Esta historia es una adaptación de la original escrita por Natalie Anderson la cual lleva por nombre el mismo título.Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para adaptarlos a la historia.
LA CAMA EQUIVOCADA
.
Capítulo Dos
A Sasuke Uchiha jamás lo habían rechazado a la
mañana siguiente y no estaba dispuesto a permitir que sucediera... aunque no tuviera
ni idea de quién era aquella chica.
Llevaba veinte minutos preguntándose de qué color
tendría los ojos y ahora lo sabía: verdes. Aunque la sorpresa y el susto la
habían hecho palidecer, seguía siendo muy guapa.
Hacía mucho tiempo que Sasuke no compartía cama con
nadie, pues las relaciones no se le daban bien y, además, había estado muy ocupado
últimamente. Por eso, tal vez, se había pasado un buen rato mirando dormir a
aquella mujer, hasta que había sucumbido a la tentación de tocarla y se había
maravillado ante las notas musicales que podía hacer aflorar de aquel cuerpo.
–Tú no eres Gaara –protestó la chica.
–No –contestó Sasuke con calma, aunque se estaba
preguntando quién sería aquel Gaara y cómo era posible que ella se hubiera equivocado
de aquella manera.
–¿Cómo es posible que no seas Gaara?
Vaya, él también se lo estaba preguntando.
–Bueno, no soy Gaara porque esta no es la
habitación de Gaara –contestó–. Esta habitación es mía –añadió literalmente,
pues todas las habitaciones del edificio eran suyas.
La chica se quedó mirándolo con la boca muy
abierta. Sasuke espero sin moverse. Por lo visto, su compañera no se había dado
cuenta de que le había aprisionado la mano entre los muslos y no se podía
mover.
La chica miró a su alrededor, confundida.
–Pero tiene que ser su habitación... conté las
puertas. La otra estaba vacía.
Sasuke no contestó. Tenía ganas de reírse, pero no
quería empeorar la situación.
–¿Estás seguro de que estás en la habitación
correcta? –le preguntó la chica.
–Completamente seguro –contestó Sasuke–. Estaba
agotado y me metí en la cama y, luego, de repente, el mejor de mis sueños se hizo
realidad.
Lo único malo era que la protagonista del sueño y
de su realidad se estaba poniendo roja como un tomate. A pesar de que sus
gritos de placer todavía le revoloteaban por la cabeza a Sasuke, comprendió que,
efectivamente, la chica se había confundido de hombre. Aquella pasión que había
compartido con él era para otro. Sasuke no pudo evitar sentir rabia y hasta un
poco de envidia, pero se dijo que el que le había dado tanto placer como para
arrancarle que había sido el mejor polvo de su vida había sido él, y ningún
otro.
–¿Eres un huésped del hotel? –le preguntó muy
nerviosa.
–La verdad es que yo...
Pero la chica no le dio oportunidad de presentarse
sino que se lanzó a un monólogo de disculpas y pánico.
–Oh, no me lo puedo creer. No me lo puedo creer. Lo
siento mucho. De verdad, lo siento mucho, lo siento mucho.
Sasuke no pudo evitar dejarse llevar por la
curiosidad y la acarició entre las piernas... solo una vez, muy suavemente,
pero justo en el centro. Al instante, las disculpas cesaron. A la chica se le
hincharon los labios, se le tensaron los músculos y le subió la temperatura. Sasuke la miró a los ojos y vio
que se le dilataban las pupilas y que parpadeaba varias veces. Sintió los
espasmos antes de que se alejara hacia el extremo de la cama.
–No te disculpes –le dijo Sasuke pensando que, a lo
mejor, tendría que ser él quien pidiera perdón.
Pero lo cierto era que no se arrepentía de lo que
había hecho. Despertarla con caricias íntimas había sido maravilloso y la
reacción de la chica había sido de total entrega, exactamente igual que la noche
anterior, y en ambas ocasiones había sido él quien la había excitado.
Sasuke se apresuró a mirarle las manos y vio que no
llevaba alianza. Evidentemente, aquella chica no era de ningún hombre y el tal
Gaara era idiota por no haberse acostado con ella antes, pues aquella mujer era
apasionada y entregada, literalmente el sueño de cualquier amante.
