Esta historia es una adaptación de la original escrita por Jasinda Wilder la cual lleva por nombre "Stripped". Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia. Además la histora contiene contenido sexual explícito.
Vulnerable
.
Capítulo Siete
Me
vestí con una ajustada falda tubo color azul marino, una blusa abotonada de un
simple color marfil, y un par de tacones para combinar con la blusa. Mi cabello
está atado en un moño, y tengo el maquillaje al mínimo. Nunca he usado mucho
maquillaje, pero ahora he estado usando inclusive menos desde que empecé a
bailar en el club.
Bailar.
Sí,
he comenzado a pensarlo de esa manera. He estado allí por tres meses, y soy la
bailarina más popular por mucho. Todos los espacios VIP me solicitan. Hago
cinco shows cada noche, y siempre embolso al menos cientos de dólares por show.
Cobro veinte dólares por bailar sobre las mesas, cinco por bailar sobre los
regazos, y cincuenta por cada habitación VIP.
Todavía
me siento mal antes de cada función, y algunas noches todavía lloro hasta
dormirme. Odio ser una stripper. Una “bailarina exótica”. No es bailar, es una provocación
obscena. Es actuar para hacer que los hombres me deseen. He sido manoseada más
veces de las que quiero contar, e inclusive me han hecho más proposiciones que
eso. Me han ofrecido miles de dólares para “entretener” a una celebridad por
una hora en privado. Las he rechazado.
Ahora
estoy yendo a mi primera asignación real como interna en Fourth Dimension. He
estado aprendiendo el manejo hasta ahora, presentando documentos, trabajando en
la oficina, obedeciendo órdenes, siguiendo a los verdaderos productores por
todo el lugar. Trabajé muy duro para conseguir el internado, y trabajé
inclusive más duro en Fourth Dimensión como asistente de oficina, esperando ser
notada y ser asignada en un proyecto de verdad. Aparentemente funcionó.
Kakashi Hatake es un productor importante, conocido por tener buen ojo
para guiones sólidos y convincentes. Ha trabajado en algunas de las películas
más vendidas en los últimos diez años. Incluyendo la reciente adaptación
cinematográfica taquillera de The Sun
Also Rises. Él siempre ha sido amable conmigo, y parece tomarme en serio
como estudiante de producción. Es socio del estudio, por lo que trabajar
directamente con él es una gran oportunidad. Mis compañeros están locos de
envidia.
Espero
fuera de su oficina hasta que Matsuri, su secretaria, contesta el
intercomunicador y me deja entrar. El señor Hatake, o Kakashi, como le gusta
ser llamado, es alto de cabello blanco y oscuros ojos. Exuda autoridad, poder y
riqueza, a pesar de todo no es ostentoso. Para un hombre relativamente mayor,
es atractivo y encantador.
Se
mueve en la gran silla de cuero en frente de su escritorio, el teléfono
presionado en su oído.
Escucha
por unos momentos, luego interrumpe en griego antes de colgar.
—Mis
disculpas, Sakura. Era mi madre. —Me sonríe, mostrando sus dientes blancos.
—No
hay problema señor. Creo que es lindo que hable con su madre.
Él
asiente.
—Las
madres son importantes. ¿Estás en contacto con tu familia?
Me
encojo de hombros. He tratado de evitar hablar sobre mi misma o mi familia.
—En
realidad no. Mi mama murió, y mi padre y yo... bueno, desafortunadamente, no
nos llevamos bien.
El
frunce el ceño.
—Siento
oír lo de tu madre. ¿Cómo murió?
—Tumor
cerebral. —Saco mi nuevo iPad, pagado por la compañía, de mi bolso y abro
Pages, lista para tomar notas—. ¿Cuál es mi asignación, señor?
—Puedes
guardar eso. —Señala hacia el iPad—. Es muy simple. Estarás trabajando como
enlace directo entre Fourth Dimensión y el actor principal de nuestra película
más reciente. Somos socios en la nueva producción de Lo Que el Viento se Llevó. Y no sé cómo decirte cuán importante es
este proyecto. La versión original es una parte icónica de la cultura
Americana.
—Sí,
señor. —Guardo mi tableta en mi bolso y cruzo mi pierna sobre mi rodilla,
escuchando cuidadosamente.
