Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Nueve
Sasuke
estaba en mejor forma que ella, era evidente, porque se había recuperado mucho
más rápido, pero tuvo la delicadeza de dejar que permaneciera tumbada un rato.
–¿Te
apetece algo? –le preguntó de repente.
–¿No
lo dirás en serio? –se sorprendió Sakura.
Sasuke
se rio.
–Me
refiero a comer algo.
–Ah,
eso sí.
Sasuke
se dirigió a la planta de abajo y volvió con unas barritas de cereales y miel,
chocolate y bebidas isotónicas. Sakura sonrió encantada.
–Tómate
esto y ya verás. Ya sé que no es comida gourmet, pero da un montón de energía,
que es exactamente lo que vas a necesitar para las próximas diez horas.
A
Sakura le encantó aquella sugerencia.
–¿No
vamos a dormir ni un poquito? –le preguntó.
–Ni
un poquito –le aseguró Sasuke.
Dos
horas después, Sakura se dijo que seguro que Sasuke querría dormir un poco,
pero, para su sorpresa, y aunque fuera una locura, se dio cuenta de que, a
pesar de estar físicamente exhausta, ella no quería dormir.
–¿Podemos
apagar la linterna? –propuso.
–No
–contestó Sasuke.
–¿Y
si te prometo repetir tu nombre continuamente para que te quede claro que sé
perfectamente con quién estoy?
Sasuke
chasqueó la lengua como si lo estuviera pensando.
–¿Por
qué quieres apagar la luz si sabes que no vamos a dormir en toda la noche?
–Para
ver las estrellas –contestó Sakura.
–Está
bien –accedió Sasuke.
–Lo
de decir tu nombre lo decía en serio, ¿eh? –comentó Sakura.
Sasuke
apagó la luz. La luna no estaba especialmente grande, pero la masa de estrellas
que se veía era increíble. Sakura se deslizó hasta el borde de la cama que
estaba más cerca de la ventana y se quedó mirando el cielo.
–Sasuke,
este lugar es impresionante.
–Me
alegro de que te guste.
–No
me gusta, me encanta. Sasuke, estar aquí es como estar en el cielo.
Sí,
a él le parecía lo mismo.
–Sasuke,
¿sabes dónde está Lepus?
Sasuke
supuso que se trataba de una constelación.
–No,
yo solo sé localizar la Osa Mayor.
–Mira,
Sasuke, ¿ves esa constelación grande de ahí? Bueno, pues justo debajo hay tres
estrellas que forman una liebre. ¿La ves, Sasuke?
–Creo
que sí –contestó Sasuke tumbándose a su lado y riéndose–. ¿Tu padre te enseñó a
localizar las estrellas?
–No,
Sasuke, a él le gustaba más la montaña y vivía única y exclusivamente para
conquistarla. Aprendí yo sola. Solía tumbarme por las noches después de la
escalada y era como un premio por haber sobrevivido a otro día.
–Vaya,
qué horror.
–No
era para tanto, Sasuke. Por lo menos, a él lo tenía un ratito para mí de vez en
cuando. Mi madre, por el contrario, se pasaba el día entero al teléfono.
Pobre
Sakura. Sasuke decidió que lo mejor que podía hacer por ella era prestarle toda
su atención... aquella noche, así que permaneció tumbado a su lado mientras se
reía cada vez que decía su nombre. La conversación fue haciéndose cada vez más
personal.
Sakura
en un momento dado, le preguntó a Sasuke por la muerte de su padre y la marcha
de su madre a Francia. Sasuke intentó alejarse del tema porque aquella época de
su vida había sido muy desagradable, pero Sakura lo envolvió con su cuerpo y no
se lo permitió.
–No
me gusta hablar de ello –admitió.
Sakura
lo abrazó y susurró su nombre. Sasuke nunca había hablado de aquello con nadie,
no le había contado a nadie lo duro que había sido cuidar de su padre cuando
estaba en estado terminal y su madre había tirado la toalla. Nunca había
compartido aquella carga tan pesada con nadie, jamás había hablado de su
terrible pérdida, de la impotencia, de la soledad, de aquel dolor que no quería
volver a sentir jamás.
–Sasuke
–murmuró Sakura con cariño, acariciándolo con su voz con mucha dulzura.
