jueves, 2 de enero de 2014

LA CAMA EQUIVOCADA cap 9


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.


 LA CAMA EQUIVOCADA
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Capítulo Nueve

Sasuke estaba en mejor forma que ella, era evidente, porque se había recuperado mucho más rápido, pero tuvo la delicadeza de dejar que permaneciera tumbada un rato.

–¿Te apetece algo? –le preguntó de repente.

–¿No lo dirás en serio? –se sorprendió Sakura.


Sasuke se rio.

–Me refiero a comer algo.

–Ah, eso sí.

Sasuke se dirigió a la planta de abajo y volvió con unas barritas de cereales y miel, chocolate y bebidas isotónicas. Sakura sonrió encantada.

–Tómate esto y ya verás. Ya sé que no es comida gourmet, pero da un montón de energía, que es exactamente lo que vas a necesitar para las próximas diez horas.
A Sakura le encantó aquella sugerencia.
–¿No vamos a dormir ni un poquito? –le preguntó.
–Ni un poquito –le aseguró Sasuke.
Dos horas después, Sakura se dijo que seguro que Sasuke querría dormir un poco, pero, para su sorpresa, y aunque fuera una locura, se dio cuenta de que, a pesar de estar físicamente exhausta, ella no quería dormir.
–¿Podemos apagar la linterna? –propuso.
–No –contestó Sasuke.
–¿Y si te prometo repetir tu nombre continuamente para que te quede claro que sé perfectamente con quién estoy?
Sasuke chasqueó la lengua como si lo estuviera pensando.
–¿Por qué quieres apagar la luz si sabes que no vamos a dormir en toda la noche?
–Para ver las estrellas –contestó Sakura.
–Está bien –accedió Sasuke.
–Lo de decir tu nombre lo decía en serio, ¿eh? –comentó Sakura.
Sasuke apagó la luz. La luna no estaba especialmente grande, pero la masa de estrellas que se veía era increíble. Sakura se deslizó hasta el borde de la cama que estaba más cerca de la ventana y se quedó mirando el cielo.
–Sasuke, este lugar es impresionante.
–Me alegro de que te guste.
–No me gusta, me encanta. Sasuke, estar aquí es como estar en el cielo.
Sí, a él le parecía lo mismo.
–Sasuke, ¿sabes dónde está Lepus?
Sasuke supuso que se trataba de una constelación.
–No, yo solo sé localizar la Osa Mayor.
–Mira, Sasuke, ¿ves esa constelación grande de ahí? Bueno, pues justo debajo hay tres estrellas que forman una liebre. ¿La ves, Sasuke?
–Creo que sí –contestó Sasuke tumbándose a su lado y riéndose–. ¿Tu padre te enseñó a localizar las estrellas?
–No, Sasuke, a él le gustaba más la montaña y vivía única y exclusivamente para conquistarla. Aprendí yo sola. Solía tumbarme por las noches después de la escalada y era como un premio por haber sobrevivido a otro día.
–Vaya, qué horror.
–No era para tanto, Sasuke. Por lo menos, a él lo tenía un ratito para mí de vez en cuando. Mi madre, por el contrario, se pasaba el día entero al teléfono.
Pobre Sakura. Sasuke decidió que lo mejor que podía hacer por ella era prestarle toda su atención... aquella noche, así que permaneció tumbado a su lado mientras se reía cada vez que decía su nombre. La conversación fue haciéndose cada vez más personal.
Sakura en un momento dado, le preguntó a Sasuke por la muerte de su padre y la marcha de su madre a Francia. Sasuke intentó alejarse del tema porque aquella época de su vida había sido muy desagradable, pero Sakura lo envolvió con su cuerpo y no se lo permitió.
–No me gusta hablar de ello –admitió.
Sakura lo abrazó y susurró su nombre. Sasuke nunca había hablado de aquello con nadie, no le había contado a nadie lo duro que había sido cuidar de su padre cuando estaba en estado terminal y su madre había tirado la toalla. Nunca había compartido aquella carga tan pesada con nadie, jamás había hablado de su terrible pérdida, de la impotencia, de la soledad, de aquel dolor que no quería volver a sentir jamás.
–Sasuke –murmuró Sakura con cariño, acariciándolo con su voz con mucha dulzura.
A Sasuke le pareció que lo entendía y que, de alguna manera, absorbía aquel dolor profundo que llevaba dentro y, por primera vez en su vida, se relajó en un abrazo. Sakura lo sostuvo entre sus brazos y él se lo permitió hasta que el repentino momento de melancolía hubo pasado y ya no quiso su consuelo sino otra cosa.
–¿Qué haces? –le preguntó Sakura al ver que se movía.
–Voy a encender la luz –contestó Sasuke.
–¿Por qué?
–Porque, para cuando haya terminado contigo, no te vas a acordar de mi nombre ni del tuyo –contestó Sasuke agarrándola de las piernas y tirando de ella hacia él.
–Qué bien suena eso –contestó Sakura riéndose.


