Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Siete
–Ponte
esto mientras te lavan y te planchan la ropa.
–Jamás
conté con darme un baño de barro. Creía que con unos vaqueros sería suficiente
–contestó Sakura avergonzada, mientras aceptaba los vaqueros y la camiseta que Sasuke
le ofrecía y se metía en su habitación a cambiarse.
En
cuanto se puso su ropa, se sintió completamente suya. Era algo patéticamente
primario y absurdo, pero seductor a la vez. Cuando bajó a la cocina, Sasuke la
estaba esperando con dos enormes tazas de café, lo que resultó perfecto porque
a Sakura ya se le estaban pasando por la mente peligrosos pensamientos
sensuales.
–¿Qué
haces cuando estás aquí solo y hace mal tiempo? –le preguntó para romper el
hielo.
–Leer.
–A
ver si lo adivino. ¿Historias de misterio? ¿Novelas de miedo?
–No
–contestó Sasuke avanzando por el pasillo hacia el salón y señalando una gran
estantería llena de libros–. Me gusta leer sobre arquitectura, diseño,
paisajismo...
–Oh
–contestó Sakura admirando los impresionantes libros–. Tienes un montón –añadió
alargando el brazo hacia un par de ellos y sentándose en el suelo para
ojearlos.
Sasuke
se sentó también frente a ella, se apoyó en un par de cojines y comenzó a ojear
otro libro. Conversaron, compararon, reflexionaron y pasaron casi dos horas y Sakura
se dio cuenta de que, a pesar de que flirteaba con ella, Sasuke estaba
completamente embebido en su trabajo.
–¿Qué
haces cuando no estás trabajando? ¿Qué haces para divertirte? –le preguntó al
cabo de un rato.
–A
mí me divierte trabajar –contestó Sasuke sonriendo–. Me encanta lo que hago.
Supongo que me preguntabas qué hago para divertirme refiriéndote a si salgo por
ahí y a dónde voy y esas cosas, ¿verdad? –le preguntó Sasuke elevando la
mirada–. No, no salgo, no voy a fiestas, no me gusta acostarme tarde... vivo en
mis hoteles, en todos tengo una habitación y... alterno con los huéspedes, pero
no como tú te crees –puntualizó al ver la cara de Sakura–. Tú fuiste una excepción
y lo sabes.
Sakura
se encogió de hombros tímidamente.
–Creo
que deberíamos intentar ser amigos –comentó.
Sasuke
la miró estupefacto.
–Lo
digo en serio –insistió Sakura–. Tenemos muchas cosas en común y lo pasamos muy
bien juntos. A los dos nos gusta mucho nuestro trabajo y nos llevamos bien.
–¿Y?
–Y
podemos ser civilizados, ¿no? –propuso Sakura.
–No
hay nada de civilizado en las cosas que quiero hacer contigo.
Sakura
cerró los ojos un segundo y esperó a que la sangre dejara de agolpársele en las
mejillas.
–Pero,
si tenemos una aventura, ¿qué crees que pasaría al final?
Sasuke
no contestó.
–¿Qué
pasa normalmente? –insistió Sakura.
Sasuke
comenzó a sonreír.
–¿Mantienes
contacto con alguna de ellas? –quiso saber Sakura.
Sasuke
se encogió de hombros.
–Si
nos cruzamos, nos sonreímos y nos decimos hola con la mano y todo va muy bien.
–Porque
son demasiado orgullosas como para demostrar que las has hecho sufrir – le
aclaró Sakura.
–Cariño,
mis relaciones son tan cortas que a nadie le da tiempo de sufrir.
Sakura
se rio, pero aquellas palabras no hicieron sino reafirmarla en su decisión. No
quería unas cuantas noches de placer. Prefería compañía y risas a largo plazo.
–¿Y
tú? –le preguntó Sasuke–. ¿Mantienes contacto con tus ex?
Como
si los hubiera.