A
Sasuke le pareció que lo entendía y que, de alguna manera, absorbía aquel dolor
profundo que llevaba dentro y, por primera vez en su vida, se relajó en un
abrazo. Sakura lo sostuvo entre sus brazos y él se lo permitió hasta que el
repentino momento de melancolía hubo pasado y ya no quiso su consuelo sino otra
cosa.
–¿Qué
haces? –le preguntó Sakura al ver que se movía.
–Voy
a encender la luz –contestó Sasuke.
–¿Por
qué?
–Porque,
para cuando haya terminado contigo, no te vas a acordar de mi nombre ni del
tuyo –contestó Sasuke agarrándola de las piernas y tirando de ella hacia él.
–Qué
bien suena eso –contestó Sakura riéndose.
Sakura
se despertó unas horas después.
–Madre
mía, qué niebla –comentó mirando por la ventana.
–Sí,
no vamos a poder despegar con este tiempo.
–Pero
no podemos quedarnos aquí otra noche –se escandalizó Sakura.
–No
nos va a quedar más remedio, volar en estas condiciones climatológicas sería
muy arriesgado.
Sakura
había conseguido aguantar una noche, pero no sabía si iba a ser capaz de
aguantar otra, porque se estaba jugando el corazón.
–Pero...
–Tranquila,
tampoco vamos a poder hacer nada porque nos hemos quedado sin preservativos.
–¿Lo
dices en serio?
–Sí,
solo tenía tres.
¿Cómo
no se le había ocurrido a ella comprar también? ¡Tendría que haberse llevado
una tonelada! ¿Y solo lo habían hecho tres veces? Le parecía que habían sido
muchas más. Debía de ser porque, por supuesto, había habido otro tipo de
orgasmos.
–Posiblemente,
será lo mejor –recapacitó cerrando los ojos–. Con lo de anoche ha sido
suficiente –añadió rezando para que la niebla se despejara pronto y pudieran
irse cuanto antes.
–Tienes
razón –comentó Sasuke.
–¿Cómo?
–se rio Sakura para ocultar su sorpresa–. ¿Puedes volver a decirlo, por favor?
–Tienes
razón –repitió Sasuke.
–Un
poco más alto.
Sasuke
agarró la almohada que tenía bajo la cabeza y se la lanzó.
–Vaya,
un hombre que puede admitir que otra persona, una mujer, tiene razón –bromeó Sakura
para ocultar la decepción que le producía no poder volver a acostarse con él y que
para Sasuke una sola noche hubiera sido de verdad suficiente–. ¿Cómo es que te
han dejado escapar? Deberían estar todas corriendo detrás de ti.
–Será
porque me convierto en hombre lobo cuando hay luna llena –bromeó Sasuke
recordando aquella broma de la primera vez.
–Todavía
con más razón –contestó Sakura–. A las mujeres nos encantan los hombres con un
toque animal, ya lo sabes.
–A
ti, desde luego que te gusta –contestó Sasuke enarcando las cejas.
Sakura
se mojó los labios, echó la cabeza hacia atrás y aulló. Aunque apenas habían
dormido un par de horas, parecía que ninguno de los dos tenía sueño, así que en
un tácito y mutuo acuerdo se vistieron, bajaron y se sentaron en la alfombra
frente a la chimenea.
–Solo
quedan barritas de muesli –anunció Sasuke–. Siento mucho no tener nada más.
–Me
encantan las barritas de muesli –le aseguró Sakura.
–Ni
siquiera tengo una baraja de cartas aquí –se lamentó Sasuke.
–Mejor,
porque solo sé jugar al póquer –contestó Sakura decidiendo, al ver la mirada
pícara de Sasuke, que había llegado el momento de cambiar de tema–. ¿Te he
dicho que me han nominado para un premio? –le preguntó sonriente.
–No
–contestó Sasuke muy satisfecho de sí mismo al saberse el responsable de
aquella sonrisa.
–¡Bueno,
es un premio que no es muy importante, pero yo estoy muy ilusionada porque solo
llevo dos meses trabajando y ya se han fijado en mí! –exclamó Sakura sentándose
sobre sus pompas.
¿Entonces
esa era la razón de su sonrisa? ¿No era porque hubiera pasado una noche de sexo
maravillosa con él? Sasuke se sintió estúpido.