Sasuke tosió para aliviar un poco la tensión que
sentía en el pecho.
–Siento mucho no ser Gaara –anunció.
Le habría encantado ser el otro tipo porque sabía
lo que la chica tenía en mente y, en aquellos momentos, se sentía excitado a
más no poder, pero se controló para que no lo tomara por un cavernícola.
La pobrecilla estaba muy avergonzada y él no podía
dejar de pensar en volverse a acostar con ella. ¿Qué clase de hombre era? Definitivamente,
uno que llevaba demasiado tiempo sin compartir cama con una mujer.
–No lo sientas –contestó ella negando con la
cabeza.
A Sasuke le estaba empezando a molestar su
incomodidad más que su propio cuerpo, que parecía no poder controlar, así que
decidió recurrir al sentido del humor para quitar hierro al asunto y poder ofrecerle,
así, un respiro a la chica.
Sakura intentó disimular que se le había
entrecortado la respiración. La sorpresa había hecho que el aire se le bloqueara
en los pulmones, pero sospechaba que el deseo también había tenido algo que ver
en todo aquello, porque lo cierto era que estaba a dos segundos de tener un
orgasmo y, sinceramente, aquello la sorprendía de sobremanera.
Se quedó mirando fijamente a aquel hombre al que no
conocía de nada y que estaba tan cerca. Pero lo conocía muy íntimamente y, además,
le bastaba con mirarlo para sentir que se le aceleraba el corazón.
–¿Estás bien? –le preguntó él sonriendo
peligrosamente.
El desconocido tenía una sonrisa maravillosa. Sí, definitivamente,
tenía unos labios maravillosos, unos labios que parecían sonreír de manera muy
natural, como si estuviera acostumbrado a hacerlo.
Sakura se subió un poco más la sábana. Al hacerlo,
lo dejó a él al descubierto y, no, definitivamente, aquel tipo no era Gaara.
–Siento mucho todo lo que ha sucedido –se disculpó,
decidida a ignorar el deseo que la había invadido y preguntándose en qué tipo
de animal salvaje se había convertido.
–Pues yo, no.
Apenas lo oyó porque se estaba disculpando de nuevo
y lo siguió haciendo, por lo menos, diez o doce veces más. El desconocido se
sentó y se apoyó en una mano.
–No has hecho nada que yo no quisiera que hicieras
–le aseguró.
Eso la hizo callar apenas un segundo.
–No tuviste mucha elección –comentó mirándolo–. Te
seduje – añadió recordando que lo había encontrado dormido y que lo había despertado
acariciándolo... por todas partes.
El desconocido se forzó a sonreír.
–Sí, bueno, yo tampoco te dije que no –contestó Sasuke
chasqueando la lengua–. Además, no ha sido para tanto, no era virgen.
No, evidentemente, no lo era. Sakura se mordió los
labios para no sonreír. Aquel hombre la hacía sonreír con facilidad y, si no
tenía cuidado, este adonis iba a conseguir con total facilidad que ella volviera
a cometer una locura, así que se puso en pie y se llevó la sábana con ella. Le
daba igual dejarlo expuesto porque no parecía que a él le importara. Ella lo
único que quería era esconderse, así que intentó envolverse en la sábana. Se
dio cuenta de que el desconocido la miraba con interés. Era evidente que todo
aquello le parecía divertido y... excitante, tal y como dejaba claro su miembro
endurecido.
–Te dejo que te aproveches de mí siempre que
quieras –dijo echándose hacia atrás–. Claro que también podrías volver a la
cama y dejar que esta vez me aproveche yo de ti.
Ya había estado a punto de permitírselo y ambos lo
sabían. Sakura se sonrojó.
–Lo siento mucho.
–Bonita, de haber querido, te habría parado –le
recalcó Sasuke.
–¿Y por qué no lo hiciste? –quiso saber Sakura.