–No
tengo tantos como tú –contestó–. Normalmente, cuando tengo una relación, que no
suelen durar mucho tampoco, el tipo me deja. Solía intentar hacer todo lo que
estuviera en mi mano para agradarlo, para que no me dejara, pero eso ha
cambiado, ya no estoy dispuesta a agradar a nadie para que permanezca a mi lado
–añadió con resolución–. No, no me veo con ninguno de ellos.
–¿Así
que no quieres agradarme? –le preguntó Sasuke.
Sakura
negó con la cabeza.
–Vaya,
qué pena.
–Deberías
estar encantado. Quiero mantener contacto contigo – contestó Sakura
sinceramente.
–¿Me
lo dices porque no lo mantienes con ninguno de tus otros hombres?
–¿Pero
cuántos te crees que ha habido? –le preguntó Sakura poniendo los ojos en
blanco–. No, no mantengo el contacto con ninguno de los doscientos ochenta y
cuatro porque todos eran idiotas.
Sasuke
se rio.
–Yo
no quiero ser otro idiota más de la lista. Me gustas. Me gusta hablar contigo.
–¡Exacto!
Genial,
las cosas estaban más fáciles de lo que había pensado.
–Pero
sigo queriendo acostarme contigo.
Vaya,
no tan fáciles.
–Ya
se te pasará.
–¿A
ti se te está pasando? –le preguntó Sasuke acercándose.
Sakura
apartó la mirada.
–Mira...
todo el mundo dice que hay que alimentar las pasiones, entregarse a ellas,
disfrutar de ellas hasta que las hayas agotado, pero la única manera de
extinguir un fuego es no alimentarlo.
–¿Y
tú quieres matar el fuego que hay entre nosotros? –le preguntó Sasuke
visiblemente sorprendido.
–Bueno,
es lo mejor, ¿no te parece? Lo digo porque yo no quiero que perdamos el
contacto, me gusta estar contigo.
–No
sé si sentirme halagado o insultado. ¿Quieres que sea tu amigo? ¿Y qué te
parece si fuera tu amigo con derecho a roce?
–Nada
de roces. Demasiado lío. No funcionaría –contestó Sakura con decisión.
Sasuke
se quedó mirándola fijamente.
–¿De
verdad prefieres ser mi amiga a volver a acostarte conmigo? –le preguntó con
incredulidad.
Sakura
tomó aire profundamente.
–Sí.
–No
te creo. De hecho, creo que podría hacerte cambiar de parecer en un par de
minutos.
–Estoy
segura de que así sería, pero entonces me iría de tu vida y todo terminaría. No
quiero tener una aventura contigo, pero sí quiero ser tu amiga.
–¿Me
estás dando un ultimátum?
–Tómatelo,
más bien, como un reto.
–¿Y
por qué iba a querer yo aceptar un reto así?
–¿Cuántos
amigas tienes?
–Cientos.
–Me
refiero a amigas de verdad –insistió Sakura poniéndose seria.
–Las
amigas son amigas –contestó Sasuke poniéndose serio también–. Tengo muchas.
–Entonces,
lo que te propongo te resultará fácil –sonrió Sakura.
Sasuke
suspiró.
–¿De
verdad no quieres que seamos amigos con derecho a roce o, por lo menos, a
ciertos privilegios?
–Eso
no nos llevaría más que a tener complicaciones. Lo que yo te propongo nos
llevará al compañerismo.
–C
o m p a ñ e r i s m o –deletreó Sasuke.
–Sé
que un tipo como tú, Sasuke, no se puede comprometer – declaró Sakura viendo
cómo sus palabras lo dejaban de piedra–. Para serte sincera, tampoco quiero eso
en este momento de mi vida. Me lo estoy pasando bien, tengo un trabajo
maravilloso...
–¿Crees
que vamos a poder obviar la atracción física que hay entre nosotros? –le
preguntó Sasuke.
–Claro
que sí. Somos adultos, no somos animales.
–Claro
que somos animales –le recordó Sasuke–. Somos animales. Y, además, a ti te
gusta el sexo animal –bromeó haciéndola enrojecer.
