Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Uno
En algún momento pasada la medianoche, Sakura se
deslizó por los pasillos del lujoso hotel. La esponjada alfombra silenció los
rápidos pasos de sus pies descalzos. El aire acondicionado no podía apaciguar
el calor que irradiaba su piel. Tenía una misión complaciente por delante y el
champán y el impulso sensual no dejaban sitio a la cordura.
Bajó por las escaleras una planta, donde sabía que
estaba su habitación... contó las puertas: una, dos y tres... y abrió la
siguiente.
Pero la habitación estaba vacía. Apenas había luna aquella noche, pero
vio que no había nadie tumbado en la cama. De hecho, estaba perfectamente hecha
y la superficie parecía la cobertura de azúcar de un bizcocho.
Sakura sintió una profunda decepción. Tenía hambre,
pero no le apetecía cobertura de azúcar sino algo mucho más carnoso en lo que
poder hincar el diente. Llevaba demasiado tiempo sin divertirse. Por eso,
inspirada por aquel fabuloso lugar, había decidido dejar de lado sus prejuicios
morales y aceptar lo que Gaara llevaba semanas ofreciéndole. Hasta el momento,
había esquivado sus invitaciones porque no sabía si era una persona íntegra,
pero, ahora que estaban allí, en aquel lugar tan bonito, ya no importaba nada
más que el momento.
Y, en aquel momento, quería disfrutar del hecho que
un hombre la hiciera caso. Físicamente. En un lugar tan bonito como aquel, la
fantasía se podía hacer realidad, ¿no?
Sí. Ahora que había reunido por fin el valor, no
iba a permitir que el destino la confundiera. La alegría de vivir le corría por
las venas, así que volvió a salir al pasillo. A lo mejor, había contado mal o,
tal vez, se había equivocado de lado del pasillo. Se giró y volvió a contar.
Una, dos y tres. Giró con cuidado el pomo de la cuarta puerta.
Ocupada.
Los sentidos asimilaron al instante las señales...
respiración regular, suave y confiada y un olor ligeramente especiado. Cerró la
puerta con cuidado. Dio un par de pasos y tropezó con un zapato. Por el tamaño,
comprendió que se trataba de una bota masculina.
Entonces, había acertado.
Las cortinas estaban corridas casi del todo, pero
el ocupante de la habitación había dejado una ranura. A lo mejor, a él también
le gustaba ver el sol, la luna y las estrellas desde la cama. Sakura sonrió y
parpadeó para acostumbrarse a la penumbra. Sí, en el centro de la enorme cama
había una silueta tumbada, justo en el centro. El pelo oscuro contrastaba con
la sábana blanca. Tenía el rostro girado y no le veía la cara. En aquel
momento, una nube tapó la luna y la habitación quedó completamente sumida en la
oscuridad.
Pero Sakura siguió adelante y se acercó a la cama,
dejándose llevar por el deseo.
–Hola, ¿estás dormido? –murmuró.
Qué pregunta tan tonta. Sabía que estaba dormido
por cómo respiraba.
–Hola –insistió posando la palma de la mano en la
cama y alargando el brazo hacia él.
Tocó su piel. Estaba caliente.
Sakura apartó la mano. De repente, le estaba dando
vergüenza. Sentía el corazón latiéndole aceleradamente y la adrenalina
corriéndole por la sangre, así que tomó aire profundamente. Era la primera vez
en su vida que tomaba la iniciativa de aquella manera. Sentía la garganta
bloqueada y no se le ocurría nada que decir, pero la sensación, la tentación,
la llevó a acercarse un poco más. A pesar de que se le había puesto la piel de
gallina, sentía que se estaba quemando.
Se arrodilló ante la cama y comprobó que, cuanto
más cerca estaba de él, más atrevida se volvía. Fue acercando la mano
lentamente hacia el cuerpo que ocupaba el colchón. Llegó con las yemas de los
dedos al punto en el que cambiaba la temperatura, pasando del frescor del
algodón de las sábanas a la calidez de la piel humana. Haciendo un último
esfuerzo, le acarició el vello.
Sakura sintió que hasta la última célula de su
cuerpo se ponía contenta. Le sorprendió que aquel sencillo contacto pudiera
reportarle tantísimo placer. Claro que podía ser porque todo aquello era muy
arriesgado y a ella siempre le habían dado mucho reparo los riesgos, así que,
en aquellos momentos, estaba de lo más excitada.