—Te
he enviado vía e-mail todos los archivos pertinentes a la película, incluyendo
la biografía de su asignación. Antes de que vengas mañana, estudia todos los
aspectos del proyecto. Las filmaciones comienzan el próximo mes, así que no
habrá mucho que hacer hasta entonces, pero tu asignación comienza ahora —Kakashi
se inclina hacia adelante y coloca el bolígrafo a un lado—. Sakura, te has
probado a ti misma hasta ahora, me agradas, si haces bien esta asignación, te
contrataré a tiempo completo cuando te gradúes. Hasta entonces, recibirás el
salario mínimo.
Trato
de no chillar. Hasta ahora este ha sido un internado sin salario. Si me pagan,
puedo dejar de hacer striptease.
—¡Gracias,
señor! No lo defraudaré, lo prometo. —No pude evitar sonreír.
—Sé
que no lo harás Sakura. —Se recuesta de nuevo y desliza su teléfono fuera del
bolsillo de su chaqueta, tecleando un mensaje—. Creo que Matsuri tiene algún
papeleo para que llenes, y luego podrás irte.
El
papeleo para la asignación solo tomó unos pocos minutos, lo cual es bueno, ya
que tengo que volver a mi dormitorio, terminar un trabajo para mi clase de
literatura, y luego cambiarme para trabajar esta noche. Este internado es un
regalo de Dios, pero me mantiene más ocupada que nunca. Trabajo cuatro noches a
la semana con cinco clases cada semestre y treinta horas por semana en el
internado. Apenas como, apenas duermo, y no he tenido tiempo para bailar para
mi propio disfrute en semanas.
Todo
valdrá la pena si puedo ser contratada a tiempo completo por el estudio.
Regreso al dormitorio y termino el trabajo tan rápido como me es posible.
Comienzo a revisar los archivos que Kakashi me envió. Fourth Dimensión es el
estudio de producción primaria para el proyecto, junto con Orbit Sky Films y
Long Acre Productions. Utakata está dirigiendo, y gasté el tiempo restante de
mi estudio en las notas de Kakashi sobre el equipo de trabajo del señor Utakata
y todas sus ideas para el proyecto. Él es mejor conocido por Red Sky, un drama
post-apocalíptico que ganó seis Oscars, incluyendo Mejor Fotografía. Trabajó
con Fourth Dimensión y mi jefe Kakashi en The
Sun Also Rises, así que una adaptación cinematográfica no es algo nuevo
para él. La intención con esta nueva versión, según las notas del señor Utakata
en mi archivo, es mantenerse fiel a la novela y rendir homenaje a la película
del año 1939, mientras se rejuvenece con una estética más moderna.
Kakashi
no está tratándome como a una asistente, porque sé que no es normal que una
humilde asistente de internado tenga este tipo de archivo de proyecto de un
actor principal. Él en realidad entiende mi pasión por el cine, y espero me
esté entrenando para trabajar con él en proyectos futuros. De todas maneras,
tiene que responder al espíritu del internado, lo que significa una asignación
de bajo nivel para completar la nota.
No
tengo tiempo para llegar a la lista del reparto antes de tener que irme. Me
deshago de mi falda y blusa, me pongo unos pantalones de yoga y una camisa, y
me dirijo a atrapar el autobús que llega al club. Una vez allí me cambio a mi
traje, los shorts y camisa de franela. Me aplico maquillaje, alboroto mi
cabello en ondas de rosa brillante y luego me compruebo en el espejo.
Como
siempre, apenas me reconozco a mí misma. Mi cabello es enorme, colgando hacia
abajo más allá de la mitad de mi espalda y cepillado para tener el máximo
volumen. El maquillaje convierte mis ojos verdes en algo tempestuoso, y si lo
admito, hipnotizantes. Lápiz labial rojo brillante, colorete, base espesa,
mascara...
Había
esperado perder peso, dado lo infrecuente que me alimento y como me la paso
correteando, pero todavía sigo siendo yo. Todavía soy gruesa alrededor de las
caderas y pecho. Veo mi cuerpo de otra manera ahora. No soy solo una mujer con
ropa puesta. Veo el cuerpo debajo de la ropa, que nunca miré antes. No
realmente. No soy solo una persona, como todo el mundo lo es. Soy un objeto,
una cosa para ser deseada. Estoy consciente de mis senos y de mi
trasero y del hecho que los hombres disfrutan de esas partes de mí.
