Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jasinda Wilder la cual lleva por nombre "Stripped". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia. Además la histora contiene contenido sexual explícito.
Vulnerable
.
Capítulo Doce
—¿Qué?
— Mi voz es algo más que histérica. Varios de los estudiantes que se
encontraban en la Oficina de Servicios Financieros, levantaron sus cabezas de
los teléfonos y cuadernos para mirarme con curiosidad. —¿Qué quieres decir con
qué ya fue pagado?
La
mujer al otro lado de la ventanilla me miraba como si yo fuera lenta para
entender.
—Quiero
decir... su deuda ha sido pagada. —Ella escribió algo en su teclado y
nuevamente me miró. —De hecho, la matrícula, así como el alojamiento y la
comida ya están pagos. Usted tiene un saldo de cero. También veo que se ha
establecido una cuenta de depósito. —Es una mujer pequeña de unos treinta y
tantos años, bonita con un estilo de cabello muy rizado.
—¿Una
qué?
Me
frunce el ceño.
—Una
cuenta de depósito. Esto significa que es una cuenta con dinero disponible,
lista y ajustada para débito automático, por el resto de su carrera. Para los
gastos de alojamiento y su plan de alimentos, así, como ve. La verdad, yo no
sabía que se podía hacer una cosa así. —Me da una pequeña sonrisa apretada.
—Alguien la quiere, señorita Haruno.
—Yo
no... No lo entiendo.
—Es
muy simple, de verdad. Alguien ha pagado por el resto de su educación.
—Lo
siento si sueno muy estúpida, pero no entiendo quien... quien podría haber
hecho algo así....
Me
frené, porque entendí. Cerré los ojos lentamente y traté de no llorar ni
explotar.
—Gracias.
—Le digo en un susurro y me vuelvo sobre mis talones para salir de la oficina.
Una vez fuera, simplemente me siento en el Rover.
El
cuero es fresco bajo mis piernas, y explosiones de aire frío dan en mi cara.
Afuera hace un calor impresionante, pero el Rover se siente en momentos helado.
El Rover cuenta con radio satelital y ya soy adicta a él. Musicalmente, me ha
llegado a gustar de todo, incluso el hip-hop y el pop, pero mis raíces sureñas
hacen que mi amor sea por la música country. "More than Miles" de Brantley
Gilbert empieza a sonar.
Dios,
esta canción, son tonos de casa, mi casa, como la que alguna vez fue. Tengo el
recuerdo de ir en el asiento delantero del BMW de mamá, ventanas abiertas y el
viento enredando nuestro cabello mientras a través de los parlantes suena Tim McGraw. Mamá amaba a Tim. Papá no estaba de acuerdo, ya que
no era, como Steve Green, Michael W. Smith o Steven Curtis Chapman, pero ese era siempre nuestro secreto, en el
camino a casa después de las clases de baile o durante los mandados por la
ciudad.
La
canción termina, y una locutora mujer empieza a hablar, parloteando
momentáneamente, y luego me rompe el corazón.
—Recordando
viejos tiempos. Esta es la siempre deliciosa “Don’t Take the Girl” de Tim
McGraw.
La
canción favorita de mamá. Grité sin control y me permití extrañarla por primera
vez en meses.
Cuando
terminé de llorar, tenía que hacer algo, o me iba a derrumbar en pedazos.
Si
todavía tenía un trabajo después de no llamar ni aparecerme el sábado ni ayer,
mi turno empezaría en unos veinte minutos. Si no voy, Sasuke habrá ganado.
Había pagado mi matrícula, alojamiento y plan de alimentación, básicamente
dejándome sin ninguna razón para trabajar.
Nunca
dije que no fuera terca.
Ni
siquiera me detuve para pensarlo. Simplemente conduje en la cara camioneta
hacia Noches Exóticas, y me impresionó lo rápido que había llegado a sentirme
cómoda en este vehículo. Cuando llegué al estacionamiento, sin
embargo, no podía creer lo que veía. No había coches en el aparcamiento. Claro
que en un lunes por la tarde no hay mucha gente, simplemente Kabuto y algunos
de los clientes habituales, pero por lo general hay alguien. El lote estaba
vacío. Estacione el Rover y me dirigí a la puerta principal, donde mi corazón se
detuvo.
Había
un trozo de papel de impresora pegado a la parte interior de la puerta, con un
mensaje corto y simple impreso en una fuente enorme:
CERRADO PERMANENTEMENTE.
