lunes, 20 de enero de 2014

VULNERABLE cap 12


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jasinda Wilder la cual lleva por nombre "Stripped". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia. Además la histora contiene contenido sexual explícito.


Vulnerable
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Capítulo Doce




—¿Qué? — Mi voz es algo más que histérica. Varios de los estudiantes que se encontraban en la Oficina de Servicios Financieros, levantaron sus cabezas de los teléfonos y cuadernos para mirarme con curiosidad. —¿Qué quieres decir con qué ya fue pagado?
La mujer al otro lado de la ventanilla me miraba como si yo fuera lenta para entender.
—Quiero decir... su deuda ha sido pagada. —Ella escribió algo en su teclado y nuevamente me miró. —De hecho, la matrícula, así como el alojamiento y la comida ya están pagos. Usted tiene un saldo de cero. También veo que se ha establecido una cuenta de depósito. —Es una mujer pequeña de unos treinta y tantos años, bonita con un estilo de cabello muy rizado.

—¿Una qué?
Me frunce el ceño.
—Una cuenta de depósito. Esto significa que es una cuenta con dinero disponible, lista y ajustada para débito automático, por el resto de su carrera. Para los gastos de alojamiento y su plan de alimentos, así, como ve. La verdad, yo no sabía que se podía hacer una cosa así. —Me da una pequeña sonrisa apretada. —Alguien la quiere, señorita Haruno.
—Yo no... No lo entiendo.
—Es muy simple, de verdad. Alguien ha pagado por el resto de su educación.
—Lo siento si sueno muy estúpida, pero no entiendo quien... quien podría haber hecho algo así....
Me frené, porque entendí. Cerré los ojos lentamente y traté de no llorar ni explotar.
—Gracias. —Le digo en un susurro y me vuelvo sobre mis talones para salir de la oficina. Una vez fuera, simplemente me siento en el Rover.
El cuero es fresco bajo mis piernas, y explosiones de aire frío dan en mi cara. Afuera hace un calor impresionante, pero el Rover se siente en momentos helado. El Rover cuenta con radio satelital y ya soy adicta a él. Musicalmente, me ha llegado a gustar de todo, incluso el hip-hop y el pop, pero mis raíces sureñas hacen que mi amor sea por la música country. "More than Miles" de Brantley Gilbert empieza a sonar.
Dios, esta canción, son tonos de casa, mi casa, como la que alguna vez fue. Tengo el recuerdo de ir en el asiento delantero del BMW de mamá, ventanas abiertas y el viento enredando nuestro cabello mientras a través de los parlantes suena Tim McGraw. Mamá amaba a Tim. Papá no estaba de acuerdo, ya que no era, como Steve Green, Michael W. Smith o Steven Curtis Chapman, pero ese era siempre nuestro secreto, en el camino a casa después de las clases de baile o durante los mandados por la ciudad.
La canción termina, y una locutora mujer empieza a hablar, parloteando momentáneamente, y luego me rompe el corazón.
—Recordando viejos tiempos. Esta es la siempre deliciosa “Don’t Take the Girl” de Tim McGraw.
La canción favorita de mamá. Grité sin control y me permití extrañarla por primera vez en meses.
Cuando terminé de llorar, tenía que hacer algo, o me iba a derrumbar en pedazos.
Si todavía tenía un trabajo después de no llamar ni aparecerme el sábado ni ayer, mi turno empezaría en unos veinte minutos. Si no voy, Sasuke habrá ganado. Había pagado mi matrícula, alojamiento y plan de alimentación, básicamente dejándome sin ninguna razón para trabajar.
Nunca dije que no fuera terca.
Ni siquiera me detuve para pensarlo. Simplemente conduje en la cara camioneta hacia Noches Exóticas, y me impresionó lo rápido que había llegado a sentirme cómoda en este vehículo. Cuando llegué al estacionamiento, sin embargo, no podía creer lo que veía. No había coches en el aparcamiento. Claro que en un lunes por la tarde no hay mucha gente, simplemente Kabuto y algunos de los clientes habituales, pero por lo general hay alguien. El lote estaba vacío. Estacione el Rover y me dirigí a la puerta principal, donde mi corazón se detuvo.