El desconocido se rio a carcajadas, lo que hizo que
todo su cuerpo se moviera en una expresión de alegría. Sakura no pudo evitar fijarse
en su entrepierna, también creada para dar alegrías, y en sus músculos, bien
definidos y fuertes, y se dijo que aquel hombre había sido el mejor juguete
erótico que había tenido en su vida.
Sakura intentó pensar con claridad. ¿Y si estuviera
casado?
–¿Por qué demonios no lo hiciste? ¿Las mujeres se
te cuelan en la cama todo el rato? –le preguntó pensando que, por lo guapo que era,
seguramente sería eso.
–Al principio, creí que estaba soñando.
–Pues menudo sueño. Un sueño en cuatro dimensiones
– comentó Sakura con escepticismo.
–Sí, un sueño caliente y húmedo –continuó el
desconocido–. ¿Estás segura de que no quieres volver a la cama?
–Muy segura –mintió Sakura repentinamente
desesperada por salir de allí antes de dejarse llevar y repetir lo de la noche
anterior.
–Bonita, relájate. Yo no tengo pareja... ¿Y tú?
–No, yo tampoco –le confirmó Sakura.
–¿Y Gaara? ¿Quién es?
–Nadie –contestó Sakura, que no quería hablar del
tema.
–¿No es tu novio ni tu amigo con derecho a roce ni
nada de eso?
–No –contestó Sakura decidiendo que le debía algún
tipo de explicación por muy vergonzoso que le resultara dársela–. Somos compañeros
de trabajo. Ha estado coqueteando conmigo y yo... sentí que por una vez...
–añadió apretando los dedos de los pies contra la alfombra y deseando que se la
tragara la tierra.
–No hay nada de malo en eso –comentó su compañero
de cama encogiéndose de hombros–. Entonces, ¿no estabas buscando su habitación
porque estás secretamente enamorada de él y quieres ser la madre de sus hijos?
–No quiero tener hijos, por eso no te preocupes –se
apresuró a asegurar Sakura–. De hecho, ayer utilizamos protección.
–Lo recuerdo perfectamente –contestó el desconocido
sentándose lentamente–. De acuerdo. Así que no quieres tener hijos con él.
¿Tampoco estás enamorada de Gaara?
Sakura negó con la cabeza.
–Solo quería tomar al toro por los cuernos por una
vez.
–¿Te gustan los rodeos? –le preguntó el desconocido
sonriendo abiertamente–. Cualquiera lo diría... –comentó a continuación.
–No son para mí –murmuró Sakura muriendo ante
aquella sonrisa.
–Pues montas muy bien. Llevas muy bien el ritmo y
parece que lo hayas estado haciendo toda la vida –comentó mirándola de manera inequívoca–.
Así que, ¿me estás diciendo que no sueles seducir a desconocidos?
Aquella idea era tan loca que a Sakura le entraron
ganas de reírse a carcajadas, pero no lo hizo, se limitó a tomar aire para calmarse
y se dijo que ella también sabía bromear y que era la mejor manera de encarar
la situación.
–Solo cuando hay luna llena y me convierto en la
mujer lobo – improvisó Sakura aullando.
–Ah, eso lo explica todo...
Sakura sonrió.
–Digamos que el lugar también ayuda mucho
–contestó.
–¿El castillo?
–Sí, este escenario de lujo, con estos muebles tan
bonitos...
–Sí, es cierto que estamos en un lugar muy bonito,
pero nunca se me hubiera ocurrido que podía motivar juegos eróticos. No hay espejos
en el techo ni esposas en las camas ni aceites para masaje en los baños...
Sakura se quedó mirándolo con la boca abierta. Le
habría encantado probar un aceite de vainilla comestible sobre el cuerpo de aquel
hombre, por no hablar de las esposas...
–Este lugar posee una decadencia embriagadora y,
además, anoche hacía calor, así que me di una ducha y... había tomado champán
francés...
–Ahh... –contestó él, como si aquello lo explicara
todo–. Champán francés.
Sakura se encogió de hombros.
–Solían decir que este lugar era una locura de un
francés, ¿lo sabías?
–No –reconoció Sakura–. Yo no diría que este sitio
es una locura sino, más bien, una fantasía.
–Yo creo que lo decían porque cometió la locura de
casarse con cierta mujer...