PROXIMAMENTE TIENDA DE
LICORES “LA CUEVA DE BOB”
—¿Es
una broma ?
Muevo
el pomo de la puerta, pero simplemente no gira, está con llave. Voy hacia un
costado, a la puerta que conduce a la zona de detrás del escenario y los
vestuarios. También está cerrada, pero eso no es de extrañar ya que siempre
está cerrada con llave desde el exterior.
¿El
club se ha vendido? ¿Qué pasó? Me paro en el estacionamiento cocinándome en el
calor del final de la tarde, sudor corriendo entre mis omóplatos, mi cabeza
dando vueltas. ¿Cómo podía haber sido vendido a una tienda de licores? Tal vez el
club no era una próspera franquicia como Deja Vu —una cadena de Club de
Striptease—, o un lugar exclusivo, como Skin —un club privado de striptease acá
en los Ángeles— o SpearmintRhino —el destacado cabaret de las Vegas y cadena de
Club de striptease con presencia en varios países—, pero aun así dejaba una
buena ganancia. Servíamos un alcohol de mierda a hombres de estrato medio bajo
y bajo que hacían parte de la clase trabajadora. Pero... ¿una tienda de
licores? ¿La Cueva de Bob? ¿En serio?
Mi
cabeza está a punto de explotar.
Entonces
... lo entendí.
No.
No.
Por Dios, no.
No pudo hacerlo.
Giro
sobre mis talones y me dirijo de prisa de nuevo al coche. Me hundo en el
asiento de cuero del Rover... el que realmente había empezado a pensar en cómo
mi Rover... y trato de decidir si voy a gritar, llorar, reír, o las tres cosas.
Él
lo hizo. Sé que está detrás de todo esto. Tiene dinero como para tirar a lo
alto, y el dinero para él no significa nada. Pero habría gastado –No se siquiera
cuanto... ¿unos cuantos millones de dólares?- ¿Sólo para asegurarse de que yo
no volviera a desnudarme?
Él
podía haberlo hecho.
En
verdad... sé que él podía hacerlo.
Conduje
rápidamente el Rover a través de las calles de Los Ángeles. hacia Beverly
Hills, con una pericia que pondría orgulloso a Sasuke. En treinta minutos
estuve a la puerta de su vecindario y el vigilante simplemente me dejó pasar. ¿Cómo
podía conocerme? ¿Acaso era que conocía este carro? O ¿era que Sasuke le había
dicho a todos los vigilantes sobre mí?
Tuve
que resistir las ganas de rechinar las llantas sobre el pavimento del camino
hacia su casa. No podía olvidar que estaba en un vecindario. Entro en su camino
a un ritmo tranquilo y parqueo bajo el arco. Su Bugatti está recostado en el
único garaje abierto. Una camioneta roja maltratada se encontraba en el camino
de entrada, una enorme bestia de máquina con grasa, grandes llantas de neumáticos
negros que hacían que el gigantesco camión fuera aún más alto.
Capas
de mugre cubren el camión y escucho el motor rugir al pasar. No parece el
estilo de Sasuke, es un camión absurdamente masculino, pero de nuevo, lo hace.
Toco a la puerta con mi puño, agarrando la correa de mi bolso en el hombro con
la otra mano. Estoy temblando por todas partes, incluso después de manejar
durante media hora para calmarme.
Sasuke
abre la puerta envuelto en una toalla blanca demasiado pequeña, el cabello
mojado y pegado a la cabeza, gotas de agua corriendo por su esculpido pecho. Él
tiene un cepillo de dientes en su boca y un poco de pasta de dientes espumosa
en la barbilla. Empuja la puerta abriéndola y la sostiene, y
entro pasándole. Huele delicioso, como algo cítrico mezcla del champú y del
desodorante.
Mi
mano se mueve por sí misma, limpiando la pasta de dientes de su barbilla con mi
pulgar. Estoy de pie junto a él, y siento el calor que sale de él.
Olvido
momentáneamente por qué estoy enojada con él.
Tiene
el cepillo de dientes sujeto entre sus molares del lado derecho de su boca, y
se reclina contra la puerta. Su toalla parece peligrosamente cerca de caer,
pero la agarra con una mano, sacando el cepillo de dientes de su boca con la
otra.
