sábado, 18 de enero de 2014

VULNERABLE cap 11


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jasinda Wilder la cual lleva por nombre "Stripped". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia. Además la histora contiene contenido sexual explícito.


Vulnerable
.
Capítulo Once




El olor del café me despierta. La luz del sol es brillante en mis párpados cerrados, y estoy caliente. En paz. Adoro dormitar en la comodidad. No hay que preocuparse. No soy nadie, sólo una mancha conteniendo calor, flotando en la nada.
Suspendida en el tiempo donde nada importa.
Y luego más ráfagas de café llegan a mí, y desciendo para despertar. Por fin abro los ojos y veo el espacio en blanco de la habitación de Sasuke, la pantalla negra de un billón de pulgadas, una puerta corrediza de vidrio larga con las persianas abiertas que dejan entrar un día gloriosamente brillante y una impresionante vista de Los Ángeles.

Y luego la vista más gloriosa de todas: Sasuke en nada más que un par de pantalones cortos. Sus piernas se curten con una cicatriz en diagonal a través de la pantorrilla izquierda, una línea arrugada de piel más clara. La cicatriz le humaniza de alguna manera. No está pulido, como una piedra perfecta.
Dios, tengo una visión de su cuerpo la noche anterior, pero ahora se está moviendo con gracia felina a través de su dormitorio con una gran taza de café en la mano, y ondulando su cuerpo con cada movimiento. Hay una ligera capa de vello negro en el pecho, y una parte más gruesa que va desde el ombligo hasta debajo de sus pantalones cortos.
La visión de su cuerpo casi desnudo, envía escalofríos corriendo a través de mí, envía temblorosas lanzas de fuego en mi vientre. Me hace sentir... caliente, en el interior. Hace que me sienta totalmente femenina.
Sasuke se sienta en la cama cerca de mi rodilla y sonríe. Él tiene una charola en la otra mano, un bagel tostado con una generosa cantidad de queso crema. Me incorporo, y mi estómago ruge cuando huelo el bagel.
Me trajo el desayuno. En la cama. Y lo ha hecho sin camisa.
Todas las mujeres de América debían estar celosas de mí.
Arranco la mitad del panecillo e inhalo, doy tragos de café. Me quemo la lengua, pero no se siente. Quemo mi lengua en mi café cada día.
Sasuke está mirando con una expresión un poco aturdida y desconcertada.
—¿Estás apresurada?
Dejo el panecillo abajo lentamente, limpio la esquina de mi labio con el pulgar, y luego lamo el queso crema de este. Me encuentro con Sasuke mirando mi boca, y me sonrojo.
—No —le digo, luchando contra la vergüenza—. Yo sólo... siempre he comido así, supongo. Especialmente en la mañana.
—Es lindo. Actúas como si el bagel fuera a huir de ti —Se ríe de mí aumentando mi vergüenza—. No reduzcas la velocidad por mí. Sólo relájate.
—¿Relajarme? —Es un concepto extraño.
—Sí —Me quita la taza y bebe un poco de café, luego me lo devuelve—. Sólo... tranquila. Tomate el día y pásalo conmigo. Hagamos lo que sea. Simplemente pasar el rato
Estoy desorientada.
—¿Qué día es hoy?
—Es sábado. Es un poco más de las once. Nos dormimos de más. Normalmente me levanto a las seis.
Suspiro.
—¿Las once? —No he dormido así en los últimos siete años—. No pueden ser las once. Tengo un trabajo que terminar antes de trabajar esta noche.
Sus ojos se oscurecen y se endurecen. Habían sido suaves y silenciosos por su buen estado de ánimo y al instante se desplazan hacia la tormenta casi gris a la construcción de la ira.
—¿Cuándo es la fecha límite?
—Martes. Pero tengo otro para el miércoles, y una prueba el lunes, y trabajo todo el fin de semana, así que tengo que lograr que funcione.
Él me empuja la otra mitad del panecillo.
—Claro, no. ¡Ya no estás trabajando ahí! —Su voz tiene una nota de mandato que me eriza la piel.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir, con que he terminado de trabajar ahí? —Estoy hablando con la boca llena de panecillos, trago y dejo de lado el resto—. No me gusta, pero no tengo otra opción. Ese es mi trabajo. Es cómo voy a sobrevivir. Si esto se resuelve, Kakashi me va a contratar a tiempo completo, pero no puedo dejarlo hasta entonces. Tengo clases..., en realidad, además de alojamiento y comida en mi dormitorio y un plan de alimentación. No puedo... no puedo dejarlo.
—Sí, se puede. ¿Qué tal si hacemos una condición de las prácticas? Que sea ¿más fácil?
