jueves, 2 de enero de 2014

LA CAMA EQUIVOCADA cap 5



Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.

 LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Cinco

Sakura siguió a Sasuke al interior... sintiéndose como un pimiento que se estuviera asando a fuego lento. Aunque Sasuke fuera increíble en muchos sentidos, ella había dejado de ser la señorita Encantadora a cualquier costa, había puesto sus límites y no estaba dispuesta a traicionarse. Estaba allí para trabajar y lo único que iba a hacer era trabajar.

–En las películas no salió la casa en ningún momento –comentó Sasuke guiándola por el interior–. Por eso, no se va a visitar. Lo que sí se podrá enseñar serán los terrenos y los edificios colindantes.

–Muy bien, pero en algún momento necesitarán un refrigerio porque se tarda un rato en llegar andando hasta aquí –contestó Sakura, que se estaba muriendo de hambre.

Sasuke asintió.

–Hay un pabellón de invitados un poco más allá y, por las mañanas, podemos darles té o algo. Tengo cocinera.

–De hecho, nos ha dejado la cena preparada.

A Sakura le habría encantado poder decir que no, pero tenía que reponer fuerzas. De lo contrario, podía cometer una locura. Solo llevaba dos minutos siguiéndolo y ya lo deseaba.

–Sí, me encantaría comer algo, gracias –contestó.