No se habían besado siquiera. Se habían limitado a
hablar y a sugerir para pasar el rato y hacer el trabajo más liviano porque,
últimamente, habían tenido mucho trabajo y muy aburrido, demasiado papeleo.
Había esperado aquel fin de semana con ganas con la esperanza de pasarlo bien,
y bien era como se lo iba a pasar si todo salía como ella quería.
Bajo la piel caliente, Sakura descubrió unos
músculos fuertes y bien formados que la sorprendieron. ¿Cómo se iba a imaginar
que aquellos trajes suyos tan serios escondían un cuerpo tan estupendo? Llevó
una mano al pecho y otra al abdomen, retiró la sábana y buscó.
Estaba completamente desnudo.
Genial.
Estaba tan abstraída en la exploración que tardó
unos segundos en percatarse del cambio que se había obrado en él. Luego,
percibió la reacción de sus músculos, respondiendo a sus caricias.
Los sintió estimulados.
Animada por aquellas señales, prosiguió la
exploración más abajo. Se excitó todavía más al comprobar lo excitado que
estaba él. Se inclinó sobre él y comenzó a besarle por el muslo. Sintió sus
manos y sus dedos perdiéndose entre sus cabellos y supo que estaba despierto.
Sakura se arrodilló en el colchón y se sentó a
horcajadas encima de él.
–Oh, sí –murmuró él.
Su voz le sonó rara y lo achacó a que se acababa de
despertar.
–Sí –se rio Sakura sintiendo que el corazón le
latía aceleradamente ante su propio atrevimiento y la buena aceptación que
estaba teniendo–.
¿Te gusta?
–Oh, sí –repitió él.
Sakura lo escuchó resoplar y sintió sus manos en
las caderas. La acarició con delicadeza y firmeza a la vez. Era evidente que
quería que se quedara donde estaba.
Sakura cerró los ojos y lo palpó... palpó su
miembro grande y caliente. Se sintió la mujer más sensual del mundo. Haberse
atrevido a hacer algo así y verse recompensada de aquella manera era más de lo
que habría podido soñar.
Siempre había sido muy tímida sexualmente hablando.
Siempre había sido prudente, siempre le había dado miedo no hacerlo bien o no
estar a la altura de las circunstancias.
En aquellos momentos, sin embargo, nada de todo
aquello importaba. Se sentía en la gloria. Olía a una mezcla de limón de su
champú y a especias de él. Debía de haber cambiado de loción para después del
afeitado. A lo mejor era el gel del hotel. Tenía que fijarse en la marca porque
le estaba gustando mucho.
Sakura se volvió a dejar caer hacia delante y lamió
uno de los pezones. Mientras lo hacía, le acarició la tripa y descubrió que
tenía unos abdominales muy duros. Bueno, todo en él estaba duro en aquellos
momentos.
Él la empujó de los hombros para que se volviera a
sentar y le acarició los pechos. A continuación, hizo amago de quitarle la
ropa, así que Sakura levantó los brazos para ponérselo fácil. Pronto sintió sus
manos en las nalgas, agarrándolas como si fueran suyas. Aquello le gustó.
También le estaba gustando la parte de anatomía masculina que tenía entre las
manos. Él le chupó los pechos y Sakura se maravilló de lo rápido y lo bien que
estaba llegando al orgasmo.
Entonces, recordó lo que había llevado y se dio
cuenta de que había llegado el momento de utilizarlo, así que abrió el paquete
e intentó ponérselo.
–Me vas a tener que ayudar –jadeó al comprobar que
ella sola no podía hacer que el látex corriera hacia abajo.
Él se echó hacia atrás y le retiró la manos. Sakura
aprovechó para seguir la estela de sus dedos con la boca, haciéndolo maldecir
de placer.
Sakura se rio encantada y perdió toda inhibición.
Estaba muy excitada. Por lo visto, él también. Tenía la erección en la tripa,
así que Sakura se sentó dejando la entrada de la vagina sobre la base de su miembro.
Sentía sus testículos, duros y apretados, bajo las nalgas. Jugueteó dándole
besos muy íntimos con los labios vaginales. Sentirlo tan duro era tan delicioso
que no pudo evitar frotarse un poco, lo que no hizo sino aumentar el placer.
