miércoles, 15 de enero de 2014

VULNERABLE cap 9



Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jasinda Wilder la cual lleva por nombre "Stripped". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia. Además la histora contiene contenido sexual explícito.


Vulnerable
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Capítulo Nueve




Hago muy buen dinero en el club, pero financieramente, apenas logro mantenerme. Mis propinas sólo cubren la matrícula, mi alojamiento, comida y libros. Apenas. Tengo que escatimar para comer y comprar ropa nueva para el internado. Si tengo que dejar el campus, iré caminando tanto como sea posible. Inclusive el pasaje de autobús es muy caro y necesito cada centavo. No me gusta, porque USC está en un mal vecindario, y una chica sola —incluso a pleno día—no es seguro.

De pie en el estacionamiento fuera de mi dormitorio, observo una Range Rover nueva de paquete. Es blanca con ventanas tintadas negras. Las llaves están en mi mano, y estoy en guerra conmigo misma. Tengo mi licencia de conducir pero no he manejado desde que dejé Georgia. Busqué en internet las Range Rover y este modelo vale $137,000.00. No puedo ni imaginar tal cantidad de dinero. Y simplemente lo posicionó aquí en el estacionamiento de la universidad, para que yo lo maneje, por un capricho. Y luego dijo que podría comprar una docena si quisiera.
Leer o escuchar sobre un acuerdo por veinte millones de dólares es una cosa, pero comprender que un hombre tenga esa cantidad de dinero, ver la evidencia de ello, es otra cosa. Esta Range Rover, esta SUV de $137,000.00, vale centavos para él. Hasta el Bugatti, que probablemente costó cerca de dos millones de dólares, es nada. Sasuke hizo cuatro millones en la primera Mark of Hell y dieciséis más entre las dos secuelas restantes. Desde entonces ha hecho otras cuatro películas de alto presupuesto, ninguna de ellas pagadas a menos de diez millones de dólares cada una.
Hoy se encontraba inusualmente cálido afuera, y aquí estoy sudando, debatiendo conmigo misma. Sería prudente conducir la Rover. Presiono el botón de desbloqueo y abro la puerta. Me deslizo en el asiento del conductor, jadeando ante el calor abrasador del cuero calentado debajo de mis piernas y contra mi espalda. Enciendo el motor, que zumba a la vida con un ronroneo bajo y poderoso. En segundos, el aire acondicionado ventila aire frio. Inhalo y exhalo, cuidadosamente. Estoy aterrorizada del auto. Aterrorizada de lo que significa. De que en realidad voy a hacer lo que él me dijo que hiciera. Voy a terminar el internado, y voy a pasar los próximos meses trabajando con Sasuke profesionalmente.
Me ha visto desnuda. Tocado mi piel desnuda. Me ha besado, dos veces. Mi cuerpo responde a él de una manera que no logro entender.
Mientras retraso el momento de manejar el vehículo, juego con el tablero hasta que se enciende. Metal pesado explota tan alto de los altavoces que del auto se sacuden. Me muevo para apagarlo, y me las arreglo para encender la radio. Cambio de estaciones hasta encontrar la 102.7 FM, la estación de pop. “Can’t Hold Us” de Macklemore comienza a sonar, y le subo un poco el volumen. De ninguna forma tan cerca de ruidoso como Sasuke lo tenía, pero suficiente para bailar en mí asiento, y darme confianza. Respiro profundamente y coloco la SUV en retroceso, saliendo del estacionamiento lentamente.
El viaje a la oficina es horrible, soy una conductora terrible. O voy muy lento y me dan bocinazos, o se me olvida cuan potente es la Rover y sobrepaso por veinte el límite de velocidad. Cuando cambio de carril, les cortó el paso a varias personas y casi pierdo mi giro, forzándome a atravesar varias líneas de tráfico. Estuve cerca de causar dos accidentes. Para cuando estoy sentada en el estacionamiento fuera del edificio de oficinas, mis nervios están destrozados, dejándome temblando y a punto de llorar.
Y ahora tengo que ir a enfrentar a Sasuke. Su Bugatti está aparcado sobre tres líneas paralelas de puestos en la parte de atrás del estacionamiento. Dejo el motor a ralentí, en un intento de tranquilizarme a mí misma. Casi me siento calmada, cuando se abre la puerta del pasajero y Sasuke entra. Lleva una camisa Billabong naranja descolorida y un pantalón caqui corto con unas chancletas negras de Old Navy. Unas RayBans cubren sus ojos, y su cabello tiene pinchos con gel, luciendo puntiagudos y rígidos. Su mandíbula está cubierta con rastrojo, espeso y oscuro, casi una barba. Quiero pasar mis manos sobre su mejilla, sentir las cosquillas en mi palma.
Aprieto mis puños sobre el cuero del volante y trato de respirar a través de la necesidad de tocarlo.
—Te ves tensa —se recuesta sobre la puerta del auto, sus piernas estiradas frente a él. Está calmado y completamente sereno. Una pequeña sonrisa agracia su hermosa, expresiva boca.
Lamo mis labios y aprieto más mis manos sobre el volante. —Estoy bien.
Resopla. —Nena, no me mientas.
—No me llames así. No soy tu nena. No soy la nena de nadie.
—¿Ves? Tensa. Es sólo una palabra —arrastra el cinturón de seguridad sobre su torso y lo coloca en su lugar. Apunta hacia el norte—. Tenemos que hacer diligencias. Conduce.
—¿Conducir a dónde? —Miro a Sasuke, quien tiene su nariz enterrada en su teléfono.
—Primero, a mi casa. Tenemos que recoger mi libreto. Lo olvidé. Luego a una reunión con una de las firmas de producción secundarias... uh... Orbit algo.
—OrbitSky. —Corregí.
—Sí, ellos. Y después de regreso aquí. Utakata quiere repasar algunas cosas conmigo y Samui. Y desde que eres mi asistente para el proyecto, vas conmigo.
—¿Así que vamos a ir a las oficinas de OrbitSky? —pregunto.