Sasuke se giró sorprendido.
–¿Ahora mismo?
–Sí –contestó Sakura con entusiasmo–. Y también tengo sed.
Sasuke se rio, lo que a Sakura no le puso las cosas fáciles, pues su risa la atraía sobremanera.
–Muy bien –dijo llevándola hasta una cocina preciosa–. Tenemos una buena bodega. ¿Vino blanco, rosado o tinto?
–Agua del grifo me va bien, gracias –contestó Sakura.
–¿No quieres vino? – Bromeó Sasuke–. ¿Nada de champán esta noche?
–No soy tan tonta como para cometer el mismo error dos veces –contestó Sakura.
–¿Le echas la culpa de lo sucedido a las burbujas? –sonrió Sasuke.
Sakura aceptó el vaso de agua fría que le había tendido.
–No, pero no creo que ayudara. Soy una mujer adulta y, como tal, acepto que la mayor parte de lo ocurrido fue culpa mía.
Sasuke se quedó mirándola fijamente desde el otro lado de la encimera de granito.
–¿Qué me dices de este lugar? ¿Te inspira tanto como el château?
Sakura se tomó el agua con la esperanza de que la refrescara por dentro y no contestó sino que se giró y se quedó mirando por la ventana.
–¿Cuántas propiedades así tienes? –le preguntó con la idea de no acercarse jamás a una de ellas.
–Cinco hasta el momento. Estoy en negociaciones para adquirir otras dos.
–Vaya, son unas cuantas...
Sobre todo, teniendo en cuenta lo que debían de costar.
–No todas son tan grandes como esta, pero me dan trabajo, no te vayas a creer.
Sakura se giró hacia él y comprobó que parecía cansado. Sobre la mesa, descansaban el ordenador portátil y varios teléfonos.
–¿El château fue tu primera adquisición? –le preguntó–. Era de tu padre, ¿no?
–Para él, verlo completamente reformado habría sido un sueño hecho realidad, pero murió antes de poder verlo acabado –contestó Sasuke sin emoción alguna.
–Vaya, lo siento.
–Sí, murió de cáncer. Era mayor –le explicó Sasuke–. Supongo que le llegó su hora.
–¿Y, a su muerte, tú te hiciste cargo del château? –quiso saber Sakura, interesada por saber cómo demonios se las había ingeniado Sasuke para tener todo lo que tenía.
Sasuke asintió.
–¿Cuántos años tenías?
–Catorce cuando murió y diecisiete cuando me hice cargo del château.
–¿Diecisiete?
Sasuke sonrió al verla estupefacta.
–Mi madre me lo donó.
–¿De verdad?
–Yo lo quería y ella, no.
Sakura se quedó mirándolo boquiabierta.
–Y ella, ¿dónde está ahora?
–Volvió a Francia unos meses después de la muerte de mi padre. No quería que la tomaran por la viuda alegre.
–¿Y tú te quedaste en Nueva Zelanda a pesar de tu edad y de que no habías terminado ni el colegio?
–Quería terminar la reforma del château –contestó Sasuke sacando una fuente del frigorífico y metiéndola en el microondas–. Quería terminar el sueño de mi padre, pero mi madre no podía con ello y no la culpo.
¿Su madre estaba tan triste que se había ido dejando a su único hijo solo? Al parecer, Sasuke y ella tenían algo en común.
–¿La ves? –le preguntó con curiosidad.
–Me comunico con ella por Skype, pero los dos tenemos muchas cosas que hacer. Ella tiene una tienda de ropa a la que le dedica mucho tiempo y yo estoy a tope de trabajo.
Sakura se dijo a si misma que ella tampoco tenía una relación estrecha con su padre.
–Debías de estar muy unido a tu padre para querer terminar su sueño.
Sasuke volvió a sonreír.
–De eso, hace ya mucho tiempo.
Sí, pero había heridas que nunca se cerraban y, aunque Sakura no había sufrido la pérdida de nadie cercano, comprendía que el dolor debía de durar toda la vida.
–¿No tienes más familia?
–No, y tampoco la quiero –contestó Sasuke–. No tengo ninguna intención de casarme ni de tener hijos.
–Muy sutil –contestó Sakura–. No hace falta que me adviertas porque no me pienso acercar a ti.
–Claro, claro, habrán sido imaginaciones mías –se rio Sasuke.
A pesar de su arrogancia, Sakura no pudo evitar sonreír.
–¿Y por qué no quieres comprometerte? ¿Has tenido alguna mala experiencia? ¿Alguna cazafortunas? –le preguntó.
–No –contestó Sasuke sacando un cuenco con ensalada de la nevera–. Es una cuestión de prioridades. Mi prioridad desde hace tiempo es mi trabajo y así va a seguir siendo. Viajo mucho y no puedo estar a la entera disposición de nadie.
–Estamos hablando de casarse, no de esclavitud –comentó Sakura con el ceño fruncido.
–¿Hay alguna diferencia? –le preguntó Sasuke sonriendo como si estuviera bromeando–. No puedo ser el marido de nadie, no puedo ser el hombre que siempre va a estar disponible para las cosas importantes. No sería justo por mi parte prometer que sí voy a estar y dejar en la estacada a mi mujer una y otra vez. No quiero que nadie me odie.
¿Habría sido eso? ¿Habría tenido una relación con una mujer que le había reclamado demasiado tiempo? ¿No se habría dado cuenta de que el hombre con el que estaba era un adicto al trabajo? Tal vez, Sasuke gastaba toda su energía en mantener sus empresas y no tenía disponible para mantener una relación, además. ¿Y por qué iba a tener que hacer aquel esfuerzo cuando seguro que tenía millones de mujeres queriendo acostarse con él?