Suspiro
mientras desato un poco el lazo de la camisa, ajusto mis senos y rehago el nudo
para que mi escote esté más acentuado. Aplico un poco de base sobre mi cadera
donde me golpeé con el escritorio en mi dormitorio. Los hombres no quieren ver
moretones.
Estoy
demorándome. Siempre me demoro. Nunca quiero ir allá afuera. Creí que me
acostumbraría pero no lo he hecho. Mi corazón todavía martillea y aún me siento
avergonzada. Todavía me siento con nauseas. Cuando llega el momento en que
tengo que quitarme la camisa y mostrar mis senos desnudos, siempre quiero
meterme dentro de un agujero y arrojar tierra sobre mí. Odio las miradas
lascivas, las manos sobando, los silbidos y las sugestiones.
Estoy
a punto de abrir la puesta del vestidor cuando Kabuto entra.
—Sakura.
Que bien que estés aquí temprano. —Sus ojos brillan con emoción, lo que me
preocupa—. Hoy es tu noche de suerte, Sakura. ¡Un pez gordo de actor rentó todo
el club! ¿Y adivina qué? Quiere un baile privado en la habitación VIP, solo tú
y él. Le dije que tú no haces nada más, así que no tienes que preocuparte
acerca de eso. Pero esto es bastante Sakura, bastante, bastante dinero.
Asiento
y trato de calmar mis nervios, es solo otra noche. He bailado para celebridades
en las habitaciones VIP antes. Somos un pequeño club fuera de lo común, y la
mayoría de nuestra clientela son hombres trabajadores de clase media a baja, y
algunas veces unos pocos sujetos de segunda de Hollywood. Pero una que otra
vez, se aparece algún actor o estrella deportiva, esperando tener una noche
libre de paparazzi. Una cosa sobre la cual Kabuto es firme es que no se aceptan
ni fotógrafos ni periodistas. Nunca.
Retoco
un poco mi maquillaje, compruebo el nudo en mi camisa, asegurándome que mi
escote se vea bien y luego salgo afuera. Rin está en el escenario ahora,
bailando al son de una canción de Ludacris. Ella es una pequeña chica de
grandes senos, haciendo su camino a través de la escuela de enfermería. Rin es
dulce, y una buena bailarina, y me agrada que se niegue a hacer fiestas
privadas fuera del club, y nunca hace ningún extra de ningún tipo. Camino por
el club, evaluando a los hombres. Todos son atractivos, elegantes, y tienen el
carisma pulido de Hollywood. Ya la mayoría están ebrios, y hago
media docena de bailes de regazo antes de siquiera llegar a un extremo del club
al otro. Aún no he visto al actor que rentó el lugar, pero él está en una
habitación VIP. Estos solo son los parásitos, los aduladores y los asistentes.
Hago algunos bailes de mesa, y luego mi turno en el escenario. Parte de mi
atractivo es que la única vez en la que estoy mostrando mis senos es durante
los bailes. En las mesas y en el suelo estoy en mi traje. A los chicos les
gusta supongo. Les gusta el misterio. Por supuesto, la camisa de franela está
lo suficientemente abierta, así que prácticamente los estoy mostrando, lo que
los vuelve locos.
Hago
mi rutina básica, girando y contorsionándome alrededor del poste, jugando
mientras desabotono mi camisa pero no dejándoles ver nada, y luego reabotonando
y sacando los botones. Casi he conseguido desensibilizarme cuando tengo que
mostrar mis senos. Casi. Lo que significa que en realidad no comienzo a llorar
hasta que me toca quitarme los shorts, lo que viene ahora. Como son ajustados, es
todo un reto quitármelos con soltura.
Entonces
estoy bailando con nada más que una minúscula tanga. Todo el tiempo estoy cerca
de las lágrimas. Ellos pueden ver todo mi trasero. Todo. La tanga es solo un
poco más que un minúsculo triangulo sobre mis partes privadas, y apenas me
cubre lo suficiente. Cuando bailo y me deslizo por el escenario, ellos pueden
ver todo.
