sábado, 4 de enero de 2014

EL HARÉN DE LA TÍA TSUNADE cap 13


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Chris Tanglen la cual lleva por nombre "El Harén de la Tía Penélope".Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
La histora contiene contenido sexual explícito, abstente de leer si eres de mentalidad sensible ;)


El Harén de la Tía Tsunade
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Capítulo Trece

Sasuke y Sakura se despertaron, se besaron durante un rato, y luego se dirigieron hacia las duchas. Entraron a la habitación acolchada, donde Shikamaru yacía desnudo en la colchoneta, dormido, con Ino acurrucada a su lado.
Ella abrió los ojos y gruñó.
—¿Qué hora es? —preguntó, su voz era un espantoso graznido.
—Alrededor de las ocho de la mañana —contestó Sakura—. ¿A qué hora te acostaste?

—Ah, joder, ¿quién sabe? Parece que fue hace diez minutos. Hay café en este lugar, ¿no?
—Un montón.
Ino se pasó una mano por el pelo, que estaba hecho un absoluto desastre.
—¿Y también una silla de ruedas? Una de esas me vendría bien.
—Estoy segura de que podremos encontrar alguna. Por cierto, voy a querer un informe completo.
—Lo mismo digo. Eh, ya que estáis descalzos, vigilad por donde pisáis.
Sakura y Sasuke se ducharon, se besaron, se secaron el uno al otro y se vistieron. Ino, o la zombie que se veía como Ino, se reunió con ellos a mitad del proceso, y dejaron juntos el harén para disfrutar de un sustancioso desayuno.
 
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 Con unas cuantas tazas de café encima, Ino estuvo mucho más alerta, y se sentó en la cocina a comer su tortilla de jamón y queso con una mirada soñadora en el rostro.
—Necesitamos salir a algún lado y hacer algo —dijo Sakura—. Todos juntos. Tal vez podamos ir a un museo o algo así.
—Anoche, orgía salvaje; hoy, alta cultura —dijo Ino—. Me parece bien.
—Lo digo en serio. —Sakura volvió su atención a Sasuke—. No podéis estar todo el día perdiendo el tiempo en el harén. Esa no es forma de vivir. Necesitáis salir, experimentar lo que el mundo tiene para ofrecer.
—Mira quién habla —dijo Ino.
—Cierra la boca, putilla.
—No sé si los otros chicos son exactamente del tipo museo —señaló Sasuke.
—Bueno, pues es la suerte perra que os sirven en bandeja. ¡Ajo y agua! Yo estoy al mando aquí, maldita sea, y nos vamos al museo.
Sasuke frunció el ceño.
—¿De verdad acabas de decir “¡ajo y agua!”?
—Sí, lo digo y lo repito. Sasuke, notifícaselo a las tropas, y yo me aseguraré de que esté lista la limusina. Es hora de una salida social a la vieja usanza.
 
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 Sonó el timbre de la puerta.
Gai miró a través de la mirilla y luego abrió la puerta. No se molestó en disimular la mueca que hizo al ver a Anko, la hija de Tsunade, vestida con una blusa verde realmente atroz. En ocasiones, Gai se preguntaba si alguien sabría cómo vestirse bien en aquellos tiempos.
Anko pasó a su lado y echó un vistazo en torno al vestíbulo.
—¿Está esa bruja por aquí?
—No, señora, la bruja no está aquí. Eso explicaría la razón por la cual al llamarle por teléfono, comencé diciéndole que su prima había salido con todos los hombres.
Anko lo fulminó con la mirada.
—No eres más que una mierdita desagradable, ¿verdad?
—Sí, señora.
—Bueno, ya basta de ponerse cariñositos. Enséñame las cintas.
 
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—Tío, ¿qué es eso? —preguntó Naruto, ladeando la cabeza.
—Creo que es un perro —dijo Gaara.
—No puede ser un perro. Es verde y tiene siete patas.
—Creo que es un perro simbólico.
—¿Simbólico de qué? ¿De alguien que no sabe dibujar una mierda?
—Shhhh —dijo Sakura, cuando una anciana patrocinadora del museo les lanzó una mirada asesina —. Usad vuestras voces interiores.
—Es que vosotros, perdedores, no sabéis apreciar el arte —dijo Kiba—. Ese perro representa al mejor amigo del hombre en una era en la que el hombre no se merece un mejor amigo. Es verde debido a la envidia, pecado de la humanidad, y tiene tres patas extra porque al artista le sobraba algo de pintura.
—De verdad que tenéis que aprender a comportaros —dijo Sakura. Ino ya había causado bastantes problemas al follarse a Shikamaru y a Naruto en el baño de señoras, y Sakura estaba decidida a que tuvieran una tarde educativa—. O no habrá coñito esta noche.
Sakura se dio cuenta de que había hablado demasiado alto. Rápidamente se movió más allá a lo largo del salón, antes de poder captar el tipo de mirada que les estaría dirigiendo la anciana patrocinadora.
—Muchas de mis pinturas son mejores que ese perro verde de siete patas —señaló Sasuke.
—Claro que sí. Deberías comenzar poniéndote en contacto con algunas de las galerías locales. Lo digo en serio, eres lo suficientemente bueno como para ganarte la vida con esto.
Sasuke se encogió de hombros.
—Quizás lo haga.
—Te ayudaré.
—¿En serio?
—Claro.
—Quién sabe —dijo él—. Quizás tenga una nueva carrera frente a mí.
 