Sacude su cabeza. —No, es una reunión para almorzar. En Spago.
Inclusive sé que es Spago. —¿Estoy vestida para eso? —Recorro a Sasuke con la mirada—. ¿Tú lo estás?
Se encoge de hombros. —¿Importa? Te ves genial. Vamos a parar en mi casa, así me pondré pantalones o algo. Tú sabes, no es como si me vayan a decir que no puedo entrar.
—¿Así que donde vives?
—Simplemente dirígete hacia Beverly Hills —me dice sin quitar los ojos del teléfono. Cuando vacilo, mira hacia mí. —¿Qué ocurre?
—Nunca... Nunca he manejado por aquí. O en... ningún otro lugar, realmente, antes de hoy.
—¿Tú qué? —Sasuke me frunce el ceño—. ¿Cómo nunca has manejado antes? ¿Tienes licencia cierto?
Asiento. —Sí, tengo mi licencia, pero no manejo, nunca tuve o quise hacerlo, depende de cómo lo veas. Mi Mamá o Papá solo me llevaban a donde tenía que ir. Aquí tomo el bus, o camino.
Parece como si Sasuke estuviera luchando contra la risa. —¿Y yo te di una Range Rover Autobiography?
—¿Una qué?
Entonces ríe. Sus dientes son blancos, la risa transforma su rostro, hace lo que ya es hermoso algo casi insoportable. —¿Esto? Esto es una Range Rover Autobiography 2013. Es... —suspira y sacude su cabeza—. ¿Sabes qué? No importa. Es sólo un auto. Ven.
Se estira sobre mí y quita las llaves del encendido. Su antebrazo roza mi pecho, y electricidad corre a través de mí al contacto. No se da cuenta, únicamente sale del auto y va a su Bugatti. Busqué sobre su auto esta mañana durante la clase. Es un Bugatti Veyron 16.4 Grand Vitesse, y por todo lo que dicen es el auto más caro del mundo, particularmente porque el ordenó algunas características especiales que lo hacen único.
Hay un artículo completo en una revista sobre el hecho de que Sasuke compró uno, y también otro sobre sus demás autos, ya que aparentemente tiene varios carros deportivos súper lujosos, incluyendo un Aston Martin Vanquish, un Bentley y un Maserati. Tuve que buscar cada uno de ellos para ver cuáles eran. Tomo mi bolso y lo sigo a su auto. Espera por mí, sosteniendo la puerta. Me deslizo en el asiento de cuero, y cierra la puerta para mí. Es un gesto caballeresco que me confunde. Me coloco el cinturón y aseguro mi bolso en mi regazo, negándome a mirar a Sasuke mientras dobla su cuerpo en el asiento y enciende el auto. Nos vamos con un chillido de neumáticos y una sacudida de mi estómago. Introduce el auto en el tráfico, sin tener en cuenta las normas a la derecha y a la izquierda. Se salta al menos una luz roja, girando los neumáticos a la derecha para evitar por poco a una camioneta. Estoy sin aliento, aterrorizada.
Parece que un montón de tiempo me lo paso aterrorizada con este hombre.
El aprieta el auto entre carriles, cabiendo dentro de espacios que no habría creído que podría caber un auto. Habiendo viajado por las calles de Los Ángeles por mi cuenta, noto la habilidad que posee sobre su vehículo. Lo hace parecer fácil, como si precipitarse por el tráfico congestionado de Hollywood a sesenta millas por hora fuera totalmente normal.
Su teléfono suena y lo saca, pasándomelo a mí. —¿Puedes ver quién es?
Sostengo el extraño teléfono en mi mano y lo miro. No tengo teléfono, ya que no puedo permitirme uno y no tengo a quien llamar. Tengo un iPad que uso para el internado, y pienso, que es como eso. Deslizo el pequeño icono verde a través de la pantalla. —Es de... Karin U. —comienzo a leer el texto en voz alta—. Ella dice—: “Deberías venir esta noche. Tengo una bola ocho y Blue Label”
Su expresión se retuerce. —Mierda, creí que era de Utakata.
—¿Quién es Karin U.? —un pensamiento me golpea—. ¿Y por qué sólo la primera letra de su apellido? ¿Conoces a tantas Karin que tienes que diferenciarlas entre sí?
—Mierda —dice nuevamente—. Ella es... una amiga mía.
—Una amiga —no es una pregunta.
Él toma el teléfono sin mirarme y lo empuja entre sus muslos. —Sí. Una amiga. Y sí, conozco un montón de Karin. Y un montón de Tomas. Los apellidos... usualmente no son necesarios.
—¿Debería responderle por ti? —sé exactamente lo que significa el mensaje. Bueno, quizá no sé lo que signifique una bola ocho, pero Blue Label es un whiskey de calidad. Supongo que una bola ocho son drogas de algún tipo, lo que significa sexo. Probablemente Karin U. es glamorosamente hermosa, sofisticada y sabe cómo complacerlo de formas que yo no.
Mi corazón se aprieta. Me obligo a recordarme que él es mi jefe. Trabajo para él. Puede drogarse y tener sexo con quien desee. Esto no tiene nada que ver conmigo.
El cambia de velocidad, y agarra el teléfono, girándolo ociosamente entre su pulgar e índice. Luego me lo entrega. —Sí, respóndele por mí.
Tomo el teléfono y abro el mensaje de Karin U. —¿Qué quieres que le diga?
—Únicamente di que no, gracias, que ya tengo planes.
Tecleo el mensaje en su teléfono y lo envío. Segundos después, aparece una respuesta en la burbuja gris. Ella dice—: “Awww, ¿Estás seguro?” —Me atraganto un poco y coloco el teléfono en su regazo—. No leeré el resto.
Mi corazón se aprieta, y mi estómago salta. No es mi asunto. No me interesa. No me interesa. Pero... por más que digo que no me interesa, lo hace. No debería, y no hay razón de sentirme posesiva con respecto a Sasuke, sin embargo lo hago. El resto del mensaje decía, si vienes, puedes meterlo en mi trasero otra vez.