–Ya
te olvidarás de eso algún día.
Sasuke
lo dudaba mucho.
–¿Te
da miedo no conseguirlo, Sasuke?
Así
que era eso, ¿eh? ¿Sakura se creía que no sería capaz?
–¿Qué
sacas de todo esto? Seguro que tienes otros amigos, ¿no? Entonces, ¿qué te
daría mi amistad que no te da la amistad de otra persona? Porque yo podría
darte un sexo espectacular, pero por lo visto no lo quieres.
Sakura
volvió a sonrojarse de pies a cabeza y desvió la mirada. Sasuke se acercó un
poco más, no para tocarla sino simplemente para ver de cerca su respuesta.
–Contesta
o contestaré yo y mi contestación será no y te tendré jadeando en menos de un
minuto. Sé sincera. ¿Qué pretendes conseguir de mí?
–Simplemente
estar contigo, supongo –contestó Sakura encogiéndose de hombros–. Cuando estoy
contigo, puedo ser todo lo brusca que quiera, puedo ser sincera y, además, me
siento bien conmigo. Contigo soy completamente yo y nada importa.
Aquellas
palabras le hicieron mella a Sasuke.
–¿No
eres tú con los demás?
–No,
no como contigo –admitió Sakura–. Contigo, no siento la necesidad de agradarte,
no siento la necesidad de hacer nada en concreto, solo de ser yo.
Sasuke
se miró en sus ojos verdes, intentando leerlos. Se había prometido hacía mucho
tiempo que jamás le importaría lo que los demás pensaran de él. Sakura era muy
diferente. A ella le importaba demasiado e intentaba agradar a todo el mundo. Sasuke
la miró intensamente y vio miedo en sus ojos, comprendió que a Sakura le daba miedo
que rechazara su propuesta, que le hubiera pedido algo que él no quisiera.
Aquello
lo llevó a preguntarse qué era lo que él quería. ¿Quería compartir con ella un
par de noches cargadas de sexo o prefería que ocupara un lugar más continuo en
su vida? Intentó pensar, pero los ojos de Sakura lo distraían. Tenía unos ojos
preciosos, grandes y profundos. Entonces, se dio cuenta de que el hecho de que Sakura
quisiera su amistad lo hacía sentir muy bien.
No
quería analizar por qué y, además, tampoco podía porque le pitaban los oídos...
qué raro...
–Salvado
por la campana –anunció Sakura.
Así
que no eran imaginaciones suyas. Estaban llamando al timbre. Sasuke la agarró de
la mano y caminaron hacia la puerta. No quería que se le escapara y se fuera a
su habitación.
–¿Sasuke?
–preguntó la mujer que había llamado al timbre, una mujer impecablemente
vestida y peinada–. Cuánto me alegro de que estés en casa.
–Hola
–contestó Sasuke rebuscando a toda velocidad en su memoria–. Kurenai, ¿verdad?
Era
una de las matriarcas sociales de Queenstown, una mujer muy agradable que,
seguramente, querría algo para una buena causa. Sasuke soltó a Sakura y dio un
paso al frente para estrechar la mano de la otra mujer.
–Sí
–sonrió la recién llegada.
–Kurenai,
te presento a mi amiga Sakura –comentó Sasuke con naturalidad, utilizando el
apelativo que Sakura quería–. ¿En qué te puedo ayudar?
–Me
han dicho que ibas a pasar el fin de semana aquí y me he acercado para
recordarte que esta noche hay una gala. Como has donado tanto dinero para el
hospicio, he pensado que, a lo mejor, te apetecía venir.
Sasuke
donaba dinero a todos los hospicios que había cerca de sus hoteles porque le
interesaba especialmente que los enfermos terminales de cáncer estuvieran bien
atendidos. Su madre y él se habían ocupado de su padre en casa, solos. De haber
habido un hospicio cerca, habría sido más fácil.