–Eso no son más que excusas –contestó–. No quieres comprometerte con una mujer porque puedes conseguir lo que quieres de varias –le espetó–. ¿Por qué te ibas a conformar con una?
Mientras llenaba un cuenco con arroz, Sasuke sonrió y no negó la acusación de Sakura.
–¿Comemos? –le propuso.
–Comida de microondas, ¿eh? Qué rica –se burló Sakura.
–¿Por qué no la pruebas antes de criticarla?
Sakura elevó el mentón en actitud desafiante y probó el arroz al curry bajo la atenta mirada de Sasuke.
–Admito que es la mejor comida de microondas que he probado en mi vida –comentó.
Sasuke se rio y comenzó a comer también.
La cena fue muy rápida porque estaba deliciosa y Sakura no dudó en decírselo varias veces. La conversación se centró en restaurantes de Wellington y locales de la zona, así que Sakura se sintió segura y tranquila. Después de cenar, lo ayudó a meter los platos en el lavavajillas y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no pensar una y otra vez que le gustaba la compañía de Sasuke.
Cuando Sakura se dio cuenta, miró el reloj y le preguntó a qué hora se tenían que poner en marcha al día siguiente.
–Después de desayunar. No hay prisa. No te pongas despertador ni nada. Cuando te despiertes, desayunamos y nos vamos y...
–Creo que sería mejor que me...
–Siéntate en el sofá y disfruta de las vistas –la interrumpió Sasuke–. Todavía no es hora de irse a la cama. Tenemos cosas de las que hablar.
–¿No tienes que trabajar? –le preguntó Sakura dándose cuenta de que tenía que alejarse de él.
–Yo siempre tengo que trabajar –contestó Sasuke guiándola hacia el salón, donde había unos increíbles sofás que daban a los ventanales.
Sakura se sentó manteniendo las rodillas y los tobillos pegados y sin mirarlo.
–¿De qué quieres que hablemos?
–De las películas –contestó Sasuke sentándose en el sofá de enfrente–. ¿Cuál de las dos te gusta más?
–¿Me lo preguntas en serio? –Se sorprendió Sakura–. ¿Te gusta el cine? Jamás lo hubiera dicho. ¿Has visto las que se rodaron aquí?
–No mucho, la verdad –contestó Sasuke–, pero el otro día saqué un rato para verlas y me gustaron. Ilústrame.
Sakura así lo hizo y se sorprendió al comprobar que Sasuke las había visto de verdad y recordaba muchos detalles. Resultó que también había visto bastante cine clásico y unas cuantas películas francesas.
–¿Has visto alguna de Gérard Depardieu? –le preguntó.
–A mi madre le encanta. Mi padre solía imitarlo, pero se le daba muy mal.
Así que sus padres habían tenido sus buenos momentos.
–¿Y tú cómo es que ves tantas películas? –quiso saber Sasuke.
–Bueno, las veo desde pequeña. Es pura costumbre.
–¿A tus padres les gustaba ver películas?
No, no era eso. No era que hubieran visto películas los tres acurrucados en el sofá del salón, como seguramente había hecho Sasuke. En su caso y para envidia de sus amigas, tenía televisor y vídeo en su habitación y las veía sola.
–Era a mí a la que le encantaba ver películas –contestó Sakura.
Mundos más agradables en los que los malos se llevaban su merecido, los huérfanos encontraban buenas casas y las chicas feas conseguían a los chicos que les gustaban. Eran mundos de mentira, pero le gustaban.
–¿Y de verdad te gusta guiar las visitas? –le preguntó Sasuke como si le costara creerlo.
–Estar con los aficionados es mucho más divertido que el trabajo de oficina –le explicó Sakura–. Yo soy una de ellos y entiendo su entusiasmo. Me encanta viajar, me encanta conocer gente con la que tengo mucho en común y que me cuenta muchas cosas. Es genial.
La conversación le hizo darse cuenta de que no estaba dispuesta a estropear el magnífico trabajo que tenía acostándose con un posible cliente.
–Ahora comprendo por qué te quieren tanto. Tu entusiasmo es contagioso –comentó Sasuke mirándola de una manera que a Sakura la puso nerviosa–. ¿Sabes que tenemos piscina?
Aquello la puso todavía más nerviosa.
–No me he traído bañador y ni se te ocurra sugerirme que nos bañemos desnudos –contestó al verlo sonreír.
–Es climatizada. Y también hay spa.
Sakura sabía que quedarse hablando con él no sería inteligente. Aunque no había bebido nada, se sentía como si el champán le corriera por las venas.
–No necesito probar todo lo que tienes para tus huéspedes ricos. Yo estaré con los aficionados normales y corrientes.
–Lo decía por si te ayudaba a relajarte... –se defendió Sasuke alzando las manos en actitud inocente.
–A bajar la guardia, querrás decir –contestó Sakura, que no había ido hasta allí a relajarse.
–¿Y si montamos un rato? –le propuso Sasuke riendo al ver su expresión de sorpresa–. Me refiero a montar un rato a caballo, a salir a ver las estrellas.