—Me
preguntaba si tendría una visita tuya. —Su voz es fresca y divertida, pero sus
ojos son de un tormentoso y nublado gris, el color de pensamientos profundos y
de emociones en ebullición.
—Tú...
tú... —No puedo articular las palabras.
Estaba
tan desnudo como un hombre puede estar sin en realidad estar desnudo, y es
increíblemente inquietante, porque tengo visiones corriendo por mi cabeza,
lamiendo las gotas de agua de su pecho. Tuve que contenerme de hacerlo
agarrando firmemente el marco de la puerta.
—Estaba
en la ducha —termina por mí—. Y te ves bastante sudorosa, como que puedes
necesitar también una ducha ahora mismo. —Se inclina sobre mí y me huele—. Pero
hueles bien. Olerías incluso mejor si ese fuera mi sudor corriendo en tu piel. —Su
voz vibra en mi oído, íntimo y sugerente.
¿Qué
nuevo juego diabólico es este? ¿Qué me estaba haciendo? Estoy atrapada en mi
lugar. Está dejando que la toalla se deslice un poco. Puedo ver la V de sus
músculos de la ingle, y una sombra de vello negro recortado. Va a dejar caer la
toalla, aquí en su vestíbulo. Está tratando de distraerme del enojo que siento
hacia él. Y definitivamente, está funcionando.
Me
doy la vuelta y pongo mi cara hacia la puerta. —Maldita sea, Sasuke.
—¿Acabas
de maldecir? Pensé que nunca maldecías. —Su voz está en mi oído, muy cerca.
—Pagaste
mis estudios.
—Y
tu alojamiento y comida. No te olvides de eso.
—¿Y
el club? —Digo en un susurro. Otra tendencia mía cuando estoy tratando con Sasuke.
—Oh,
¿eso? —Suena satisfecho de sí mismo. No me atrevo a mirar su expresión
petulante. Puedo imaginármela lo suficientemente bien.
—Mi
amigo Satoshi estaba buscando una nueva propiedad, así que le hice una oferta
que no podía rechazar, al maldito gusano baboso de Kabuto —dice esta última
parte en una pasable imitación de Marlon Brando, pero estoy tan sorprendida y
enojada que incluso su cita de El Padrino no me impresiona.
—¿Kabuto?
¿ Kabuto Yakushi?
—Sí,
ese pequeño cabrón. Él no quería vender, pero todo el mundo tiene un precio.
Resulta que el precio de tu amigo Kabuto era de dos millones de dólares. —Lo
dice casualmente.
No
puedo dejar de preguntarme lo que Mei y las demás van a hacer, ahora que el
Club se ha ido.
—Pagaste
dos millones de dólares para cerrar el club, ¿para que yo no trabajara más ahí?
—Doy un vistazo a Sasuke, lo cual es un error, porque él sostiene vagamente la
toalla a la cintura, y me hace bromas con destellos de lo que hay debajo. Él se
encoge de hombros.
—Sip.
Era una mierda asquerosa de todos modos, y Kabuto era una cucaracha grasienta.
No puedes decir honestamente que estás molesta por esto, ¿o sí?
Me
alejo de él, luchando por respirar y por palabras. —Tú... pero mi matrícula y
todo lo demás. Eso tuvo que costar...
—Ni
siquiera cincuenta de los grandes. —Él hace un gesto desdeñoso—. Nada
relevante. Pero no se trata del dinero. Se trata de ti.
Cincuenta
de los grandes. Irrelevante. Mi cabeza gira. —No lo entiendo...
Me detiene con una mano en mi brazo y tira suavemente mi espalda contra
su pecho. Esta húmedo todavía y mi camisa se pega a él.
—Es
muy sencillo, Sakura. Soy un niño mimado. Siempre he conseguido lo que quiero.
Siempre. Y te quiero toda para mí. No quiero que trabajes allí nunca más y
sabía que me pelearías por eso, así que tomé la decisión lejos de ti. No me
importa lo que cueste, tengo que tenerte toda para mí.
—Eso
es hacer trampa.
—¿Dónde
está el libro de reglas para esto? ¿Cómo es el dicho? "¿En la guerra y en el amor, todo se vale?"
—¿Y
aquí cual es el caso? ¿Amor? O ¿guerra?
—Ambas.
Ninguna. Es como quieras que sea, nena. —Su voz retumba en su pecho, vibrando
contra mi columna vertebral. Su mano está alrededor de mi brazo, el otro metido
entre nosotros, manteniendo la toalla en su lugar.