–Se
supone que las donaciones que hago son anónimas –le recordó, porque no quería
méritos por ello.
–Sí,
por supuesto –le aseguró Kurenai–. Yo lo sé, porque soy la tesorera. En
cualquier caso, me pareció que, a lo mejor, querías ver lo que se ha hecho con
tu dinero. La cena va a ser maravillosa y el conferenciante, también.
Sasuke
carraspeó.
–Bueno,
la verdad es que estamos muy cansados porque hemos salido esta mañana a pasear
y nos ha caído una buena tormenta encima –le explicó.
–Sí,
hay tanta niebla que han cerrado el aeropuerto –contestó Kurenai–. ¿Por qué no
vienes solo a la cena? Te puedes retirar pronto. La cena empieza a las siete y
sería maravilloso poder contar contigo.
Sasuke
dudó y miro a Sakura, que lo estaba observando atentamente. Le pareció ver que
lo miraba con compasión, pero no estaba seguro. Sakura sabía perfectamente que
a él no le apetecía salir de casa aquella noche, que lo que quería era quedarse
con ella a solas.
Por
otra parte, Sakura quería que fueran amigos y, aunque ir a la cena de
beneficencia no era lo que más le apetecía en el mundo, comprendía que podía
ser una buena manera de no abalanzarse sobre ella si se quedaban solos en casa.
–Está
bien –accedió encantador–. A Sakura y a mí nos encantaría ir. Gracias por haber
venido a invitarnos.
Sakura
se quedó mirándolo estupefacta y la pobre Kurenai se sonrojó y todo, pero consiguió
trasmutar su expresión como buena anfitriona que era.
–Oh,
muy bien –contestó sobreponiéndose–. Será estupendo que vengáis los dos. Así
nos podremos conocer mejor, Sakura.
Sakura
sonrió y no dijo nada hasta que la tesorera del hospicio se hubo metido en su
coche y se hubo alejado.
–Parece
una mujer encantadora. Lo pasarás muy bien esta noche –le dijo a Sasuke
mientras entraban en la casa de nuevo.
–Tú
también vas a venir –contestó él cerrando la puerta.
–No,
no voy a ir contigo –contestó Sakura sonriendo con dulzura y negando con la
cabeza mientras se dirigía a la cocina para beber agua–. No quiero fastidiarte
la oportunidad de que te hagas amigos de tus vecinos.
–¿No
quieres venir porque no tienes ropa adecuada que ponerte? Te lo digo porque hay
muchas tiendas bonitas en la ciudad y tenemos tiempo de sobra para ir de
compras.
–Por
favor –se indignó Sakura–. Por supuesto que tengo ropa adecuada.
–Pero
si solo te has traído una bolsa de viaje –le recordó Sasuke apoyándose en la
encimera de la cocina y mirándola–. Además, me acabas de decir que no te habías
traído más que unos vaqueros.
–Sí,
pero siempre llevo un vestido que no necesita planchado y que es muy útil en
estos casos.
–¿Y
zapatos?
–Me
he traído unas sandalias de tiras muy bonitas y tengo maquillaje y unos
pendientes también. Nunca sé cuándo me van a invitar a un acto importante
–improvisó Sakura que, por supuesto, jamás acudía a aquellos eventos porque
nunca la invitaban.
–Impresionante
–comentó Sasuke–. Entonces, no hay motivo para que no quieras venir –añadió con
picardía.
Sakura
se dio cuenta demasiado tarde de que ella solita se había metido en la trampa.
Desde luego, Sasuke era rápido.
–No
pienso ir como si fuera tu cita.
–No
tienes más remedio. Ya le hemos dicho a Kurenai que íbamos a ir los dos y no
podemos quedar mal ahora.
–Mira,
Kurenai quiere que vayas tú, pero le importa un pimiento que vaya yo –suspiró Sakura–.
Por otro lado, me quedaré en casa sola tan contenta porque estoy muy cansada.
–Sabes
que yo estoy tan cansado como tú y, aun así, me echas a los lobos –dijo en tono
lastimero.