–No me gusta demasiado montar a caballo –contestó Sakura–. Mañana tenemos que hacer muchas cosas, así que creo que me voy a acostar pronto.
–Tienes miedo.
–Admito que los caballos me dan miedo, sí –se rió–. Estoy siendo prudente.
Sasuke suspiró exageradamente.
–Venga, vamos, Cenicienta –accedió tomando su bolsa de viaje de la cocina y guiándola escaleras arriba–. Esta es tu habitación – anunció al llegar al fondo de un pasillo.
–Gracias –contestó Sakura entrando y girándose rápidamente para impedir que él lo hiciera también.
Pero él ya estaba dentro.
–Entérate bien. Mi habitación está a tres puertas de aquí. En la misma planta. Imposible equivocarse. Aunque se fuera la luz, no te equivocarías y siempre puedes mirar en todas las demás porque no hay nadie, solo tú y yo, así que tampoco te equivocarías...
–Sigue soñando.
–Por supuesto. Sueño con ello todas las noches –contestó Sasuke encogiéndose de hombros sin ninguna vergüenza–. Exactamente igual que tú.
–La puerta se puede cerrar con llave, ¿verdad?
–Esta noche no hay luna llena –continuó Sasuke ignorando su interrupción–. Aquella noche tampoco la había. No hace falta que te hagas la dura para hacer lo que quieres hacer.
–No quiero hacer nada contigo –le aseguró Sakura muy seria.
–Me gustas más cuando te pones nerviosa y eres sincera que cuando pretendes mantener las distancias y mientes.
Sakura no sabía si reírse o indignarse.
–¡Pero mira que eres creído!
–No, no soy creído, soy sincero y no me cuesta admitir que algo me ha gustado.
–Mira, lo que pasó fue un error y a mí me gusta aprender de mis errores.
–Pues yo me alegro de que te equivocaras de habitación y te ahorraras el gran error, que habría sido acostarte con el otro.
–Lo que pasó contigo también fue un error.
–¿Cómo puedes decir eso? –Murmuró Sasuke–. Estás tan cautivada como yo.
Sakura se dijo que debía poner punto final a aquello, antes de caer a sus pies.
–Todo esto es muy halagador, pero... en estos momentos, no estoy disponible para nadie. Aquella noche quedó claro que soy una idiota.
–No, no fuiste ninguna idiota –le dijo Sasuke–. No fue un acto desesperado.
–¿No? ¿De verdad que no?
–No tiene nada de malo tener necesidades y darles rienda suelta –le aseguró Sasuke poniéndose serio por primera vez en toda la velada–. ¿Sabes lo que me pareces?
Sakura no estaba segura de quererlo saber.
–Me pareces una mujer espontánea y apasionada y tan humana como yo. Te equivocas y tienes anhelos. Lo que sucedió fue refrescante, muy diferente, estuviste estupenda, me hiciste sentir...
–Un momento, no me pongas como una diosa del sexo solo porque te quieres volver a acostar conmigo –lo interrumpió Sakura a la desesperada–. La verdad es que no quiero tener ninguna relación ahora mismo. Tengo un trabajo que no quiero perder porque me encanta.
–Yo tampoco estoy interesado en tener una relación –contestó Sasuke–. Me resulta imposible. Estoy en mitad de un nuevo proyecto y estoy viajando mucho, paso cada semana en un hotel diferente –se rio.
–Entonces, no tenemos nada de lo que hablar, ¿no?
–Bueno, hay un detallito –contestó Sasuke acercándose.
–Has dicho que no ibas a intentar nada.
–Y no lo estoy haciendo.
–Sabes perfectamente que sí lo estás haciendo –le recriminó Sakura negando con la cabeza–. ¿Por qué no te vas a un bar a tomar una copa o algo? Seguro que puedes conseguir sexo siempre que te lo propones.
–Es evidente que no.
Sakura tragó saliva.
–Me gusta divertirme de vez en cuando, pero llevo bastante tiempo solo –le aclaró Sasuke mirándola fijamente–. Yo sé cuáles son mis necesidades. A lo mejor tú no, pero lo que pasó aquella noche deja claro que también las tienes, aunque no hables de ellas.
–No puede suceder.
–Sí, claro que puede suceder. Solo una vez más.
Qué tentación.
–Has prometido no tocarme a menos que yo te invitara a hacerlo –susurró Sakura sabiendo que su tono de voz era invitación más que suficiente y desviando la mirada al suelo para no ver su sonrisa ni sus ojos.
–Mírame –le pidió.
Sakura no quería hacerlo, no quería que Sasuke ganara, no quería dejarse llevar. Sentía su cercanía, el calor de su cuerpo, lo que hizo que se le disparara la adrenalina.
–Sasuke –suspiró.
–No te estoy tocando –murmuró él en tono seductor–. ¿Quieres que te toque?
A Sakura le habría encantado que lo hiciera, pero sabía que estaba jugando con fuego y que podía salir muy mal parada no solo en el terreno personal sino también en el profesional.
–Buenas noches –le dijo empujándolo para que saliera de su habitación.
Sasuke se dejó empujar y Sakura cerró la puerta.
–Que tengas felices sueños, bonita –se burló desde el otro lado.
Oh, sí, Sakura era consciente de los sueños que, posiblemente, tendría, pero eso era lo único que iba a haber: sueños.
  

Continuará...



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