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—De verdad, tenéis que empezar a pensar en vuestro futuro, chicos —dijo Sakura, mientras los diez se sentaban en la cafetería del museo comiendo unas horribles hamburguesas—. No podéis hacer este tipo de cosas para siempre. Vuestro aspecto y virilidad no durarán eternamente.
Naruto pareció realmente trastornado por aquella revelación.
—Quiero que cada uno de vosotros nombre algo que le gustaría hacer con su vida, aparte de ser esclavo sexual en un harén. ¿Kiba?
—Yo ya soy barman —dijo Kiba—. Supongo que si tuviera que dejar la profesión de esclavo sexual podría volver a los bares, a tiempo completo.
—¿Habéis visto qué fácil ha sido? —Preguntó Sakura al resto—. ¿Qué hay de ti, Shino?
—No lo sé.
—Apuesto a que sí. Eres bueno en la organización espacial, ¿verdad? Quizás podrías ser arquitecto o algo así.
Shino se animó.
—La verdad es que me encanta diseñar casas en mi mente.
—Y los arquitectos ganan un buen dinero.
—He ahorrado casi todo mi dinero. Supongo que podría ir a la facultad de arquitectura. Podría ser divertido. Al menos entonces podría contarles a mis padres lo que hago en realidad. Creen que soy cowboy.
—Deberías hacerlo —lo animó Sakura—. Shikamaru, ¿qué quieres hacer tú?
—Me encantaría ser cantante.
—¿De verdad? Déjanos oírte cantar.
Shikamaru se lanzó a una interpretación de algo que podría haber sido “Satisfaction” o sólo la imitación de alguien que se aclaraba la garganta durante muchísimo tiempo. El grupo lo detuvo, intentando preservar su futura habilidad para escuchar.
—Quizás deberías pensar en otra cosa —le sugirió Sakura.
—También me gusta cocinar.
—¡Cocinar! ¡La cocina es una buenísima elección! Necesitas tomar clases de cocina. Quizás podrías compartir un coche con Shino, que iría a sus clases de arquitectura. Naruto, ¿y tú?
—Estoy feliz donde estoy.
—Sí, pero eso no va a durar. Debe haber algo más que quieras hacer. Oigámoslo.
—No hay nada.
—Seguro que sí. Tienes que tener algún deseo oculto.
—Bueno…
—Dínoslo. No nos reiremos.
—Quiero ser presidente de los Estados Unidos.
Todo el mundo lo miró fijamente.
—Bien. Eso está bien —dijo Sakura—. Ser ambicioso no tiene nada de malo. Y si eso no funciona, siempre puedes gobernar una gran ciudad.
—Qué va —dijo Naruto—. No me interesa esa mierda de gobernar. Sólo quiero ser presidente.
—Ah, bueno, eso está bien. Quizás tu aspecto y virilidad no decaerán y estarás asentado de por vida. ¿Lee?
—Señora, me encantaría enseñar a los niños la importancia del entrenamiento físico. A menudo se pasa por alto su importancia en nuestra sociedad, donde los niños están demasiado tiempo jugando videojuegos y mirando la televisión, y creo que podría lograr algo importante, señora.
—¡Estupendo! Y, mira, si Naruto llega a ser presidente, podría nombrarte líder de algún gabinete de entrenamiento físico o algo así.
—Señora, en verdad no creo que Naruto vaya a ser presidente, señora.
—Bueno, aun así, esto se trata de estar abierto a nuevas opciones —dijo Sakura—. ¿Quién falta? ¿Neji?
—Supongo que yo también podría ser arquitecto. Me quejo tanto de cómo están diseñados los aparcamientos, que quizás es hora de que haga algo al respecto.
—Excelente, excelente. Sabéis, nadie aquí ha dicho masajista, y creo que es algo que definitivamente cualquiera de vosotros podría hacer para ganarse la vida.
—Si fuese masajista, ¿podría elegir a mis clientes? —preguntó Gaara.
—Estoy segura de que sí.
—Porque lo haría para mujeres hermosas y sexis como usted, señora, pero la verdad no me interesa andar tocando hombres peludos y desagradables.
—Creo que eso podría arreglarse, una vez que hayas cimentado tu reputación y consolides una buena base de clientes. Es posible que necesites estar acreditado, tendré que verificarlo. Pero, veis, todos tenéis por delante una prometedora carrera profesional. ¿Por qué no hacer realidad vuestros sueños?
—¿Qué hay de Sasuke? —preguntó Ino.
—Quiero ser artista —admitió—. Retiro lo dicho. Soy un artista. Sólo quiero ganarme la vida con ello.
—Eso suena bastante mariquita —dijo Shikamaru.
—Que te follen.
Shikamaru jadeó con fingida indignación, y luego todos estallaron en carcajadas.
Recorrieron el resto del museo, perdiendo de vista brevemente a Shikamaru, Naruto e Ino mientras follaban en otro baño. Luego regresaron a la mansión en la limusina.