–No
seas exagerado –contestó Sakura–. Te recibirán con los brazos abiertos.
–Esa
cena es un lugar peligroso –bromeó Sasuke acercándose lentamente–. No tienes ni
idea de adónde me estás mandando.
–¿Lo
dices porque, a lo mejor, todas las mujeres se te lanzan al cuello?
Sasuke
asintió muy serio.
–Me
da mucho miedo. Necesito que vengas para protegerme.
–Como
si tú necesitaras que alguien te protegiera. Es, más bien, al revés y lo sabes.
Bastará con que muevas las cejas para que todas las camareras caigan rendidas a
tus pies.
–Solo
las moveré si llevan bandejas con rica comida –aseguró Sasuke en tono cómico–.
Ninguna de esas mujeres tienen nada que temer de mí. Ven conmigo, por favor.
Hazlo por mí, eres mi amiga – insistió.
Sakura
lo miró con los ojos entrecerrados.
–Ojalá
eso sea posible. Ya veremos.
–Los
amigos se apoyan, ¿no? Ahora tienes una buena oportunidad para demostrarme que
eres mi amiga. Yo soy muy tímido –comentó Sasuke bajando el tono de voz–. Me
gusta estar solo y, a veces, no se me da bien estar con la gente y conversar.
–¿Tímido
tú? –se rio Sakura–. Pero si saliste desnudo al pasillo la mañana que nos
conocimos. Tú de tímido no tienes nada. Tú eres muy atrevido.
–Esa
fue una ocasión especial –le aseguró Sasuke con ojos de cachorrillo desvalido.
–No,
no fue especial. A ti no te importa lo que la gente piense de ti.
–Eso
es cierto –admitió Sasuke.
Sakura
asintió.
–Además,
se te da muy bien conversar. A tu lado Kurenai, la reina de las reuniones
sociales, quedará reducida a chuchería.
–Se
me da bien conversar, pero eso no quiere decir que me guste. Tengo buenos
directores en todos los hoteles para no tener que mezclarme con los clientes
más de lo estrictamente necesario. A mí, me gusta más deambular por ahí solo...
–Como
si fueras el jardinero.
–Exacto
–se rio Sasuke–. Anda, por favor, ven conmigo.
Sakura
se mordió el labio inferior. La verdad
era que le apetecía mucho ver cómo se comportaba Sasuke en un evento público y también
le apetecía, para qué negarlo, que la vieran con él. Darse aquel capricho,
entregarse a aquella fantasía se le antojaba mucho más seguro que pasar la
noche a solas en casa con él.
–Está
bien, iré contigo –accedió.
–Todavía
tenemos un par de horas antes de... –comenzó Sasuke.
–Sí,
me voy a tumbar un rato en la cama –contestó Sakura alejándose rápidamente–.
Sola.
Dos
horas después, se le había hecho tarde porque se había pasado un buen rato
jugueteando con todos los lujosos productos de baño mientras inventaba
recorridos para los visitantes. Envuelta en un albornoz, corrió hacia la cocina
para picar algo. Estaba mordisqueando una galleta salada mientras volvía a su
habitación cuando se encontró con Sasuke en el pasillo.
Se
paró en seco y, sin darse cuenta de lo que hacía, cerró el puño sobre la
galleta, desmigándola por completo sobre la alfombra. ¿Cómo iba a ser amiga de
un hombre así, que estaba tan guapo vestido de esmoquin?
Sasuke
sonrió como si le hubiera leído el pensamiento.
–¿Te
gusta?
Oh,
sí, le gustaba mucho. A Sakura le costó un gran esfuerzo cerrar la boca y
recoger la baba.
–No
estás jugando limpio.
–Es
solo para que el reto sea realmente divertido para ti, para que tengas muy
claro lo que estás dejando escapar –contestó Sasuke–. Ya te equivocaste una
vez... ¿no podrías equivocarte otra? –insinuó.