Había un trozo de papel de impresora pegado a la parte interior de la puerta, con un mensaje corto y simple impreso en una fuente enorme:
CERRADO PERMANENTEMENTE.
PROXIMAMENTE TIENDA DE LICORES “LA CUEVA DE BOB”
—¿Es una broma ?
Muevo el pomo de la puerta, pero simplemente no gira, está con llave. Voy hacia un costado, a la puerta que conduce a la zona de detrás del escenario y los vestuarios. También está cerrada, pero eso no es de extrañar ya que siempre está cerrada con llave desde el exterior.
¿El club se ha vendido? ¿Qué pasó? Me paro en el estacionamiento cocinándome en el calor del final de la tarde, sudor corriendo entre mis omóplatos, mi cabeza dando vueltas. ¿Cómo podía haber sido vendido a una tienda de licores? Tal vez el club no era una próspera franquicia como Deja Vu —una cadena de Club de Striptease—, o un lugar exclusivo, como Skin —un club privado de striptease acá en los Ángeles— o SpearmintRhino —el destacado cabaret de las Vegas y cadena de Club de striptease con presencia en varios países—, pero aun así dejaba una buena ganancia. Servíamos un alcohol de mierda a hombres de estrato medio bajo y bajo que hacían parte de la clase trabajadora. Pero... ¿una tienda de licores? ¿La Cueva de Bob? ¿En serio?
Mi cabeza está a punto de explotar.
Entonces ... lo entendí.
No.
No.
Por Dios, no.
No pudo hacerlo.
Giro sobre mis talones y me dirijo de prisa de nuevo al coche. Me hundo en el asiento de cuero del Rover... el que realmente había empezado a pensar en cómo mi Rover... y trato de decidir si voy a gritar, llorar, reír, o las tres cosas.
Él lo hizo. Sé que está detrás de todo esto. Tiene dinero como para tirar a lo alto, y el dinero para él no significa nada. Pero habría gastado –No se siquiera cuanto... ¿unos cuantos millones de dólares?- ¿Sólo para asegurarse de que yo no volviera a desnudarme?
Él podía haberlo hecho.
En verdad... sé que él podía hacerlo.
Conduje rápidamente el Rover a través de las calles de Los Ángeles. hacia Beverly Hills, con una pericia que pondría orgulloso a Sasuke. En treinta minutos estuve a la puerta de su vecindario y el vigilante simplemente me dejó pasar. ¿Cómo podía conocerme? ¿Acaso era que conocía este carro? O ¿era que Sasuke le había dicho a todos los vigilantes sobre mí?
Tuve que resistir las ganas de rechinar las llantas sobre el pavimento del camino hacia su casa. No podía olvidar que estaba en un vecindario. Entro en su camino a un ritmo tranquilo y parqueo bajo el arco. Su Bugatti está recostado en el único garaje abierto. Una camioneta roja maltratada se encontraba en el camino de entrada, una enorme bestia de máquina con grasa, grandes llantas de neumáticos negros que hacían que el gigantesco camión fuera aún más alto.
Capas de mugre cubren el camión y escucho el motor rugir al pasar. No parece el estilo de Sasuke, es un camión absurdamente masculino, pero de nuevo, lo hace. Toco a la puerta con mi puño, agarrando la correa de mi bolso en el hombro con la otra mano. Estoy temblando por todas partes, incluso después de manejar durante media hora para calmarme.
Sasuke abre la puerta envuelto en una toalla blanca demasiado pequeña, el cabello mojado y pegado a la cabeza, gotas de agua corriendo por su esculpido pecho. Él tiene un cepillo de dientes en su boca y un poco de pasta de dientes espumosa en la barbilla. Empuja la puerta abriéndola y la sostiene, y entro pasándole. Huele delicioso, como algo cítrico mezcla del champú y del desodorante.
Mi mano se mueve por sí misma, limpiando la pasta de dientes de su barbilla con mi pulgar. Estoy de pie junto a él, y siento el calor que sale de él.
Olvido momentáneamente por qué estoy enojada con él.
Tiene el cepillo de dientes sujeto entre sus molares del lado derecho de su boca, y se reclina contra la puerta. Su toalla parece peligrosamente cerca de caer, pero la agarra con una mano, sacando el cepillo de dientes de su boca con la otra.