–Ah, vaya, ¿una mujer que lo hizo sufrir? Qué pena,
porque este sitio no es un sitio para sufrir.
–Más bien, para gozar, ¿verdad? –. Contestó Sasuke
chasqueando la lengua–. Sin embargo, Gaara y tú habéis venido por motivos de trabajo.
–Bueno, yo no tendría que haber venido, pero, en el
último momento, nuestro jefe quiso que yo también viniera –le explicó Sakura.
–¿A qué te dedicas?
–Soy localizadora, me dedico a localizar lugares
para rodar películas.
Sasuke enarcó las cejas al ver que Sakura no
hablaba con ningún entusiasmo.
–¿Este lugar no te parece una buena localización?
–Me parece una localización increíble –le aclaró–.
No, no lo decía por eso sino porque, a pesar de que suena muy bien, no me gusta
demasiado el trabajo.
–¿Cómo es posible que no te guste estar en sitios
como este?
–Yo no suelo viajar mucho. Normalmente, estoy en la
oficina haciendo tareas administrativas. No llevo mucho tiempo trabajando – contestó
encogiéndose de hombros.
Lo cierto era que las tareas administrativas se le
daban tan bien que siempre se las encargaban a ella, lo que resultaba de lo más
frustrante.
–Así que, para aprovechar bien el viaje, decidiste
darte un capricho, ¿eh? –dijo el desconocido sonriendo.
Sakura decidió que no había motivo para negarlo,
así que asintió.
–Craso error.
–Sí, pero yo tampoco diría que ha sido un desastre.
No, claro que no. No había sido un desastre.
Gracias al error que había cometido, había disfrutado del mejor sexo de su
vida. Claro que había sido con un perfecto desconocido y ni siquiera se habían besado.
No había ningún tipo de conexión emocional entre ellos y no podía esperar que
la hubiera, así que más le valía no perder el sentido común. ¿Qué clase de tipo
pasaba la noche con una completa desconocida? Evidentemente, un playboy.
Además, no había más que ver su sonrisa y su actitud. Sí, definitivamente, no
era ningún inocente.
–Tendría que haber encendido la luz –se lamentó Sakura
cerrando los ojos.
–A juzgar por cómo sujetas las sábanas, yo diría
que te gusta hacerlo en la oscuridad –comentó el desconocido.
–¿Perdón? –se indignó Sakura.
–A mí me parece que esconder un cuerpo como el tuyo
es una aberración.
Era cierto que a Sakura no le gustaba practicar
sexo con la luz encendida porque se sentía cohibida. Aquello le hizo pensar en
que, en aquellos momentos, seguramente tendría el pelo tan revuelto como un
cantante de rock de los años ochenta. Fabuloso. Menos mal que no se había puesto máscara para las pestañas. De
lo contrario, parecería un osito panda.
Aun así, lo cierto era que se había acostado con el
hombre equivocado y que aquel hombre equivocado le estaba sonriendo de manera
muy peligrosa.
–Claro que parece que tienes una vena de lo más
salvaje – comentó.
Por lo visto, así era. Sakura se dijo que, la
próxima vez que necesitara satisfacerla, se compraría un vibrador. Se llevó las
palmas de las manos a la cara e intentó calmarse, porque se estaba excitando con
solo mirarlo.
–Bueno, me tengo que ir. Será mejor que olvidemos
lo que ha sucedido.
Por culpa de la sábana, no podía andar deprisa, así
que al desconocido no le costó demasiado plantarse delante de la puerta y bloquearle
el paso.
–No te puedes ir así –le dijo mostrándose ante ella
completamente desnudo–. Tenemos que hablar.
Sakura sintió unas imperiosas ganas de tocarlo.
–¿Te importaría vestirte? –le preguntó, pues no
podía pensar con claridad.
–¿Por qué? No tengo necesidad de esconder lo
atraído que me siento por ti –contestó, divertido.
No se sentía atraído por ella, solo era sexo y
verlo desnudo le alteraba las hormonas, la ponía como un animal.
–Por favor, vístete. Por favor.
Sasuke se encogió de hombros.