–¿En
qué me equivoqué?
–Decías
que el sexo de fantasía que tuvimos no se podría repetir, pero el beso de la
bañera de hidromasaje ha sido mucho mejor que cualquier fantasía. Imagínate cómo
podría ser pasar una noche entera juntos.
–Así
que no vas a tener ningún problema en que seamos amigos decías, ¿no?
Sasuke
se encogió de hombros.
–Por
supuesto que no, puedo ser amigo tuyo perfectamente, pero, si cambias de
opinión, no tienes más que decírmelo.
Sakura
se limitó a sonreír y volvió a la habitación para ponérselo difícil también.
Veinte minutos después, salió y se dirigió al salón a esperar su reacción.
Sasuke
se quedó mirándola fijamente de pies a cabeza una y otra vez.
–¿De
verdad que tenías ese vestido metido en tu minúscula bolsa de viaje?
–Es
un vestido minúsculo –contestó Sakura dando una vuelta sobre sí misma.
Sí,
era cierto, se trataba de un vestido minúsculo y Sasuke quería arrancárselo
inmediatamente. Era negro y liso y la tela le marcaba los pechos y las caderas.
Tenía las piernas bronceadas y los pies adornados por unas sencillas sandalias
negras de tacón alto.
–Será
mejor que nos vayamos –consiguió decir Sasuke.
Debía
de haber unas doscientas personas. El lugar brillaba a causa de los diamantes
que colgaban de las orejas, los cuellos, las muñecas y los dedos de los
presentes. Sasuke se fijó en el escote de Sakura y se dijo que le quedarían
bien unos diamantes a ella también o, tal vez, unos jade, para que hicieran
juego con sus ojos.
Sakura
se estaba riendo por la manera en la que Sasuke acababa de atraer a una
camarera para comerse casi todos los canapés que llevaba en la bandeja, pues
tenía un hambre de lobo.
–Te
importa muy poco lo que toda esta gente piense de ti, ¿verdad?
–¿Por
qué me iba a importar? En realidad, no me importa lo que nadie piense de mí.
–¿Y
eso no influye en tu negocio?
–Mi
negocio habla por sí mismo. Cada hotel o alojamiento tiene palabras propias. Yo
los creo y, luego, desaparezco. El negocio no soy yo, no se trata de mí. La
gente no va a un hotel de lujo para codearse con el dueño sino por el lugar en
sí –le explicó.
La
observó mientras aguantaba que otra persona le contara durante veinte minutos
sus hazañas en el esquí. Parecía realmente interesada en lo que los demás
tenían que contar. Así lo demostraban las preguntas inteligentes que hacía. Se
le daba muy bien escuchar y atender a los demás, cuidar de ellos, hacerlos
sentir bien.
Estuvo
observando su forma de comportarse durante toda la cena. Disfrutó de su
entusiasmo, al igual que hicieron los demás comensales. Comprendió el desgaste
que suponía para ella tener que mostrarse siempre vivaracha y entendió el
alivio y el descanso que suponía poder estar en compañía de alguien con quien
de verdad podía ser ella misma. Con él, podía hablar como quisiera, podía mostrarse
como realmente era, podía decir que estaba cansada y podía enfadarse, podía
mostrarse egoísta y tomar lo que quería. Lo cierto era que Sasuke se moría por
que Sakura tomara de nuevo lo que quisiera de él. Su cuerpo lo estaba deseando.
La
orquesta comenzó a tocar y, aunque bailar con Sakura se le antojaba algo muy
arriesgado, también le parecía irresistible.
–Los
amigos se besan, ¿verdad? –le preguntó mientras se movían lentamente por la
pista de baile.
–Mira
que eres malo –contestó Sakura mirándolo divertida.
–Estamos
en un sitio público, así que no creo que se nos pueda ir de las manos. Anda,
por favor, solo un besito.
–¿Un
beso de amigos?
–Dado
lo que ha habido entre nosotros, yo diría que un beso de amigos íntimos.