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Sakura se despertó unas horas después.

–Madre mía, qué niebla –comentó mirando por la ventana.

–Sí, no vamos a poder despegar con este tiempo.

–Pero no podemos quedarnos aquí otra noche –se escandalizó Sakura.
–No nos va a quedar más remedio, volar en estas condiciones climatológicas sería muy arriesgado.
Sakura había conseguido aguantar una noche, pero no sabía si iba a ser capaz de aguantar otra, porque se estaba jugando el corazón.
–Pero...
–Tranquila, tampoco vamos a poder hacer nada porque nos hemos quedado sin preservativos.
–¿Lo dices en serio?
–Sí, solo tenía tres.
¿Cómo no se le había ocurrido a ella comprar también? ¡Tendría que haberse llevado una tonelada! ¿Y solo lo habían hecho tres veces? Le parecía que habían sido muchas más. Debía de ser porque, por supuesto, había habido otro tipo de orgasmos.
–Posiblemente, será lo mejor –recapacitó cerrando los ojos–. Con lo de anoche ha sido suficiente –añadió rezando para que la niebla se despejara pronto y pudieran irse cuanto antes.
–Tienes razón –comentó Sasuke.
–¿Cómo? –se rio Sakura para ocultar su sorpresa–. ¿Puedes volver a decirlo, por favor?
–Tienes razón –repitió Sasuke.
–Un poco más alto.
Sasuke agarró la almohada que tenía bajo la cabeza y se la lanzó.
–Vaya, un hombre que puede admitir que otra persona, una mujer, tiene razón –bromeó Sakura para ocultar la decepción que le producía no poder volver a acostarse con él y que para Sasuke una sola noche hubiera sido de verdad suficiente–. ¿Cómo es que te han dejado escapar? Deberían estar todas corriendo detrás de ti.
–Será porque me convierto en hombre lobo cuando hay luna llena –bromeó Sasuke recordando aquella broma de la primera vez.
–Todavía con más razón –contestó Sakura–. A las mujeres nos encantan los hombres con un toque animal, ya lo sabes.
–A ti, desde luego que te gusta –contestó Sasuke enarcando las cejas.
Sakura se mojó los labios, echó la cabeza hacia atrás y aulló. Aunque apenas habían dormido un par de horas, parecía que ninguno de los dos tenía sueño, así que en un tácito y mutuo acuerdo se vistieron, bajaron y se sentaron en la alfombra frente a la chimenea.
–Solo quedan barritas de muesli –anunció Sasuke–. Siento mucho no tener nada más.
–Me encantan las barritas de muesli –le aseguró Sakura.
–Ni siquiera tengo una baraja de cartas aquí –se lamentó Sasuke.
–Mejor, porque solo sé jugar al póquer –contestó Sakura decidiendo, al ver la mirada pícara de Sasuke, que había llegado el momento de cambiar de tema–. ¿Te he dicho que me han nominado para un premio? –le preguntó sonriente.
–No –contestó Sasuke muy satisfecho de sí mismo al saberse el responsable de aquella sonrisa.
–¡Bueno, es un premio que no es muy importante, pero yo estoy muy ilusionada porque solo llevo dos meses trabajando y ya se han fijado en mí! –exclamó Sakura sentándose sobre sus pompas.
¿Entonces esa era la razón de su sonrisa? ¿No era porque hubiera pasado una noche de sexo maravillosa con él? Sasuke se sintió estúpido.
–Me alegro mucho por ti –le dijo–. ¿Cuándo te lo han comunicado?
–Hace unos días –contestó Sakura.
¿Hacía unos días? Pero si hablaban por teléfono todas las noches.
–¿Y por qué no me lo habías dicho? –quiso saber, algo molesto.
–Te lo quería contar en persona porque quería ver tu reacción – contestó Sakura.
–Ah –contestó Sasuke sintiéndose algo mejor–. Bueno, pues es fantástico. Me alegro por ti.
–Por fin sé lo que quiero hacer en la vida, tengo el mejor trabajo del mundo –comentó Sakura mordiendo la barrita de muesli.
A Sasuke le encantaría estar a su lado cuando ganara el premio porque seguro que lo ganaba. Le encantaría abrazarla en aquel momento O, bueno, para ser sinceros, darle algo más que un abrazo.
–¿Y cuándo se anuncia al ganador?
–El fin de semana que viene. Habrá un acto con cena y entrega de premios.
–¿Puedes ir con acompañante?
–No lo sé...
–Si puedes, ¿me llevas contigo?
–¿Quieres venir? –le preguntó encantada.
–Por supuesto, ¿para qué están los amigos? –dijo Sasuke recordándose que eso era lo que eran a partir de entonces.
–Amigos –repitió Sakura.
–Seguimos siendo amigos, ¿no?
–Por supuesto –contestó Sakura intentando sonreír.
Sasuke se alegró cuando la niebla se disipó y comenzó a brillar el sol con fuerza porque necesitaba tiempo a solas para dilucidar qué había ocurrido.
Volaron hasta el aeropuerto, desde donde Sakura viajó a Wellington sola porque Sasuke se iba a quedar un par de días más en su propiedad. Se despidieron en la puerta de embarque con un beso apasionado que no eran muy propio de unos amigos.
Aquello hizo que Sasuke se planteara que, quizás, pudieran mantener la amistad por teléfono y la pasión cuando se vieran. No estaría mal. A lo mejor, verse así sería lo mejor para que su relación durara mucho.