—Me preguntaba si tendría una visita tuya. —Su voz es fresca y divertida, pero sus ojos son de un tormentoso y nublado gris, el color de pensamientos profundos y de emociones en ebullición.
—Tú... tú... —No puedo articular las palabras.
Estaba tan desnudo como un hombre puede estar sin en realidad estar desnudo, y es increíblemente inquietante, porque tengo visiones corriendo por mi cabeza, lamiendo las gotas de agua de su pecho. Tuve que contenerme de hacerlo agarrando firmemente el marco de la puerta.
—Estaba en la ducha —termina por mí—. Y te ves bastante sudorosa, como que puedes necesitar también una ducha ahora mismo. —Se inclina sobre mí y me huele—. Pero hueles bien. Olerías incluso mejor si ese fuera mi sudor corriendo en tu piel. —Su voz vibra en mi oído, íntimo y sugerente.
¿Qué nuevo juego diabólico es este? ¿Qué me estaba haciendo? Estoy atrapada en mi lugar. Está dejando que la toalla se deslice un poco. Puedo ver la V de sus músculos de la ingle, y una sombra de vello negro recortado. Va a dejar caer la toalla, aquí en su vestíbulo. Está tratando de distraerme del enojo que siento hacia él. Y definitivamente, está funcionando.
Me doy la vuelta y pongo mi cara hacia la puerta. —Maldita sea, Sasuke.
—¿Acabas de maldecir? Pensé que nunca maldecías. —Su voz está en mi oído, muy cerca.
¿Por qué no puede simplemente dejarme en paz? ¿Y por qué realmente no quiero que lo haga?
—Pagaste mis estudios.
—Y tu alojamiento y comida. No te olvides de eso.
—¿Y el club? —Digo en un susurro. Otra tendencia mía cuando estoy tratando con Sasuke.
—Oh, ¿eso? —Suena satisfecho de sí mismo. No me atrevo a mirar su expresión petulante. Puedo imaginármela lo suficientemente bien.
—Mi amigo Satoshi estaba buscando una nueva propiedad, así que le hice una oferta que no podía rechazar, al maldito gusano baboso de Kabuto —dice esta última parte en una pasable imitación de Marlon Brando, pero estoy tan sorprendida y enojada que incluso su cita de El Padrino no me impresiona.
—¿Kabuto? ¿ Kabuto Yakushi?
—Sí, ese pequeño cabrón. Él no quería vender, pero todo el mundo tiene un precio. Resulta que el precio de tu amigo Kabuto era de dos millones de dólares. —Lo dice casualmente.
No puedo dejar de preguntarme lo que Mei y las demás van a hacer, ahora que el Club se ha ido.
—Pagaste dos millones de dólares para cerrar el club, ¿para que yo no trabajara más ahí? —Doy un vistazo a Sasuke, lo cual es un error, porque él sostiene vagamente la toalla a la cintura, y me hace bromas con destellos de lo que hay debajo. Él se encoge de hombros.
—Sip. Era una mierda asquerosa de todos modos, y Kabuto era una cucaracha grasienta. No puedes decir honestamente que estás molesta por esto, ¿o sí?
Me alejo de él, luchando por respirar y por palabras. —Tú... pero mi matrícula y todo lo demás. Eso tuvo que costar...
—Ni siquiera cincuenta de los grandes. —Él hace un gesto desdeñoso—. Nada relevante. Pero no se trata del dinero. Se trata de ti.
Cincuenta de los grandes. Irrelevante. Mi cabeza gira. —No lo entiendo...
Me detiene con una mano en mi brazo y tira suavemente mi espalda contra su pecho. Esta húmedo todavía y mi camisa se pega a él.
—Es muy sencillo, Sakura. Soy un niño mimado. Siempre he conseguido lo que quiero. Siempre. Y te quiero toda para mí. No quiero que trabajes allí nunca más y sabía que me pelearías por eso, así que tomé la decisión lejos de ti. No me importa lo que cueste, tengo que tenerte toda para mí.
—Eso es hacer trampa.
—¿Dónde está el libro de reglas para esto? ¿Cómo es el dicho? "¿En la guerra y en el amor, todo se vale?"
—¿Y aquí cual es el caso? ¿Amor? O ¿guerra?