Dicho
aquello, le robó un beso y sintió que el fuego avivaba su necesidad de tenerla.
Se apretó contra ella y saboreó sus labios. Oh, qué maravilla. Sentía la sangre
caliente y rápida por todo el cuerpo. Pero Sakura se apartó.
–Casi
se nos va de las manos –comentó desviando la mirada.
Sasuke
asintió, pero no la soltó. Gracias a Dios, la pista de baile estaba llena de
gente.
Sakura
no podía más. Estaba segura de que no podría soportar otro beso amistoso, así
que insistió en que volvieran a la barra, donde observó que Sasuke atraía a los
demás como si se tratara del flautista de Hamelín. Hablaba de deporte,
política, ganadería y arquitectura con los hombres y de sus hoteles,
restaurantes y eventos locales con las mujeres. Era un hombre de lo más
sociable y también buen conversador, de esos que los anfitriones de una fiesta
siempre quieren tener cerca.
Sakura
se dio cuenta de que Sasuke jamás hablaba de sí mismo, de que todos los temas
que elegía eran generales. Ella hablaba de la otra persona mientras que él
hablaba de temas en general. Ninguno de los dos quería entrar en lo personal,
así que no hablaban de sí mismos. A medida que fue avanzando la velada, Sakura
se fue dando cuenta de que otras mujeres lo miraban de manera inequívoca, lo
que la hizo sentir envidia.
Se
quedó dormida en el trayecto de vuelta a casa. Sasuke paró el motor frente a la
puerta principal, se bajó y abrió la puerta del copiloto, tomó a Sakura en
brazos y se dirigió al sofá del salón. No quería que la velada terminara, no
quería que cada uno se fuera a su habitación. Ahora, ya no se le antojaba tan
fácil aquello de ser amigos. Era una locura. Sakura se estiró y lo miró y Sasuke
sintió que el corazón le daba un vuelco. Normalmente, cuando toda la sangre de
su cuerpo se le agolpaba en la bragueta, sabía que algo muy satisfactorio le esperaba,
pero aquella noche temía que no fuera a ser así.
–No
pienso irme a la cama sin ti –anunció.
–No
te vas a acostar conmigo –le advirtió Sakura en tono somnoliento.
Sasuke
asintió. Sabía que le bastaría un beso para hacerla cambiar de opinión. Y, por
cómo lo estaba mirando, era evidente que Sakura también lo sabía, pero no
quería perderla, no quería que saliera de su vida.
–Entonces,
no me voy a la cama –comentó sentándose en el sofá con Sakura todavía en
brazos.
–Ha
sido una velada maravillosa –contestó ella apoyando la cabeza en su hombro.
Se
moría por besarla, así que se inclinó sobre ella y le rozó los labios. Sakura
se dejó hacer, estaba casi dormida. Sasuke siguió besándola, disfrutando de
encadenar un beso con otro.
–Sasuke
–suspiró Sakura–. Bésame donde tú quieras –murmuró.
Sasuke
sintió que la entrepierna se le endurecía todavía más y le acarició la cara
interior del muslo porque quería verla estremecerse de placer. Sí, llevaba demasiado
tiempo soñando con hacerlo y lo iba a hacer. Lentamente, se acercó al calor que
irradiaba su vulva. Sakura se agarró a él. Sasuke la rozó un par de veces más y
Sakura se entregó sin reservas. En aquel momento, era completamente suya. Se
quedó mirándola y la besó para tragarse sus suspiros, su energía. Sabía que la
deseaba, pero no era solo eso. Sabía que era algo más profundo, algo que jamás
podría tener, así que se apartó.
No
quería iniciar una relación con Sakura porque no quería querer a nadie y, además,
tampoco quería que lo suyo terminara mal, no quería defraudarla, no quería que
sufriera porque no se lo merecía, así que la única manera de no hacerlo era
cumplir con lo que Sakura le había pedido.
Continuará...
CAPÍTULO 6 < -- . -- > CAPÍTULO 8
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