Mis ojos se empañan. Sasuke detiene el auto en una luz roja, y en un impulso me quito el cinturón, abro la puerta y salgo. Uso tacones altos, así que no puedo correr, pero tiro la puerta detrás de mí y camino tan rápido como me permite mi precario sentido del balance. No visualizo a donde voy y en dónde estoy. No importa. Oigo la voz molesta de Sasuke detrás de mí, llamando mi nombre. No sé lo que siento. Enojo, enferma mi estómago, celosa, confundida. Extraviada. Pérdida, como si algún tipo de posibilidad ha sido tomada. A él le gusta el sexo anal. Tiene mujeres al azar, cuyos apellidos ni siquiera saben o le importan, escribiéndole por una noche de sexo sin sentido, drogas y borracheras.
Es una estrella. Una celebridad. Vive una vida de celebridad, y conozco nada sobre ello.
Oigo bocinazos y gritos a mi espalda, los ignoro. Sigo caminando, luchando contra las estúpidas lágrimas y la perdida. Y ni siquiera sé porque estoy tan molesta acerca de esto.
Soy levantada de la tierra, girada en el lugar, y fijada contra la ventana de vidrio de una tienda. Los brazos de Sasuke están a mí alrededor, debajo de mi trasero. Una de sus manos en mi mejilla forzando mi cara hacia él. Esta respirando con dificultad, sudor brillando en su frente y labio superior. Sus ojos están negros grisáceos, su color cuando está enojado.
—Maldición, Sakura. No es lo que crees.
Me retuerzo en su agarre. Esto es demasiado. Estoy envuelta por él, sostenida en el lugar por él. No puedo escapar, no puedo moverme, ni respirar nada excepto por su esencia y fortaleza.
—Déjame ir.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no lo entiendes.
—No hay nada que entender —susurro—. Puedes hacer lo que quieras, con quien desees. Y es exactamente lo que creo.
—Ella es...
—Ella quería que fueras por sexo. Es simple —aspiro un profundo aliento, cierro mis ojos para bloquearlo. Él me baja y lo empujo, fuerte—. Soy una interna. Eso es todo. No me debes explicaciones.
—Pero que sí quiero...
—¡No importa! —estoy gritando, y llorando igual, por alguna razón. Lucho por calmarme, especialmente porque se forma una multitud—. Sólo... Dios, sólo para, Sasuke. Sólo detente.
—No puedo. Lamento que hayas leído eso, pero... mira, tienes razón, no importa. He terminado con ella. Lo he hecho. Fue cosa de una sola vez. Eso es todo.
Comienzo a caminar de nuevo, y se pone a mi altura. Estamos siendo seguidos por clics y flashes de cámaras.
—No sé de lo que intentas convencerme. No importa.
—Sigues diciendo eso, pero eres la que está llorando. —Su mano atrapa la mía y la otra mano va alrededor de mi cintura, acercándome a él. Una vez más, con un simple toque, siento como si le perteneciera. Está mal, y está bien, y es confuso—. Sólo deja de correr.
—No estoy corriendo.
Él ríe. —Eres una mala mentirosa, Sakura.
Lo empujo y trato de salir de su agarre. Lucho contra mí misma también, ya que se cómo se siente ser sostenida por él. Estoy perdida, desorientada. ¿Por qué estoy luchando contra esto? Claramente me quiere de alguna manera. Pero no sé lo que espera, y no sé qué hacer con su deseo, o como sentirme, o que siento. Todo lo que sé es sobrevivir, trabajar y estudiar. No conozco a los hombres.
Giro y regresamos por el camino que vinimos, pero me detengo por la multitud de paparazzi. Hay docenas de ellos, y me fotografían.
—Señorita Haruno, ¿Son Ud. y Sasuke pareja? ¿Cuánto tiempo han estado juntos? ¿Lo atrapaste con otra mujer? —un hombre de mediana edad, con cabello marrón espeso, capucha y lentes oscuros acerca una grabadora de voz y me dispara un tren de preguntas.
¿Cómo saben mi nombre? Eso me asusta más que nada.
Una delgada mujer como un palillo con rasgos demacrados y cabello oscuro rizado habla sobre él. —Señorita Haruno, ¿Por qué Sasuke la cargó a su dormitorio ayer? ¿Eres estudiante de la USC? ¿Es verdad que Ud. y Sasuke sorprendieron a su compañera de cuarto teniendo sexo? ¿Cómo es Sasuke en la cama?
Mi boca se abre y cierra. Me siento obligada a responder sus preguntas. Fui criada para ser amable, responder cuando me hablan. No sé qué decir. No quiero ser noticia.
—Yo... yo... nosotros no, um... yo no...
—¿Puedes hablar sobre tu relación con Sasuke Uchiha?
—¿Qué edad tienes? ¿Tienes esposo?
—¿Sakura, has pensando en modelar?
—¡Mira hacia acá, Sakura!
—¡Sakura, por aquí!
—Sakura, ¿Alguna vez Sasuke te ha pedido que hicieras algo que no quieres hacer en la cama?
Miro de una voz a otra, abriendo y cerrando mi boca, parpadeando ante los flashes. Siento el brazo de Sasuke rodear mi cintura, halarme hacia atrás, y luego se encuentra parado delante de mí, escudándome.
—Sakura no va a hablar esta vez, chicos —avanza un poco, y lo siento cambiar, volviéndose rígido y formal, como si estuviera colocándose una armadura—. ¿Qué tal si contesto unas pocas preguntas acerca de la película?
El hombre que hizo la primera pregunta avanza, buscando espacio. —Sasuke, hemos oído rumores de que estarás en la nueva versión de Lo Que El Viento se Llevó. ¿Puedes confirmar eso?
Sasuke dirige su atención al hombre.
—Hey, Shino, ¿Cómo estás? Sí, puedo confirmarlo. Estoy interpretando a Rhett. Empezaremos a filmar el próximo mes. Casi estamos listos con la pre—producción y el desarrollo.
—¿Sakura es parte del proyecto? —no consigo ver quien pregunta eso.