—No.
Me apresuro fuera de la cama, lejos de él, poniendo la enorme cama King-Size entre nosotros. Soy un lío de emociones, no puedo empezar a resolverlo, no con él allí mismo, viéndome, tranquila, decidida, hermosa, todo lo que un hombre quiere ver. Él me distrae de mi propia ira.
—No puedes exigir que renuncié a mi trabajo. No funciona de esa manera. ¿Qué, tendrás que pagar mis cuentas hasta el final de las prácticas, y luego qué?, ¿Qué pasa si las cosas en Fourth Dimensión no funcionan?, ¿Se supone que sea justo que dependa de ti? No lo creo, Sasuke. No.
—¿No quieres salir de ahí? —Él está totalmente en calma.
—Sí. Más de lo que podrías posiblemente comprender. Pero no puedo. Salir. No puedo.
—Claro que puedes. Puedes tomar la decisión de confiar en mí. Que alguien te ayude.
—No soy un caso de caridad. Puedo cuidar de mí misma.
Se pone de pie y camina lejos. Incluso su espalda es sexy, seductora e hipnótica.
—Ya lo sé, Sakura. Maldita sea. Sólo estoy tratando de...
—¿Para qué?, ¿Atarme a ti? Hazme entonces solo una de tus calientes llamadas.
Se gira, y antes de que yo pueda parpadear, él está al otro lado de la habitación, alrededor de la cama, clavándome en la pared con su cuerpo. Sus ojos son de color negro y gris, enojado, caliente. Su cuerpo es duro y enorme y está respirando pesadamente, y sus manos están en mis brazos y su boca está a pulgadas de distancia.
—Estoy tratando de ser amable —Él susurra las palabras. —Se llama generosidad. Odias lo que haces, y odio que tengas que hacerlo. Puedo llevarme tus problemas, Sakura. Sólo tienes que dejarme.
—No puedo.
Tengo que apartar la mirada de él. No puedo soportar la idea de mirarlo a los ojos, no puede tener tanta intensidad.
Miro su boca, sus labios, la punta rosada de su lengua recorriendo su labio inferior, y sé cómo se sienten esos labios, su sabor, y yo... yo quiero eso de nuevo. Estoy revolcándome en medio de un lio de emociones, no puedo evitar el deseo confuso que siento por él.
—Puedes. Simplemente no lo harás. Hay una gran diferencia, nena.
—No... No me llames... nena —digo—. No soy tu chica.
—Podrías serlo. —Deja caer esta bomba con calma.
—Yo... ¿qué? —Mis ojos van directo a los suyos, estoy aturdida.
—Dije: “podrías serlo”.
—¿Qué significa eso? —Me gustaría tener la fortaleza para alejarme de él, de su abrazo, lejos de su toque.
No lo hago.
Mira hacia mí, en mí.
—¿Tengo que explicarlo?
—Sí.
—Se mía. Quédate conmigo. —Está susurrando. Sus manos, firmes como una roca, pero sus ojos van de ida y vuelta, la única señal de nervios.
—Tener relaciones sexuales contigo, quieres decir, un rollo de una noche.
Él gruñe.
—No. Diablos. No, Sakura. Quiero decir, sí, quiero estar contigo. Pero... en todos los sentidos. Contigo.
Él pasa las manos por mis brazos, la cintura, a mis caderas, y me levanta. Mis piernas instintivamente van alrededor de su cintura y sus manos en mi espalda, y se abrazan a mí alrededor, así, tan cerca.
—Quiero darte un beso cada vez que me dé la gana. Quiero decirte cuando estás haciendo el ridículo. Quiero hacer el amor contigo. Quiero joder contigo. Quiero abrazarte. Quiero ser tuyo. No sé tú, en absoluto, pero quiero todo esto. Es la locura total. Siento como si tuviera que pedir permiso por decir esto. Joder, yo debería tener mi tarjeta de macho revocada por ser todo emocional, femenino y contarte mis sentimientos. Pero... no soy nada si no soy honesto. Así que ahí está.
No puedo respirar. No estoy hiperventilando, siento todo lo contrario a ello. Mis pulmones se queman porque estoy literalmente sin respiración. Estoy mirándolo a los ojos y escucho sus palabras, estoy completamente perdida. No puedo creerlo.
—Di algo, Sakura. Jesús. Acabo de poner mi maldito corazón sobre una cuerda floja por ti, y tú no estás diciendo nada. —Su voz es un susurro ronco.
—¿Quieres eso? —Trago—. ¿Conmigo? Pero... No sabes nada sobre mí. No hagas esto, no haces esto. No tienes novias
Frunce el ceño.