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Tres días después, Sakura se paseaba por su despacho. Se suponía que tenía que estar cerrando ya la próxima visita, pero no se podía concentrar. Menos mal que su jefa creyó que era porque la entrega de premios estaba cerca y no por Sasuke.

Lo iba a ver al día siguiente y sabía que venía en plan de amigos, pero no podía evitar estar nerviosa porque, a lo mejor, pasaba algo...

Definitivamente, quería algo más que una amistad con él. Jamás se había sentido tan cerca de nadie como se había sentido de él en aquella cabaña. Jamás se había sentido tan cerca del cielo.


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Sasuke estaba consultando su calendario y planeando viajes a Wellington para ver a Sakura cuando sonó el teléfono.

Neji Hyuga, dueño de una cadena de grandes almacenes de Australia, estaba en el país. Con su prima.

–Nos encantaría tener una reunión con usted. Nos han contado que se le da muy bien el lujo discreto.
–¿Quieren ustedes alojarse en una de mis propiedades?
–Lo que queremos es que venga usted a Australia y nos construya unas cuantas.
Sasuke se quedó paralizado por la emoción. No había pensado en expandir tanto su negocio, pero supo aprovechar la oportunidad.
–¿Cuándo les viene bien que nos veamos?
Neji le propuso al día siguiente, lo que hizo que Sasuke frunciera el ceño, pero la reunión sería por la tarde y el evento de recogida de premios con Sakura era por la noche. Seguro que le daba tiempo de tomar el último vuelo y, si no lo conseguía, siempre podría volar en su helicóptero.
En cuanto hubo colgado a Neji, llamó a Sakura para compartir con ella su alegría.
–¿Estás nerviosa? –le preguntó.
–No, me da igual ganar o perder, lo que quiero es pasármelo bien –le aseguró.
Sasuke sonrió. No lo creía en absoluto. Sabía que Sakura quería ganar.
–Tengo una reunión mañana por la tarde y...
–Ah, y no vas a venir–lo interrumpió Sakura con voz apenada–. No pasa nada. Ya sé que estás muy ocupado. Si no puedes venir, no pasa nada.
Sasuke se quedó petrificado al comprender que Sakura esperaba en lo más profundo de sí misma que fuera. Eso era lo que debía de estar acostumbrada a vivir con los demás. Y estaba intentando disimular por todos los medios el dolor que le producía. Se notaba que tenía mucha práctica en ello, pero a Sasuke no le gustó la poca confianza que tenía en él.
–Por supuesto que voy a ir –le aseguró–. Tengo la reunión por la tarde y, luego, voy para allá. Es un vuelo corto, así que llegaré a tiempo.
–No tienes por qué...
–Quiero hacerlo, Sakura –suspiró–. Confía en mí.
Sakura permaneció en silencio.
–Muy bien.
Después de aquello, ya no estaba tan contento como en el momento de iniciar la llamada, pero, aun así, le contó lo de la propuesta australiana.
–Qué buenas noticias –contestó Sakura–. ¿Y luego?
–¿Eh?
–¿Y cuando hayas triunfado en Australia? ¿Seguirás expandiendo el negocio por el mundo entero?
–No sé... –contestó Sasuke algo contrariado–. Tal vez, Indonesia o Fiyi...
–¿Será suficiente? ¿Por qué no seguir un poco más? –le espetó Sakura.
Sasuke no comprendió su ataque y le estaba molestando, pero no quería discutir con ella, así que cambió de tema.
–¿Qué te vas a poner? –le preguntó para intentar levantarle el ánimo–. Estaría bien que te pusieras el vestido negro con las sandalias de tacón alto –le aconsejó.
–Pareces ese amigo homosexual con muy buen gusto que toda mujer quiere tener –comentó Sakura.
Sasuke se obligó a reírse, pero el comentario no le había hecho ninguna gracia.
–¿No era eso lo que tú querías, que fuéramos amigos?


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Sasuke se entrevistó con Neji y Hinata Hyuga al día siguiente. Resultaron ser dos primos de carácter fuerte que sabían muy bien lo que querían, a excepción de la chica que de seguro era muy tímida si no se encontraba su primo cerca.