–Estoy muy bien así –le aseguró–. A ti no te gusta
que te vean desnuda, ¿verdad?
A ella lo que no le gustaba era que su cuerpo
reaccionara como loco, que era exactamente lo que le estaba pasando en aquellos
momentos al verlo allí, alto, fuerte y sensual, ante ella. Se moría por volverlo
a sentir dentro de ella, penetrándola.
–¿Te importaría girarte para que me pueda vestir?
–le preguntó.
–¿Lo dices en serio? ¿No me vas a dejar mirar?
–Yo creo que ya has tenido suficiente, ¿no te
parece? Por favor, compórtate como un caballero, que lo eres, y date la vuelta.
–¿Qué te hace pensar que soy un caballero?
Sakura lo miró a los ojos en actitud desafiante.
–Dejaste a la señora primero.
–Bueno, eso no fue por caballerosidad sino por puro
placer – contestó sonriendo profundamente–. Está bien, si insistes, no miraré.
Dicho aquello, se giró y le presentó el trasero, lo
que hizo que
Sakura se quedara de piedra durante unos segundos. Luego, se apresuró a
recordar lo que quería hacer y corrió hacia la cama para buscar su ropa.
–De acuerdo, ya está –anunció.
Sasuke se giró y se quedó mirándola con la boca
abierta.
–¿Llevabas eso puesto? –le preguntó–. Vaya, ojalá
hubieras encendido la luz –se lamentó.
–Para ya –se rio Sakura–. No hace falta que me
halagues.
–¿Cómo no iba a hacerlo? –contestó él acercándose.
Sakura nunca antes se había tenido por una
seductora y sabía que no la estaba tomando como tal. Debía de ser, más bien,
como un juguete sexual para aquel hombre insaciable. El problema era que saber
que la encontraba irresistible la excitaba sobremanera. ¿Tanto como para
volverlo a hacer... de día y completamente sobria? ¡No estaba tan loca! Así que
se echó atrás, agarró una toalla que había cerca y se la tiró para defenderse.
Él la agarró.
–¿Y qué hago con esto?
Maldición, no había agarrado la toalla del baño
sino la del bidé, que era minúscula. Ridículamente pequeña, parecía un pañuelo.
–Me siento insultado –bromeó–. Me parece que
necesitas que te recuerde lo que tengo para ofrecer.
–No, por favor –se rio Sakura–. Por favor... no.
El también se rio.
–Me alegro de que le veas la parte graciosa.
–Oh, qué pesadilla –contestó Sakura mordiéndose el
labio inferior.
–Es una locura, pero no es una pesadilla, así que
no te arrepientas.
Sakura lo miró a los ojos y vio que hablaba con
sinceridad. También era sincera su sonrisa.
–Desde luego, sabes cómo hacer que una chica se
sienta bien – comentó.
–Me gusta pensar que es uno de mis puntos fuertes.
Desde luego que lo era.
–¿El tal Gaara no será moreno y se reirá como una
hiena? –le preguntó su compañero acercándose a la ventana como si algo le hubiera
llamado la atención.
Sakura se acercó también y escuchó una risa que
conocía. Recordó haberla oído la noche anterior en un momento muy concreto.
–Oh –exclamó cuando Gaara besó a la joven que lo acompañaba.
–No me puedo creer que me confundieras con él
–protestó el hombre desnudo fingiendo indignación–. Mide por lo menos cinco centímetros
menos que yo y no es tan fuerte –añadió.
Sí, desde luego eran polos opuestos. Aquel hombre
era mucho más peligroso que Gaara y flirteaba mucho mejor. Además de que tenía
un sentido del humor mucho más inteligente.
–Bueno, es que estabas tumbado –se disculpó Sakura.
–Y, evidentemente, no te has acostado con él
–añadió con aparente satisfacción.
Sakura no contestó. Sabía que había quedado claro
la noche anterior por sus gritos de placer. Ambos se quedaron mirando a la pareja
que había en el jardín. De nuevo, fue él quien rompió el silencio.
–Para serte sincero, creo que has salido ganando.
Sakura se rio.