—Es una interna trabajando para Kakashi Hatake en Fourth Dimension.
—¿Acerca de qué estaban discutiendo? No me pareció una discusión sobre trabajo. ¿Están juntos?
Los hombros de Sasuke se flexionan y tensan.
—No voy a hablar sobre eso, pero no, no estamos juntos, y jamás lo hemos estado. Es una interna del proyecto. Era una discusión de trabajo.
La misma voz habla, una voz masculina joven.
—No pareció así para mí, Sasuke, y todos sabemos tu historia con las internas y asistentes. Vamos, danos algo.
La voz de Sasuke se endurece.
—Te estoy dando algo. No seas imbécil, Aoba. Deja fuera de esto a Sakura. Hablaré sobre la película, pero eso es todo. Cualquier otra pregunta sobre Sakura, y se acabó.
Todo lo que puedo ver es la amplia espalda de Sasuke, la camisa naranja estirándose sobre sus hombros, y la parte de atrás de su cabeza, el cabello curvándose en la base del cuello. Necesita un corte allí. Quiero pasar mis manos sobre la expansión de sus hombros, pero no lo hago.
—¿Por qué la proteges, si no están juntos? —habla la misma voz, a quien Sasuke llamó Aoba.
—Ella nunca ha lidiado con ustedes antes. Parecen verdaderos depredadores.
Aoba nuevamente. —¿Seguro no hablarás de ella? Es atractiva, Sasuke. Se ven bien juntos.
Sasuke envuelve su brazo sobre mis hombros, me atrae cerca a medida que atravesamos la multitud, ignorando los cegadores flashes de las cámaras y el bombardeo de preguntas. No habla, y todo lo que puedo hacer es trotar en mis tacones altos para mantenerme a su paso. Su brazo es un escudo alrededor de mis hombros, un show para los periodistas, paparazzi, lo que sea que son. Mi corazón martillea. Ya han captado que hay algo sucediendo. Saben quién soy. Averiguarán que soy una stripper. Kakashi se enterará, y me despedirá. Todos sabrán que soy una stripper, y es lo que seré para todo el mundo. Una chica dispuesta a quitarse la ropa.
Hemos caminado tres cuadras y todavía no hemos llegado a la intersección donde me bajé del auto de Sasuke. No tenía idea de que había corrido tanto. Después de media cuadra, vemos una multitud reunida alrededor de un policía, y un camión de remolque preparándose para cargar el auto de Sasuke. Sasuke maldice por lo bajo.
—Hey, no necesitas remolcarlo.
El policía se vuelve, reconoce a Sasuke y se ve intimidado. —Lo siento, señor Uchiha. No puede dejar su auto estacionado así en medio de la calle.
—No hay problema. Pero ahora estoy aquí, así que está bien.
—Pero... —el policía parece nervioso.
Sasuke se acerca un paso más al policía, es un hombre mayor con un abdomen redondo y cabello tinturado de rojo, con patillas marrones.
—¿Ud. tiene algún hijo, Oficial... Akimichi?
—Yo... sí, pero...
Sasuke toma del oficial la libreta de tickets, y saca un Sharpie negro y grueso del bolsillo de sus shorts.
—¿Cuál es su nombre, Oficial Akimichi?
Chōji, pero eso no...
Sasuke le da al hombre una gentil, sonrisa encantadora, y escribe horizontalmente sobre la libreta. Leo que escribe: Para Chōji, porque tu Papá es un héroe. Tu amigo, Sasuke Uchiha. El nombre es escrito en un dramático garabato inclinado, la escritura impresa pulcramente. Devuelve la libreta al policía y guarda el marcador, luego palmea al hombre mayor en el hombro.
—Escuche, Oficial Akimichi. Fue una pequeña emergencia. No pasará de nuevo. Estoy seguro que Ud. entiende. —Sasuke camina en la calle, halándome de la mano. El oficial se desplaza también como si fuera un imán, escupiendo y fanfarroneando.
—Señor Uchiha, aprecio el autógrafo, porque mi hijo es un gran fan de Ud. y sus películas, pero no puedo dejar que Ud. simplemente se vaya.
Sasuke abre la puerta del pasajero y me insta a entrar, luego va al lado del conductor, y entra, presionando el botón de encendido para que el motor brame a la vida. Pisa el acelerador y el motor ruge.
—Entonces deme una multa. No tiene sentido intentar remolcarlo, ya que estoy aquí ahora. Escríbame una multa por lo que usted quiera. Sólo hágalo rápido, si puede. Tengo una reunión importante con mis productores en una hora.
El Oficial Akimichi está claramente perplejo. Sus ojos parpadean a la gran multitud de Sasuke, a mí, al auto —que vale más de lo que el hará en toda su vida. Vacila, y Sasuke se impacienta. Saca una tarjeta de su billetera y se la entrega al oficial.
—¿Qué tal esto? Realmente me tengo que ir. Aquí está la tarjeta de mi abogado. Puedes enviarle la multa o lo que quieras a él —estoy conmocionada por sus agallas.
—Supongo que podría... quiero decir... —el Oficial Akimichi mira a la multitud, y de vuelta a mí por alguna razón.
Me siento silenciosamente en el asiento de pasajeros, me abrocho, esperando, tratando de ser invisible.
—Bien. Me alegra que lo hayamos resuelto —Sasuke cierra su puerta, retrocede el Bugatti cerca de una pulgada del auto de policía estacionado diagonalmente detrás de él, y se mete en el tráfico rodeando el camión de remolque, cortando un convertible Bentley blanco. Se pasa una luz amarilla y lleva el auto a cincuenta y cinco en cuestión de segundos. Zigzagueando alrededor del tráfico lento, golpeando los frenos cuando no puede encontrar un espacio. En un punto hasta cruza los carriles dobles amarillos y se desvía bruscamente en sentido contrario.