—Ambas. Ninguna. Es como quieras que sea, nena. —Su voz retumba en su pecho, vibrando contra mi columna vertebral. Su mano está alrededor de mi brazo, el otro metido entre nosotros, manteniendo la toalla en su lugar.
Oh, Dios. Oh, Señor, ayúdame. Puedo sentirlo, todo de él, pegado a mi espalda.
—Sasuke, ¿por qué haces esto?
—¿Por qué sigues luchando?
—Porque... todo es demasiado. Tú eres... tú me abrumas.
—Sólo soy un hombre.
Niego con la cabeza. Mi cabello se aferra a las gotas de agua sobre su pecho. Estoy totalmente consciente de cómo se agitan mis pechos. Él me hace consciente de mí misma, de mi cuerpo.
—No, tú eres más. Eres mucho más. Eres esto... esta experiencia. Me estoy... me dejo llevar por ti, cuando estoy cerca tuyo. Pierdo el control cuando estoy contigo.
Esto lo conmueve. Siento como se tensa con mis palabras.
—¿Tienes idea del efecto que tienes sobre mí? —Se ríe suavemente. —Haces que gire al revés. Yo nunca... nunca antes algo me importo. No así. Nadie. Después de que mamá murió, simplemente apagué el sistema, y nunca se recuperó. Papá siempre fue raro, peculiar y solitario, pero cuando ella murió, simplemente desapareció. Básicamente me crie yo... bueno, Junsai el mayordomo estaba allí para mí en todo. Y Senna, el ama de llaves.
No puedo dejar de reír.
—¿Tenías un mayordomo llamado Junsai?
—Cállate. —Él se ríe. —Yo no le puse el nombre al tipo. Y “mayordomo” es genérico para un montón de oficios. Piensa en Alfred de Batman. Él hizo todo por Bruce, ¿sabes? Así es como Junsai era. Administraba la casa, llevando la cuenta de todo. Se aseguró de que fuera a la escuela y eso. No era del tipo “abrazos y cobijarte en la noche”, pero en el transcurso de los años me rescató de algunas situaciones difíciles.
Hace una pausa, respira, su pecho hinchándose contra mi espalda, y exhala profundamente.
Está alejando recuerdos. Sé algo de eso.
—De todos modos. Tú y yo. Lo que me haces. No puedes distraerme de esto. Necesitas saber.
Se inclina más cerca y su cercanía hace que mi piel se erice y que mis pezones se endurezcan. Traidores. Siento el ya familiar calor, palpitar muy profundo.
—Me haces sentir cosas. Y debes saber lo importante que es eso para mí. Empecé a actuar, realmente a actuar, ¿sabes? Tomándolo en serio y haciendo los papeles que elegía, porque quería sentir. Tenía que representarlo en la pantalla, porque no podía sentir nada cuando era Sasuke. Nada, excepto esa vaga sensación de soledad. Estaba acostumbrado a ella, porque crecí solo. Junsai era estoico y británico, y Senna era una señora desaliñada con sus propios hijos que preocuparse. Así que dejé de sentir las cosas porque era más fácil. Estando en Hollywood, creces en torno a la vida, creces como lo hice yo. Las drogas y el alcohol son simplemente normales. Hice mi primera raya de coca cuando tenía... ¿doce años? Aprendí temprano a festear. Llenaba los vacíos o algo así. Luego, cuando llegué a la pubertad, las chicas eran parte de ello. Siempre anotaba, ¿sabes? Siempre. Fue fácil. ¿Y las chicas? Llenaron los vacíos en mí. Pero... todo fue fugaz. Era mi vida. Mujeres, drogas, alcohol, fiestas, actuando en películas alrededor de todo el mundo. Ser una estrella.
—Era genial, era la vida con la que todo el mundo sueña. Pero siempre era simplemente yo. Solo, después de que la fiesta terminaba y que las chicas se fueran a sus casas. Sin sentido. Ninguna de esas chicas significaba nada. Todo un tren sucio de putas estiradas que utilicé para la distracción. No podían hacer una mierda por mí cuando más importaba.
Trato de dar vuelta en sus brazos, pero él no me deja. Está hablando en mi cabello, en la parte superior de mi cabeza y siento su aliento caliente sobre mi cuero cabelludo. Me quedo quieta y lo dejo hablar, procesando estas revelaciones. Cada palabra hace a Sasuke más y más real, y mucho más que todo lo define, comprende e intensifica.