—No, no tengo, he tenido muchas. Son una moneda de diez centavos por docena. Puedo chasquear los dedos y tener seis, una para cada día de la semana y el domingo libre. No quiero eso. He tenido eso. Es aburrido. Te quiero —Sus ojos van a nubarrón gris, oscuro, amenazante—. No sé nada de ti. Pero ese es el punto: que quiero saber.
Todo lo que puedo hacer es darle un beso. Es necesario, más que respirar. Me besa de nuevo tentativamente, como si no estuviera del todo seguro de qué estoy realmente haciendo. Pero lo hago. Lo estoy besando, porque es la única respuesta que tengo. Mis piernas se contraen alrededor de su cintura, y mi mano traza la parte posterior de su cabeza y tiro de él hacia mí, y estoy más que desesperada.
Éste hombre me quiere.
Gira en el lugar, y de repente estoy en la cama con Sasuke encima de mí. Es tan justo como esto. Es delicioso. Él sabe como café y bagel, y el leve rastro de pasta de dientes. Su lengua se desliza entre mis labios y mis dientes y toca mi lengua. Me estoy aferrando a él para salvar mi vida y lo besó con todo lo que tengo, dejándolo capturar mi boca con la suya, dejando que posea mi lengua.
Se aparta con suavidad, y estoy perdida brevemente, en una espiral con la necesidad de tener su beso, y luego con los dientes muerdo su labio inferior. Su mano roza mi pelo, y sus ojos son mil tonos de gris, azul, verde y marrón, indefinible, indescriptible y me miraba como si yo tuviera la respuesta a cada pregunta en su mente. Sus palmas rozan mi nuca, y sus pulgares van sobre mi mandíbula, y luego hacia abajo.
Enreda mi camisa hasta bajo mis pechos, dejando al descubierto la mayor parte de mi vientre, me toca la cadera, su mano caliente y fuerte y callosa contra mi piel suave y blanca. Me quita el aliento mientras toca mis costillas. Sus nudillos rozan la parte inferior de mi pecho derecho, y dejo que mis ojos se cierren, pero no toma mi pecho con su mano. Él sólo empuja la camisa un poco, y mira hacia mí.
Mis ojos están cerrados, pero siento su mirada. Dejo que me vea. No es como en el escenario, sin embargo, su mirada es tierna. Es demasiado, y tengo que besarlo otra vez, antes de que me pierda completamente en él.
Me besa, y luego se aleja y baja la boca para plantar un beso entre mis pechos. Estoy aterrorizada, mi corazón latiendo. Su boca es cálida y húmeda en mi piel, y ahora su lento beso se está moviendo por la pendiente de un seno y mi corazón late violentamente contra mis costillas.
Seguramente puede sentirlo golpeando, Pero no muestra signos de notar mi terror, él sólo lentamente y con cuidado continúa con sus pequeños besos por todo mi pecho derecho, hasta que mi pezón está latiendo por sus besos. Mi pezón está erecto, duro, casi como si le rogara plantar un beso ahí.
Y luego lo hace, y el gemido que estalla de mí es fuerte, entrecortado, y erótico. Siento que me sonrojo al gemir, pero no tengo ni tiempo, ni pensamiento, ni espacio para cualquier otra cosa mientras chupa el pezón duro, aplastándolo. Me quejo de nuevo, jadeando, retorciéndome debajo de él.
Nunca, nunca he sentido nada como esto. Es inmenso, como si temblara la tierra. Me agarra la parte posterior de la cabeza mientras libera el pezón con un pop, rozándolo con los dientes. El calor y la acumulación de presión dentro de mí, se centran en mi bajo vientre, en mi interior. Es una presión desesperada, una necesidad volcánica, y no sabía qué hacer.
Mientras que su boca está ocupada con mi pezón derecho, la mano izquierda está haciendo cosas similares en mi seno izquierdo, y estoy jadeando y sin aliento, haciendo todo tipo de ruidos embarazosos.
Sé, muy dentro de mí, que no debería estar haciendo esto. La mojigata dentro de mí, está lanzando culpa, diciéndome que estoy pecando con este hombre. Hago lo que puedo para hacer caso omiso de esa pequeña voz, esa semilla sobrante de vergüenza.
Él mueve su boca a mi pezón izquierdo, y su mano derecha se mueve a mis costillas, por encima de mi vientre, a la cadera, y siento sus dedos deslizarse bajo la cintura de mis pantalones de yoga, y luego se detiene, sus ojos en los míos.