Oh, Dios. Oh, Señor,
ayúdame. Puedo sentirlo, todo de él, pegado a mi espalda.
—Sasuke,
¿por qué haces esto?
—¿Por
qué sigues luchando?
—Porque...
todo es demasiado. Tú eres... tú me abrumas.
—Sólo
soy un hombre.
Niego
con la cabeza. Mi cabello se aferra a las gotas de agua sobre su pecho. Estoy
totalmente consciente de cómo se agitan mis pechos. Él me hace consciente de mí
misma, de mi cuerpo.
—No,
tú eres más. Eres mucho más. Eres esto... esta experiencia. Me estoy... me dejo
llevar por ti, cuando estoy cerca tuyo. Pierdo el control cuando estoy contigo.
Esto
lo conmueve. Siento como se tensa con mis palabras.
—¿Tienes
idea del efecto que tienes sobre mí? —Se ríe suavemente. —Haces que gire al
revés. Yo nunca... nunca antes algo me importo. No así. Nadie. Después de que
mamá murió, simplemente apagué el sistema, y nunca se recuperó. Papá siempre
fue raro, peculiar y solitario, pero cuando ella murió,
simplemente desapareció. Básicamente me crie yo... bueno, Junsai el mayordomo
estaba allí para mí en todo. Y Senna, el ama de llaves.
No
puedo dejar de reír.
—¿Tenías
un mayordomo llamado Junsai?
—Cállate.
—Él se ríe. —Yo no le puse el nombre al tipo. Y “mayordomo” es genérico para un
montón de oficios. Piensa en Alfred de Batman. Él hizo todo por Bruce, ¿sabes?
Así es como Junsai era. Administraba la casa, llevando la cuenta de todo. Se
aseguró de que fuera a la escuela y eso. No era del tipo “abrazos y cobijarte
en la noche”, pero en el transcurso de los años me rescató de algunas situaciones
difíciles.
Hace
una pausa, respira, su pecho hinchándose contra mi espalda, y exhala
profundamente.
Está
alejando recuerdos. Sé algo de eso.
—De
todos modos. Tú y yo. Lo que me haces. No puedes distraerme de esto. Necesitas
saber.
Se
inclina más cerca y su cercanía hace que mi piel se erice y que mis pezones se
endurezcan. Traidores. Siento el ya familiar calor, palpitar muy profundo.
—Me
haces sentir cosas. Y debes saber lo importante que es eso para mí. Empecé a
actuar, realmente a actuar, ¿sabes? Tomándolo en serio y haciendo los papeles
que elegía, porque quería sentir. Tenía que representarlo en la pantalla,
porque no podía sentir nada cuando era Sasuke. Nada, excepto esa vaga sensación
de soledad. Estaba acostumbrado a ella, porque crecí solo. Junsai era estoico y
británico, y Senna era una señora desaliñada con sus propios hijos que preocuparse.
Así que dejé de sentir las cosas porque era más fácil. Estando en Hollywood,
creces en torno a la vida, creces como lo hice yo. Las drogas y el alcohol son
simplemente normales. Hice mi primera raya de coca cuando tenía... ¿doce años?
Aprendí temprano a festear. Llenaba los vacíos o algo así. Luego, cuando llegué
a la pubertad, las chicas eran parte de ello. Siempre anotaba, ¿sabes? Siempre.
Fue fácil. ¿Y las chicas? Llenaron los vacíos en mí. Pero... todo fue fugaz.
Era mi vida. Mujeres, drogas, alcohol, fiestas, actuando en películas alrededor
de todo el mundo. Ser una estrella.
—Era
genial, era la vida con la que todo el mundo sueña. Pero siempre era
simplemente yo. Solo, después de que la fiesta terminaba y que las chicas se
fueran a sus casas. Sin sentido. Ninguna de esas chicas significaba nada. Todo
un tren sucio de putas estiradas que utilicé para la distracción. No podían
hacer una mierda por mí cuando más importaba.
Trato
de dar vuelta en sus brazos, pero él no me deja. Está hablando en mi cabello,
en la parte superior de mi cabeza y siento su aliento caliente sobre mi cuero
cabelludo. Me quedo quieta y lo dejo hablar, procesando estas revelaciones.
Cada palabra hace a Sasuke más y más real, y mucho más que todo lo define,
comprende e intensifica.