–Me
alegro mucho por ti –le dijo–. ¿Cuándo te lo han comunicado?
–Hace
unos días –contestó Sakura.
¿Hacía
unos días? Pero si hablaban por teléfono todas las noches.
–¿Y
por qué no me lo habías dicho? –quiso saber, algo molesto.
–Te
lo quería contar en persona porque quería ver tu reacción – contestó Sakura.
–Ah
–contestó Sasuke sintiéndose algo mejor–. Bueno, pues es fantástico. Me alegro
por ti.
–Por
fin sé lo que quiero hacer en la vida, tengo el mejor trabajo del mundo –comentó
Sakura mordiendo la barrita de muesli.
A
Sasuke le encantaría estar a su lado cuando ganara el premio porque seguro que
lo ganaba. Le encantaría abrazarla en aquel momento O, bueno, para ser
sinceros, darle algo más que un abrazo.
–¿Y
cuándo se anuncia al ganador?
–El
fin de semana que viene. Habrá un acto con cena y entrega de premios.
–¿Puedes
ir con acompañante?
–No
lo sé...
–Si
puedes, ¿me llevas contigo?
–¿Quieres
venir? –le preguntó encantada.
–Por
supuesto, ¿para qué están los amigos? –dijo Sasuke recordándose que eso era lo
que eran a partir de entonces.
–Amigos
–repitió Sakura.
–Seguimos
siendo amigos, ¿no?
–Por
supuesto –contestó Sakura intentando sonreír.
Sasuke
se alegró cuando la niebla se disipó y comenzó a brillar el sol con fuerza
porque necesitaba tiempo a solas para dilucidar qué había ocurrido.
Volaron
hasta el aeropuerto, desde donde Sakura viajó a Wellington sola porque Sasuke
se iba a quedar un par de días más en su propiedad. Se despidieron en la puerta
de embarque con un beso apasionado que no eran muy propio de unos amigos.
Aquello
hizo que Sasuke se planteara que, quizás, pudieran mantener la amistad por
teléfono y la pasión cuando se vieran. No estaría mal. A lo mejor, verse así
sería lo mejor para que su relación durara mucho.
Tres
días después, Sakura se paseaba por su despacho. Se suponía que tenía que estar
cerrando ya la próxima visita, pero no se podía concentrar. Menos mal que su
jefa creyó que era porque la entrega de premios estaba cerca y no por Sasuke.
Lo
iba a ver al día siguiente y sabía que venía en plan de amigos, pero no podía
evitar estar nerviosa porque, a lo mejor, pasaba algo...
Definitivamente,
quería algo más que una amistad con él. Jamás se había sentido tan cerca de
nadie como se había sentido de él en aquella cabaña. Jamás se había sentido tan
cerca del cielo.
Sasuke
estaba consultando su calendario y planeando viajes a Wellington para ver a Sakura
cuando sonó el teléfono.
Neji
Hyuga, dueño de una cadena de grandes almacenes de Australia, estaba en el
país. Con su prima.
–Nos
encantaría tener una reunión con usted. Nos han contado que se le da muy bien
el lujo discreto.
–¿Quieren
ustedes alojarse en una de mis propiedades?
–Lo
que queremos es que venga usted a Australia y nos construya unas cuantas.
Sasuke
se quedó paralizado por la emoción. No había pensado en expandir tanto su
negocio, pero supo aprovechar la oportunidad.
–¿Cuándo
les viene bien que nos veamos?
Neji
le propuso al día siguiente, lo que hizo que Sasuke frunciera el ceño, pero la
reunión sería por la tarde y el evento de recogida de premios con Sakura era
por la noche. Seguro que le daba tiempo de tomar el último vuelo y, si no lo
conseguía, siempre podría volar en su helicóptero.
En
cuanto hubo colgado a Neji, llamó a Sakura para compartir con ella su alegría.
–¿Estás
nerviosa? –le preguntó.
–No,
me da igual ganar o perder, lo que quiero es pasármelo bien –le aseguró.
Sasuke
sonrió. No lo creía en absoluto. Sabía que Sakura quería ganar.
–Tengo
una reunión mañana por la tarde y...
–Ah,
y no vas a venir–lo interrumpió Sakura con voz apenada–. No pasa nada. Ya sé
que estás muy ocupado. Si no puedes venir, no pasa nada.