Estoy indefensa. No tengo derecho, ni capacidad de resistir sus caricias, sin posibilidad de detener esto. Sé que debería, pero no puedo. Soy tan débil. Tan débil. Él está por encima de mí, besando mi boca, besando mi cuello, ajustando mis pezones entre sus dedos, manteniéndome sin aliento y me inquieto y me retuerzo, y la presión está creciendo dentro de mí, en mi interior. Estoy húmeda allí, lista. Aprieto mis muslos juntos en un vano intento de aliviar la presión, pero no hace nada.
Mis pantalones de yoga negros ajustados ruedan hacia abajo lo suficiente para que la parte superior de mi ropa interior se esté mostrando, una tira de algodón rojo. Mis ojos se están cerrando y abriendo, fijándome en el rostro de Sasuke, sus ojos cuando me mira, su boca mientras succiona el pezón y lo estira, haciéndome gemir y retorcerme y jadear ya que el calor y la presión aumentan a un nivel insoportable. Y luego sus dedos rozan la línea elástica de la ropa interior y se detiene.
Estoy completamente a su merced. Sé que no debo dejar que esto suceda, que estoy cruzando alguna línea que no debería pasar, pero no voy a parar. Me está tocando, es mi dueño. Él sabe exactamente lo que necesito, lo que quiero, incluso si no lo hago.
Y ahora, oh, Dios. Sus dedos, sólo su medio y anular están cayendo bajo el elástico por el tacto hacia la piel rasurada, suave, y estoy temblando. Quiero esto. Quiero que me toque.
Nunca me he tocado a mí misma ahí. Nunca. Era un pecado tácito, vergonzoso y repugnante. Y entonces, como adulta, no tenía motivos ni tiempo. Nunca he conocido el deseo, nunca conocí la necesidad de tocarme a mí misma como él me está tocando.
Sus ojos son de color rojizo ahora, un color que nunca había visto en él antes. Me mira cuando mueve sus dedos, oh, tan gradualmente, cuidadoso hacia abajo. Mis muslos están apretados juntos, pero se aflojan para dar la bienvenida a su tacto, como si mi cuerpo quisiera esto, aunque mi mente, corazón y alma están en guerra.
Mi cuerpo responde. Su dedo medio está a punto de llegar a la parte superior de la apertura, y luego la punta de su dedo se desliza dentro de mí. Dejo escapar un gemido, un sonido de necesidad y miedo.
—Dime que pare —murmura. Sus ojos están sobre mí, y sé que él está leyendo mis emociones.
Abro la boca, pero las palabras no salen. Acabo de mirarlo a los ojos, y otra vez mi cuerpo toma mi decisión por mí. Su dedo se hunde más profundo dentro de mí, y ahora una palabra finalmente escapa de mis labios.
Su nombre.
—Sasuke... —Es una súplica susurrada, pero no sé si estoy pidiendo más o pidiendo que se detuviera.
Estoy temblando. Mis rodillas tiemblan, mis manos tiemblan. Mis labios tiemblan y mis ojos no se pueden enfocar. Siento su dedo entre mis labios vaginales, un sentimiento extraño, una sensación de saciedad y entonces él está profundizando. Su mano y el dedo se mueven más profundos aún.
Y luego su dedo me toca de una manera determinada, y golpea rápido. Un gemido se arranca de mi garganta como una bala de placer a través de mí. Él me mira, y yo lo veo mirarme. Estoy acostada parcialmente de su lado, y mi camisa arrugada sobre mis pechos, pesados y cayendo a ambos lados de mi cuerpo, mis huesos de la cadera son visibles mientras me arqueo bajo su tacto. No puedo evitar los gemidos, mientras me toca de nuevo, y el calor y la presión dentro de mí se construyen y construyen y construyen en algo insostenible, algo violento y en el filo de la navaja de la detonación. Algo tiene que romperse.
—¡Oh, dios, Sasuke! —He oído las palabras salir de mi boca, y nunca, nunca soné tan necesitada, tan eróticamente entrecortada y femenina.
—Sakura... dios, Sakura. Eres tan hermosa. Eres perfecta. —Su voz es un murmullo en mi oído.
Y entonces su toque se convierte en movimiento, uno suave dando vueltas alrededor de ese punto, y estoy levantando mis caderas al ritmo de sus caricias, me sonrojo, estoy caliente de la misma forma que mi cuerpo, pero no puedo evitarlo. Nunca me he sentido de esta manera, no puedo evitarlo y no quiero, aunque esté mal.
Su boca desciende a chupar mi pezón izquierdo y las ráfagas de placer van con ello, se convierte en una serie de pulsaciones de dispersión de las explosiones en mi pecho y mi centro, mi corazón es un tambor tribal salvaje en mi pecho, y mi respiración es todo gemidos y jadeos, y su nombre en voz baja.