Termino
mi show y me retiro tras bastidores para calmar mis emociones. Los chicos en el
club están emocionados, y dando propinas como locos. Guardo ciento cincuenta
del primer show en el escenario, y tengo otros ochenta de los bailes de mesa y
de regazo. Y ni siquiera he estado en las habitaciones VIP aún. Pero el show en
el escenario... oh, Dios. Los silbidos y las sugestiones fueron peores de lo
que nunca han sido. Las manos estirándose, lo cual técnicamente es en contra de
las reglas del club, pero realmente depende de cada bailarina rechazarlos... me
agarran y me tocan, tratando de bajar la tanga. Me piden que vaya a casa con
ellos. Vociferan todo lo que me harán con crudos detalles. Me sonrojo cuando
gritan esas cosas. No puedo evitarlo. No creo que vean el sonrojo debajo de mi
maquillaje, pero está allí. Me sonrojo y me encojo apartando las manos
juguetonamente pero de manera firme, y evito sus ojos.
Cuando
estoy tras bastidores e Fū está en su show, siento mi estómago revolverse. Me
apresuro al vestidor y apenas llego al pequeño baño donde mi estómago vacío
sufre arcadas. Lágrimas se mezclan con el sudor de mi rostro.
Cuando termino de dar arcadas, me desplomo en el piso frío y descanso mi rostro
en la fría porcelana, me permito sollozar un momento. Me permito a mí misma
desear estar de vuelta en mi hogar en Macon. No puedo evitar imaginar el rostro
de mamá si supiera lo que estoy haciendo para sobrevivir.
Un
puño golpea la puerta, entonces se abre.
—¡Sakura,
rayos, no tienes tiempo para esto! —Kabuto me aleja del baño y da toquecitos a
mi boca con una toalla de papel—. Te quieren en la habitación VIP, ahora.
Habitación tres. ¡Cepilla tus dientes y ve! —Él no muestra sentimientos esta
vez, solo me empuja al baño y una vez que estoy lista, fuera del vestidor y a
través de la puerta que lleva a las habitaciones VIP.
Recupero
mi equilibrio y mi respiración, y envío a Kabuto lejos.
Mi
corazón martillea y mi piel hormiguea. Me paro fuera de la habitación tres con
mi mano en la perilla, pero titubeo. Algo dentro de mí se está rebelando,
diciéndome que corra, que vuelva atrás, que me vaya. Pero no puedo. Perdería el
trabajo, y no tengo garantizado el puesto de tiempo completo en Fourth Dimensión,
no aún.
Giro
la perilla y abro la puerta. Un sofá de cuero rojo de forma semicircular está
en la habitación, iluminada por un par de lámparas a tono con el sofá. Las
paredes son negro mate, y unas mesas laterales cubren los extremos del sofá.
Una botella de Jhonny Walker Blue Label reposa en una de las mesas, rodeadas
por botellas de Coors y Bud Light, algunas vacías, algunas llenas. La
habitación es brumosa con humo de cigarrillos, y debajo de eso está la acre
esencia de marihuana. Una de las mesas tiene una pila de polvo blanco, con algo
de eso dividido en gruesas líneas.
Hay
cuatro hombres en la habitación. Tres de ellos son asombrosamente hermosos. ¿El
cuarto?
Es
un dios de la pantalla grande.
Tres
de los hombres están en un lado, cerca de la pila de cocaína. Reconocí a los
tres. Uno es Naruto Uzmaki, quien ganó el premio de Mejor Actor por su papel en
Name of Heaven. Naruto es alto y
delgado, con cabello rubio desordenado y rasgos esculpidos. El segundo es Gaara,
un actor de calidad y actor secundario en películas de acción. Recientemente
hizo un papel en una película de ciencia ficción y aventura que
lo llevo a su primer papel principal. El tercero es Kiba Inuzuka, mejor
conocido como el actor principal de comedias románticas, pero ha estado trabajando
en papeles para salir de ese encasillamiento.
El
cuarto hombre es Sasuke Uchiha. Mi corazón se detiene y mi respiración queda
atrapada. He visto fotos de él, lo he visto en sus últimas películas. Pero
ninguna le hace justicia. Ni un poco. En la pantalla es asombroso. Rasgos
fuertes, penetrantes ojos azabaches, cabello oscuro. Alto y ridículamente sexy,
con brazos esculpidos y un pecho duro y amplio. Él es Brad Pitt, Henry Cavill, Josh
Duhamel y mucho más.
Así
es como él se ve en la pantalla.