—Estaba trabajando en la última película de Caín Riley. Estábamos filmando en... ¿Praga? Sí, Praga. Últimas dos semanas de rodaje. Había estado celebrando como una estrella de rock de mierda por días, desperdiciando el tiempo. Pero hacia bien las escenas. Caín era este personaje de tipo oscuro y melancólico, un tipo duro. Así que el tipo medio ausente e insolente y el "me importa todo un carajo" en los ojos, durante toda la película, era real. No me importaba una mierda, nada, lo que funcionó para el personaje. Estaba tan llevado. Y entonces un día me desperté en la parte trasera de un club en la zona más repugnante de Praga. Me desmayé y cerraron el lugar sólo para mí, para que pudiera perderme. Como si hubiera sabido o me hubiera importado como iba la fiesta en el club mientras estaba inconsciente. Bueno lo que fuera. Me desperté y tenía sangre en la cara, debajo de mi nariz y barbilla. Había vomito por todas partes. Me habían dejado sólo... me dejaron allí. Dejándome vomitar. Se había convertido en algo tan común para mí quedar inconsciente que no se molestaron en comprobar como estaba, porque siempre estaba bien. Tomaba algunos tragos, aspiraba una línea, bebía un poco de café. Grababa la siguiente escena.
Sasuke inclino su cabeza hacia atrás, dejándose llevar por sus recuerdos.
—Y me di cuenta, ya sabes, que no les importaba. Mientras grabara buenas escenas, lo demás no les importaba. Y yo iba a terminar como mi mamá. Fue pura suerte que no hubiera muerto esa noche en el club, que no hubiera bronco aspirado y muerto ahogado como mi madre. Así que traté de recuperar la sobriedad por mi cuenta y acabar con el resto de las escenas, sin terminar como ella. Entonces... finalizado el rodaje de Amenazas Veladas, fui a rehabilitación. Fue entonces cuando desaparecí. ¿Sabes? Rehabilitación fue más un tiempo para apartarme. Quiero decir, mierda, es cierto que tuve un problema, pero no fue la adicción a las drogas. Fue la adicción a los sentimientos. Sentía cosas cuando actuaba y cuando estaba totalmente pasado. Sensaciones buenas pero vacías. ¿Entiendes? Tal vez no entiendes. Tal vez tú sientes demasiado, sientes tanto que ya todo lo demás no tiene ningún sentido. Creo que ese es tu problema. Sientes demasiado.
Descansa su barbilla en mi cabeza y sigue hablando, soy su audiencia cautiva, con un brazo alrededor de mí, que me sostiene en su lugar.
—No siento lo suficiente. Nunca lo hice. Entonces, te conocí. En ese estúpido club de tetas. Y tú eras esa... esa gloriosa criatura. Eras como un ángel atrapado en el infierno. No podías estar más fuera de lugar si te lo hubieras propuesto. Te observé caminando por las mesas y danzando en el escenario. Los... cautivaste. A todos esos pobres, sudorosos, grasientos, cabrones miserables. Eras tan diferente a las otras strippers de ojos apáticos en blanco, que se ven en clubes como ese. Donde las sonrisas no llegan a sus ojos. Donde la aparente sensualidad es... superficial. Falsa. Impuesta. ¿Entiendes? Tú... exudas sensualidad y ni siquiera lo sabes; y eres como una droga para los chicos como yo. Puede que tenga más dinero y sofisticación que los otros chicos, pero soy como ellos. Buscando una emoción barata, un escape rápido. ¿Y tú? Tú eres un punto alto que nunca pudimos conseguir. ¿Verte bailar? ¿La forma en que te mueves? ¿La forma en que esperas hasta el último segundo de mierda para quitarte la ropa? Es enloquecedor. Ni siquiera lo sabes. No puedes. Hay algo dentro de ti, más allá de esa inocencia. Lo veo. Es... mierda. Es brillante como el sol de mierda, pero está oculto, porque eres infeliz.
Estoy inquieta, desgarrada, sudando por su calor y por la forma en que él habla de mí, pero no puedo escapar a su agarre, y tengo que escuchar sus palabras. Tengo que seguir escuchando. Está arrancando esto directo de su alma y dándomelo a mí. Es un regalo que no tiene precio y lo voy a guardar en mi corazón.