—Estaba
trabajando en la última película de Caín Riley. Estábamos filmando en... ¿Praga?
Sí, Praga. Últimas dos semanas de rodaje. Había estado celebrando como una
estrella de rock de mierda por días, desperdiciando el tiempo. Pero hacia bien
las escenas. Caín era este personaje de tipo oscuro y melancólico, un tipo
duro. Así que el tipo medio ausente e insolente y el "me importa todo un
carajo" en los ojos, durante toda la película, era real. No me importaba
una mierda, nada, lo que funcionó para el personaje. Estaba tan llevado. Y
entonces un día me desperté en la parte trasera de un club en la zona más repugnante
de Praga. Me desmayé y cerraron el lugar sólo para mí, para que pudiera
perderme. Como si hubiera sabido o me hubiera importado como iba la fiesta en
el club mientras estaba inconsciente. Bueno lo que fuera. Me desperté y tenía
sangre en la cara, debajo de mi nariz y barbilla. Había vomito por todas
partes. Me habían dejado sólo... me dejaron allí. Dejándome vomitar. Se había
convertido en algo tan común para mí quedar inconsciente que no se molestaron en
comprobar como estaba, porque siempre estaba bien. Tomaba algunos tragos,
aspiraba una línea, bebía un poco de café. Grababa la siguiente escena.
Sasuke
inclino su cabeza hacia atrás, dejándose llevar por sus recuerdos.
—Y
me di cuenta, ya sabes, que no les importaba. Mientras grabara buenas escenas,
lo demás no les importaba. Y yo iba a terminar como mi mamá. Fue pura suerte
que no hubiera muerto esa noche en el club, que no hubiera bronco aspirado y
muerto ahogado como mi madre. Así que traté de recuperar la sobriedad por mi
cuenta y acabar con el resto de las escenas, sin terminar como ella.
Entonces... finalizado el rodaje de Amenazas
Veladas, fui a rehabilitación. Fue entonces cuando
desaparecí. ¿Sabes? Rehabilitación fue más un tiempo para apartarme. Quiero
decir, mierda, es cierto que tuve un problema, pero no fue la adicción a las
drogas. Fue la adicción a los sentimientos. Sentía cosas cuando actuaba y
cuando estaba totalmente pasado. Sensaciones buenas pero vacías. ¿Entiendes?
Tal vez no entiendes. Tal vez tú sientes demasiado, sientes tanto que ya todo
lo demás no tiene ningún sentido. Creo que ese es tu problema. Sientes
demasiado.
Descansa
su barbilla en mi cabeza y sigue hablando, soy su audiencia cautiva, con un
brazo alrededor de mí, que me sostiene en su lugar.
—No
siento lo suficiente. Nunca lo hice. Entonces, te conocí. En ese estúpido club
de tetas. Y tú eras esa... esa gloriosa criatura. Eras como un ángel atrapado
en el infierno. No podías estar más fuera de lugar si te lo hubieras propuesto.
Te observé caminando por las mesas y danzando en el escenario. Los... cautivaste.
A todos esos pobres, sudorosos, grasientos, cabrones miserables. Eras tan
diferente a las otras strippers de ojos apáticos en blanco, que se ven en
clubes como ese. Donde las sonrisas no llegan a sus ojos. Donde la aparente
sensualidad es... superficial. Falsa. Impuesta. ¿Entiendes? Tú... exudas
sensualidad y ni siquiera lo sabes; y eres como una droga para los chicos como
yo. Puede que tenga más dinero y sofisticación que los otros chicos, pero soy
como ellos. Buscando una emoción barata, un escape rápido. ¿Y tú? Tú eres un
punto alto que nunca pudimos conseguir. ¿Verte bailar? ¿La forma en que te
mueves? ¿La forma en que esperas hasta el último segundo de mierda para
quitarte la ropa? Es enloquecedor. Ni siquiera lo sabes. No puedes. Hay algo
dentro de ti, más allá de esa inocencia. Lo veo. Es... mierda. Es brillante
como el sol de mierda, pero está oculto, porque eres infeliz.
Estoy
inquieta, desgarrada, sudando por su calor y por la forma en que él habla de
mí, pero no puedo escapar a su agarre, y tengo que escuchar sus palabras. Tengo
que seguir escuchando. Está arrancando esto directo de su alma y dándomelo a
mí. Es un regalo que no tiene precio y lo voy a guardar en mi corazón.