En
persona... está más allá de la perfección. No puedo mirar a otro lado, pero su
belleza me quema, es como mirar al sol.
Y
ahora está en mi club, y me está mirando expectante, y no me puedo mover. Sus
ojos son ónix, un negro profundo. Él es muy hermoso para ponerlo en palabras, y
no estoy segura de que hacer. Mi cuerpo no funciona.
Retumba
música desde los altavoces, una canción de Jay-Z. Naruto me está observando,
con un pequeño tubo entre sus dedos, cabeceando con la música. Los otros dos
hombres tienen cervezas en sus manos y están mirando sus teléfonos. Se ven
borrachos. Me dan una mirada y me descartan mirando a otro lado.
—¿Vas
a bailar o qué? —Pregunta Sasuke. Su voz es oscuridad, profunda y envolvente.
La
canción termina, y comienza un ritmo de baile techno. No puedo apartar mis ojos
de Sasuke, pero obligo a mis caderas moverse. Dejo que la música se apodere y
fluya a través de mí. Me pierdo a mí misma en sus ojos, los cuales parecen
oscurecerse, aún más, a medida que me balanceo más cerca de él. Sé que hay otros
hombres en la habitación, pero solamente puedo enfocarme en Sasuke Uchiha y
esperar llegar al final de esta noche.
Estoy
en frente de él ahora, cerca. Él separa sus rodillas y sus manos vienen a mis
caderas, sus palmas acariciando la piel desnuda sobre mis shorts. Jamás he
permitido que un cliente me toque antes, pero no puedo encontrar la fuerza para
apartar sus manos. Mi piel quema donde me toca. Sus ojos están
en los míos, a pesar de mi escote en su rostro.
Estoy
oscilando con la música, con ligeros y pequeños temblores de mis caderas, lo
suficiente para que mis pechos reboten. Mis brazos están sobre mi cabeza en esa
incómoda posición que los hombres parecen amar. Su mirada parpadea a mis pechos
saltando y luego retorna a mis ojos. No puedo leer su expresión. Los hombres
siempre tienen el deseo en su rostro, en sus ojos. No Sasuke. Pero sus manos
están enroscadas en mi cintura, posesivamente. Debería hacer que me suelte.
Pero no lo hago.
Nunca
he sido tocada de esta manera, nunca he tenido en mi cuerpo las manos de un
hombre, en ningún lugar. No como esto. Siempre ha habido toques robados, roces
en mi trasero, o dedos como garras en mis senos mientras bailo en el escenario.
Esto...
es una conexión. Soy absorbida por sus manos tocándome, y por un momento, no
soy una stripper. Estoy vestida, y él me está viendo. A mí. Casi como si
estuviera viendo a Sakura en vez de a Suyen, aunque él no podría ver la
diferencia.
La
canción cambia a “Just Give Me a Reason” de Pink y Nate Ruess. No estoy segura
de porque la canción se filtra a través de mi conciencia. Me obligo a mí misma
a soltarme de su agarre y a ir al centro de la habitación. Bailo. Y me
encuentro bailando más como una bailarina que como una stripper. Sé que tengo
que quitarme la ropa. No puedo irme solo bailando para ellos. Ese no es mi
trabajo. Pero ahora más que nunca. No quiero hacer eso. Quiero hablar con este
hombre. No porque sea una celebridad. No porque el año pasado fue The Sexiest Men Alive de la revista
People. No porque es un actor fenomenal, aunque ciertamente lo es. Hay algo en
sus ojos que me atrae hacia él.
Hago
que mis dedos desabotonen el botón superior de mi camisa, y veo a Naruto y a
los otros cambiar de posición en el sofá. Los ignoro, giro en su lugar, doblo
la cintura de espaldas a ellos, me enderezo, giro de nuevo, deshago el nudo y
desabotono mis shorts. Sasuke no deja de mirar en mis ojos.
Me
pregunto que ve en mi mirada.
Siento
las náuseas explotar dentro de mí a medida que desabotono otro botón de mi
camisa. Odio esta parte. Mi corazón golpea con la familiar sensación de
vergüenza. Ahora la camisa está abierta, y mis movimientos son sinuosos, suaves
como de serpiente. Ruedo mi hombro y la franela se resbala, bajándose en un
lado. Otra suave oscilación y movimiento de mis hombros y la franela cae
alrededor de mi espalda.
