domingo, 5 de enero de 2014

EL AMOR SOBREPASA LAS INTENCIONES DE CUPIDO cap 2


Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jennifer Shirk la cual lleva por nombre "A Little Bit Cupid". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.


El amor sobrepasa las intenciones de Cupido
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Capítulo Dos


¿¡Qué!?

La expresión de Choji se volvió oscura. —Justo lo que dije. Si no te ayudo, no nos beneficiara a nosotros… y a toda la humanidad. Discordia, la diosa de la discordia, y sus compinches eliminaran el amor por completo del planeta.

—Pero… pero, ¿por qué? —Y lo más importante, ¿por qué el destino del amor mundial dependería de ella?

—Hay una guerra en el cielo, entre el amor y el odio. En este momento, Papá intenta negociar un tratado de paz. Tú fuiste elegida porque es una descendiente de Thessela.

—¿Descendiente? —se burló—. No tengo ningún poder mágico.

—No los tendrás. Ella era la hermana mortal de la primera esposa de mi padre, Psique. Sin embargo, tu línea está todavía muy atraída al amor. —Señaló a la funda de su cámara—. Incluso si es sólo para documentarlo. Los Dioses saben que nunca has estado enamorada y que le tienes un gran miedo.

Ella se erizó. —¿Qué? No tengo miedo al amor. —¿Lo tengo?

Choji le lanzó una mirada que decía lo contrario.

—Querer que el amor sea perfecto no significa que le tenga miedo —replicó.

Sea como fuere, ambas partes han acordado que si tú puedes encontrar el verdadero amor para el Día de San Valentín, cualquiera puede. Y si no, entonces —chasqueó los dedos—, el amor se acaba para siempre. Qué cosa tan mala que suceda en San Valentín, ¿no te parece?

Ella parpadeó, le era difícil creer que realmente era la indicada para poner fin a una guerra celestial. —¿Qué pasará con las personas en la tierra?

—Oh, todavía vivirán. Como he dicho, sólo que no amarán o serán amados. —La miró fijamente—. ¿Eres lenta o algo así?

Apretó los dientes. —Mira, Choji, no todos los días alguien que dice ser Cupido —discúlpame, el hijo de Cupido— me dice que tengo que encontrar a mi verdadero amor o el amor desaparecerá de la tierra. Así que perdóname si necesito más tiempo para procesar los hechos por completo.

 —Por Dios, eres muy quisquillosa. Estoy empezando a ver por qué tienes problemas con los hombres.

—Eso es todo. No puedo tratar contigo esto más. —Irritada por su tono burlón y toda su increíble historia, saltó y se dirigió hacia su edificio.

Esto no es real. No es real, repitió en su cabeza. Echó un vistazo hacia atrás. Choji y su taxi no estaban a la vista. Sintió alivio.

Bien. Obviamente entendió el mensaje. El destino del amor tendrá que recaer sobre los hombros de otra persona… si, de hecho, no se había imaginado todo.

Su respiración volvió a la normalidad. Y en el momento en que había llegado a la puerta de su apartamento, incluso se rió sobre lo absurdo que habían sido sus pensamientos.

 Como si Cupido realmente existiera. ¡Ja!

Sacudiendo la cabeza, encendió la luz del pasillo y se detuvo en seco. Choji A. Cupido III estaba sentado en su sofá de la sala, con los pies apoyados en la mesa de café.

Levantó la vista y arrojó a un lado la revista que había estado hojeando. —Ya era hora de que aparecieras.

Ella frunció el ceño. —¿Cómo entraste?

—Mira, Sakura, no menosprecies Dioses menores. Tenemos un par de trucos bajo la manga.

—¡Deja de decir eso! No eres un Dios. No eres más que un estafador realmente bueno. Ahora, toma tus trucos y cigarros malolientes y vete.

Él extendió las manos con pesar. —No puedo hacer eso, muñeca. Si el amor deja de existir, entonces yo dejo de existir. Además, la tierra sería muy triste por aquí con tanto odio y peleas. Discordia ya está a punto de enviar su primera granada.

—¿Qué quieres decir con eso?

Choji se levantó y con algunos giros de sus dedos regordetes, encendió la televisión en un programa de noticias por cable. El locutor iba hablando sobre un robot del Expo Tecnología que limpiaría las canaletas.

Miró a Choji y rodó los ojos. Algunas granadas.

—Espera —advirtió.

Antes de que pudiera hablar de nuevo, la pantalla cambió. —Tenemos una alerta de noticias de última hora que acaba de llegar en este momento —dijo el presentador—. Algunas de las conocidas organizaciones benéficas han decidido disolverse hoy, citando su frustración con quienes dan y su repentina falta de interés en ayudar a los demás. La Casa Blanca está conmocionada. Una conferencia de prensa está programada a las dos de hoy con más información sobre lo que va a pasar con la financiación actual para estas organizaciones.

Los ojos de ella se abrieron. —Eso es horrible. ¿Cómo…?

Él levantó la mano y la cortó. —Hay más —dijo.

Otra alerta de noticias en la pantalla. —Estamos recibiendo ahora otro informe del Tíbet. El Dalai Lama ha cancelado sus compromisos para hablar en el futuro previsible. Fuentes cercanas a él dicen que está buscando tiempo de meditación debido a su repentino cuestionamiento de sus creencias, en particular sobre la necesidad de amor como fundamento de la existencia humana, que una vez fue parte de sus enseñanzas.

—Es suficiente. —Con el corazón en la garganta, se alejó de la TV—. Apágalo. Por favor —susurró.

