Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)
El Harén de la Tía Tsunade
.
Capítulo Cuatro
Perverso.
Perverso, perverso, perverso.
Sakura estaba en shock. ¡La querida, dulce y
adorable tía Tsunade… una completa pervertida!
Una completa pervertida con un condenado buen
gusto para los hombres, pero ese era un punto aparte. ¿Qué tipo de alma
retorcida mantenía a ocho tipazos encerrados en su casa? ¿Cómo podría siquiera manejar tal cantidad de hombres? ¿No
quedaba dolorida?
Ah, genial. Ahora se estaba imaginando a la
querida, dulce y adorable tía Tsunade con la entrepierna dolorida. Maravilloso.
Qué día tan agradable había resultado ser.
Echó un vistazo a los alrededores y se dio cuenta
de que estaba perdida.
Oh, bien. Necesitaba tiempo para pensar y vagar
sin rumbo fijo la llevaría a eso.
Tal vez la tía Tsunade no dejaba que la tomaran
todos al mismo tiempo. Después de todo, ¿no era uno para cada día de la semana
y dos para el domingo? Si los distribuías de esa manera, no era tan depravado
¿verdad?
Mierda, sí, lo era. ¡ Perverso, perverso, perverso!
Soez, sucio,
bajo, depravado, horrendo e
incluso grosero. Si tía Tsunade aún estuviera viva, Sakura habría exigido que
buscara asistencia médica.
Claro, que quizás este arreglo explicaba el
porqué siempre estaba tan alegre…
No, no, no. Tía Tsunade tenía un problema, claro
y simple, y aunque se sintiera mal por despedir a ocho de sus empleados, Sakura
no iba a permitir que esa clase de comportamiento continuara en su casa. Era
tiempo de que esos hombres se largaran, aprendieran habilidades para insertarse
en el mercado laboral y consiguieran verdaderos empleos.
Sin embargo, ese Sasuke de seguro era una monada.
Todos lo eran.
Sí, tía Tsunade podía haber sido una pervertida,
pero no se podía criticar su gusto. Sakura probablemente se habría decantado
por una variedad más amplia en su propia selección para el harén, pero…
—¿Señora Haruno?
Escuchó a Gai llamándola, pero no podía decir en
qué habitación estaba él. Avanzó a la siguiente estancia, que contenía varias
sillas y un piano de cola.
—¿Gai? ¿Puede oírme?
—Ah, aquí está —dijo Gai, entrando en el cuarto—.
Debo pedirle disculpas, señora. Su tía realmente amaba su harén y a sus
ocupantes, y habría querido que usted obtuviera tanta alegría de él como hizo
ella. Son caballeros muy agradables.
—Estoy segura de que lo son.
—Tenga la seguridad de que han sido debidamente
notificados y que desocuparán la propiedad dentro de muy poco.
—Bien.
—Me gustaría indicar que sus servicios no eran
completamente sexuales. Su tía aprovechaba a fondo de su acceso ilimitado a
varias opciones de masaje, de pies, de espalda, y demás.
—¿De verdad?
—Oh, sí —dijo Gai—. Por no mencionar otras
posibilidades. Su tía era una mujer muy creativa.
—Bueno, lo siento, pero supongo que no tengo esa
clase de creatividad.
—Pocas personas la tienen.
—¿Podría señalarme el teléfono más cercano?
—preguntó Sakura.
—Ciertamente, señora —dijo Gai, señalando hacia
una entrada detrás de donde Sakura estaba de pie—. Justo por allí.
—Gracias. —Ella entró en el siguiente cuarto, el
cual tenía un amplio sofá y la televisión más grande que hubiera visto jamás;
tomó el teléfono de la mesita de café, y llamó a Ino.
—¡Oye, no esperaba tener noticias tuyas tan
pronto! —dijo Ino—. ¿Cómo te va? ¿Cómo es la casa?
—La casa es asombrosa —le dijo Sakura—. No puedes
imaginarte todas las cosas que hay en esta casa.
—¿Como qué? Cuéntame.
—Bien, hay una piscina… dos, para ser más exacta.
—¿Dos piscinas? ¿Puedo mudarme allí?
—Y una cocina realmente grande —continuó Sakura—.
Un mayordomo y un chef…
—¿Un mayordomo? ¿Tienes un mayordomo?
—Ajá.
—¿Es un esnob?
—Sí, en efecto.
—¡No puedo creerlo! ¡Tienes un mayordomo esnob!
¡Es tan cool!
—Y un harén.
Hubo un largo silencio al otro extremo de la
línea.
—¿Dijiste un harén? —preguntó Ino.
—Sí.
—¿Quieres decir como el que tienen los jeques?
—Algo así.
—No te sigo —confesó Ino.
—Hay un área de la mansión donde tía Tsunade
mantenía a ocho hombres. Aún están allí. Creo que se supone que ellos, eh,
cumplen mis órdenes.
—¿De qué mierda estás hablando?
—Tía Tsunade tenía un harén de ocho esclavos
sexuales. Ellos esperan que yo los herede, como a las piscinas.
—¿Me estás tomando el pelo?
—No.
—¿Ocho?
—Ocho.
—¿Tienes a ocho hombres en tu casa en este mismo
momento?
—Seguro.
—¿Y están buenos?
—En extremo. Cualquiera de ellos podría estar en
la portada de una revista. Una buena revista, no como Fangoria o algo así.
—¡Mierda! —exclamó Ino—. ¿Ya te has acostado con
alguno?
—¡No dormiré con ellos! ¡Les dije que salieran
pitando de aquí!
—¿Estás poniendo de patitas en la calle a ocho
tíos que están como un tren?
—Claro que sí.
—¿Ni siquiera conservarás a uno o dos para uso
personal?