Sus dedos se mueven rápidamente ahora, y las detonaciones dentro de mí se están construyendo, no sé qué hacer. Voy a perderme en esto, voy a estar perdida en un huracán de sensaciones, pero él no se arrepiente. Muerde mi pezón y me oigo a mí misma hacer un ruido que es casi un grito, y luego sus dedos dentro de mí encuentran ese lugar perfecto y su boca chupa mi otro pezón entre sus labios y se preocupa por ello y ahora me he ido...
Todo dentro de mí se deshace. Estoy gritando, chillando en realidad. Estoy destrozada, convulsionando, totalmente incapaz de detener la forma en que mis caderas se levantan de la cama, buscando su contacto, necesitando más, y él me da más, mucho más. Me besa en la boca mientras me hago añicos bajo su tacto, y su lengua se encuentra dentro de mi boca y sus labios poseen los míos.
Estoy tomando todo de él, arañándolo, mis músculos se aprietan y sueltan. Mi cabeza gira y mi respiración se va errática. Escucho mis propios gemidos de pura sensualidad y desesperación.
Retira su mano, su boca se presiona contra mi mejilla, y me sostiene contra él, tiemblo sin control.
Cuando soy capaz de hablar, levanto la cabeza para mirarlo a los ojos.
—¿Qué... qué me has hecho?
Él no se da cuenta que lo digo en serio.
—Te di una probada, nena.
No protesto por el término.
—¿Una probada de qué? —Me pregunto si debería decirle que nunca he hecho nada ni remotamente parecido. Si sus dedos habían ido hasta lo más profundo dentro de mí, si habría sentido la prueba de mi inocencia.
—Una probada de nosotros.
No sé qué decir. Una parte de mí espera que me pida que haga algo por él, ya que aún inexperta como yo, sé un poco cómo funcionan las cosas. Pero no lo hace. Sólo me sostiene hasta que desaparecen los temblores. Es entonces cuando el sentido de la vergüenza y la culpa me superan.
Técnicamente, todavía soy virgen, pero le di más de mí de lo que nadie ha tenido jamás. Y todavía no sé lo que es esto o dónde va. Sé lo que dijo, que él me quiere, pero... ¿No ha dicho lo mismo a las demás? Ha habido decenas delante de mí. Decenas de mujeres, y que sabían lo que le dan, la forma de tocarlo, de cómo agradarle, y sabían a qué atenerse. ¿Le susurró las mismas palabras que dijo para mí?
Sólo sé que una cosa es segura: Quiero más. Lo que acaba de hacer para mí... necesito más. Veo lo que es ahora, y eso fue sólo una muestra. Nunca voy a ser capaz de obtener lo suficiente, pero no puedo tener más. No puedo. Porque necesito más de él. Sé que mis sentimientos hacia él se van fuera de control. Sé a dónde están conduciendo.
Y no puedo darme el lujo de enamorarme. ¿Cómo puedo dejar que eso suceda? ¿Cómo puedo confiar en él? Cómo puedo entregarme a él cuando sólo lo conozco desde hace unos días, y si me enamoro, ¿entonces qué?, ¿Me mudo con él?, ¿Querrá casarse conmigo?
¿Me quiero casar?, ¿Es cierto?, ¿Es ahí donde va esto?
No por él, sin duda. ¿Y qué acerca de sus películas? Tienen sexo en ellas. Lo que significa que tiene relaciones sexuales, con las actrices, en la pantalla que millones de personas ven. Y sin embargo, llegaría a mi casa y yo le daría un beso y ¿lo tocaría sabiendo que otra mujer acaba de hacer todo eso, incluso si se trataba de una película y no la emoción real? Incluso sin emoción, sería besos reales, sexo real.
Estoy hiperventilando ya que estos pensamientos van a través de mí a mil por hora.
Dejé que me tocara. Dejé que me diera un orgasmo. Tenía los dedos dentro de mí. Su boca estaba en mis pezones. Básicamente tuve relaciones sexuales con él, y apenas lo conozco. Él puede hacer que me despidan y asegurarse que no trabaje en Hollywood de nuevo. Él puede hacer lo que quiera y salirse con la suya.
Me tocó. Me besó. Me hizo sentir mucho, mucho.
Las lágrimas se filtran bajo mis ojos, lágrimas de confusión, la desesperación y el miedo.
Él las ve.
—¿Sakura? Qué... ¿qué pasa?
—Yo... lo siento. Yo no... No puedo... —Huyo de él, de la cama y entro en el baño.