Estoy sin aliento, apretando el reposabrazos con nudillos blancos a medida que Sasuke acelera a fondo, presionándome contra el asiento mientras que el potente auto viaja sobre cien millas por hora, y entonces soy arrojada a la izquierda mientras Sasuke regresa al carril apropiado, frenando y haciendo algo con las velocidades para hacer que el auto desacelere drásticamente.
La escena del incidente con el oficial de policía ya está varias millas detrás de nosotros, y sólo van minutos desde que dejamos la acera. Mi corazón tamborilea en mi pecho, y no por las dementes habilidades de manejo de Sasuke. Mientras cambia velocidades, su mano reposa en mi pierna, su dedo trazando patrones en mi rodilla. Miro su mano. Es enorme y fuerte, las yemas de sus dedos callosas y ásperas en mi piel.
—¿Siempre manejas así? —me las arreglo para preguntar.
—Sí —me mira con una sonrisa rápida—. ¿Por qué?
—Es aterrador. ¿Y si chocamos?
—No lo haremos.
—¿Pero cómo lo sabes?
—Porque se lo que hago. No soy solo un cabeza hueca rico con un carro rápido.
—¿Entonces que eres? —pregunto.
—Um. Un montón de cosas. Antes de que fuera en serio con la actuación, era un corredor callejero. ¿Has visto Rápido y Furioso? Excepto que no éramos pandillas ni chicos de la calle. Éramos mocosos ricos y privilegiados con mucho dinero y nadie que nos dijera que no fuésemos idiotas. Recorrimos Sunset de arriba a abajo a medianoche, o en las áreas pobres donde los policías no les gusta ir. Llevábamos los Ferraris y Lamborghinis de nuestros padres al desierto y competíamos. Íbamos y corríamos en las curvas de las montañas. Así que manejar era lo que hacía. Y luego tuve el papel de Anderson en Red light Gods, y ellos querían que tomara, como, clases de manejo de autos de carrera. Como, con instructores del gobierno de manejo ofensivo y defensivo, chicos de NASCAR y eso. Lo más gracioso fue cuando querían que tomara este curso de carreras callejeras con un corredor supuestamente reformado que decidió convertirse en un asesor de Hollywood o algo así. Y resulta que era un tipo con el que competí —y vencí— media docena de veces por años —habla mientras maneja, y noto que ha reducido la velocidad y maneja más calmadamente. ¿Por mi bien?—. Por lo tanto sí, se cómo manejar. No tienes que preocuparte.
—¿Alguna vez has estado en un accidente?
Sasuke ríe. —Por supuesto. No puedes correr por las calles sin tener un accidente. Destruí totalmente un NSX que tuve. Ósea, completamente destruido. Era la clase de accidente en la cual no esperas que nadie salga vivo, pero salí caminando sin un rasguño. Estaba por las orillas de South Central compitiendo contra un tipo llamando Neji Hyūga. Creo que su papa era Hizashi, pero, nunca estuve ciertamente seguro. Eran como, las tres de la mañana y el ganador tendría el auto de su competidor (PINK SLIPS). Era una cosa usual, un gran circuito de cuatro millas. Tenía la delantera, a punto de hacer este gran giro a la izquierda. La tenia justo derrapando, ¿Sabes? Neumáticos humeando, motor rugiendo. Neji se hallaba detrás de mí y acercándose rápidamente. Tenía un jodido matador Charger negro y rojo del 68 con un enorme Hemi. Era tan loco. Ahí estaba manejando el Acura NSX, que es un auto japonés, y el chico asiático manejando un auto clásico americano de los 60. De cualquier manera, yo aceleraba a la izquierda hacia Washington. Ni siquiera sé lo que paso, excepto que de repente mi carro estaba en el aire, girando. Creo que debo haber girado treinta veces. Creo que fui golpeado desde el asiento de pasajeros. Dios, eso dolió tanto. Rodé, rodé y rodé, supongo que fui afortunado de no golpear un poste de luz, un edificio o algo. Fui afortunado por donde lo mires, en serio. No tengo idea de cómo no salí herido. Quiero decir, el auto era una bola arrugada de basura, y sólo me retorcí fuera de el, golpeado pero sin heridas.
—Dijiste, antes de que tomaras en serio la actuación. ¿A qué te refieres?
El mira los espejos, y entonces, sin advertencia, sale del tráfico y entra en una calle lateral, pasando de derecha a izquierda, de vuelta a la conducción errática y locamente rápida. De nuevo aprieto el reposabrazos y contengo la respiración a medida que recorre calles secundarias a cincuenta millas por hora, y a continuación de regreso a la vía principal, apresurándose sobre todos los carriles y en la autopista. Ya vamos a noventa, apenas evitando desastre tras desastre, y luego saliendo con una velocidad más normal.
—¿Qué fue eso? —respiro.
Sasuke me sonríe. —Tenía una pelusa detrás. Lo perdimos.
—¿Pelusa?
—¿Policía? ¿Policía del tráfico?
Le hago una mueca.
—¿Realmente quién dice pelusa?
—Yo, al parecer.
—Así que, ¿Acabas de evadir a un policía?
—Sip —mira detrás de nosotros mientras maneja, pero parece confiado de que los perdimos. Sus ojos se hallan trabados en los míos mientras esperamos en una luz roja—. Entonces. ¿Qué opinas sobre tu primer encuentro con los pop?
—¿Pop? —pregunto.
—Paparazzi.
—Oh —respondo—. Fue... espantoso. No tienen miedo de preguntar nada, ¿Verdad?
Ríe.
—No, y son implacables. Notaras que, aunque no respondimos ninguna de sus preguntas acerca de ti, y dijimos que no estamos juntos, ellos aún van a imprimir cualquier cosa que venderá copias. Este es probablemente uno de esos momentos “no te desanimes”, pero no te recomendaría que leyeras alguna revista de chismes. No te gustará.
No me siento segura sobre qué pensar o decir. Probablemente iré a buscar mi nombre en internet ahora. Me quedo en silencio por largos minutos, evitando sus ojos, manteniendo mis rodillas a un lado así no me puede tocar. Su toque me hace perder la cordura. No puedo continuar siendo succionada en su órbita.