—Y
te conocí —continúa—. Y me hiciste sentir algo. No estaba borracho. Puedo
beber, entiendes. No soy y nunca fui un alcohólico. Era... una bandita sobre la
herida. De todos modos, te vi, y entonces entré a la sala VIP y tú... eras tan
brillante. Pero estabas tan asustada. E hiciste que algo en mí... impresionara.
Como si hubiera tenido una revelación, ¿entiendes? Como ya
sabía, tenía que conocerte, tenía que sostenerte y tocarte y decirte todo. Pero
seguías huyendo. Y me besaste y me haces poner putamente duro, pero entonces
huyes y me dejas adolorido, solo y excitado. ¿Sabes que desde que te conocí, he
ganado como quince libras de músculo? Me excitas y después no puedo sacarlo por
mi cuenta porque se siente mal y debo dejarlo salir, así que ejercito. Me
excitas sólo con respirar. Me haces sentir como si fuera alguien, y no porque
yo sea Sasuke jodido Uchiha.
Se
aleja de mí y envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros con las palmas
pegadas a su caliente y húmeda piel. Se queda quieto y me mira mientras
continúa.
—Pero
eso no te importa. Igual huyes de todos modos, tal vez por eso. Y no puedo
entenderte. Me confundes y ese es un sentimiento. Conozco a las mujeres ¿sí? En
verdad. Pensé que sabía cómo pensaban las mujeres, pero ¿a ti? No puedo
entenderte. Nunca reaccionas como me creo que lo harás. En un segundo, no
puedes tener suficiente de mí y voy a hacer que explotes y al siguiente estás a
punto de hiperventilar y tener un ataque de nervios porque no me puedes
manejar, o a nosotros, o algo así.
Va
a mil por hora y nunca lo había oído hablar tanto, de hecho nunca había
escuchado a alguien hablar tanto. Simplemente brota de él.
—Haces
que te desee. No sólo... que quiera follarte. Eso se siente barato, incluso con
sólo decirlo. Tú no eres el tipo de mujer para follar. Es más que eso. Pero
follar es todo lo que sé y tú te mereces más. Y ese es un sentimiento extraño para
mí. Siempre he sido privilegiado, ¿entiendes? Soy esa clase de persona
horriblemente desagradable que siempre tuvo todo y posee el maldito mundo, ¿sí?
Pero no tengo privilegios sobre ti. Tengo que ganarte. Y ni siquiera pude
ganarme la verdad de dónde vienes o por qué eres como eres, ni nada. Tú no me das
una maldita cosa y eso es desesperante. Pero ese es un sentimiento, también.
Desearte, necesitarte, sentirme confundido, estar enojado, sentirme frustrado,
necesitar un consuelo que no puedo encontrar, querer incluso tomar tu mano como
un puto cursi adolescente... son todos sentimientos. Y eso... eso me hace
sentir vivo de una manera que nunca he conocido antes.
Finalmente,
detuvo el flujo de palabras. Me dio la vuelta en sus brazos y pone sus manos en
mi cara. Sostengo con mis manos, su toalla en su lugar mientras
me retira el cabello de la cara, limpia un mechón de pelo rosa de mi boca con
su dedo índice. Sus ojos son de todos los colores, de ningún color, ese
perfecto color que es tan característico de Sasuke.
Y
luego vuelve a hablar, con una voz que es magia pura. Y sus palabras... me
derrumban.
—Me
haces sentir vivo, Sakura. Y... me encanta esa sensación.
—¿Sientes
todo eso? ¿Por mí? —Sólo asiente con la cabeza.
—Yo
no...Yo no... Quiero decir... simplemente soy Sakura. La hija de un pastor de
Georgia. Mi madre murió, te conté eso. Ella era todo lo que tenía, en verdad, y
mi sueño era estar aquí, así que vine aquí. Tenía que ganar dinero cuando mi
beca se acabó, y no podía encontrar un trabajo, así que tomé el único trabajo
que pude encontrar.
—Hay
mucho más para ti que eso, Sakura.
—¿Cómo
qué? —Sinceramente, no lo sé. Siento que eso es todo lo que hay.
—Gracia.
Fluidez. Belleza. Inteligencia. Talento. Potencial. Ternura. Sensualidad innata.
Me
toca debajo de la barbilla, y no puedo apartar la mirada de él.