–Llevamos un tiempo observándote, tenemos amigos en común que nos han hablado muy bien de ti y lo que hemos visto hasta el momento nos ha encantado porque se nota que te gusta trabajar, que te entregas a lo que haces y que lo haces muy bien –comentó Hinata, una mujer menuda.

Sasuke sonrió satisfecho.
–Necesitaría poder tener control completo a la hora de tomar decisiones –comentó.
–Así sería –le aseguró Neji.
Mientras conversaban, Sasuke se dio cuenta de que Neji era un hombre acostumbrado a conseguir lo que quería. En eso, se parecía mucho a él. Los dos eran ambiciosos y estaban dispuestos a hacer sacrificios para conseguir sus sueños.
Le estaba interesando mucho lo que le estaban proponiendo, pero, por alguna extraña razón, le estaba costando concentrarse, algo que nunca le había sucedido. Hasta aquel momento, su trabajo era lo único importante en su vida. Durante mucho tiempo, había sido lo único que había tenido. Ni familia ni amigos, solo el trabajo. Se había esforzado mucho y había obtenido muy buenos resultados.
Sin embargo, la crítica de Sakura le rondaba la cabeza. No podía permitirse el lujo de que las opiniones de Sakura le importaran. No quería tener que contar con su aprobación porque, entonces, dejaría de ser él, pero lo cierto era que las dudas de Sakura le habían minado la moral.
Se despidió de los primos australianos prometiéndoles pensar en su propuesta y llamarlos con una contestación cuanto antes.
Tomó un taxi al aeropuerto y se sintió tremendamente solo. Al instante, supo por qué se sentía así y se recriminó a sí mismo estar constantemente pensando en Sakura. Tenía que dejar de pensar en ella y ponerse a pensar en los negocios.
Decidió que lo suyo tenía que terminar, que Sakura tenía que salir de su vida para que pudiera concentrarse en lo que era más importante para él. Decidió decírselo aquella misma noche, después de la entrega de premios.
Apretó los puños. Estaba nervioso por volver a verla. Y todavía más nervioso porque le iba a decir que lo suyo se había terminado.
No le había servido de nada pasar una noche de pasión con ella, seguía queriendo más. Seguir viéndola no haría sino empeorar las cosas. Lo mejor que podía hacer era marcharse a Australia cuanto antes.
Además, Sakura ya tenía otros amigos y, en cualquier caso, estaba segura de que la iba a fallar. Había quedado claro cuando había creído que no iba a ir a la entrega. Contaba con que la dejara tirada.
Sakura tenía un trabajo que le encantaba y que resultaba completamente incompatible con el suyo. Lo que menos necesitaba en aquellos momentos era un hombre a su lado que la distrajera. Estaba en un buen momento profesional, en el mejor, haciendo lo que le gustaba, convirtiéndose en una adicta al trabajo exactamente igual que él.
Frunció el ceño. Sakura estaba cansada porque cada vez trabajaba más. Necesitaba un descanso. Sasuke soñó con llevársela de nuevo a la cabaña y meterla en la cama para que durmiera todo lo que quisiera. Tuvo que ser sincero consigo mismo. Meterla en la cama, sí, pero no para dormir, precisamente.
–He cambiado de opinión –le indicó al conductor–. Volvemos a la ciudad, por favor –añadió dispuesto a quedarse un par de días en un hotel estudiando la propuesta australiana.
No quería hablar con Sakura, así que decidió desconectar el teléfono móvil, pero antes de hacerlo le mandaría un mensaje de texto. Se quedó mirando la pantalla sin saber qué escribir. Estaba tan concentrado en dilucidar cómo acabar con aquello de la mejor manera que no vio el cruce, no vio el coche que se saltó el semáforo y tampoco oyó el choque porque en aquel momento lo único que veía eran los ojos de Sakura, aquellos ojos grandes y brillantes.