Atravesamos una comunidad cercada de Beverly Hills, pasando haciendas gigantescas que valen millones de dólares, onduladas expansiones de césped verde, arbustos esculpidos y calzadas amplias y curvas. A medida que avanzamos a un paso sorprendentemente tranquilo en el vecindario, veo a una muy conocida actriz recogiendo su correo, y después a un famoso basquetbolista de Los Ángeles. lavando su auto deportivo. Sasuke mira hacia mí como para medir mi reacción al vecindario.
—Manejas como una persona normal —remarco.
Se encoge de hombros.
—Esta es mi comunidad. Conozco a esta gente. Tienen niños —señala hacia lo lejos de los ángeles—. ¿Allá afuera? Es una zona de guerra. Fui nacido y criado en Los Ángeles, y conozco esta ciudad al derecho y al revés. Conozco el tráfico, se dónde están las trampas de velocidad, y donde los vecindarios son realmente peligrosos. ¿En cambio acá? Vivo aquí. No manejaré como un idiota.
—Nunca respondiste a mi pregunta. Dijiste antes que te volviste serio con la actuación. ¿Cómo lo hiciste?
No responde. Lleva el Bugatti a una larga entrada y debajo de un arco y entra a un patio. La casa es una mansión enorme tipo hacienda española, con balcones que dan al patio, que en el centro tiene una fuente arrojando agua. Un lado del patio es una enorme pared de puertas de garaje, unas cuantas abiertas, mostrando las colas de varios tipos de autos. El Bugatti es estacionado cerca de la puerta principal, detrás de un clásico convertible rojo cereza. Quisiera decir que es un Ford Mustang, pero no estoy segura.
Sasuke me ve observándolo.
—Ese en un Ford Mustang Boss 429 de 1969 —debo verme desconcertada—. Son muy raros, en términos de ese estilo en particular y el año.
—¿Tu lo construiste?
Asiente.
—Sí. Bueno, reconstruirlo es más preciso. Compré el chasís de un tipo en Mendocino, y luego encontré un motor Boss 429 y lo limpié. Tiene la radio original, asientos de cuero, todo el interior está en perfecto estado y casi completamente original.
Su expresión se ilumina a medida que habla del auto, y salgo para seguirlo hasta el auto. Es un auto lindo, creo. Más varonil. Le queda a Sasuke perfectamente. Si lo imaginara manejando, sería en este auto. Pienso que, el Bugatti es un símbolo de status. Él tiene el capo abierto, y apunta a varias partes del motor, recitando hechos, números, nombres, y no puedo seguirlo ni entender nada de lo que habla, pero Dios, es lindo verlo emocionado. Es un Sasuke totalmente diferente, hablando sobre su carro. Sus ojos parecen casi verdosos oscuros.
Y entonces me doy cuenta que aún no ha respondido mi pregunta. Parece que lo evade. Lo dejo pasar y lo observo hablar, escuchando y tratando de no ser absorbida en su órbita otra vez. Es una batalla constante. Su cara está animada e infantil y, Dios, tan hermoso. Las líneas y ángulos de su cara esculpidas como si fuesen hechas por un artista. Ya no creo en Dios, pero si lo hiciera, Sasuke seria la prueba de su trabajo.
Eventualmente Sasuke nota que no sigo nada de lo que comenta y se detiene a mitad de frase, ruborizándose. Frota la parte de atrás de su cuello y me sonríe tímidamente.
—Rayos, me puse en modo hombre, ¿Cierto? —cierra el capo, toma mi mano y me lleva a la puerta principal—. Lo siento. Los carros son mi fascinación, y me pongo todo nerd cuando hablo de ellos.
No puedo evitar sonreírle. —Fue tierno.
—Genial. “Fue tierno”. Ese es el beso de la muerte para un hombre.
—¿Qué se supone que signifique eso? Fue tierno. No es algo malo. —Lo sigo a través de la puerta y dentro de un vestíbulo espacioso con un elaborado candelabro de imitación de velas.
—Sakura, a ningún chico le gusta ser llamado “tierno”. Tierno es la oposición diametral de sexy.
Me siento enrojecer furiosamente, y me da esa mirada de nuevo, esa que dice que no entiende como no puedo saber de lo que habla.
—Te ruborizas fácilmente, ¿Sabes? —toca mi mejilla con sus dedos, y mi piel arde donde me toca. Quiero apartarme, pero no puedo. Mi clara incomodidad lo divierte aún más—. ¿Dónde creciste que eres tan inocente?
Suspiro.
—Crecí en Macon, Georgia —me da una mirada de... ¿yyy? Giro lejos de él y me ocupo en examinar un traje de armadura que descansa entre las dos alas de la escalera curva—. Fui sobreprotegida, ¿Okay? Sólo... déjalo así —de ninguna manera estoy lista para decirle sobre mi crianza.
—Sobreprotegida, ¿Huh? —Se mueve para estar detrás de mí y aunque no puedo verlo ni sentirlo, y no me toca, puedo sentir su presencia como un infierno—. ¿Entonces cómo pasaste de una chica sobreprotegida en Macon a una stripper en Los Ángeles?
Casi me las arreglé para olvidar, por medio segundo, como me gano la vida. Es jueves, el ultimo de mis tres días libres; trabajo desde viernes a lunes. Los martes estoy aliviada de no tener que trabajar, que sólo puedo ser yo y no tener que bailar. Los miércoles, el horrible hecho de lo que hago se ha desvanecido un poco, yéndose a la parte de atrás de mi mente mientras me enfoco en la escuela y en el internado. Para el jueves casi puedo olvidar. Casi puedo pretender que sólo soy Sakura, una estudiante universitaria normal. Y luego llega el viernes, y soy forzada de vuelta a la realidad: soy una stripper. Me quito la ropa por dinero, para la fantasía y deseo de los hombres.
Los jueves son mis días de oro. Es mi único día para ser Sakura, simplemente Sakura. Y ahora Sasuke viene y me lo recuerda.