Mi estómago se levanta entonces, la confusión de emociones que dan vuelta a la náusea, como siempre lo hace. No voy vomitar, sin embargo. Sasuke está en el otro lado de la puerta cerrada, lo siento ahí. Sé que tengo que mirarlo. Abro la puerta y ahí está, enorme y precioso y claramente molesto.
—Sakura, ¿qué pasa? Pensé, nosotros...
Niego con la cabeza.
—Sasuke, yo... Dios, me equivoqué —Quiero sus brazos alrededor de mí, porque incluso cuando él es quien me molesta, también me consuela. No puedo dejar que eso suceda porque voy a perderme en su toque de nuevo—. Estoy tan confundida, y no sé lo que es, lo que somos... no sé nada.
—No... ¿no quieres estar conmigo?
—¡No lo sé! ¡Haces que me sea tan difícil pensar! Si me tocas, no puedo dar sentido a nada. Podrías tener a cualquiera, varias personas, y no puedo competir con eso. Y eres una estrella de cine. Vas a estar en Lo Que El Viento se Llevó. O bien, sé cómo dirige Utakata, tendrás una escena de amor con ella. Y entonces ¿qué pasa con nosotros?, ¿Se supone que debo estar de acuerdo con eso?, ¿A dónde va esto? Y lo que hicimos... fue... increíble, pero no pude evitarlo. Fue muy, muy rápido, no sabía que podía...
—¿Estás diciendo que se sentía como si te estuviera forzando? —Hay un borde afilado en su voz.
—¡No! Estoy diciendo que era yo... quería, pero no debía... No fue... —No quiero admitir que soy virgen. No sé cómo va a reaccionar o lo que va a decir o hacer. ¿Qué significaría para nosotros?, o sea lo que pasa entre Sasuke y yo. Paso por su lado—. Sólo... tengo que ir a casa. Tengo que pensar. Todo esto sucede tan rápido, y estoy muy confundida...
—Estás huyendo otra vez. —En partes iguales está enojado, resignado y triste.
—¡No!
—Entonces, ¿Cómo lo llamarías? —Sus ojos son de negro grisáceo, y está paseando lejos de mí.
—No lo sé. Sólo digo que necesito un poco de tiempo.
—¿Tiempo para qué? O me quieres o no lo haces.
—No es tan simple, Sasuke...
—Entonces explícalo —Él se vuelve hacia mí encontrándose por encima de mí y mira hacia abajo, dentro de mi alma—. Dime una cosa verdadera.
—Te quiero tanto que me asusta. —No puedo mirarlo.
—¿Por qué te asusta tanto?
—Debido a que es mucho, y no sé cómo manejarlo. No sé lo que es esto entre nosotros.
—Es una relación romántica, Sakura. No es tan complicado. Me gustas, te gusto, pasamos tiempo juntos. Hacemos el amor. Nos decimos cosas verdaderas sobre nosotros mismos.
—Entonces dime una cosa verdadera sobre ti.
Se frota la mano por el rostro, y luego por el cabello.
—Está bien, está bien. Todavía no me has dicho nada real, nada profundo. Sé que tienes miedo, no es ningún secreto. Pero te voy a mostrar lo que quiero decir cuando digo algo verdadero. Soy el hijo de Fugaku Uchiha. Mi madre es Mikoto Uchiha. Estas en la película, por lo que debes saber estos nombres.
Sabía esto. Por supuesto que sí. Que Sasuke era el hijo de Fugaku era de conocimiento público. Pero de alguna manera nunca pensé en el efecto que tendría sobre Sasuke. Fugaku Uchiha era, y sigue siendo, uno de los directores más queridos de todos los tiempos. Era muy difícil de trabajar, exigente y peculiar, pero era brillante. Está mayormente retirado ahora, y es famoso y solitario. Nadie sabe dónde vive, pero que a veces va a consultar sobre una película de su casa, por correo electrónico y teléfono.
Mikoto era una actriz del romanticismo de los años setenta y ochenta. Tenía fama de ser una chica salvaje, y su relación con Fugaku Uchiha fue un gran escándalo en la época, ya que él tenía más de cuarenta años y se casó con una niña. Mikoto tenía apenas veintiún años. Fugaku dejó a su esposa e hijos por Mikoto, y los dos permanecieron juntos durante casi veinte años tumultuosos. Los tabloides y periódicos registran todas las acusaciones de fraude por parte de Fugaku y cada visita que llevó a Mikoto a rehabilitación.
Finalmente Mikoto murió de una sobredosis de cocaína a mediados de los años noventa. La última película de Fugaku salió el año en que Mikoto murió, y él no ha dirigido desde entonces.
Sasuke suspira.