Choji hizo lo que le pidió y volvió a sentarse. —Desafortunadamente, esos son sólo unos pocos adelantos que Discordia ha planeado. Estoy seguro de que no quieres ver qué más puede hacer.

Soltó el estuche de la cámara y se frotó la frente. No. Por supuesto que no. No cuando él lo ponía así. No cuando ella acababa de ver un atisbo de lo que estaba por venir. ¿Quién querría vivir en un mundo sin amor?

Desde luego ella no. Claro que quería encontrar a su alma gemela, pero había renunciado a encontrarlo hace mucho. ¿Podría Choji realmente ayudarla para salvar a la humanidad?

 Caminó hacia delante, deteniéndose frente a él. —Creo que estás apostando al caballo equivocado. No he encontrado a mi alma gemela en —Tosió—, más de treinta años. ¿Qué te hace pensar que seré capaz de encontrarlo para el próximo sábado?

Choji apartó el cigarro de la boca y parecía estar buscando un cenicero. Al no encontrar uno, agitó los dedos y uno cayó sobre su regazo. —No te preocupes. He estado trabajando en ello —dijo simplemente—. Entonces, ¿estás dentro?

Ella dejó escapar un largo suspiro. En este punto, realmente no tenía muchas opciones, y ciertamente no tenía nada que perder. Negó la cabeza para sí misma, aún sin poder creer lo que estaba a punto de aceptar. —Sí. Por supuesto que te ayudaré.

Choji regresó el cigarrillo a la boca y sonrió. —Excelente.

—Así que... ¿qué pasa ahora? ¿Cómo puedo encontrarlo?

—Como he dicho, he estado trabajando en esto mientras el acuerdo se realizaba. Sin embargo, esas deidades amantes-de-odio no lo han hecho más fácil. Obviamente, quiere que fracasemos. Pero creo que finalmente lo he encontrado.

—¿Lo encontraste? — Choji había encontrado a su alma gemela. De repente, su corazón sentía ligero y quería saltar arriba y abajo. Casi como si estuviera enamorado ya—. Eso está muy bien, ¿verdad? No todo está perdido, entonces. La humanidad se salvó.

Choji se encogió de hombros sin comprometerse.

—Bueno, ¿quién es? —preguntó.

Chasqueó los regordetes dedos de nuevo y un expediente de un centímetro de espesor apareció en su mano. Sin darle un segundo vistazo, se lo tendió a ella.

Lo cogió, sintiendo una mezcla confusa de nervios, enfermedad y emoción. Sería extraño saber quién era su verdadero amor antes de que realmente lo amara. Lentamente abrió la carpeta y leyó el nombre.

La humanidad estaba condenada.

Cerró el archivo y se lo devolvió. —Esto no va a funcionar.

Choji apoyó su cigarro en el cenicero y frunció el ceño. —¿Por qué no? —preguntó, abriendo la carpeta y mirando por encima del nombre para sí mismo—. De acuerdo a nuestros registros, este hombre, Naruto Uzumaki es perfecto para ti. Además, no se puede cambiar. No te dan a escoger de quién te enamoras. No funciona de esa manera. Cupido ha hablado —dijo, tendiéndole de nuevo el archivo.

—Bueno, Cupido debería hacer una mejor investigación —espetó—. Naruto Uzumaki no está interesado en mí. Trajo a su sobrina y sobrino a mi estudio para una sesión de fotos una vez y ni siquiera supo que yo existía detrás de la cámara. Bueno, eso no es del todo cierto. Se fijo en mí cuando derramé mi café por todo el lugar.

—¿Y?

—Lo derramé sobre él, también.

—No es un problema.

Se mordió el labio. —Bueno, cuando digo él, quiero decir... su entrepierna.

Choji hizo una mueca. —Eso podría ser un problema.

—¿Ves? ¡Te lo dije!

—Está bien, tómalo con calma. Ese pequeño incidente podría hacernos retroceder un día, pero todavía nos da una buena semana para ponernos a trabajar.

—¿Trabajar? ¿No puedes agitar los dedos y hacer que me mire y se enamore?

—¿Te refieres a amor a primera vista? —Se rió, fuerte y duro.

¿Qué es tan gracioso? Se cruzó de brazos y esperó a que se calmara.

Después de algunos largos minutos, se limpió una lágrima de su ojo. —Oh, hombre, eso fue una buena. No puedo creer que en realidad pensaras que existe el amor a primera vista.

Ella levantó la barbilla. —¿Me estás diciendo no existe?

—Sí. Ahora... la lujuria a primera vista es muy real. ¿Pero el amor? Eso requiere un poco de trabajo. Y a Cupido, por supuesto —dijo con una sonrisa.

Un poco de trabajo y un Cupido. Por supuesto. Qué tonta al pensar lo contrario. Nada en su vida nunca fue fácil, ¿por qué pensó que esto sería diferente?

—Sin embargo, podemos acelerar un poco las cosas —añadió, acariciándose la barbilla—. Sólo necesito que te bese, un-beso-completo-que-te-ponga-de-puntillas antes de la medianoche del día de San Valentín.

 Ella se dejó caer en una silla, con la cabeza entre las manos. —Un beso que-te-ponga-de-puntillas de un hombre que probablemente quiere permanecer al menos doce metros lejos de mí cuando las bebidas calientes se encuentran a mi alcance. Sí, como si eso fuera a suceder.
La mirada divertida de repente dejó lo ojos de Choji. —Bueno —dijo, con la boca formando una línea sombría—, por nuestro bien y todo el de la tierra, vas a tener que hacer que sí pase.


Continuará...

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