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Sakura se había comprado uno nuevo en tono azul marino, de seda. Se sentía de maravilla con él, de lo más sensual. Se maquilló, se peinó y se puso unas sandalias de locura, altísimas.

Estaba muy emocionada porque iba a volver a ver a Sasuke.

–Estás fantástica –le dijo Ino cuando la vio aparecer.
Habían quedado en un bar cerca del lugar en el que iba a tener lugar la entrega de premios. Sasuke le había dicho que aparecería allí directamente. Mientras se tomaba una copa, miró dos o tres veces el móvil por si le había mandado algún mensaje. Nada. Se dijo que el vuelo iría con retraso. Veinte minutos después, le mandó un mensaje porque se tenía que ir ya.



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Se sentó en su mesa muy nerviosa. Sentía las manos frías y sudorosas y el corazón latiéndole aceleradamente. Lo que también se aceleró fue el tiempo y, en un abrir y cerrar de ojos, estaban anunciando a los nominados. Ino estaba a su derecha y a su izquierda había una silla vacía, pero no pasaba nada, claro que no... intentó convencerse de que los canapés, el vino y los compañeros de trabajo eran suficiente.

Volvió a consultar su teléfono móvil. Ino le preguntó por la tardanza de Sasuke y Sakura le contestó que el vuelo llegaba con retraso, pero no era cierto. Había consultado la página del aeropuerto diez minutos antes y había visto que todos los vuelos habían llegado bien.

Sakura disimuló magistralmente la desazón. Era evidente que Sasuke no quería estar allí con ella.
Era evidente que, para él, lo primero era el trabajo y Sakura tenía claro que no quería ser el segundo plato de nadie. Qué ingenua había sido. A Sasuke solo le interesaba una cosa de ella: sexo.
Cuando llegó el momento de las nominaciones, dijeron su nombre, pero el premio se lo llevó otra persona. Sakura sonrió y aplaudió, se comió otro canapé y bebió más vino, conversó con entusiasmo con los compañeros que había a su alrededor y se dijo que, desde luego, tendría que haber sido actriz porque se le daba muy bien disimular la tristeza.
  
Luego, se dijo que lo mejor que podía hacer era salir con sus amigos después de la entrega, pasárselo bien y disfrutar de su compañía. Sí, salir con sus amigos de verdad. Sasuke no era uno de ellos.
  

Continuará...

CAPÍTULO 8 < -- . -- > CAPÍTULO 10


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