Sasuke
se quedó petrificado al comprender que Sakura esperaba en lo más profundo de sí
misma que fuera. Eso era lo que debía de estar acostumbrada a vivir con los
demás. Y estaba intentando disimular por todos los medios el dolor que le
producía. Se notaba que tenía mucha práctica en ello, pero a Sasuke no le gustó
la poca confianza que tenía en él.
–Por
supuesto que voy a ir –le aseguró–. Tengo la reunión por la tarde y, luego, voy
para allá. Es un vuelo corto, así que llegaré a tiempo.
–No
tienes por qué...
–Quiero
hacerlo, Sakura –suspiró–. Confía en mí.
Sakura
permaneció en silencio.
–Muy
bien.
Después
de aquello, ya no estaba tan contento como en el momento de iniciar la llamada,
pero, aun así, le contó lo de la propuesta australiana.
–Qué
buenas noticias –contestó Sakura–. ¿Y luego?
–¿Eh?
–¿Y
cuando hayas triunfado en Australia? ¿Seguirás expandiendo el negocio por el
mundo entero?
–No
sé... –contestó Sasuke algo contrariado–. Tal vez, Indonesia o Fiyi...
–¿Será
suficiente? ¿Por qué no seguir un poco más? –le espetó Sakura.
Sasuke
no comprendió su ataque y le estaba molestando, pero no quería discutir con
ella, así que cambió de tema.
–¿Qué
te vas a poner? –le preguntó para intentar levantarle el ánimo–. Estaría bien
que te pusieras el vestido negro con las sandalias de tacón alto –le aconsejó.
–Pareces
ese amigo homosexual con muy buen gusto que toda mujer quiere tener –comentó Sakura.
Sasuke
se obligó a reírse, pero el comentario no le había hecho ninguna gracia.
–¿No
era eso lo que tú querías, que fuéramos amigos?
Sasuke
se entrevistó con Neji y Hinata Hyuga al día siguiente. Resultaron ser dos primos
de carácter fuerte que sabían muy bien lo que querían, a excepción de la chica
que de seguro era muy tímida si no se encontraba su primo cerca.
–Llevamos
un tiempo observándote, tenemos amigos en común que nos han hablado muy bien de
ti y lo que hemos visto hasta el momento nos ha encantado porque se nota que te
gusta trabajar, que te entregas a lo que haces y que lo haces muy bien –comentó
Hinata, una mujer menuda.
Sasuke
sonrió satisfecho.
–Necesitaría
poder tener control completo a la hora de tomar decisiones –comentó.
–Así
sería –le aseguró Neji.
Mientras
conversaban, Sasuke se dio cuenta de que Neji era un hombre acostumbrado a
conseguir lo que quería. En eso, se parecía mucho a él. Los dos eran ambiciosos
y estaban dispuestos a hacer sacrificios para conseguir sus sueños.
Le
estaba interesando mucho lo que le estaban proponiendo, pero, por alguna
extraña razón, le estaba costando concentrarse, algo que nunca le había
sucedido. Hasta aquel momento, su trabajo era lo único importante en su vida.
Durante mucho tiempo, había sido lo único que había tenido. Ni familia ni
amigos, solo el trabajo. Se había esforzado mucho y había obtenido muy buenos
resultados.
Sin
embargo, la crítica de Sakura le rondaba la cabeza. No podía permitirse el lujo
de que las opiniones de Sakura le importaran. No quería tener que contar con su
aprobación porque, entonces, dejaría de ser él, pero lo cierto era que las
dudas de Sakura le habían minado la moral.
Se
despidió de los primos australianos prometiéndoles pensar en su propuesta y
llamarlos con una contestación cuanto antes.
Tomó
un taxi al aeropuerto y se sintió tremendamente solo. Al instante, supo por qué
se sentía así y se recriminó a sí mismo estar constantemente pensando en Sakura.
Tenía que dejar de pensar en ella y ponerse a pensar en los negocios.
Decidió
que lo suyo tenía que terminar, que Sakura tenía que salir de su vida para que
pudiera concentrarse en lo que era más importante para él. Decidió decírselo
aquella misma noche, después de la entrega de premios.
Apretó
los puños. Estaba nervioso por volver a verla. Y todavía más nervioso porque le
iba a decir que lo suyo se había terminado.