Mis
brazos mantienen la camisa en su lugar, pero la cima de mis senos está
expuesta, mis brazos cruzados cubriendo mis pezones. Mis caderas se mueven y
balancean al ritmo de la música.
Estoy
atrapada por su mirada otra vez. Y todo se desvanece excepto sus ojos.
Y
luego me obligo a apartar mis brazos, dejando caer la franela al suelo. Naruto
aspira una profunda bocanada de aire, y escucho a alguno de los otros hombres
gruñir en apreciación. Sasuke no se mueve, su expresión no cambia a excepción
del agrandamiento de sus ojos. Su mirada rastrilla sobre mí, desde la cabeza
hasta los pies y otra vez. Vuelvo a bailar, acentuando el rebote de mis pechos,
pasando mis manos sobre ellos, levantándolos y posando, todas las cosas que he
aprendido para obtener propinas.
Esto
es más difícil que los shows, que los bailes de regazo u otros trabajos en las
habitaciones VIP.
Esto
es personal. Otros hombres me observan y claramente me desean, pero algo en la
mirada de Sasuke habla de algo más que deseo. Hay posesividad en sus ojos.
Jugueteo
con el cierre de mis shorts, mirando de mí misma a Sasuke, con la calculada
mirada tímida que no siento. Bajo el cierre y empujo los bordes mostrando el
triángulo de tela roja y la pálida piel debajo.
Soy
golpeada entonces, sin saber cómo, por el recuerdo de Mei, en mi primer día,
diciéndome que debo tener mis partes privadas depiladas. Dolió, y casi muero de
vergüenza.
La
canción cambia de nuevo, a otro ritmo sin nombre, y comienzo el balanceo oscilante
que hace que mis shorts se deslicen hacia abajo. Sin embargo, antes de que
pueda retirar la tela de mi trasero, la voz de Sasuke llena la habitación.
—Está
bien, chicos. Fuera.
Sasuke
no responde, solo le da una larga y dura mirada a Kiba, quien suspira con
frustración.
—Está
bien. Joder. —Se levanta y los otros dos hombres lo imitan.
Cuando
la puerta se cierra detrás de ellos, Sasuke se levanta lentamente. Es como
observar a un león alzarse de la hierba, con energía envolvente y gracia
sedosa. Se mueve hacia mí, sus ojos ardientes y oscuros, de alguna manera casi
del mismo color tormentoso que han adoptado los míos. Toma mi muñeca en manos
grandes y poderosas.
—Déjalos
puestos.
No
lucho contra su agarre, y no estoy bailando. Todo el tiempo en el trabajo,
estoy bailando. Cada movimiento es un baile. De mesa a mesa, cabina a cabina,
dentro y fuera del escenario, es un baile. Inclusive si es solo el balanceo
exagerado de mis caderas y el rebotar de mí andar, es un baile. Nunca estoy
quieta.
Pero
ahora estoy congelada por el calor en los ojos de Sasuke mientras me mira.
Tengo las botas de tacón alto que me hacen de 1,71mts, pero Sasuke fácilmente
está a diez centímetros sobre mí.
—¿Por
qué? —pregunto.
Los
hombres siempre quieren que me los quite. Soy una stripper, así que lo hago.
Pero este hombre está deteniéndome, y no lo entiendo. No me atrevo a pensar en
el crudo poder de sus ojos, la fácil fuerza de sus manos, la posesividad de su
toque.
Sasuke
no responde. Solo coloca sus manos en mi caderas comienza a moverme al ritmo de
la música. Él se mueve conmigo. Esta bailando conmigo, balanceándose al ritmo.
Le permito hacerlo. No debería, pero lo hago. Algo en la vitalidad de su
presencia liquida mi capacidad para resistirlo.
Luego
sus manos empujan la tela, y el miedo me golpea como una tonelada de ladrillos.
—No,
no puedes —Balbuceo. Con mis nervios, el acento de Georgia es espeso.
—Sí,
sí puedo. Quieres que lo haga. —Su voz se envuelve y se desliza sobre mí como
agua tibia.
—Yo...
yo no hago extras. No puedes tocarme.
—Sin
embargo estoy aquí. Tocándote. —Sus manos suben por mi cintura, abarcando el
espacio entre mis senos y la tela. Sus manos son enormes, poderosas y aun así
increíblemente gentiles.