—Así que sí. Crecí en Hollywood. Era un extra en películas de mi padre a partir de la edad de cuatro años. Él me consiguió mi primer papel real cuando tenía seis años. Montaña de la Luna. Después de eso, tuve mis propios papeles. Mamá y papá me manejaban —Sus ojos se oscurecen aún más, con dolor, recordando—. ¿Quieres otra cosa verdadera? Encontré a mamá. Cuando tuvo la sobredosis, quiero decir. Estaba en su cuarto de baño. Estaba desnuda en su bañera. La bañera estaba vacía, no la llenó de agua. Estaba tumbada en ella, cubierta de vómito. Yo era sólo un niño. Fue en el noventa y seis, así que tenía como... ocho, supongo. El vómito estaba todo ensangrentado. No hablé seis meses después de eso. Estaba en el medio de la filmación de mi segunda película y cuando terminó, tuvieron que reformular y volver a disparar.
Puse mi mano sobre mi boca, tratando de imaginar lo que debe haber sido eso para un niño pequeño. No puedo.
—Mi mamá murió de cáncer. Cuando estaba en mi último año de la escuela secundaria —Estoy apenas susurrando—. Ella era mi mejor amiga. Mi todo. Era la única que me entendía o me apoyó. Mi padre... nunca me he llevado bien con él. Vamos a dejar las cosas así. Llego su muerte, y vi cómo sucedía. Día tras día la veía pelear y pelear, pero perdió, y murió y... ella, ¡ella me dejó! Murió, y me dejó sola, y Dios no la detuvo.
Sasuke envuelve sus brazos alrededor de mí, y me hundo en él, absorbo su olor, la sensación de su piel contra mi mejilla. Me estoy perdiendo a mí misma en él, poco a poco.
Me alejo.
—Tengo que ir a casa —le digo, secándome las lágrimas de mis ojos—. No puedo hacer frente a todo esto.
—Sakura...
—No estoy huyendo de ti, Sasuke. Es que... estoy abrumada. —Estoy corriendo, sin embargo, y él lo sabe.
—Está bien. Bien. Lo que sea —Sasuke se frota en la mandíbula con los nudillos—. Ibiki trajo el Rover de nuevo para ti. Está en el camino de entrada. De hecho, espera.
Desaparece, y me siento en la cama y disfruto del café ahora tibio. Regresa al cabo de unos minutos con un trozo de papel, un lápiz, y mi bolso.
—¿Qué es eso? —Le pregunto.
—¿Tienes dinero en efectivo? —pregunta, andando sin rodeos.
—Um, sí. ¿Por qué? —Busco mi bolso y saco un fajo de billetes.
—Dame un cinco. —Le doy un billete de cinco dólares, y vuelve el papel hacia mí. Es el título de la RangeRover—. Firma aquí, y quédatelo. —Él señala a una línea.
—Sasuke...
—Solo hazlo. Por favor. —Él no me está mirando.
Suspiro.
—No voy a quedarme tu coche. Vale como, 140.000 dólares.
—Sakura, el dinero no significa nada para mí. Nunca lo ha hecho. ¿Quieres el Bugatti? Te voy a dar el Bugatti. A la mierda. Puedo comprar otro.
—No quiero ninguno de tus coches. No quiero tu caridad.
Lanza la pluma y el título en la cama junto a mí.
—Maldita sea, Sakura. No estés jodiendo con eso de la caridad.
—No tienes que maldecirme.
Se desploma, frotándose la parte posterior de su cuello.
—Lo siento, es que... Dios, Sakura. Basta con acceder al título. Coge el coche. Hazlo por mí —Lo miro, y luego, firmo el título en el que señaló, la fecha—. Gracias. Llévalo al DMV el Lunes. Te agrego a mi póliza de seguro.
—Sasuke, no vas a añadir...
—¿Nunca has ganado ninguno de estos argumentos todavía? —Me mira con una ceja arqueada. Niego con la cabeza y suspiro, luego dobla el título y lo pone en mi bolso y empieza a salir de la habitación—. No quiero que te vayas.
—Sólo voy a casa para un rato. Necesito una ducha. Necesito ropa. Tengo que hacer los deberes.
—Pero no vas a trabajar. —Esto no es una solicitud, a juzgar por el tono de su voz.
—Tengo que hacerlo.
—No. No lo hagas.
—Tengo la matrícula. Tengo...
—¿Cuánto has hecho el fin de semana?, ¿Esta noche y el domingo por la noche? En promedio.
—No vas a tratar...
Él me mira, hablando sobre mí.
—¿Cómo... cuánto?
—Mil, ¿tal vez?
Sasuke se gira en el lugar, busca en su armario y abre una caja de seguridad incorporada en la pared. Saca un sobre y cuenta algunos billetes, devuelve el sobre, y cierra la caja fuerte. Su expresión es sombría y dura.