—¡Ino, eran los juguetes sexuales de mi tía! ¡No
los mantendré en mi casa!
—¿Estás segura de que no es una broma? Tu tía
tenía un buen sentido del humor. Recuerda, dijiste que en el entierro hizo que
su abogado leyera esa declaración sobre no andar con la cara larga y demás.
—No es una broma. Los tipos están aquí. Tienen
toda una gran ala… esto es… es…
—¿Un mundo de fantasía?
—¡No, es enfermizo!
—Escucha —dijo Ino—. Soy tu mejor amiga, y creo
que esto requiere de una segunda opinión. Así que, sólo deja las cosas del modo
en que están y volaré tan pronto como pueda para evaluar la situación.
—No dormiré aquí con ocho hombres extraños en mi
casa.
—No seas nenaza. Sólo enciérralos en sus jaulas.
—¿Sabes qué es lo más inquietante? Podrían tener
jaulas de verdad. Tía Tsunade podría haberlos tenido encerrados en jaulas como
animales. Detrás de una de esas puertas probablemente exista un calabozo
totalmente funcional. Creo que voy a vomitar.
—No vas a vomitar.
—Creo que sí.
—Para con eso. En este preciso instante, voy a
conseguir mi billete de avión, y luego te dejaré saber el curso más sabio de
acción, ¿de acuerdo?
—Los echaré, Ino.
—No lo hagas.
—Lo haré.
—Lo digo en serio. No los eches. O seré yo quien
te patee el culo si llego allí y ya no están.
—Entonces deberás estar aquí en los próximos
quince minutos, porque los tengo empacando sus maletas ahora mismo.
—No puedes ser una perra tan despiadada como para
privarme de la oportunidad de presenciar con mis propios ojos un harén de ocho
tíos. Nunca tendré la posibilidad de verlo otra vez. Jamás.
—Estás demasiado caliente.
—No estoy caliente. Soy curiosa.
—Eres demasiado curiosa.
—Prométeme que no te desharás de ellos hasta que
llegue.
—No.
—¡Prométemelo!
—Absolutamente no.
—Hablo en serio sobre darte una patada en el
culo. Esto no será un estirón de mechas cualquiera. Te patearé el culo. De
verdad.
—Ino…
—¡Prométemelo, frente!
Sakura suspiró.
—Vale. Pero no te demores.
—Estaré allí mañana.
—Bien. Te llamaré esta noche para saber tu plan
de vuelo.
—Muy bien. Intenta no joder con los ocho antes de
que llegue, ¿vale? Deja al menos a uno de ellos puro para mí.
—Eres divertidísima.
—¿Sí? Bueno, pues tú eres una enferma mental. ¡Te
veré pronto!
Sakura dijo adiós y colgó. Debería haber sabido
que Ino reaccionaría de esa forma. Esa muchacha probablemente mantendría un
harén ella misma si tuviera los medios financieros y los contactos apropiados
en el negocio.
—¿Gai? —llamó ella—. ¿Está por aquí?
—Aquí mismo, señora —dijo él, entrando en la
habitación momentos después.
—¿Existe algún modo mejor de llamarlo sin gritar?
—preguntó ella—. Parece tan maleducado.
Gai golpeteó sobre una pequeña caja blanca
asegurada a la pared junto al interruptor de la luz.
—Tenemos un sistema de intercomunicadores. Sólo
presione el botón y hable.
—Ah, bueno. Gracias.
—¿Desea que deje el cuarto para que pueda
llamarme otra vez de esa forma, señora?
—No. Puede decirle a los residentes del harén que
no necesitan irse hasta dentro de un par de días, así que pueden tomarse su
tiempo haciendo las maletas. ¿Tienen algo más para empacar, además de unos
pares de pantalones cortos?
—En realidad, señora, a cada uno de ellos se le
proporcionó un amplio vestuario.
—Sabe usted, voy a referirme a esto tan poco como
me sea humanamente posible, porque sigo escuchando cosas que desearía no saber.
Sólo infórmeles que no los estoy echando aún, pero que lo haré pronto, ¿está
bien?
—Les haré llegar el mensaje, señora.
—Gracias.
Sakura estaba sentada en el comedor, disfrutando
del bocadillo de mermelada y mantequilla de maní más delicioso que jamás había
comido. El chef debía de haber usado mermelada importada. No era posible
conseguir esta clase de sabor en la tienda de comestibles local.
El comedor era tan enorme que los sonidos al
masticar parecían hacer eco. Se sentía algo solitaria sentada allí,
absolutamente sola. No le había molestado mucho en su diminuto piso atestado,
pero aquí, con todo este espacio, la carencia de compañía era mucho más
evidente.
Incluso se sentía un poquito triste.
Bien, terminaría con eso. No iba a vivir aquí
para siempre, de todos modos. Disfrutaría de la vida de fantasía por un rato,
luego vendería el lugar y se mudaría a algo que fuera mucho más de su estilo.
Fantasía…
Ocho hombres fuertes y apuestos para atender cada
una de sus necesidades. Podría comérselos con los ojos, conseguir un increíble
masaje de pies, pasar algún tiempo en el jacuzzi, beber un margarita…
No, no, no se dejaría tentar. Pero Sasuke parecía
ser un tipo agradable. Todos lo parecían, en realidad. Ni sórdidos, ni
lascivos, ni nada por el estilo. Y estaba de humor para tener algo de compañía.
Podría hablar con Gai, supuso ella, pero aunque fuera bastante agradable no
parecía la clase de persona que sería muy divertida para charlar.
Joder. ¡Esta era su casa e iba a disfrutar del
puñetero tobogán de agua, estuviera en el harén o no!
Continuará...
CAPÍTULO 3 < -- . --> CAPÍTULO 5
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