No
le había servido de nada pasar una noche de pasión con ella, seguía queriendo
más. Seguir viéndola no haría sino empeorar las cosas. Lo mejor que podía hacer
era marcharse a Australia cuanto antes.
Además,
Sakura ya tenía otros amigos y, en cualquier caso, estaba segura de que la iba
a fallar. Había quedado claro cuando había creído que no iba a ir a la entrega.
Contaba con que la dejara tirada.
Sakura
tenía un trabajo que le encantaba y que resultaba completamente incompatible
con el suyo. Lo que menos necesitaba en aquellos momentos era un hombre a su
lado que la distrajera. Estaba en un buen momento profesional, en el mejor,
haciendo lo que le gustaba, convirtiéndose en una adicta al trabajo exactamente
igual que él.
Frunció
el ceño. Sakura estaba cansada porque cada vez trabajaba más. Necesitaba un
descanso. Sasuke soñó con llevársela de nuevo a la cabaña y meterla en la cama
para que durmiera todo lo que quisiera. Tuvo que ser sincero consigo mismo.
Meterla en la cama, sí, pero no para dormir, precisamente.
–He
cambiado de opinión –le indicó al conductor–. Volvemos a la ciudad, por favor
–añadió dispuesto a quedarse un par de días en un hotel estudiando la propuesta
australiana.
No
quería hablar con Sakura, así que decidió desconectar el teléfono móvil, pero
antes de hacerlo le mandaría un mensaje de texto. Se quedó mirando la pantalla
sin saber qué escribir. Estaba tan concentrado en dilucidar cómo acabar con
aquello de la mejor manera que no vio el cruce, no vio el coche que se saltó el
semáforo y tampoco oyó el choque porque en aquel momento lo único que veía eran
los ojos de Sakura, aquellos ojos grandes y brillantes.
Sakura
se había comprado uno nuevo en tono azul marino, de seda. Se sentía de
maravilla con él, de lo más sensual. Se maquilló, se peinó y se puso unas
sandalias de locura, altísimas.
Estaba
muy emocionada porque iba a volver a ver a Sasuke.
–Estás
fantástica –le dijo Ino cuando la vio aparecer.
Habían
quedado en un bar cerca del lugar en el que iba a tener lugar la entrega de
premios. Sasuke le había dicho que aparecería allí directamente. Mientras se
tomaba una copa, miró dos o tres veces el móvil por si le había mandado algún
mensaje. Nada. Se dijo que el vuelo iría con retraso. Veinte minutos después,
le mandó un mensaje porque se tenía que ir ya.
Se
sentó en su mesa muy nerviosa. Sentía las manos frías y sudorosas y el corazón
latiéndole aceleradamente. Lo que también se aceleró fue el tiempo y, en un
abrir y cerrar de ojos, estaban anunciando a los nominados. Ino estaba a su
derecha y a su izquierda había una silla vacía, pero no pasaba nada, claro que
no... intentó convencerse de que los canapés, el vino y los compañeros de trabajo
eran suficiente.
Volvió
a consultar su teléfono móvil. Ino le preguntó por la tardanza de Sasuke y Sakura
le contestó que el vuelo llegaba con retraso, pero no era cierto. Había
consultado la página del aeropuerto diez minutos antes y había visto que todos
los vuelos habían llegado bien.
Sakura
disimuló magistralmente la desazón. Era evidente que Sasuke no quería estar
allí con ella.
Era
evidente que, para él, lo primero era el trabajo y Sakura tenía claro que no
quería ser el segundo plato de nadie. Qué ingenua había sido. A Sasuke solo le
interesaba una cosa de ella: sexo.
Cuando
llegó el momento de las nominaciones, dijeron su nombre, pero el premio se lo
llevó otra persona. Sakura sonrió y aplaudió, se comió otro canapé y bebió más
vino, conversó con entusiasmo con los compañeros que había a su alrededor y se
dijo que, desde luego, tendría que haber sido actriz porque se le daba muy bien
disimular la tristeza.
Luego,
se dijo que lo mejor que podía hacer era salir con sus amigos después de la
entrega, pasárselo bien y disfrutar de su compañía. Sí, salir con sus amigos de
verdad. Sasuke no era uno de ellos.
Continuará...
CAPÍTULO 8 < -- . -- > CAPÍTULO 10
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