Oh, sí, ahora sí que estaba siendo un encuentro carnal, un encuentro de locura.
Nunca había tenido un encuentro tan rápido, apasionado y satisfactorio.
Él alargó un brazo y se abrió paso entre sus
cuerpos para masturbarla. Se incorporó para chuparle los pechos de nuevo
mientras dibujaba círculos con la yema del pulgar en el clítoris mojado.
De repente, Sakura lo empujó hacia atrás.
–¡Quiero hacerlo yo! –anunció tomando su erección
con una mano y metiéndola en su cuerpo. Ahogó un grito al hacerlo y lo abrazó con
los músculos internos. Lo oyó gritar y sonrió al saberlo tan entregado como ella.
Se arqueó contra ella murmurando palabras que Sakura no llegó a comprender.
Le puso las manos en los brazos para apoyarse y
comenzó a cabalgarlo. Se sentía tan llena de energía, que lo cabalgó una y otra
vez, al galope. Era maravilloso tener un animal tan grande y fuerte bajo ella,
dominarlo, disfrutarlo. Oh, sí, aquello estaba siendo perfecto, la experiencia
de placer intenso que andaba buscando.
Él le puso las manos sobre los pechos y, desde
allí, las deslizó por la cintura y se aferró a sus caderas. La agarró con
fuerza, con la misma fuerza con la que Sakura se estaba agarrando a sus bíceps.
De repente, la embistió, lo que la hizo gritar de placer, encantada de que sus
voluntades se encontraran para ver quién podía más en aquel duelo de placer
para dos.
–Qué bueno, qué bueno, el mejor polvo de mi vida
–jadeó Sakura, dejándose ir unos segundos después.
Él no tardó mucho en acompañarla.
Oía su propia respiración, fuerte y entrecortada.
Se sentía muy bien. De haber tenido energía suficiente, se habría reído, pero
no podía. Estaba sudada de pies a cabeza y tenía sueño. En aquel momento, oyó
pasos y risas bajo la ventana y se preguntó si alguien los habría oído.
Aquello la devolvió de repente al mundo real. No
había pensado en el día después, pero decidió que aquello no cambiaba en
absoluto su relación, seguirían siendo compañeros de trabajo. Sabía que él flirteaba
con todas las mujeres con las que se cruzaba y que lo que acababa de ocurrir
entre ellos no significaría nada, así que tampoco podía significar nada para
ella.
Sakura rezó para que su compañero de cama supiera
mantener la boca cerrada porque, a pesar de que era muy normal en el sector profesional
en el que trabajaban que los compañeros tuvieran aventuras de vez en cuando,
era la primera vez que ella lo hacía y no quería habladurías.
Se apartó con intención de volver a su habitación,
pero él la agarró.
–Quédate –dijo con voz somnolienta.
Había sido casi una orden y la estaba agarrando con
fuerza, así que era imposible escapar y, además, no quería escapar. La
situación se le hacía irresistible. No había contado con aquello, pero se dejó llevar
y permitió que la abrazara por la espalda, que le pasara una pierna por encima
de la cintura y que ambos se sumieran en el sueño.
Horas después, se despertó sintiendo que el corazón
le latía aceleradamente y que tenía mucho calor. Estaba teniendo un sueño maravilloso
y no quería abrir los ojos. En la fantasía, estaba aprisionada entre los brazos
de un hombre guapo y fuerte... cuya anatomía estaba especialmente fuerte en un
lugar muy concreto.
Una mano atrevida estaba explorándole el bajo
vientre. La tentación de ceder y de echar las caderas hacia atrás para
invitarlo a seguir era irresistible, así que se apretó contra él a pesar de que
le dolía todo el cuerpo.
En aquel momento, el recuerdo de lo que había
sucedido unas horas antes se apropió de ella y la hizo girarse bruscamente
hacia él.
–Buenos días –la saludó una voz que no era la que
esperaba oír.
Sakura se encontró mirándose en unos ojos azabaches
en lugar de en unos turquesas, que era lo que esperaba.
–¡Oh, Dios mío! –exclamó incorporándose en la cama.
Al hacerlo, le aprisionó la mano entre las piernas,
pero no se dio cuenta.
–¿Quién demonios eres tú? –le gritó tapándose con
la sábana hasta la barbilla.
Continuará…
Argumento < -- . -- > CAPÍTULO 2
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