Estoy llena de una rabia irracional. Giro y grito: —Desesperación, ¿Bien? —y lo empujo hacia atrás, no para hacerle daño, pero por pura rabia y frustración—. ¡No tuve opción! Era el único trabajo disponible que pude encontrar, y busque por meses. ¡Meses! No tenía experiencia laboral en nada. No tengo... No tengo a nadie a quien acudir. Yo... yo no tengo ningún sitio a donde ir. No puedo y no iré de vuelta a Georgia. Mi beca se agotó, y cubría desde clases a alojamiento, comida y libros. Lo odio. Lo odio. Lo odio... ¡Lo odio! —en mi arrebato se filtra el acento de Georgia.
Estoy sollozando, y no puedo parar. Giro lejos de él, trastabillo, y me hundo en el frio piso de mármol. Todo sale afuera, las emociones que he mantenido embotelladas por meses. La soledad, nostalgia, vergüenza y culpa. No vienen como palabras, sino sollozos fuertes y rotos.
Lo siento arrodillarse a mi lado, sus brazos van a mí alrededor. Lo empujo, pero no tengo fuerzas y es muy fuerte, cálido y reconfortante.
—Ya no estás sola, Sakura —es la peor cosa que podría haber dicho. Si antes estaba sollozando, se convierte en una tormenta de lágrimas, se convierte en lo que sea que viene después de sollozar.
No dice nada más. Sólo me sostiene, allí en el piso de su recibidor, y me deja llorar. Desearía decir que la explosión es catártica, pero no lo es. Sólo es necesario. Una crisis de autocompasión. No ayuda. No cambia nada.
—Déjame ir —digo, luchando contra él.
—No —su voz es amable pero firme, y sus brazos inexorablemente firmes.
—Por favor. Sólo déjame ir. Estoy bien.
—Mientes.
—¿Qué quieres de mí? —dejo de luchar y me calmando, aunque sigo tensa.
—¿La verdad acerca de ti misma?
Es la única cosa que no puedo dar, no daré. No sé cuál es la verdad, y aunque la supiera, no es a Sasuke a quien se la podría explicar. Él es Sasuke Uchiha, la estrella de Hollywood. Sólo soy Sakura de Macon, Georgia.
Su teléfono suena en su bolsillo, y aunque no se mueve para contestarlo, es un recordatorio de la realidad. Sus brazos están a mi alrededor, cálidos, cómodos, y quiero quedarme aquí por siempre, justo así, porque casi... casi olvido quien soy, quien es él y la realidad que aguarda por mí.
Casi.
Sus labios rozan el arco de mi oreja, tiemblo, sorprendida por la ternura y lo íntimo del momento.
Pero no puedo dejarme creer que esto significa algo. Ese mensaje de Karin U. me recordó un hecho importante; Sasuke Uchiha y yo venimos de mundos completamente diferentes. Fui absorbida e hipnotizada por la intensidad y belleza masculina que es Sasuke. Pero entonces, no solamente soy yo, ¿Verdad? Le pagan millones de dólares para que sea así. Honra la pantalla grande y hace actuaciones dignas de un Oscar gracias a esa habilidad, esa seducción innata. Está en él, es parte de él. Seduce sin intentarlo siquiera. Es un tramado accidental. Sus ojos ónix te atraen a él, un momento son azabaches, turbio y sereno, y luego se emociona y son casi verdosos, o molesto y son casi grises. Su cuerpo seduce igualmente, el ángulo de sus hombros y la línea de su mandibular, el levantamiento exótico de sus mejillas, el poder de sus manos y la amplia expansión de sus hombros y la afilada dureza de su cintura. Su gracia ligera y letal es hipnótica, también, la manera en la que se mueve como un leopardo en la sabana africana, incluso cuando está caminando por una acera.
Fui absorbida por todo esto, pero no puedo permitir que pase de nuevo. No me conoce, ni yo a él. No somos amigos. Ni amantes. Me besó, pero eso no significa nada. Para un hombre como Sasuke, un beso no es más que un apretón de manos. Está acostumbrado a noches de sexo y luego una rápida despedida. Es un intercambio de placer para él. Nada más.
Para mí, el sexo es un misterio. Una fantasía. Un sueño. El futuro. Siempre ha sido el futuro. Algún día conoceré al chico correcto; esa era mi filosofía como adolescente. Ahora, sólo quiero graduarme y encontrar un trabajo y ser capaz de dejar Noches Exóticas. Quiero dejar de ser stripper. No pienso en el futuro, excepto por una vaga idea esperanzadora de que todo mejorará. Sasuke no es el futuro. Es mi presente, nada para mí. Ni yo para él. No soy un objeto de deseo, excepto que me ha visto desnuda y me quiere para una noche de placer.
Y yo quiero más. Quiero un futuro.
Me sacudo y respiro profundamente. Cuando he logrado un sentido de equilibrio, me levanto, y Sasuke me lo permite. Siento sus ojos sobre mí mientras enderezo mi falda y aprieto mi cola de caballo.
—Gracias.
Él se levanta, y sus manos van a mi cintura. Ni siquiera pienso por varios segundos, porque se siente tan... correcto. Pero entonces recuerdo y me alejo.
—¿Estás bien? —pregunta. Sus ojos son un negro apagado, pero su expresión muestra preocupación.
Asiento.
—Sí.
—Eres una mujer. “Bien” tiene muchos significados.
En algún lugar el campaneo de un reloj, marca la media hora.
—Estoy bien. Perfectamente. Perdona que haya perdido la compostura así —digo con un profesionalismo forzado—. Tu reunión es en media hora. Deberías cambiarte.
—Sakura... —se acerca.
Tiro del dobladillo de mi camisa.
—¿Dónde está tu baño? Debería acomodarme si vamos a Spago.
—No me interesa la reunión. Toma un trago conmigo. Háblame.
—¿Hablar sobre qué? —me encuentro con sus ojos brevemente—. No es algo de lo que tengas que preocuparte.
—Pero me preocupo —dice y puedo decir que está siendo sincero.