Su
toque es fuego. Estoy temblando, titiritando. Jadeo cuando sus manos se
deslizan hacia abajo de nuevo, y sus dedos se enganchan en los rabillos y tira
hacia abajo. El tira de la tela, y la estira otra vez, entonces se deslizan y
colapsan alrededor de mis tobillos. Camino fuera de ellos y trato de respirar.
Sus
palmas son como lava sobre mi cintura y caderas desnudas y estoy temblando,
asustada, aterrorizada. Consumida. Él está tocándome. Nadie jamás me ha tocado
así. Ver el deseo en los ojos de un hombre es una cosa. Sentir su deseo en la
cruda fuerza de su agarre en mi piel, eso es otra cosa. El toque de Sasuke es
la hipnosis hecha carne. No puedo resistirlo. No sé lo que me está pasando,
pero me aterroriza. No quiero querer esto, pero él tiene razón. Quiero que lo
haga. Soy devorada por sus manos en mis caderas. No ha tocado mi trasero, no ha
tocado mis senos. Solo mi cintura y mis caderas. Y que el señor me ayude, es
como algo consumiéndome desde adentro, empujando alguna necesidad desesperada a
través de mí.
No
sé qué es lo que necesito, excepto que tiene que ver con este hombre en frente
de mí, que me ha quitado mi ropa, mi fuerza y mi confianza en un movimiento
suave. Estoy desnuda frente a él. La tanga no es cobertura. No por la manera en
que sus ojos ven a través de mí.
—No
estés asustada. —Su voz es cálida, casi tierna.
Me
encojo.
—Yo
no... quiero decir, no lo estoy.
El
ríe, una sola exhalación.
—Mientes,
Suyen.
—¿De
qué es lo que estoy asustada entonces? —De alguna manera encuentro mi voz, y
pretendo la indiferencia que casi no siento.
—De
mí —Él acaricia mis caderas. —De esto.
—No
me toques. Por favor. Déjame bailar.
Él
se retira, dejando caer sus manos, y colapsando en el sofá, agarra la botella
de whiskey tirando de ella.
—Entonces
baila.
Así
que bailo. Desnuda, asustada y humillada de alguna manera, tensa por algún tipo
de deseo que no entiendo, bailo. No como una stripper. No para provocar
lujuria. Bailo. Bailo, como Sakura.
Bailo,
con todo el movimiento, poder y confianza. Me pierdo a mí misma en el
movimiento y la música, sin pensar en mi cuerpo desnudo. Cuando paro, Sasuke
sigue en el sofá, la botella olvidada. Sus ojos están oscuros y en conflicto,
pero el bulto en el cierre de su entrepierna, en sus costosos pantalones me
muestra el efecto de mi baile. Él baja la botella y se incorpora. Resisto la
urgencia de retroceder lejos de él, pero no me toca de nuevo, aunque está cerca
de mí.
—Tú
no perteneces aquí. —Cautelosamente extiende su mano y aparta un mechón de
cabello lejos de mi boca. Es un gesto tierno, y me confunde, me asusta. Me
golpea en algún lugar dentro de mí.
Su
boca desciende a la mía, sus labios rozan los míos, cálidos, húmedos y suaves.
No estoy respirando. ¿Cómo podría?
Él
me está besando. ¿Por qué? Mi corazón
está detenido. Mi sangre es un río abrasador de fuego en mis venas, y estoy
temblando. La seda negra de su camisa de vestir esta tensa sobre su pecho, y
mientras me está besando me atrae hacia él. La seda es fría contra mi piel,
pecaminosamente suave, acariciando mis pezones desnudos, volviéndolos duros. Su
lengua se desliza sobre el borde de mis labios y sus dedos se enroscan en los
músculos de mi espalda, enviando estremecimientos de calor a través de mí.
Dura
un mero momento, y luego se acaba.
Se
separa de mí abruptamente, se marcha dando un portazo, y quedo blanda. Vaciada
del todo, jadeando para respirar y temblando.
¿Qué acaba de pasar? Colapso en el sofá y
lucho por respirar.
Cuando
regreso a la planta principal del club, él no está.
Continuará...
CAPÍTULO 6 < -- . -- > CAPÍTULO 8
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