—Y te conocí —continúa—. Y me hiciste sentir algo. No estaba borracho. Puedo beber, entiendes. No soy y nunca fui un alcohólico. Era... una bandita sobre la herida. De todos modos, te vi, y entonces entré a la sala VIP y tú... eras tan brillante. Pero estabas tan asustada. E hiciste que algo en mí... impresionara. Como si hubiera tenido una revelación, ¿entiendes? Como ya sabía, tenía que conocerte, tenía que sostenerte y tocarte y decirte todo. Pero seguías huyendo. Y me besaste y me haces poner putamente duro, pero entonces huyes y me dejas adolorido, solo y excitado. ¿Sabes que desde que te conocí, he ganado como quince libras de músculo? Me excitas y después no puedo sacarlo por mi cuenta porque se siente mal y debo dejarlo salir, así que ejercito. Me excitas sólo con respirar. Me haces sentir como si fuera alguien, y no porque yo sea Sasuke jodido Uchiha.
Se aleja de mí y envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros con las palmas pegadas a su caliente y húmeda piel. Se queda quieto y me mira mientras continúa.
—Pero eso no te importa. Igual huyes de todos modos, tal vez por eso. Y no puedo entenderte. Me confundes y ese es un sentimiento. Conozco a las mujeres ¿sí? En verdad. Pensé que sabía cómo pensaban las mujeres, pero ¿a ti? No puedo entenderte. Nunca reaccionas como me creo que lo harás. En un segundo, no puedes tener suficiente de mí y voy a hacer que explotes y al siguiente estás a punto de hiperventilar y tener un ataque de nervios porque no me puedes manejar, o a nosotros, o algo así.
Va a mil por hora y nunca lo había oído hablar tanto, de hecho nunca había escuchado a alguien hablar tanto. Simplemente brota de él.
—Haces que te desee. No sólo... que quiera follarte. Eso se siente barato, incluso con sólo decirlo. Tú no eres el tipo de mujer para follar. Es más que eso. Pero follar es todo lo que sé y tú te mereces más. Y ese es un sentimiento extraño para mí. Siempre he sido privilegiado, ¿entiendes? Soy esa clase de persona horriblemente desagradable que siempre tuvo todo y posee el maldito mundo, ¿sí? Pero no tengo privilegios sobre ti. Tengo que ganarte. Y ni siquiera pude ganarme la verdad de dónde vienes o por qué eres como eres, ni nada. Tú no me das una maldita cosa y eso es desesperante. Pero ese es un sentimiento, también. Desearte, necesitarte, sentirme confundido, estar enojado, sentirme frustrado, necesitar un consuelo que no puedo encontrar, querer incluso tomar tu mano como un puto cursi adolescente... son todos sentimientos. Y eso... eso me hace sentir vivo de una manera que nunca he conocido antes.
Finalmente, detuvo el flujo de palabras. Me dio la vuelta en sus brazos y pone sus manos en mi cara. Sostengo con mis manos, su toalla en su lugar mientras me retira el cabello de la cara, limpia un mechón de pelo rosa de mi boca con su dedo índice. Sus ojos son de todos los colores, de ningún color, ese perfecto color que es tan característico de Sasuke.
Y luego vuelve a hablar, con una voz que es magia pura. Y sus palabras... me derrumban.
—Me haces sentir vivo, Sakura. Y... me encanta esa sensación.
—¿Sientes todo eso? ¿Por mí? —Sólo asiente con la cabeza.
—Yo no...Yo no... Quiero decir... simplemente soy Sakura. La hija de un pastor de Georgia. Mi madre murió, te conté eso. Ella era todo lo que tenía, en verdad, y mi sueño era estar aquí, así que vine aquí. Tenía que ganar dinero cuando mi beca se acabó, y no podía encontrar un trabajo, así que tomé el único trabajo que pude encontrar.
—Hay mucho más para ti que eso, Sakura.
—¿Cómo qué? —Sinceramente, no lo sé. Siento que eso es todo lo que hay.
—Gracia. Fluidez. Belleza. Inteligencia. Talento. Potencial. Ternura. Sensualidad innata.