—Dime
una cosa verdadera.
—Soy
bailarina —digo sin dudarlo—. No... No como en el escenario, no así. Si no realmente
baile. Jazz y moderno y ballet.
—¿Bailas
para mí?
—¿Qué,
cómo ahora?
Él
asiente con la cabeza, besa mi mejilla y se aparta de mí, dejando la toalla en
mi mano. Me siento aturdida y es imposible apartar la mirada de su trasero
mientras corre por las escaleras desnudo como un pájaro. Quiero que se de
vuelta, pero también estoy contenta de que no lo haga. Regresa en un par de
pantalones cortos y toma mi mano. Me lleva a través de su cavernosa casa palaciega
en la que vive solo, hasta un gran gimnasio. Hay todo tipo de máquinas de pesas
en una esquina, un saco de boxeo colgando del techo, uno de los grandes y pesados
para patear y golpear, y luego un área de espacio abierto.
—Yo
practico taichí. Es rudo y me relaja. Me da un centro, un lugar donde pueda
estar solo... nada más que el movimiento.
Entro
en el centro del espacio abierto, pisando un suelo ligeramente acolchado. Me
deslicé suavemente y me doy cuenta cuánto tiempo ha pasado desde que yo bailara
para mí.
—¿Puedes
poner algo de música?
Coloco
mi bolso a un lado y desabrocho mi camisa, arrojándola al lado de mi bolso.
Estaba
usando una blusa abotonada sobre una camiseta sin mangas y un par de capris.
Bastante bien para el baile. Estoy entusiasmada con la idea, pero nerviosa. Sasuke
saca su teléfono celular y juguetea con él, después lo conecta en algún puerto construido
en una de las paredes. La música resuena a través del espacio y es una música
perfecta para bailar. Nunca la había oído antes, pero es muy Sasuke. Es una
sinfonía, orquestada, pero con fuertes connotaciones góticas; con guitarras y
tambores que le dan un rasgo duro. La letra es reflexiva y oscura y vagamente
religiosa. No puedo dejar de moverme.
No
hay técnica en esto, es sólo puro movimiento. Mi cuerpo fluye, se estira, gira
y se convierte en una extensión de la música. Salto, curva, jeté —característico
del ballet— y rodar en piruetas; y no hay nada más que la música y mi cuerpo
que se mueve. Tal pureza de expresión obliga a dejar salir cosas dentro de mí.
Había
olvidado el baile. Lo había dejado en aras del trabajo y la escuela. Lo había
perdido. Perdí esa parte de mí y ahora... Sasuke me la había devuelto. Bailo y
bailo. Otra canción de la misma banda empieza a sonar y no dejo de bailar.
Siento que él me mira pero no me importa.
No,
eso no es cierto. Me importa. Mucho. Siento su mirada, y bailo con más energía
para él. Quiero que me vea como soy. Me ha pedido varias veces que le diga una
verdad sobre mí y ahora lo hago. Le digo una cosa verdadera, no con palabras,
sino con algo más tangible, algo que viene de lo más profundo de mí. Las
palabras pueden mentir. Las palabras pueden engañar y confundir y ocultar y
evitar. Pero las cosas que haces, cómo te mueves, cómo tocas, esas cosas no
pueden mentir.
Cuando
la música termina, me quedo sin aliento, jadeante, sudando. Sasuke está de pie
con los brazos cruzados y una expresión en su cara que no puedo descifrar. Recupero
el aliento y espero. Viene hacia mí, sus ojos están encendidos de color rojizo,
el color del deseo. Llega a mí, sudor corre por mis brazos, separa suavemente
el cabello de mi cara, infinitamente suave, tocándome con deseo reprimido.
Duda
por un segundo y a continuación, me besa.
Y
ahora estoy perdida de nuevo. Dios, su beso me devora. Me succiona con la
fuerza de su calor, su electricidad, su sexualidad y su dominación. Incluso el
ligero sabor de pasta de dientes en los labios es sensual. Aspiro el olor del
champú en su cabello y su loción de afeitar de cítricos o su colonia o lo que
sea. Sus manos me acarician y me tocan y me sostienen e incitan el deseo dentro
de mí. Me besa, me besa, me besa.
Y
le devuelvo los besos.
Soy
libre. Me voy por completo.
Continuará...
CAPÍTULO 11 < -- . -- > CAPÍTULO 13
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