pero eres la mejor guía que hemos tenido nunca.
–Pero no puedo representaros. No se me da bien lo
de las ventas –comentó Sakura que, aunque había hecho muchos contratos en la
empresa de localizaciones, no se sentía preparada para negociarlos directamente.
–No te preocupes por eso. Yo me encargaré de los
detalles de los contratos y del dinero. De momento, lo que nos ofrecen es ir en
viaje de prospección para contarles cómo articularíamos un viaje con clientes
si nos permitieran hacerlo. Temen que, como desmantelaron el set de rodaje, ya
no haya mucho que enseñar.
Sakura puso los ojos en blanco.
–Ya, ya lo sé, ya sé que nuestros clientes darían
lo que fuera por pisar el mismo césped donde se rodó la película –dijo Ino–.
Solo tienes que llevarte una cámara, pensar en los aficionados y ya hablaremos
cuando vuelvas.
–¿No vienes conmigo? –preguntó Sakura sintiendo que
le sudaban las manos.
–Estamos en temporada alta y alguien se tiene que
quedar aquí. Este fin de semana, me haré cargo de tu grupo. Te confío esta
misión porque eres la mejor de la oficina y porque no quiero que te intente captar
la competencia... aunque no sé si eso lo voy a poder evitar... Ya sé que llevas
poco tiempo trabajando aquí, pero las dos sabemos lo mucho que te gusta tu
trabajo y lo bien que lo haces. Esto está yendo muy deprisa y va a crecer
mucho, ya lo verás, y te necesito a mi lado para que me ayudes a manejarlo.
Sakura no se podía creer que Ino le estuviera dando
una oportunidad así.
–¿En serio?
–En serio –asintió su jefa.
–Está bien, entonces. ¿Cuándo me voy?
Veinticuatro horas después, Sakura bajó del avión
en Queenstown. Llevaba sus vaqueros preferidos, camisa blanca, botas y el pelo recogido
en una cola de caballo. Había un hombre con un cartel con su nombre
esperándola. Cuando se acercó a él, le sonrió y le agarró la maleta.
–Rock Lee, he venido a buscarla –anunció
amablemente–. Las preguntas al jefe, ¿de acuerdo? Yo solo me ocupo de los
ciervos. Lo del hotel es cosa del jefe.
–De acuerdo –sonrió Sakura muy contenta.
De momento, se conformaba con ir a ver el lugar del
rodaje. Las preguntas podían esperar. Las montañas cubiertas de nieve le parecieron
majestuosas. No tardaron mucho en abandonar la carretera principal y tomar una
secundaria. El tiempo desapareció mientras Sakura seguía admirando las montañas
y el cielo. No era de extrañar que a la gente le gustara rodar películas allí.
Era naturaleza en estado puro.
Cuando vio la propiedad, se quedó sin habla.
–Es impresionante, ¿verdad? –le preguntó Lee.
Sakura asintió.
Lee aparcó en un lateral de la casa, donde había un
porche amplio y cubierto. A continuación, se bajó y le abrió la puerta. Sakura bajó
del vehículo sintiéndose como un ratoncillo que se había equivocado de lugar y
se había metido por error en la jaula de un león. Desde luego, aquella gente
jugaba en otra liga.
Mientras Lee volvía a montarse en el coche y se
alejaba, aparentemente deseoso de volver con sus ciervos, Sakura oyó que la inmensa
puerta de madera de la casa se abría y se giró con una gran sonrisa en el
rostro, pues quería dar buena impresión.
Pero, al ver lo que vio, se quedó con la boca
abierta como una tonta.
–Sakura Haruno –la saludó Sasuke alargando la mano
hacia ella.
–¿El cliente misterioso eres tú?
Sasuke sonrió.
–Pero si solo me viste trabajar cinco minutos.
–Más que suficiente. Es evidente que tienes un don.
–No intentes halagarme.
–¿Por qué lo iba a hacer cuando sé que eso no sirve
de nada contigo? Solamente estoy siendo sincero.
Sakura evitó
mirarlo a los ojos porque sabía que, si lo hacía, iba a empezar a reírse y no
quería ponérselo tan fácil.
–No pienso darte lo que quieres.
–¿Cómo sabes lo que quiero?
–Te lo veo en los ojos.
–Pero si no me estás mirando a los ojos.
Sakura los cerró y sintió un cosquilleo por la
piel. Estaba decepcionada y excitada a la vez y el flujo de sus pensamientos
iba a toda velocidad.
–Este sitio no es tuyo –comentó–. Es de un
guitarrista argentino.
–Naruto me lo vendió el año pasado y he pensado en
abrirlo a visitas guiadas –contestó Sasuke con total calma.
–Pero pediste que viniera yo.
–Porque eres la mejor guía. Eres creativa y quiero
que te ocupes tú porque se te da bien improvisar escenarios divertidos.
¿Escenarios divertidos?
–¿Eso es lo único que quieres de mí? –le preguntó
sonrojándose todavía más porque se sentía ridícula al haber dado por hecho
que...
–No, claro que no –contestó Sasuke–. También quiero
compartir sexo animal y salvaje contigo durante horas, hasta que no nos podamos
mover, pero quizás sea políticamente incorrecto por mi parte admitirlo –añadió
sonriendo.
Sakura carraspeó.
–Es mejor ser sincero, ¿verdad?
–Mmm.
Sakura no podía articular palabra, así que se
limitó a quedarse mirándolo fijamente. Era muy halagador pensar que aquel
hombre quisiera repetir con ella, pero temía que la segunda parte no fuera tan buena
como la primera, así que decidió que sería mejor no probar y, además, había ido
para trabajar.
–¿No crees que mezclar el trabajo con... esto... es
una mala idea?
–Soy perfectamente capaz de no permitir que mi vida
personal interfiera en mi vida profesional –le aseguró Sasuke encogiéndose de hombros–.
¿Y tú?
–Vaya, así que eres el señor perfecto, ¿eh?
–Me alegro de que me consideres así porque,
definitivamente, puedo ser perfecto para ti –murmuró Sasuke–. Por ejemplo, sé exactamente
lo que tengo que hacer para conseguir que te corras.
Sakura se apartó porque solo mirarlo la hacía
sentir un calor muy intenso en ciertas partes de su anatomía.
–¿Tienes calor? Estás muy roja –añadió
acariciándole la mejilla suavemente con el reverso de los dedos.
Aquella suave caricia le traspasó la piel a Sakura
y llegó hasta el núcleo de todas sus células, haciéndola elevar el mentón y dar
un paso atrás.
–Sí, la verdad es que tengo calor –admitió–. Creo
que lo mejor es que no te acerques tanto. Un cliente de la semana pasada tenía gripe
y, a lo mejor, me la ha pegado. Te lo digo en serio, no sabes qué gripe tenía.
–Me da igual –sonrió Sasuke.
–Sasuke...
–No te preocupes –dijo él elevando ambas manos–. No
te voy a tocar hasta que me lo pidas y, si insistes, no volveremos a hablar del
tema. Solo quería contarte mis planes para el fin de semana. Así, podrás
decirme si estás de acuerdo con ellos.
–He venido en nombre de mi empresa, en plan
profesional y por ninguna otra razón –le aseguró Sakura.
–Claro.
Dios mío, qué arrogancia, qué seguridad en sí
mismo... claro que tenía muchos motivos para actuar así.
–No pienso volver a liarme contigo –insistió Sakura.
–Claro –repitió Sasuke girándose–. Bueno,
empecemos.
Continuará...
CAPÍTULO 3 < -- . -- > CAPÍTULO 5
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