—Bueno... no. No importa —me giro y voy más adentro de la casa suponiendo que encontraré un baño por mí misma. Tengo que alejarme de él. Es muy fácil creer que en verdad se preocupa.
—Maldita sea, Sakura. Detente. No soy estúpido; es obvio que no estás bien —todavía está de pie en el recibidor cerca del traje de armadura.
Encuentro un medio baño y me detengo en la puerta, miro hacia él, y sonrió. Es falsa, y lo sabe.
—Quizás no, pero no es tu problema. Sólo soy la interna. Mi vida privada no es parte de la asignación.
—Tú no eres solo una asignación. No te conocí como Sakura la interna. Te conocí como Suyen la stripper. Pero esa no eres tú, y no perteneces allí —se mueve hacia mí, grande e intimidante, sus ojos congelándome en el lugar—. Lo sabía entonces, y lo sé ahora. No puedo... no puedo ni imaginarte allí. Eres mucho más que ese club de porquería.
—Pero esa es mi realidad. Esta toda allí. Tú... apenas nos conocemos. Sólo... deja de confundirme, ¿Sí? ¿Por favor? —Me estoy alejando de él, regresando al baño. Cuando esta así de cerca, a pulgadas con sus ojos en mí, oscuros e inescrutables, no puedo pensar y recordar porque se supone que tengo que mantenerme lejos de él.
—¿Confundirte? ¿Cómo te confundo?
—Sólo lo haces. Todo sobre ti. Me hablas y actúas como si me conocieras. Como... si fuéramos algo —mi espalda golpea el lavabo, y él está justo allí y no tengo a donde ir
—¿Por qué eso te confunde?
—¿Por qué no es verdad? —odio que salga en forma de pregunta, como si tuviera dudas.
—¿Pero que sí lo es? ¿Qué sí te conozco? ¿Qué sí somos algo... o podríamos serlo? —su mano se alza para descansar en mi cadera, y me siento atraída de vuelta hacia él, cerca y más cerca.
Su boca se aproxima, sus ojos a centímetros de los míos. No, esto no puede suceder otra vez. Pierdo más de mi misma cada vez que me besa. Pero eso no es verdad. Es lo que debería ser verdad. La realidad es que gano más de mi misma cuando me besa. Como si las capas de mentiras, confusión y vergüenza cayeran, y solo fueramos él y yo, nuestras bocas y la sensación de su beso.
Sucede.
Sus labios tocan los míos, y todo lo demás se desvanece. Soy poseída por él. Me besa con la misma fácil destreza con la que maneja su auto. Saca un gemido de mí, atrae mi cuerpo hacia él, me moldea y me guía a un lugar de aceptación, con su boca y manos.
No sólo dejo que me bese; lo estoy besando de vuelta. Mi boca se mueve, mis labios saborean los suyos, mis manos descansan en su pecho entre nosotros curvándose en su camisa, y me presiono contra él, aplastando mis curvas contra sus ángulos. Estoy participando, alentando.
Su mano se desliza de la parte alta de mi cadera hacia abajo para rodear mi trasero, y una chispa se enciende dentro de mí. Es un toque prohibido, poco familiar, posesivo, erótico, y provocativo. Es un paso hacia algo más.
Un beso es un beso, pero su mano en mi trasero, sosteniéndome y adueñándose así... es más.
Me gusta. El calor se construye en mi vientre por su agarre en mi trasero. Una mano, y entonces, cuando no lo detengo... dos. Ambas manos en mi trasero. Solo sosteniéndome al principio. Luego explorando y acariciando en lentos, y expansivos círculos. Sus dedos se clavan, empujando en el musculo, agarrando fuertemente, soltando, y agarrando otra vez. Acaricia suavemente, en círculos y me sostiene. Me acerca a él. Siento su deseo.
Gimo en su beso. Me levanta más y me sienta en el borde del lavabo. Por su propia voluntad, mis traidoras piernas se curvan alrededor de su cintura. Me levanta en alto y su boca está consumiéndome. Me pone de vuelta en el mostrador y el borde del lavabo golpea mi coxis, despertándome de mi trance.
Rompo el beso, empujándolo débilmente. —No, para. Para. No puedo... no podemos.
No me deja ir, y no me muevo.
—¿Por qué? —pregunta, su voz un susurro áspero y afilado.
—No puedo. No podemos —no sé cómo formular una razón porque no logro recordar la razón.
No sé qué espera después de los besos. Intelectualmente, sé que viene el sexo. Pero es una tierra desconocida. Un mito. Una idea irreal. Un concepto terrorífico de cuerpos desnudos e intrusión, vulnerabilidad y embarazo. Pecado.
Y no estoy lista para eso, pero no le debo decir eso a Sasuke.
No sé cómo decir nada de esto en palabras.
—No estamos... esto no es... —me aferro a cualquier cosa para decirle, inclusive excusas, medias verdades, que no son razones verdaderas—. Somos de mundos diferentes. No funcionará. Soy tu empleada.
Retrocede, y veo el conocimiento de mis mentiras en su cara, en la dureza de sus ojos.
—Sí, de acuerdo. No eres tú, soy yo. Somos muy diferentes —da vuelta sobre sí mismo—. Lo que sea.
Y a continuación ya no está y estoy parcialmente dentro del lavabo, un pie entalonado colgando sobre el piso de mármol, la rodilla de mi otra pierna doblada sobre el mostrador. Giro y atrapo un vistazo de mi misma en el espejo; mi maquillaje está manchado y corrido, mi cabello despeinado, mis ropas arrugadas y fuera de lugar. Mis ojos se ven tristes, y mis labios hinchados.
Me veo perdida.
Exactamente como me siento.
Me fuerzo a mí misma a moverme para acomodarme, y entonces Sasuke se halla fuera del baño, vestido en un par de pantalones de algodón prensado y una camisa polo blanca.
—Vamos, señorita Haruno. Hora de trabajar. Vamos tarde. —Su tono es duro y formal.
Lo sigo, obteniendo lo que pedí.
No dice una palabra en todo el camino al restaurante.


Continuará...




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