–Mira que eres arrogante –siguió riéndose–. Pero
puede que tengas razón.
–¿Puede? Sabes perfectamente que ha sido
espectacular – contestó en tono divertido.
Sakura se sonrojó mientras los recuerdos se
apoderaban de los dos.
–Bueno –comentó decidiendo que había llegado el
momento de dar por finalizada la experiencia más apasionada y vergonzosa de su vida–.
Sí, bueno, muchas gracias, ha sido...
–Un placer, por supuesto –la interrumpió él–. Ha
sido fantástico y estás deseando volverme a ver –añadió.
Sakura negó con la cabeza.
–No, esto ha sido lo que ha sido, pero no se va a
volver a repetir –le aclaró.
–Venga, no seas así –protestó él–. Si no hemos
hecho más que empezar... sería una locura no volvernos a ver, no repetir. Lo
deseas tanto como yo –añadió mirándole los pechos.
A Sakura no le hizo falta desviar la mirada hacia
abajo para saber que se le habían endurecido los pezones, clara señal de que se
morían por sus caricias.
Sí, desde luego, se sentía tentada.
–Llevabas algún tiempo sin hacerlo, ¿verdad?
–Desde la última luna llena –contestó Sakura.
–Mentirosa. Pero si te estás poniendo como un
tomate. No eres tan fresca como me quieres hacer creer. Aunque, la verdad,
podrías serlo si quisieras. No te faltan cualidades. Con un poquito de
práctica...
–¿Te estás ofreciendo para ayudarme a practicar?
–bromeó Sakura poniendo los ojos en blanco.
–Por supuesto –contestó él–. Yo también llevaba un
tiempo sin practicar.
Sakura se rio y se dijo que aquello era imposible y
que no se lo ibaa creer.
–Es verdad –insistió él leyéndole el pensamiento–.
He tenido mucho trabajo, he estado muy ocupado y no he tenido tiempo, pero tú me
has abierto el apetito.
¿Sería cierto?
–Es verdad que nos hemos conocido de una manera
poco convencional, pero hemos estado muy bien juntos.
Sakura se permitió fantasear durante un rato,
imaginar volverse a acostar con él unas cuantas veces más. La fantasía la llevó
a visualizar aquella relación sexual convirtiéndose en una relación maravillosa
digna del mejor final de Hollywood... aquel era, precisamente, el problema, que
siempre veía cosas donde no las había.
No sería la primera vez que se estrellaba y no
quería volverlo a hacer. Se conocía a sí misma y sabía que, en breve, querría
la fantasía completa y que un tipo como aquel no era de los que iban a por el
final feliz porque era un completo playboy, tal y como demostraba que se tomara
una aventura de una noche con tantísima tranquilidad.
Sakura decidió que no iba a seguir adelante.
Definitivamente, aquello no se podía repetir.
–No puede ser –anunció.
–No será por Gaara...
–No, es por mí –contestó segura de que terminaría
quemándose si se empeñaba en jugar con el fuego de aquel inesperado compañero sexual.
El protagonista de sus pensamientos la estaba
mirando fijamente. Sakura sentía la imperiosa necesidad de besarlo. Soltó aire,
dio un paso atrás y parpadeó. No iba a hacerlo, así que se giró hacia la puerta
y salió al pasillo a toda velocidad.
–Espera –le pidió él saliendo tras ella.
Por lo visto, le daba igual estar tapándose con una
toalla minúscula.
–No sé cómo te llamas. Yo me llamo...
–No, no me lo digas –lo interrumpió Sakura–.
Hagamos como que todo ha sido un sueño.
–Pero...
–¡Adiós! –se despidió Sakura agarrándose los pechos
para poder correr hacia las escaleras.
–¿Me vas a dejar así?
Sakura se giró hacia él y lo vio apuesto, seguro y
con aire divertido.
–¡Ya se te ocurrirá algo! ¡Seguro! –le contestó.
Sí, seguro que lo que se le ocurría era compartir
con otra mujer las ganas de sexo que ella le había dejado.
Para morirse de envidia.
Continuará...
CAPÍTULO 1 < -- . -- > CAPÍTULO 3
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