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 —Eh, hola —dijo Sakura con sorpresa, al entrar en el comedor y encontrarse a Anko sentada a la mesa—. No esperaba tu visita.
—Es difícil para mí considerarme como una visita en casa de mi propia madre —dijo Anko—. Espero que la estés disfrutando.
—Mira, Anko, sé que estás disgustada, y sé que es injusto, pero no puedo remediar lo que tía Tsunade dispuso en su testamento.
—Yo sí.
—¿De qué estás hablando?
Anko sonrió, si bien aquello oscureció sus facciones más que iluminarlas.
—¿Por qué no tomas asiento, querida prima?
Sakura retiró una silla y se sentó.
—¿Qué tal la tarde de ayer? ¿Recreativa?
—No sé de qué hablas.
—Entonces, déjame refrescarte la memoria. La noche pasada te follaste a ocho hombres.
Sakura sintió que le daba un vuelco el estómago.
—No, no lo hice.
—Bueno, está bien, pongámonos técnicos al respecto. Eso no cambia el hecho de que tú y la zorra de tu amiga os visteis envueltas en un comportamiento bastante escandaloso.
—Eso no es asunto tuyo.
Es asunto mío. Ya era bastante malo lo que hacía mi madre, pensando que yo era demasiado estúpida como para enterarme, pero ahora te tengo a ti haciendo lo mismo en mi casa.
—Esta no es tu…
—Lo será. Lo tengo todo grabado. Cada pervertido segundo de ello. He visto tu fofo trasero desde todos los ángulos. Me sorprende no haber vomitado.
—¿De dónde demonios sacaste las cintas? —exigió Sakura.
—Gai colocó cámaras ocultas antes de que te mudaras.
—Vale, así que hizo grabaciones —dijo Sakura, con una actitud mucho más casual de lo que sentía en realidad—. ¿Y qué? ¿Vas a venderlas en internet? ¿Vas a aumentar tus ingresos uniéndote al negocio de la pornografía?
—Esa es una buena idea. Pero no, estaba pensando que podría quedarme las cintas como seguro, y tú podrías extraer tu repugnante ser de mi casa. De lo contrario, la enviaré a los medios de comunicación.
—¿Crees que a los medios les importará? Yo no soy una celebridad.
—Creo que les interesará saber que estás manteniendo esclavos sexuales en tu casa. Ya sabes, prostitución ilegal. Sé que mi madre intentó encubrirlo con un complicado papeleo, pero estoy segura de que mi abogado y yo podremos probar que son puras chorradas. Quizás hasta vayas un tiempo a la cárcel. Y si no, creo que es una historia lo bastante buena, capaz de atraer mucho la atención. Los harenes no son exactamente una cosa corriente en estos días, y uno ciertamente no ve un montón de zorras estúpidas heredándolos de sus tías, incluso aunque todo eso no fuera una pila de mierda.
—¿Qué quieres decir?
—Mamá no te dejó el harén. Estaba jodida, pero no tan jodida. Yo convencí a Gai de que mantuviera a esos tipos aquí, y de que os dijera, a ti y a ellos, que mamá habría querido que tú heredaras su harén. Tengo que admitirlo, me figuré que alguien tan solitaria y hogareña como tú acabaría ofreciéndose a alguno de ellos, pero nunca soñé que invitarías a una puta amiga y dejarías que todos te follaran. Las cintas prueban que tu casa es un caldo de cultivo para las actividades ilegales, y eso debería ser suficiente para invalidar los términos del testamento.
—Cintas secretas grabadas en mi casa no serían admisibles para un tribunal.
—Lo serían si fuesen tus cintas, que por casualidad fueron encontradas por tu mayordomo. Estoy segura de que el juez no tendrá problemas en creer que alguien que se folla a ocho tíos a la vez grabaría todo el asunto para mirarlo una y otra vez.
Sakura no sabía qué hacer. Se sentía físicamente enferma.
—Sal de aquí —dijo en voz baja.
Anko empujó su silla hacia atrás y se levantó.
—Veo que necesitas un momento a solas. Aun así, piensa en ello. Volveré mañana. Hasta entonces, intenta mantener las bragas puestas.
Le dirigió a Sakura una sonrisa despiadada y abandonó el comedor.
Sakura se quedó allí sentada, escuchando cómo se abría y cerraba la puerta de la entrada principal.
Un momento después, entró Gai.
—Confío en que todo se haya desarrollado para la mutua satisfacción de las señoras.
—Eres un cabrón de mierda —dijo Sakura.
—Sí, señora. Supongo que estaré fuera de servicio hasta que la nueva dueña se haga cargo, así que si no le importa, me despido de usted.
Gai se marchó sin esperar una respuesta.
Sakura miró fijamente la mesa.
No voy a llorar, se prometió.
Pero lloró de todas formas.


Continuará...

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