Me toca debajo de la barbilla, y no puedo apartar la mirada de él.
—Dime una cosa verdadera.
—Soy bailarina —digo sin dudarlo—. No... No como en el escenario, no así. Si no realmente baile. Jazz y moderno y ballet.
—¿Bailas para mí?
—¿Qué, cómo ahora?
Él asiente con la cabeza, besa mi mejilla y se aparta de mí, dejando la toalla en mi mano. Me siento aturdida y es imposible apartar la mirada de su trasero mientras corre por las escaleras desnudo como un pájaro. Quiero que se de vuelta, pero también estoy contenta de que no lo haga. Regresa en un par de pantalones cortos y toma mi mano. Me lleva a través de su cavernosa casa palaciega en la que vive solo, hasta un gran gimnasio. Hay todo tipo de máquinas de pesas en una esquina, un saco de boxeo colgando del techo, uno de los grandes y pesados para patear y golpear, y luego un área de espacio abierto.
Hace un gesto hacia el espacio abierto.
—Yo practico taichí. Es rudo y me relaja. Me da un centro, un lugar donde pueda estar solo... nada más que el movimiento.
Entro en el centro del espacio abierto, pisando un suelo ligeramente acolchado. Me deslicé suavemente y me doy cuenta cuánto tiempo ha pasado desde que yo bailara para mí.
—¿Puedes poner algo de música?
Coloco mi bolso a un lado y desabrocho mi camisa, arrojándola al lado de mi bolso.
Estaba usando una blusa abotonada sobre una camiseta sin mangas y un par de capris. Bastante bien para el baile. Estoy entusiasmada con la idea, pero nerviosa. Sasuke saca su teléfono celular y juguetea con él, después lo conecta en algún puerto construido en una de las paredes. La música resuena a través del espacio y es una música perfecta para bailar. Nunca la había oído antes, pero es muy Sasuke. Es una sinfonía, orquestada, pero con fuertes connotaciones góticas; con guitarras y tambores que le dan un rasgo duro. La letra es reflexiva y oscura y vagamente religiosa. No puedo dejar de moverme.
No hay técnica en esto, es sólo puro movimiento. Mi cuerpo fluye, se estira, gira y se convierte en una extensión de la música. Salto, curva, jeté —característico del ballet— y rodar en piruetas; y no hay nada más que la música y mi cuerpo que se mueve. Tal pureza de expresión obliga a dejar salir cosas dentro de mí.
Había olvidado el baile. Lo había dejado en aras del trabajo y la escuela. Lo había perdido. Perdí esa parte de mí y ahora... Sasuke me la había devuelto. Bailo y bailo. Otra canción de la misma banda empieza a sonar y no dejo de bailar. Siento que él me mira pero no me importa.
No, eso no es cierto. Me importa. Mucho. Siento su mirada, y bailo con más energía para él. Quiero que me vea como soy. Me ha pedido varias veces que le diga una verdad sobre mí y ahora lo hago. Le digo una cosa verdadera, no con palabras, sino con algo más tangible, algo que viene de lo más profundo de mí. Las palabras pueden mentir. Las palabras pueden engañar y confundir y ocultar y evitar. Pero las cosas que haces, cómo te mueves, cómo tocas, esas cosas no pueden mentir.
Cuando la música termina, me quedo sin aliento, jadeante, sudando. Sasuke está de pie con los brazos cruzados y una expresión en su cara que no puedo descifrar. Recupero el aliento y espero. Viene hacia mí, sus ojos están encendidos de color rojizo, el color del deseo. Llega a mí, sudor corre por mis brazos, separa suavemente el cabello de mi cara, infinitamente suave, tocándome con deseo reprimido.
Duda por un segundo y a continuación, me besa.
Y ahora estoy perdida de nuevo. Dios, su beso me devora. Me succiona con la fuerza de su calor, su electricidad, su sexualidad y su dominación. Incluso el ligero sabor de pasta de dientes en los labios es sensual. Aspiro el olor del champú en su cabello y su loción de afeitar de cítricos o su colonia o lo que sea. Sus manos me acarician y me tocan y me sostienen e incitan el deseo dentro de mí. Me besa, me besa, me besa.
Y le devuelvo los besos.
Soy libre. Me voy por completo.

Continuará...


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