—Aquí. Cinco mil dólares. Toma la semana de descanso.
—No puedes comprarme, Sasuke. —Estoy conmovida y ofendida.
—Joder, eres terca —Gruñe—. No voy a comprarte. Te estoy dando la oportunidad de tener algo de tiempo libre.
—Si tomo tiempo libre, nunca voy a volver.
—Genial.
—¡No! ¡No es Genial! No puedes ser mi hombre rico, Sasuke. Soy una bailarina de striptease, no una puta.
—¡Y yo quiero que estés bien! No te estoy pidiendo que hagas nada por el dinero, ¡maldita sea! —Está gritando, y me estremezco a la distancia. Él hace una mueca a mi miedo obvio e inmediatamente se calma—. Lo siento. Dios, lo siento. No haces más que volverme loco. Yo no... no entiendo cómo podrías pensar eso. Que hago. Pero... es un regalo. El Rover es un regalo. No vas a estar conmigo, y eso está bien. O no, no lo es. Es jodidamente horrible. Pero al menos deja que te ayude. No es mucho, pero va a hacer que me sienta mejor.
—¿Te sientes mejor? ¿Acerca de qué?
—¿No lo entiendes?, ¿En serio?, ¿No ves cómo me siento?, ¿Lo que me estás haciendo?, ¿Qué tan difícil es esto para mí? —No respondo, y él tira el fajo de billetes de 100 dólares en la cama junto a mí. Él está por encima de mí, mirando en la distancia—. Sólo tienes que irte, entonces. Toma, no lo tomes. Qué carajo —Él se mueve más allá de mí, alrededor de la cama, y empuja la puerta de su balcón.
Lo veo de pie con las manos en la baranda de piedra ornamentada, mirando por encima de Los Ángeles. Su postura refleja el conflicto, la derrota, la ira. Sus hombros se desploman, con la cabeza gacha, su respiración lenta y regular. Parece que está tratando de aplastar a la barandilla en polvo de piedra por la fuerza bruta. Se ve capaz de hacerlo.
Quiero decir algo, para consolarlo, pero no puedo. No tengo respuestas para mí misma, por no hablar de él. Me paro lentamente, y luego se detiene y me quedo mirando el espeso montón de dinero, y lo considero. Al final, no puedo soportarlo. Quiero. Quiero no tener que trabajar, para no tener que quitarme la ropa. Pero no puedo tomar nada más de Sasuke. Me hace aún más suya, y ya estoy perdiéndome en él, perdí la noción de quién era y quién soy y a dónde voy.
Llego a casa y me baño y me pongo ropa limpia. Busco a tientas mi camino a través de un ensayo sobre el uso de la iluminación en La lista de Schindler. Es un mal ensayo, como mis pensamientos se dispersan. Por último, me rindo y cierro el barato portátil restaurado. Debería haber tomado el dinero. Honestamente estoy aterrada de volver al club ahora. Voy a saltar en cada sombra, ver un violador en cada cliente. El horror de lo que experimenté fue ahogado y enterrado por la cruda intensidad de Sasuke, pero ahora que estoy sola, está volviendo.
Puse una película y trato de verla, trato de distraerme, pero incluso una estúpida comedia brillante no puede mantener mis pensamientos lejos del silbido de esa horrible voz, el acero cruel de las manos me pelan, aplastando el aire de mis pulmones. Pánico se convierte en histeria, que a su vez se convierte en la hiperventilación. Agacho la cabeza entre las rodillas y trato de centrarme en respiraciones largas y profundas. Estoy en el suelo, sudando, temblando y sollozando.
Hotaru me encuentra así.
—¿Estás bien, Sakura?
Como van las preguntas, es un poco estúpido. Quiero decir, claro que no estoy bien. Pero es Hotaru, y no es el cuchillo más afilado del cajón.
Sin embargo, su presencia me obliga a crear una capa de calma sobre mi pánico, y soy capaz de trabajar mi camino de vuelta en el sofá, limpiándome el rostro y sollozando.
—Sí. Estoy bien.
Ella frunce el ceño brevemente, y luego se da cuenta de la reproducción de películas en la TV, la pantalla plana que Hotaru consiguió para la Navidad del año pasado.
—Oh, genial. Me encanta esta película. Chris Farley es caliente. —Ella se deja caer a mi lado, ajena.


Continuará...




No se olviden de comentar sus impresiones, ya sea por acá o en FANFICTION, para seguir publicando también otras historias :D  un abrazo enorme !

No hay comentarios:

Publicar un comentario